Félix Lope de Vega y Carpio Lope de Vega y Carpio, Félix

DONDE NO ESTÁ SU DUEÑO ESTÁ SU DUELO




Autoría: Dudosa
Texto utilizado para esta edición digital:
Cotarelo y Mori, Emilio, Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española, V: Obras dramáticas. Madrid, Archivo de Museos y Bibliotecas, 1916, pp 1-37.
Adaptación digital para EMOTHE:
  • Martínez Fernández, Ángela (Artelope)

Elenco

CONDE
D. DIEGO
PAJE
BANQUETE
AURELIA
D.ª JUANA
SABINA
D. PEDRO
ZAMUDIO
VILLALTA
DUQUE DE TERRANOVA
D. JUAN
DUQUE DE PARMA
MAESTRE
CRIADO 1

Acto I

 (Salen el CONDE y DON DIEGO.)

CONDE
Redondilla
Extremadamente os veo,
con vuestra suerte dichosa,
contento.

D. DIEGO
Tengo una esposa
a medida del deseo.
Redondilla
5
La dicha que yo he tenido
ni se escribe ni se sabe.

CONDE
Plegue a Dios que no se acabe,
que ha poco que sois marido.

D. DIEGO
Redondilla
No puede ser, si segura
10
tengo la dicha y el seso,
porque tengo a un mismo peso
la discreción y hermosura.
Redondilla
Y hermosura y discreción,
la vez que vienen a ser
15
iguales en la mujer,
en el hombre eternas son.
Redondilla
Junto al gusto vive asida,
que pienso, al consideralla,
que hay en mí, para adoralla,
20
en el alma poca vida.

CONDE
Redondilla
El mayor bien viene a ser,
de la tierra, haber llegado
a estar siempre enamorado
un hombre de su mujer.
Redondilla
25
Y vos viviréis de modo,
pasen los años de ciento,
¡plegue a Dios!, el más contento
del mundo.

D. DIEGO
Estarélo en todo;
Redondilla
ofreciéndose ocasiones
30
de servirte por pagarte
alguna pequeña parte
de tantas obligaciones.

CONDE
Redondilla
Cuando es tanta la amistad
como en nosotros lo es,
35
no topa en otro interés
que de sólo voluntad.
Redondilla
Esta es igual en los dos:
ya he hecho común mi hacienda.

D. DIEGO
Y mi vida, aunque se venda
40
por ello, sábelo Dios.

CONDE
Redondilla
Yo bien lo creo. Mas deja
los cumplimientos conmigo,
que dan al mayor amigo
alguna ocasión de queja.

(Sale un PAJE.)

PAJE
Redondilla
45
Aquel español soldado
que asentó en tu compañía
su plaza, hablarte quería.

D. DIEGO
Entre al momento.— Extremado
Redondilla
humor gasta; es excelente,
50
y con estilo galán;
por lo que ha visto en Milán,
discurre graciosamente.

 (Sale BANQUETE, soldado gracioso.)

BANQUETE
Redondilla
Señor, en mi boca emplea
tu mano.

D. DIEGO
Huelgo de veros
55
donde pueda conoceros
el Conde, que lo desea.

BANQUETE
Redondilla
¿Es Conde?—A su señoría
quiero pedille la mano,
aunque no tan casquivano
60
como otras veces solía;
Redondilla
porque hay tantos condes donde
a pie por las calles van,
que, tropezando en Milán,
pienso que es canto y es conde.
Redondilla
65
No hay sino conde Condumio,
conde César, conde Octavio,
conde Ortensio, conde Fabio,
conde Gomio, conde Gumio,
Redondilla
y no se me encaja dónde
70
estos condados estén,
aunque de tierra le den
dos palmos a cada conde.
Redondilla
Esta enfermedad traidora
que ambiciosamente mata,
75
por el mundo se dilata;
y así los condes de agora
Redondilla
ya como esmeraldas son,
que, aunque estimadas han sido,
por ser tantas han perdido
80
el precio y la estimación.
Redondilla
A casa en Milán llegué
que, sobre flacos cimientos,
vi en ella seis aposentos
y doce condes conté.

CONDE
Redondilla
85
Llámanse condes también
los hijos y decendientes
de los condes; mas no cuentes
ni una almena que les den.

BANQUETE
Redondilla
En menos tiempo que aquél,
90
siendo así, a que harán me obligo,
estos doce que yo digo,
otro pueblo de Israel.

CONDE
Redondilla
(¡Por Dios, que viene extremado!
Mayores gracias promete.)
95
¿Cómo te llamas?

BANQUETE
Banquete.

CONDE
Hasta el nombre me ha cuadrado.

BANQUETE
Redondilla
A ser misteriosa pasa
en mí, pues con él podría
decir yo que cada día
100
tengo un banquete en mi casa.

CONDE
Redondilla
Y ¿de dónde eres?

BANQUETE
Famosa
es mi tierra.

CONDE
Y tú excelente.

BANQUETE
Es Málaga, antiguamente
llamada Villaviciosa.

D. DIEGO
Redondilla
105
Y tú la habrá imitado
en eso.

BANQUETE
Estrella he tenido;
pues, aunque pobre, he vivido
tan vicioso y regalado
Redondilla
como el Rey.

CONDE
¿Cómo, si apenas
110
vive el rico sin dolor?

BANQUETE
Habiendo sido señor
de muchas bolsas ajenas,
Redondilla
no como dice el refrán
que el buen pagador lo es,
115
que es mentira.

CONDE
¿Cómo, pues?

BANQUETE
Con estilo más galán.

D. DIEGO
Redondilla
Sin duda las hurtarás.

BANQUETE
No, ¡por Dios!, que soy honrado,
sino pidiendo prestado
120
y no pagando jamás.
Redondilla
Así en España vivía.
Oíd los sutiles modos
con que sacaba de todos
el granillo que podía.
Redondilla
125
Junto a las casas llegaba
de las comedias, y allí,
lo que pagaba por mí
cualquier amigo que entraba,
Redondilla
lo cobraba yo después;
130
y así, me entraba y salía
hasta tener en un día
con que gastar otros tres,
Redondilla
o esperaba de ordinario
que pasase algún amigo
135
por la botica, y, conmigo
concertado el boticario,
Redondilla
que estaba enfermo fingía,
por que el verlo le obligase
a que una purga pagase
140
para curarme otro día.
Redondilla
Caían muchos, y así,
cobrando yo por entero,
tantas purgas en dinero,
eran dulces para mí.
Redondilla
145
Pero en siendo conocido
por mis modos de antuviar,
me trasplanto a otro lugar;
y, a lo gallardo vestido,
Redondilla
encájome luego un don,
150
recibo alquilado un paje,
sobrepóngome un linaje
de Castilla o de Aragón,
Redondilla
y atisbando una mujer
que rabie por un marido,
155
porque lo mismo que ha sido
a su sombra quiere ser,
Redondilla
creyéndole que es doncella,
remilgado y amoroso
le doy palabra de esposo,
160
y aun me desposo con ella;
Redondilla
pero en viéndola quedar
sin basquiñas y sin manto,
me escurro, y hago otro tanto
con otra en otro lugar.
Redondilla
165
Y así, de varios jueces
perseguido y no alcanzado,
debo de haberme casado
cosa de trecientas veces.
Redondilla
Y tanto he sabido hacer,
170
que alguna vez, ¡cosa brava!,
he vendido por esclava
la que tuve por mujer;
Redondilla
y ahora estoy en Milán
con bravo intento, ¡por Dios!,
175
amparándome en los dos,
de un Conde y de un Capitán.

CONDE
Redondilla
¡Bravo discurso!

D. DIEGO
¡Extremado!
No hay hombre como Banquete.

CONDE
Pero porque se promete
180
a otra vida otro cuidado.

D. DIEGO
Redondilla
Hará muy mal en mudar
estilo.

CONDE
Para seguir
es mejor.

BANQUETE
Sólo el pedir
será imposible olvidar.

D. DIEGO
Redondilla
185
En cuanto se ofrezca no
faltaré.

CONDE
A mi cargo tomo
favorecelle.

BANQUETE
(Del cómo
tendré más cuidado yo.)
Redondilla
Mi señora Aurelia viene.

D. DIEGO
190
Mi esposa.

CONDE
(Y el alma mía.)

D. DIEGO
El sol que comienza el día
menos hermosura tiene.

 (Salen AURELIA, y DOÑA JUANA, como que finge a LEONOR criada, y SABINA con tocas de viuda largas.)

AURELIA
Redondilla
Quedarte puedes, Leonor.—
Sabina, viuda, conmigo.

D.ª JUANA
195
(De las desdichas que sigo
se lastima el mismo amor.)

AURELIA
Redondilla
Mas primero me verás
echar un lazo en el cuello
de mi esposo.

D.ª JUANA
Podrá, el vello,
200
ahogarme.

SABINA
Alegre vas;
Redondilla
esto es el pan de la boda;
pasará el año y el día,
y hablaremos.

D. DIEGO
¡Gloria mía,
con serlo del Cielo toda!

AURELIA
Redondilla
205
Dueño mío, salgo fuera,
y vengo a pedir tu mano
y bendición.

D. DIEGO
Soberano
favor la del Cielo espera,
Redondilla
y en mis brazos ha de ser.

 (Abrázanse.)

SABINA
210
(¡Dichosos recién casados!)

CONDE
(¡Ay, atrevidos cuidados!)

D.ª JUANA
(¡Ay, infelice mujer!)

BANQUETE
Redondilla
(Hagamos tú y yo otro tanto.

SABINA
Quita; a risa me provocas.

BANQUETE
215
Querría, sobre las tocas,
hurtar el oficio al manto.)

D. DIEGO
Redondilla
(¿Qué estoy viendo? ¿Es ilusión?)

(Ve a DOÑA JUANA.)

AURELIA
Perdone vueseñoría;
pero en la disculpa mía
220
pienso que viene el perdón.

CONDE
Redondilla
Con que licencia me des
de acompañarte.

AURELIA
Señor…

D. DIEGO
Quedaros, Conde, es mejor.

CONDE
No es posible.

D. DIEGO
Vamos, pues.

AURELIA
Redondilla
225
No pasaré.

CONDE
Haced dichosa
esta ocasión a que llego,
que bien confiará don Diego
de mí el brazo de su esposa.

D. DIEGO
Redondilla
Para que de mí fiéis
230
lo que a los dos obligó,
ya quiero quedarme yo
y que vos la acompañéis.

CONDE
Redondilla
Dejaréla en su carroza.

AURELIA
Acetaré esa merced.

BANQUETE
235
A mí, señora, os tened.

SABINA
¡Bravo galán!

BANQUETE
¡Buena moza!

CONDE
Redondilla
Llegad, si os queréis tener.

AURELIA
Aún no, es llano este lugar.

CONDE
(Si yo os viera tropezar,
240
yo os ayudara a caer.)

 (Vanse; queda DON DIEGO y DOÑA JUANA.)

D. DIEGO
Redondilla
Doña Juana, ¿sombra ha sido,
o eres tú?

D.ª JUANA
Mi sombra soy.

D. DIEGO
¿Tú en Milán?

D.ª JUANA
Adonde estoy
tus engaños me han traído.
Romance (tirada)
245
Como tú tan vanamente
pretensor fuiste en la corte,
en palacio, de mercedes,
y en mi casa de favores;
como el alma me mudaron,
250
a mi corazón conformes,
lo vistoso de tus galas,
lo tierno de tus razones;
como el tiempo ingrato, ahora
para mí también, que entonces
255
al gusto de una esperanza
redujo dos corazones;
como palabra me diste
de esposo, y aquella noche,
para lograr los deseos
260
faltaron las ocasiones;
pasaron después tres días,
y para mí los peores
que dieron a las mujeres
las mudanzas de los hombres.
265
Como en los aires anduve,
haciendo todas las noches
centinela a mis ventanas,
colgada de sus balcones;
de los ojos de mis padres
270
me escondía a los rincones
de mi casa, y daba humilde
sordo llanto y mudas voces,
con la industria en el cuidado,
con el alma en los temores
275
y en el corazón las alas,
siempre a los daños veloces.
Yo misma fui a tu aposento,
y la huéspeda informóme,
sin dar causa a tu partida,
280
del cómo, cuándo y adónde.
Halléme desesperada,
ciega, loca, muerta, y dióme
el deseo de alcanzarte
para seguirte invenciones.
285
Con un escudero mío
lo consulté; aconsejóme
lo más justo; porfiéle,
y a mi voluntad rindióse.
A Génova se partía
290
su Embajador; parecióme
que hablase con su mujer;
mi viejo escudero hablóle,
y, con nombre de hija suya,
la Embajatriz recibióme
295
por su criada, dejando
sin alma a mis padres nobles.
Como si soñado hubiera
halléme en Génova, adonde
super como eras casado.
300
¿Quién vio desdichas mayores?
Llegó a extremo mi locura,
mis ansias y mis dolores,
que, con mi padre fingiendo,
me salí huyendo una noche;
305
y él, en llegando a Milán,
hallando medios conformes
a las locuras que sigo,
a ser criada me pone
de tu mujer, en tu casa,
310
donde, si a tu cuello pone
segunda vez aquel lazo,
no dudaré que me ahogue.

D. DIEGO
¡Desdichado soy, señora!
Que pretendí tus amores,
315
que dispuse tus entrañas,
que te debo obligaciones,
que ofrecí de ser tu esposo,
no te lo niego, y que entonces
todas las palabras mías
320
llegaran a ejecuciones;
mas por las nuevas de Flandes
los soldados pretensores
mandó el Consejo de Guerra
que salieran de la corte,
325
pena de no ser honrados;
y a mí, que lo soy, tocóme
el partir sin despedirme;
que si viera tus dos soles
llorar, pusiera en peligro
330
los heredados blasones
de mi padre y mis abuelos.
Este pensamiento noble
me trujo sin mí y contigo,
donde varias ocasiones
335
mudarán mis esperanzas,
que, en efeto, somos hombres.
Pues que no te debo honor,
no habrán llegado a traiciones
mudanzas de mis deseos
340
para que los tuyos logre.
Ya me ves que estoy casado
con mujer cuyos favores
estoy adorando yo.

D.ª JUANA
Mil años su sombra adores.
345
Pero pudieras ahora
dejar sus adoraciones
y consolar mis cuidados.
¡Ah, mudables! ¡Ah, traidores!

D. DIEGO
Calla, porque pasos siento;
350
después hablaremos. Voime.

 (Vase, y sale BANQUETE.)

D.ª JUANA
¡Qué corrida me has dejado!

BANQUETE
¿Dónde vas? No te acongojes.
Del Capitán las espaldas,
de tu cara los colores,
355
me advierten que con el tiempo
serán magnas conjunciones;
grandes cosas pronostican.

D.ª JUANA
Déjame.

(Vase.)

BANQUETE
¿De eso te corres,
siendo razón tan de estado
360
que por que a la casa cobre
amor la criada, el duelo
la zabuque y la retoce?

(Vase, y salen tres CAPITANES, DON PEDRO, ZAMUDIO y VILLALTA.)

D. PEDRO
Endecasílabos sueltos (tirada)
Duque, Gobernador y gran soldado
es el de Terranova.

ZAMUDIO
A Milán tiene
365
con gran satisfación.

VILLALTA
Milán y el mundo
él puede celebrar; es de la casa
de Aragón, y lo muestran sus acciones.

D. PEDRO
¿Qué tenemos de Flandes?

VILLALTA
Que el de Parma,
con gran reputación de España y suya,
370
prosigue aquella guerra.

ZAMUDIO
Es venturoso
en tener famosísimos soldados
debajo de su mano.

D. PEDRO
El Duque viene.
Algunos le acompañan, y a su lado
el veedor general don Juan de Icunza.

VILLALTA
375
Ese decid que es bravo caballero.

ZAMUDIO
A España honran, ¡por Dios!, él con la pluma
y su hijo don Diego con la espada.

 (Salen el DUQUE DE TERRANOVA, y el veedor DON JUAN DE ICUNZA y otros.)

DUQUE DE TERRANOVA
Igualen con el tercio esos soldados
que de España vinieron a su costa
380
y traen cartas en abono suyo.
Con gusto extraordinario he recibido
este pliego.

D. JUAN
De cosas importantes
las órdenes serán, pues que lo envía
su majestad a toda diligencia.

 (Sale DON DIEGO.)

D. DIEGO
385
¿Qué hay de nuevo, señores?

ZAMUDIO
A buen tiempo
vienes para sabello, si es que el Duque
dice lo que contiene aquella carta,
del Rey, nuestro señor, a quien Dios guarde.

 (Acaba de leer el DUQUE la carta.)

DUQUE DE TERRANOVA
Su tercio don Francisco Bobadilla
390
tiene en Saona, y al pasarle a Flandes
manda su majestad que de este Estado
se le añadan seiscientos españoles,
los cuales lleven cuatro capitanes
de lo mejor y más lúcido. Ahora
395
veremos quién se ofrece a esta jornada
con ánimo español, pues que no sólo
en estas ocasiones lo procuran,
pero suelen algunos excusarse
por indirectos siempre conocidos,
400
indignación de pechos valerosos.

D. PEDRO
Suplico a vuexcelencia que no sea
yo de los que se quedan.

ZAMUDIO
Yo suplico
que a mí de los primeros me señale.

VILLALTA
Premio será, señor, de mis servicios
405
hallarme en la ocasión de esta jornada.

D. DIEGO
(¡Perdido soy! Perdona, esposa mía,
que tengo honor.) Suplico a vuexcelencia
no quede yo en Milán.

DUQUE DE TERRANOVA
Estimo en tanto
esos ofrecimientos, que os ofrezco,
410
con la licencia que me habéis pedido,
de que su majestad, por cartas mías,
sepa vuestro valor. Preveníos luego,
que ha de ser por momentos la partida.

D. JUAN
Obligóse mi hijo sin pensallo.

D. DIEGO
415
Ocasión fue precisa y causa honrosa.
Mas ¿qué será el ausencia de mi esposa?

(Vanse, y quedan DON JUAN y DON DIEGO.)

D. JUAN
Redondilla
Hijo, ¿qué has hecho? ¿No ves
el disparate en que das?
¿Haste olvidado que estás
420
recién casado de un mes?

D. DIEGO
Redondilla
No, padre, desdicha ha sido;
que cuanto obligado estoy,
ni desmiento lo que soy
ni de lo que soy me olvido.
Redondilla
425
Mas vi la ocasión y halléme
entre tantos obligado
a mostrar que soy honrado;
quise hacello, y arrojéme
Redondilla
con el varonil furor
430
de mi juventud viciosa.

D. JUAN
Y el dejar mujer hermosa
sin marido, ¿no es honor?
Redondilla
Si tu General quisiera
valerse en esta jornada
435
de tu persona y tu espada,
el no hacello afrenta fuera,
Redondilla
porque fuera el recelallo
no ser bueno para hacello;
mas sin convidarte a ello
440
bien pudieras excusallo;
Redondilla
por mirar en lo de acá
aún más honra se aventura,
pues nunca está tan segura
la que en mano ajena está.
Redondilla
445
Pues Flandes sabe, y Bretaña,
que tú sabes pelear,
acometer y esperar
al enemigo en campaña,
Redondilla
¿no fuera más acertado
450
que en tu casa, en quien te empleas
supieran cómo peleas
con un enemigo al lado?
Redondilla
Porque el hombre que se casa
con mujer que no conviene
455
con su honor, no menos tiene
que un enemigo en su casa.
Redondilla
Y hasta saber si honrada es,
debe seguir sus antojos
con el recato en los ojos,
460
con el silencio en los pies.
Redondilla
Y aun después de asegurado,
en su valor conocido,
si deja el ser advertido
dejará de ser honrado.
Redondilla
465
Bien se descubre en el ser
de tu esposa que es tu esposa
tan honrada como hermosa;
mas es hermosa y mujer.
Redondilla
Y aunque sea más honrada,
470
siempre a mí me ha parecido
una mujer sin marido
como un hombre sin espada;
Redondilla
que aunque le sobre valor
tal vez le falta, ofendida,
475
la defensa de la vida
o el respeto del honor.

D. DIEGO
Redondilla
Padre, no me aflijas más.
Con mi parecer convienes;
ya veo que razón tienes:
480
veo que en lo cierto estás.
Redondilla
¡Muerto estoy! Estoy furioso
de lo que me ha sucedido:
como honrado, por marido;
como amante, por celoso.
Redondilla
485
Pues que sabes cómo estoy,
haz que consolarme puedas
con decirme que te quedas
cuando miras que me voy.
Redondilla
Dime que serás, señor,
490
en público o en secreto,
de mi mujer el respeto
y el escudo de mi honor;
Redondilla
que mientras yo peleando
honra envíe a tu nobleza,
495
tú serás la fortaleza
que me la esté conservando.

D. JUAN
Redondilla
Hijo, por tu causa haré
cuanto pueda, por ser mía,
y tu consuelo sería;
500
pero yo ¿cómo podré
Redondilla
preservarte de unos daños
tan temidos y crueles
tratando de mis papeles
y entreteniendo mis años?
Redondilla
505
Fuera de esto cuando fuera,
que yo tanto me esforzara,
que por tu casa mirara,
sin tus ojos, no pudiera;
Redondilla
porque en su casa asistiendo,
510
ve más, sin andar mirando,
un marido adivinando
que un lince mirando y viendo.
Redondilla
Y así, con gran propiedad,
habló claramente, hijo,
515
quien por estas cosas dijo:
“A lo tuyo, tú.”

D. DIEGO
Es verdad.

D. JUAN
Redondilla
Cuando yo, por regalar
a tu esposa por momentos,
aves les pida a los vientos
520
y peces le pida al mar,
Redondilla
a la luz astros visibles,
a la tierra variedades,
a los hombres amistades,
a los cielos imposibles
Redondilla
525
y consejos a la fama,
ocuparé en esta empresa
una parte de su mesa,
no la mitad de su cama.
Redondilla
Sobrarále la mitad;
530
y en la mujer, con razón,
estas sobras faltas son,
y bien grandes.

D. DIEGO
Es verdad.
Redondilla
El alma tengo confusa.
¿Podréme ahora eximir
535
de esta jornada?

D. JUAN
Morir
primero. Ya no se excusa,
Redondilla
que una palabra rompida
infama, y menos dañosa
es la honra peligrosa
540
que la afrenta conocida.

D. DIEGO
Redondilla
Pues ¿qué será lo mejor?

D. JUAN
Irte a casa, prevenirte,
obligar, sentir, partirte
y encomendallo al Señor;
Redondilla
545
que yo voy, y brevemente,
porque ya el tiempo se acorta,
a prevenir lo que importa
al despacho de esta gente.
Redondilla
Adiós.

(Vase.)

D. DIEGO
Tráguese la tierra
550
un hombre tan desechado.
Cuando se casa un soldado
mezcla la paz con la guerra.

(Vase. Sale BANQUETE y SABINA.)

BANQUETE
Redondilla
Por tus amores me pierdo.

SABINA
De tus locuras me río.

BANQUETE
555
¡Bravo talle! ¡Bravo brío!
¡Toda brava!

SABINA
¿Amurco o muerdo?
Redondilla
¿Soy yo jarameño toro,
o soy perro mallorquín?

BANQUETE
No, mas, siendo serafín,
560
picas con un pico de oro.

SABINA
Redondilla
Nombre de predicador
me has dado. Estoy por decirte
que querría convertirte.

BANQUETE
Comerme fuera mejor,
Redondilla
565
pues que me tienes picado;
tanto, que a saber me aplico
si es de Toledo ese pico
y esas tocas de qué estado.
Redondilla
Digo sobre cuál hicieron
570
de ti una dueña extremada;
el de viuda, o de casada,
o el que tan pocas tuvieron,
Redondilla
o el de esposo forajido.
Mas yo pienso que será
575
esotro de más allá.

SABINA
Y ¿cuál es?

BANQUETE
¿No está entendido?
Redondilla
Pues que beata no eres,
ni monja, siendo mujer,
mira tú que puedes ser
580
más común en las mujeres.

SABINA
Redondilla
¿A eso llamas, picarón,
estado? ¡Cosa notable!

BANQUETE
Siendo ahora el más estable,
mira si tengo razón.

SABINA
Redondilla
585
Pierde en mí tales antojos,
que honesta casada he sido.

BANQUETE
¿Cómo mataste el marido,
con veneno o con enojos?
Redondilla
Con la condición sería,
590
que la tenéis infernal
las mujeres.

SABINA
¿Vióse tal?
Pues apacible es la mía.

BANQUETE
Redondilla
Esa enfermedad cruel
le mataría.

SABINA
¿En qué modos?

BANQUETE
595
Siendo apacible con todos
y no lo siendo con él;
Redondilla
y saldríale a la frente
esta manera de agravios,
como se sale a los labios
600
una calentura ardiente.

SABINA
Redondilla
¡Qué extremada picardía!

BANQUETE
Burlas son todas. ¿Qué quieres?
Tanto quiero a las mujeres,
que ojalá lo fueses mía.

SABINA
Redondilla
605
Luego ¿tú no eres casado?

BANQUETE
Muchas veces; pero digo
que me casaré contigo.

SABINA
Pues ¿cómo—risa me has dado—
Redondilla
tuvieran lugar mis bodas?

BANQUETE
610
Ya que no dispensación,
tengo yo resolución
para casarme con todas.
Redondilla
El marido general
me llamaban en España,
615
como gallo.

SABINA
Digna hazaña,
o por lo menos cabal,
Redondilla
para merecer después
lo que a la justicia plugo
por las manos de un verdugo.

BANQUETE
620
Tuve yo mejores pies.

SABINA
Redondilla
Señor viene, vete.

BANQUETE
Ahora
verás si digo verdad.

SABINA
La atrevida libertad
mientras deleita enamora.

(Vase BANQUETE, y sale DON DIEGO.)

D. DIEGO
Redondilla
625
Ciego vengo. Loco estoy.
¡Ah, fortuna rigurosa!
¿Cómo le diré a mi esposa
que la adoro y que me voy?
Redondilla
¿Qué le diré? ¿Qué dirá
630
de mí?

SABINA
(Suspenso imagina.)

D. DIEGO
¿Qué es de mi Aurelia, Sabina?

SABINA
En el oratorio está.
Redondilla
¿Avisaréla que vienes?

D. DIEGO
No, Sabina; no tan presto.
635
¡Ay, desdichado!

SABINA
¿Qué es esto?

D. DIEGO
Espera un poco.

SABINA
¿Qué tienes?

D. DIEGO
Redondilla
Una desventura. Ten…
(Ap.)
(¡Que me voy, esposa amada!)
Toma esta capa, esta espada.
640
(Ap.)
(¡Que he de dejarte mi bien!)
Redondilla
Quita el sombrero de ahí.
(Ap.)
(Todo me cansa, me enoja,
que al peso de mi congoja
pesa todo sobre mí.)
Redondilla
645
Llega una silla.
(Ap.)
(Mas ¿cómo
a sosiego me convida
siendo de azogue la vida,
aunque es el alma de plomo?)

SABINA
Redondilla
Señor, ¡por Dios!, que me cuentes
650
qué tienes.

D. DIEGO
Partirme a Flandes,
Sabina.

SABINA
¡Desdichas grandes!
Con mucha razón las sientes
Redondilla
y con harta más razón
las pudieras excusar;
655
tan libre te quiero hablar,
que no merezco perdón.
Redondilla
Recién casado de ayer
¿dejas, señor, a tu esposa,
rapaza, alegre y hermosa,
660
ausente, sola y mujer?
Redondilla
¿Qué has hecho? Emprendido has
el mayor atrevimiento,
teniendo por fundamento
de su amor un mes no más.
Redondilla
665
De su valor conocido
bien se advierte que es honrada;
pero vive la casada
en la ausencia del marido,
Redondilla
y más si es larga y se sabe,
670
como pájaro sin redes,
como huerta sin paredes
y cerradura sin llave.
Redondilla
Y así, la que más señala
que es buena, si a quedar viene
675
sola, por lo menos tiene
ocasiones de ser mala.
Redondilla
Éstas las suele mudar,
y tiene mucho que hacer
la que es honesta mujer
680
que sola se ha de guardar.
Redondilla
Porque emprenden sus quimeras
sin respeto, sin temores,
en su calle los señores
y en su casa las terceras.
Redondilla
685
Hasta su mismo retrete
entra, por hacelle tiro,
por la ventana el suspiro
y por la puerta el billete.
Redondilla
Y está con tanta ocasión
690
de suerte, que, aun yendo a misa,
va siempre como quien pisa
suelo untado con jabón.
Redondilla
Porque su seso rematen
y su honor desautoricen,
695
las razones que la dicen
son vientos que la combaten.
Redondilla
Mira con tales cimientos
cómo seguro estará
árbol que de suyo da
700
las raíces a los vientos.
Redondilla
Yo lo sé bien, ¡ay de mí!;
por experiencia lo sé;
que alguna vez resbalé
(Aparte.)
(y aun sabe Dios si caí.)

D. DIEGO
Redondilla
705
No digas más, que diciendo
verdades me estás matando.
Escuché considerando
y hasme dejado muriendo.
Redondilla
Obligaciones de honor
710
me han causado estos enojos.

SABINA
Y esto que sale a los ojos,
¿es barro y honra, señor?
Redondilla
Míralo con más sosiego,
y piénsalo poco a poco.

D. DIEGO
715
Ya de pensallo estoy loco;
ya de mirallo estoy ciego.

SABINA
Redondilla
Si mi señora creyese
que en esta triste ocasión
lo que en ti es obligación
720
aborrecimiento fuese,
Redondilla
¿no se podría esperar
que, aborrecida y mujer,
pasase al aborrecer
los efetos del amar?
Redondilla
725
Pues mira cuán desechado
serías siendo sabido
que el esposo aborrecido
pocas veces queda honrado.

D. DIEGO
Redondilla
Sabina, no me atormentes.
730
Ve a mi esposa, ve al momento:
pero no con poco tiento
esta desdicha le cuentes.
Redondilla
Ve y díselo poco a poco,
y en sabiéndolo vendrás,
735
que donde estoy me hallarás,
si acaso no muerto, loco.

SABINA
Redondilla
Yo voy.—Quien a la fortuna
fía ausente mujer bella,
lo infelice de su estrella
740
algo tiene de la luna.

(Vase.)

D. DIEGO
Romance (tirada)
Tantas verdades me dicen
para confusiones tantas,
que moriré si el valor
no previene a la esperanza.
745
¡Qué de discursos que hago!
¡Qué de quimeras me pasan
por el pensamiento loco,
que me aprietan y me acaban!

(Sale BANQUETE.)

BANQUETE
¿Es cierto, señor?
750
¿Es posible que te apartas
a Flandes? Para el casado
¿hay más Flandes que su casa?
¿A tu mujer dejas sola,
hermosa y recién casada,
755
después que probó la miel
y la ha picado la salsa?
¡Mucho te atreves, por Dios!

D. DIEGO
¿El ser mía no le basta?
(Aparte.)
(Todos culpan mi partida;
760
todos mi paciencia gastan.)

BANQUETE
Mal conoces las mujeres.
¡Pesia a tal! Las más honradas
—yo lo sé por experiencia,
como marido de tantas—
765
han de estar perpetuamente,
como el órgano, templadas;
que si una vez se destemplan,
el diablo que las taña.
Son los fuelles los alientos
770
de los maridos; si faltan,
¡por Dios! que queden sus teclas,
si no tañidas, tocadas.
Como un reloj han de estar,
porque así, con vigilancia,
775
en llegándoles la hora
les da el mazo en la campana.
Es la mujer sin marido
sin trastes una guitarra,
que en las cuerdas queda el són,
780
pero no la consonancia.
Y a la puerta del barbero
es un espejo sin tapa,
que sólo por la ocasión
se mira en él el que pasa.
785
Aunque es ejemplar la tuya,
es mujer cuerda de lana.
Escúchame, advierte, mira
una arquitectura extraña.
Amor, dinero y mujer,
790
mujer, ausencia y mudanza,
una escalera que sube
y otra escalera que baja.
Después que subió la una,
por la otra la casada,
795
si es que se muda, rodando
la deciende, donde para.
Señor, señor, muda intento;
ojo al broquel, no te vayas,
que en la corte hay pretendientes
800
y casadas en sus casas.
Quien no parece, perece.

D. DIEGO
Calla, necio; vete y calla,
porque incluyen esas burlas
unas veras que me matan.
805
Vete luego.

BANQUETE
Yo me voy.
Iréme, pues tú lo mandas;
pero no a Flandes contigo,
donde son rayos las balas.

 (Vase.)

D. DIEGO
¡Grandes son mis confusiones,
810
notables son mis desgracias,
pues, lo que me dicen todos,
me está repitiendo el alma!
¡Mal haya mi pensamiento
y mi corazón mal haya,
815
pues turbaron mis sentidos
habiendo en mí sangre hidalga!

(Sale DOÑA JUANA.)

D.ª JUANA
¿Qué pudo ser tal desdicha?

D. DIEGO
(¡Esto ahora me faltaba!)

D.ª JUANA
Don Diego: ¿es posible, es cierto
820
lo que, a costa de mis ansias,
escucharon mis oídos
de la boca de la fama?
¿A Flandes te vas, señor,
cuando, por ser desdichada,
825
pues ser tuya no podía,
con verte me contentaba?
Si es que huyes de mis ojos,
mal lo haces, mal me pagas,
que yo, de lo que te quiero,
830
sólo quererte esperaba.
Pero si fuerza es partirte
por otra diversa causa,
deja que vaya contigo
como paje, como esclava:
835
te serviré en lo que gustes,
te seguiré donde vayas.

D. DIEGO
Igualmente siento ahora
mis desdichas, doña Juana,
y las tuyas, aunque son
840
tan diferentes las causas.
Pero yo a Flandes me voy,
y no es honrosa la carga
de una mujer en la guerra:
demás de que fuera infamia,
845
siendo tú tan bien nacida,
llevarte yo deshonrada,
en mis manos mal segura,
por caminos y posadas,
y cuando yo, por tu honor,
850
a no hacello me obligara,
no lo hiciera, porque quiero
a mi esposa como el alma.

D.ª JUANA
Pues si la quieres, ¿por qué,
atrevido, te abalanzas,
855
y, hermosa, moza y ausente,
la dejas y no la guardas?
¿Qué haces? Mira, don Diego,
que, en la mucha confianza,
se despeñan muchas honras,
860
y aunque ella la tiene, y tanta
que podría competir
con griegas y con romanas,
ni es ella más bien nacida
ni era yo menos honrada,
865
y, deslumbrada en tus ojos
y perdida en tus palabras,
tras ti dos veces ligera
vine a Milán desde España,
y, ciega con mis pasiones,
870
ha poco que te rogaba
que me llevaras contigo
como mujer ordinaria.
¡Míralo mejor, don Diego!

D. DIEGO
Sólo ejemplos me faltaban
875
para apurar mi paciencia
y para crecer mis llamas,
que de quimeras fabrico,
diferentemente, varias.
Una taza se me ofrece,
880
si no me engaño, extremada,
porque el pobre y el celoso
trazan mal y siempre trazan.—
Doña Juana, pues me quieres,
¿quieres quedarte en mi casa,
885
y siendo en ella mis ojos,
cuerdamente desvelada,
si, por desdicha, vieres
en mi esposa alguna falta,
como a mi vista la ofrezcas,
890
visible, patente y clara,
tú serás esposa mía,
siendo tercero una daga,
y después, cerca está Roma,
la dispensación del Papa?

D.ª JUANA
895
Harélo así; ve seguro,
dejando en mi confianza
el servirte con lealtad.
¡Quien más teme, más se engaña!

D. DIEGO
Pues sucediendo mi afrenta,
900
toma de mí la palabra
de tu esposo.

D.ª JUANA
Yo la tomo.

D. DIEGO
Y yo la doy; vete y calla.

D.ª JUANA
¡Adiós, que tu esposa viene!

D. DIEGO
Su luz, para mí, eclipsada.

D.ª JUANA
905
(Pues me va en ello el ser buena,
yo haré poco, o la haré mala,
pues mi caudal ha de hacerse
cuando el suyo se deshaga.)

 (Vase DOÑA JUANA y sale AURELIA.)

AURELIA
Silva (tirada)
(¡Toda de hielo soy, toda de fuego!
910
¡Como una tigre llego!)

D. DIEGO
(Cual mármol me ha dejado
semblante tan hermoso como airado.)

AURELIA
(¡Estoy para volverme!)

D. DIEGO
(¡Estoy por retirarme y esconderme!)

AURELIA
915
(¿Cómo comenzaré, de quien me deja,
la venganza o la queja?)

D. DIEGO
(Quedarán por despojos
tan enojados y tan bellos ojos;
pero ya, ¡ay, Cielo santo,
920
toda su furia se convierte en llanto!)

AURELIA
Amante, lastimada y ofendida,
vine airada y perdida;
tan loca de esta suerte,
que no sé si a obligarte o a ofenderte;
925
pero vi tu tristeza,
ya vencido, alevoso, la terneza,
y así, a tus ojos y a tus brazos llego.
¿Que te vas, mi don Diego?

D. DIEGO
Sí, gloria mía.

AURELIA
¡Tente,
930
que me ha muerte ese “sí” tan diferente,
del que, engañada y loca,
ha pocos días que adoré en tu boca!
Es la ofensa de un “sí” más poderosa,
por ser el “sí” una cosa
935
de todos procurada,
de todos admitida y adorada;
pero, con varios modos,
en mí es desdicha lo que agrado en todos.
¡Ah, cruel, inhumano! ¡Ah, fementido,
940
de ti engañada he sido!
¿Para qué te has casado?
¿Es discreto el marido, ni es honrado
de su mujer ausente?
¡No es tal, por cierto! ¡Quien lo dice, miente!
945
Pero, señor, mi libertad es mucha:
perdóname y escucha,
pues todo es adorarte:
mira bien de qué forma, y en qué parte,
tan sola y desdichada,
950
quedaré viuda hoy, de ayer casada.

D. DIEGO
¡No me aflijas, por Dios, llorando ahora!
Que quedarás, señora,
viuda de hoy, es cierto,
no de marido ausente, sino muerto,
955
si es que te afliges tanto
y no me das consuelo en vez de llanto.
Obligación forzosa y conocida
Dio causa a mi partida.
Atrevíme fundado
960
en que no ha de querer tu celo honrado,
siendo cosa tan suya,
que en mi honor mi opinión le disminuya;
si después en los aires he quedado,
quejas y llantos dado
965
a la tierra y al viento
si revienta en el alma el sentimiento.
Mira bien mis enojos,
pues presentan testigos en mis ojos;
pero si el llanto tuyo lo consiente,
970
podrás, más fácilmente
de que siento enojarte,
en tu misma hermosura asegurarte,
si ya no es tal mi suerte
que mi pena acredite con mi muerte.

AURELIA
975
Ya estoy más satisfecha que ofendida,
más loca y más perdida.
¡Ay, don Diego! ¡Ay, esposo!
Más cruel te quisiera que piadoso,
y no tan mal quedara
980
si alguna ingratitud me consolara.
A la guerra te vas, sin paz me dejas:
¡oiga el Cielo mis quejas,
pues matando y muriendo,
tú peleando allí, yo acá temiendo,
985
tendremos de este modo
todo el ánimo tuyo, el miedo todo!
Considera mis ojos de esta suerte,
en que estará mi muerte,
cómo estará mi vida
990
viendo la tuya del peligro asida;
siendo el rigor del hado
tan desdichada yo, tú tan honrado.
Cuando advirtiendo estoy que te señalas
contrapuesto a las balas,
995
temo que el hado injusto,
como tuerce las cosas de mi gusto,
no quiera, siendo extraño,
encaminar las causas de mi daño.
¡Dios te guarde de él! ¡Ay de mí! ¡Ay desdicha mía!
1000
Tu muerte, ¿qué sería
sucedida y llorada,
si me quita la vida imaginada?
¡Ay, que en esto pensando,
temiendo estaré, siempre agonizando!
1005
Mi bien, mi esposo, ¡llévame contigo!
A seguirte me obligo,
que, aunque es daño tan fuerte
verte en peligro, y peleando verte,
haciéndome estos bienes,
1010
veré, a lo menos, cuándo no lo tienes.
Pero ausente de ti, sin saber cuándo
estarás peleando,
acá, entre mis ideas,
siempre estaré mirando que peleas;
1015
y así, con temor ciego,
nunca tendré un momento de sosiego.
¡Ay, Dios! ¿Qué haré sin ti, de asombros llena?
¿Quién sentirá mi pena,
quién en tales enojos
1020
acallará las niñas de mis ojos,
mi bien, si tú no eres?

D. DIEGO
Pienso, mi vida, que matarme quieres.
Acabarásme si me afliges tanto;
ya es agüero ese llanto
1025
que ofende mi esperanza;
pero ten en los cielos confianza,
con cuya providencia
pienso alargar la vida y no la ausencia.
Entre tanto, mi gloria, casa tienes
1030
abundante de bienes:
en tus manos los veo;
mediránte con gustos el deseo,
sirviéndote sin tasa,
hasta las mismas piedras de tu casa,
1035
tu oculto pensamiento adivinando;
siempre estará mirando
tus luces soberanas
mi padre, y, con la plata de sus canas,
honrará tu decoro,
1040
haciendo para ti potable el oro.

AURELIA
¡Ay, don Diego, esta casa será buena
para esconder mi pena!
Entretendré la vida
siempre a las canas de tu padre asida.
1045
Mas todos los regalos,
aunque sean tan buenos, serán malos;
porque tendrá el ausencia tanto brío,
que sin ti, dueño mío,
siempre estarán mis ojos
1050
llorando duelos y creciendo enojos,
porque, en efeto, ¡ay Cielo!,
donde no está su dueño, está su duelo.

D. DIEGO
¿Qué me dijiste? ¡Ay, Dios, hasme ofendido,
que, con otro sentido,
1055
entre tormenta y calma,
esa saeta me ha llegado al alma!
Tras el fiero rigor de esta partida,
mira por mí en tu vida;
en mi honor no te digo
1060
pues con tal calidad queda contigo
y corre por tu cuenta,
que pienso que decillo fuera afrenta;
y disimula ahora cuerdamente
tu extremo, que entra gente.

AURELIA
1065
(¡Ay, que muero de enojos
consultados primero con mis ojos!)

D. DIEGO
(Mis varoniles bríos
apenas pueden enjugar los míos.)

(Sale D. JUAN.)

D. JUAN
Romance (tirada)
Procurad, por vida mía,
1070
sentir con menos extremos,
que señalan vuestros ojos
la partida de don Diego.

AURELIA
¿Y cuándo será?

D. DIEGO
(¡Ay, de mí!)

D. JUAN
Luego, ahora.

AURELIA
¿Ahora, luego?

D. JUAN
1075
Pártese como soldado.

AURELIA
Como desdichada quedo.
¡Ay, Dios, que muero en tus brazos!

D. DIEGO
(¡Ay, Dios, que en los aires muero!)

D. JUAN
¡Hija! ¡Señora! ¡Por Dios,
1080
que admitáis algún consuelo!
No aflijáis a vuestro esposo,
que yo, en su ausencia, os prometo
teneros siempre en mis ojos
como en mis brazos os tengo.

(Sale el CONDE y BANQUETE.)

CONDE
1085
¡Amor, victoria, victoria!
Ya por segura la tengo,
pues mujer de ausente esposo,
mil portillos deja abiertos.

BANQUETE
Yo, señor, no voy a Flandes;
1090
contigo quedarme quiero,
alcanzándome licencia
de mi Capitán.

CONDE
Harélo.—
En este punto he sabido
que os partís.

D. DIEGO
Y en este mismo
1095
me hallaréis muriendo, Conde.

D. JUAN
Con más paciencia y más pecho
sufre esta pena.

AURELIA
He perdido
el caudal del sufrimiento.

CONDE
No hay sino sólo valor
1100
en las cosas sin remedio.
(Ap.)
(Más me enamoráis llorando,
¡ay, divinos ojos bellos!)

(Sale SABINA y DOÑA JUANA.)

SABINA
Ya han tocado a recoger;
ya afuera aguarda el sargento.

D.ª JUANA
1105
A marchar tocan las cajas;
pero al arma, los deseos.

BANQUETE
(Ap.)
(Pues veo que lloran todos,
quiero ponerme de entierro.)

D. DIEGO
¡Padre, padre! ¡Amigo, amigo!
1110
¡Criados, casa, tierra, cielo!
¡De mi lástima movidos,
a mi esposa os encomiendo,
y ella me dé estos abrazos,
para que, con más aliento,
1115
pueda matarme y morir!

AURELIA
¡De congoja se han hecho
mil nudos en la garganta!

D.ª JUANA
¡Lo que me afligen los celos
me consuela la esperanza!

D. DIEGO
1120
¡Adiós!

AURELIA
¡Adiós!

D. DIEGO
¡Cielo!

AURELIA
¡Cielo!

D. DIEGO
¡Dejad que le dé otro abrazo!

AURELIA
¡Y quizá será el postrero,
que soy desdichada yo!

D. DIEGO
¡No aumentes mis sentimientos
1125
pronosticando desdichas!

D. JUAN
¡Ea, mis hijos! ¿Qué es esto?
¡Dividildos, apartaldos,
si no las almas, los cuerpos,
que se quitarán las vidas!
1130
Ven, señora.

CONDE
Ven, don Diego.

D. DIEGO
¡Arrastrando me llevad!

AURELIA
¡Llevadme por los cabellos
donde me resuelva en llanto!

D.ª JUANA
Todo lo mejora el tiempo.

BANQUETE
1135
(¡Por sí o por no, esconderéme!)

CONDE
¿Los hombres lloran? ¿Qué es esto?

D. DIEGO
Luego, ¿son piedras los hombres?

CONDE
(Ap.)
(Porque se parta me muero.)

D. DIEGO
¡Ay, esposa! ¡Ay, honra mía!

CONDE
1140
¡Ven, por Dios!

D. DIEGO
Iré muriendo;
que estos refranes antiguos
son evangelios pequeños,
y atravesado en el alma,
el que me dijo, me llevo;
1145
sentencia es de muerte, ¡ay, cielo!
Donde no está su dueño, está su duelo.


Acto II

(Sale el CONDE y BANQUETE.)

CONDE
Quintilla
¿Avisaste?

BANQUETE
Señor, sí.
Sabina me dijo agora
que tú esperases aquí
1150
que saliese su señora.

CONDE
A que amaneciese, di.
Quintilla
En todo me has obligado,
cuidadoso y vigilante,
Banquete.

BANQUETE
El haber hallado
1155
de mi nombre el consonante,
me lisonjea el cuidado.

CONDE
Quintilla
Causa y causas hallé en ti
que anuncian buenos efetos,
si ya no pierden por mí,
1160
que es oficio de discretos.

BANQUETE
¿El ser alcahuete?

CONDE
Sí.

BANQUETE
Quintilla
Por ti, en el examinado
de discreto alegre estoy;
pero seré desdichado
1165
alcahuete, pues lo soy
de tan necio enamorado;
Quintilla
porque ha que falta don Diego
más de un año, no lo dudo,
y tú, de su esposa al fuego,
1170
te querellas como mudo
y te abrasas como ciego.
Quintilla
¿Qué esperas a declararte
y a estar tan cobarde vienes,
cuando pudiera animarte
1175
aquel metal por quien tienes
en su casa, de tu parte,
Quintilla
desde la dueña de honor,
que es siempre la que le quita,
hasta el esclavo menor,
1180
que tu gusto solicita,
puesto que ignora tu amor?
Quintilla
¡Pese a tal! Hate ofrecido
tu fortuna en tus cuidados,
para arrojarte, atrevido,
1185
una casa con criados
y una mujer sin marido.
Quintilla
Visítasla cada día
recibiéndote en su casa
más clara la luz del día,
1190
porque entre la suya pasa
la que su belleza envía.
Quintilla
Y tú, tan tibio la quieres,
que estás, cuando entre los dos
se hacen sordas sus mujeres,
1195
hecho un bamba. ¡Pues no eres
tan boquirrubio, por Dios!

CONDE
Quintilla
Dices bien, y a mí, en su ausencia,
me riñe mi pensamiento
cuando apura mi paciencia
1200
este injusto encogimiento
y esta corta diligencia.
Quintilla
Mil ánimos me prometo
para esforzar mi ventura;
pero en llegando el efeto,
1205
puede siempre en su hermosura,
más que el ánimo, el respeto;
Quintilla
aunque mi alma, abrasada,
bien pudo ser conocida,
por mis ojos arrojada.

BANQUETE
1210
Daráse por no entendida,
que es discreta y es honrada.

(Sale SABINA.)

CONDE
Quintilla
¿Sale mi vida y tu ama,
Sabina?

SABINA
Mucho me pesa
que no digas que te ama.
1215
Levantóse de la mesa
y recostóse en la cama,
Quintilla
donde la siesta durmió,
con tal belleza, ¡ay, Jesú!,
tan linda me pareció,
1220
que, como si fueras tú,
la estaba mirando yo.
Quintilla
Medio vuelta de este lado,
con este brazo tendido,
hasta el codo arremangado,
1225
y sobre el rostro encendido,
el cabello marañado,
Quintilla
el sol claro obscurecía,
haciendo a sus rayos raya.
Pues ¿qué será lo que había,
1230
mal cubierto con la saya,
tanto pie que descubría?
Quintilla
Con esta belleza estaba
cuando a recordarla entré,
y al decille que esperaba
1235
el Conde, se puso en pie
menos compuesta que brava.
Quintilla
Pidió la ropa y aquello
con que se compuso ya,
y para acabar de hacello
1240
y salir agora, está
componiéndose el cabello.

CONDE
Quintilla
¡Ay, Sabina; quién la viera
como aquí me la has pintado!

BANQUETE
Pienso que lo mismo fuera.

SABINA
1245
Más resuelto te quisiera
y menos enamorado.
Quintilla
¿Por qué acobardas tu amor?
No sé a qué me lo atribuya,
teniéndome a mí, señor,
1250
y siendo cosa tan tuya
su privanza, que es Leonor.
Quintilla
Ya sé que la debes tanto,
que siente tu sentimiento;
de suerte que yo me espanto,
1255
y tu corto atrevimiento
celebro con tierno llanto.
Quintilla
Anímate poco a poco,
que muy helado te veo.

CONDE
El temor me tiene loco,
1260
pues no me falta el deseo,
ni aun el ánimo tampoco.
Quintilla
Mas si se enojase, di,
el serafín que me abrasa,
¿qué sería, siendo así,
1265
ver las puertas de su casa
tan cerradas para mí?

SABINA
Quintilla
Pues ¿de eso agora te afanas?
¿Eso recelas?

CONDE
Pues ¿no?

SABINA
Si sus manos inhumanas
1270
te cierran las puertas, yo
te entraré por las ventanas.
Quintilla
Donde no hay dueño no hay muro,
o a lo menos nunca en él
habrá portillo seguro.

BANQUETE
1275
Y más si los lienzos de él
son de holanda, yo lo juro.

SABINA
Quintilla
¡Ánimo!

CONDE
Atreverme quiero;
tanto esfuerzo me habéis dado;
sólo la ocasión espero.

BANQUETE
1280
Nunca el firme enamorado
teme el tiempo venidero.

 (Sale D. JUAN.)

D. JUAN
Quintilla
(¿Qué es esto? ¿Perdidas van
ya las cosas de mi honor?)
¡Oh, Conde!

CONDE
¡Oh, señor don Juan!

D. JUAN
1285
(Aparte.)
(Disimular es mejor.)

BANQUETE
(Turbados los dos están.)

D. JUAN
Quintilla
¿Qué mandáis?

CONDE
A mi señora
Aurelia besar quería
las manos.

D. JUAN
Erráislo ahora.

SABINA
1290
Dijo que ahora saldría.

D. JUAN
Yo la vi ocuparse ahora.
Quintilla
Las señoras de Milán,
ausentes de sus velados,
todas las horas no están
1295
para ocupar los estrados,
porque llorando estarán.
Quintilla
¿Venís en carroza?

CONDE
Sí.

D. JUANN
X
Nota del editor

«En el texto “DON DIEGO”.»

Vamos en ella los dos;
hacia palacio vení.

CONDE
1300
Iré a serviros. (¡Ay, Dios,
todo es fuego para mí!)

D. JUAN
Quintilla
¡Ven tú!

 (Vase.)

BANQUETE
Temerario ven.

SABINA
En vuelve le trocaría.

BANQUETE
Para que me vaya bien,
1305
reverenda amante mía,
mirad con quién y sin quién.

CONDE
Quintilla
¡Loco voy; estoy furioso!
Será este pesar, sin duda,
a matarme poderoso.

BANQUETE
1310
Mira en cuánto eres dichoso,
que hasta su suegro te ayuda.

CONDE
Quintilla
¿Cómo, si está en centinela
de ordinario, y me acobarda
cuando en esto se desvela?

BANQUETE
1315
Porque a lo viejo la guarda
y a lo imprudente la cela.
Quintilla
Y tanto puede ofender
este celar imprudente,
que en la más cuerda mujer
1320
tercero del pretendiente
el celoso suele ser.

SABINA
Redondilla
Si se declara este viejo,
temo algún inconveniente.

 (Vanse. Sale AURELIA y DOÑA JUANA.)

AURELIA
Quien llora marido ausente,
1325
poco se engaña al espejo.

D.ª JUANA
Redondilla
Cuando el ausencia no es corta,
desengañarse es mejor.

SABINA
Ya con don Juan, mi señor,
se fue el Conde.

AURELIA
Poco importa,
Redondilla
1330
pues sus visitas consiento
por no obligarme a la ofensa,
mientras, engañado, piensa
que ignoro el atrevimiento.

D.ª JUANA
Redondilla
¿El Conde? Pues ¿cuándo ha sido
1335
sino cuerdo y reportado?

SABINA
Conocíle enamorado,
mas nunca le vi atrevido;
Redondilla
en tu presencia le veo
un ángel en compostura.

D.ª JUANA
1340
Si es que pone tu hermosura
antojos en su deseo,
Redondilla
solamente los antojos
no pueden llamarse agravios,
si cuerdamente los labios
1345
los remiten a los ojos;
Redondilla
y aun esto el Conde limita
cuando adorándote está,
pues ni a los ojos les da
lo que a los labios les quita.
Redondilla
1350
Si advirtieras que retira
muchas razones que entabla,
cuando temiendo te habla,
cuando temblando te mira,
Redondilla
este humilde proceder
1355
le hubieras agradecido,
pues para ser atrevido
soberbio pudiera ser.
Redondilla
Porque es noble, es principal,
es entendido, es brioso,
1360
es galán y es generoso,
es rico y es liberal;
Redondilla
es ejemplo de valor,
es del mundo conocido,
es honrado, bien nacido
1365
y es bien criado señor;
Redondilla
es grande su señorío,
es eminente su estado.

SABINA
Y es un azúcar rosado
en lo dulce y en lo frío;
Redondilla
1370
que, a fe, si no fuera así
y mi consejo tomara,
más adelante pasara
en tu amor.

AURELIA
¿Estás en ti?
Redondilla
¡Loca, insolente!

SABINA
Señora,
1375
burlando estoy, ¡por tu vida!

AURELIA
Para burla es atrevida;
pero dejémoslo ahora.

SABINA
Redondilla
Ya te irías enojando.
Eres brava.

AURELIA
Soy quien soy.

D.ª JUANA
1380
Yo también temblando estoy.

AURELIA
Pero advertid lo que os mando,
Redondilla
y no sólo os mando, os ruego:
pues me veis su amante esposa,
que no me habléis de otra cosa
1385
sino es sólo de don Diego.
Redondilla
Junto a mí os podéis sentar…

D.ª JUANA
Él es mil veces dichoso.

AURELIA
Que en las cosas de mi esposo
muy de asiento os quiero hablar.
Redondilla
1390
¿Qué hará ahora? ¡Ay, desdichada!
Pues a la guerra se aplica,
terciando estará la pica,
sacando estará la espada.
Redondilla
En algún peligro está.
1395
¡Dios le anime, Dios le guarde!
El alma tengo cobarde.

D.ª JUANA
Quizá sin él estará.

AURELIA
Redondilla
Siempre recelo su daño.

D.ª JUANA
¿De qué te afliges [ahora?]
1400
¿Piensas que en Flandes, señora,
se pelea todo el año?

SABINA
Redondilla
Eso fuera desvarío.

AURELIA
Yo, que mi esposo no veo,
todos los puntos peleo
1405
con el pensamiento mío.

SABINA
Redondilla
Las veces que da la paz
ociosidad al valor,
también es guerra el Amor,
sus flechas tira el rapaz.
Redondilla
1410
Tú temes que peleando
está tu marido allá,
y él por ventura estará
sirviendo y enamorando,
Redondilla
que me dicen que es usanza
1415
entre aquellas damiselas.

D.ª JUANA
Mal haces, pues no consuelas
muchos ratos tu esperanza.
Redondilla
¡Qué mal en lo cierto estás
de lo que es hombres ausentes!
1420
De las mujeres presentes
tienen memoria no más.
Redondilla
Tú estás acá muriendo
mil veces, y así lo entiendoN
X
Nota del editor

«Este verso, que se repite en el subsiguiente, no es el que corresponde a este lugar, que debe ser consonante en “ando”.»

.

SABINA
Yo lo estoy considerando
1425
mil veces, y así lo entiendo.
Redondilla
Pues sabes que cual los vientos
suelen pasarse los años,
no tengas en tus engaños
cautivos tus pensamientos.
Redondilla
1430
Dales licencia que vuelen
más ligeros y te adviertan
mil cosas que te diviertan
y otras mil que te consuelen.
Redondilla
Logra mejor tu belleza
1435
y de afligirte no trates.

D.ª JUANA
(Fuertes son estos combates;
rendirán la fortaleza.)

AURELIA
Redondilla
Si yo ausente y congojada
me doy tan estéril vida,
1440
es parte por ser querida,
y parte por ser honrada;
Redondilla
y así, cuando quiera Dios
que haya olvido en mi fortuna,
méritos doy a la una
1445
de lo que hago con las dos.
Redondilla
Dejadme, pues, cuerda o loca,
con olvido o sin olvido,
tener siempre a mi marido
en el alma y en la boca.

SABINA
Redondilla
1450
El Conde viene.

AURELIA
Excusara
las visitas de este loco.

D.ª JUANA
Podrá divertirte un poco.

SABINA
Quita el luto de la cara,
Redondilla
veráte el Conde más bella.

AURELIA
1455
Sillas. ¿Hola? Pajes llama.

SABINA
(Bien hecha tiene la cama,
si sabe extenderse en ella.)

 (Sale el CONDE y BANQUETE.)

BANQUETE
Redondilla
(Buena excusa te buscaste
para escaparte del viejo.

CONDE
1460
Bien ocupado le dejo.

BANQUETE
Y bien ligero tornaste.)

D.ª JUANA
Redondilla
(Disimula.

AURELIA
No podré
de ofendida y de enfadada.)

CONDE
Pues la licencia pasada
1465
todavía queda en pie,
Redondilla
vueseñoría, señora,
bien me puede perdonar
el tenella para entrar
sin revalidalla ahora.

AURELIA
Redondilla
1470
El tardar cuando la di
perdone vueseñoría.

BANQUETE
(Mezcla con la cortesía
el ánimo, ¡pese a mí!)

CONDE
Redondilla
El señor don Juan gustó
1475
de que yo le acompañara,
que de esperar, cosa es clara,
que no me cansara yo.
Redondilla
¿Cómo vueseñoría ha estado
de salud?

AURELIA
De acero soy.
1480
¿Y vueseñoría?

CONDE
Estoy
en un infelice estado.

AURELIA
Redondilla
Pues la ausencia de mi esposo
no me mata, decir quiero
que soy de piedra o de acero.

CONDE
1485
Yo pudiera ser dichoso
Redondilla
si fuera…

AURELIA
¿No has recibido
sus cartas?

CONDE
Señora, sí.

AURELIA
Lo que me escribe de ti
no se ha visto ni se ha oído.
Redondilla
1490
¡Lo que estima tu amistad!
¡Lo que la suya te ofrece!
¡Lo que tu trato encarece!
¡Lo que fía en tu lealtad!
Redondilla
Mucho le debes.

BANQUETE
(Por dónde
1495
se le escapa la traidora.)

CONDE
Y así le pago, señora.

BANQUETE
(Gran mentecato es el Conde.—
Redondilla
¡Ah, señor! ¿Así la dejas?
Si del camino se sale,
1500
a ella vuelve; dale, dale
con la voz en las orejas.
Redondilla
Acaba ¡cuerpo de Dios!
(Al oído)
¿Qué te suspenda y encanta?)

CONDE
Dile que si…

BANQUETE
(Cosa es santa.
1505
Dice que os veréis los dos;
Redondilla
de una monja en el recado.)

AURELIA
Banquete, ¿y no es prohibido
llegar a hablarle el oído?

BANQUETE
En mí el Papa ha dispensado,
Redondilla
1510
con tal que diga verdades.

CONDE
Banquete tiene razón,
porque en él donaires son
lo que en otros necedades.

BANQUETE
Redondilla
(Dejallos será mejor,
1515
porque da la soledad
ocasión y libertad.
Ya me ha entendido Leonor.)

 (Hace seña a las criadas, y vase.)

D.ª JUANA
Redondilla
(Pensamientos adivina
el bellaco, y por los vientos
1520
me llevan los pensamientos.—
Déjalos solos, Sabina.)

 (Vase.)

AURELIA
Redondilla
Pesada viene la tarde.

CONDE
Abrasa el calor sobrado.

AURELIA
(Medroso tengo el cuidado.)

CONDE
1525
(El alma tengo cobarde.)

SABINA
Redondilla
(Lugar daré a sus enojos
si me voy; así lo haré.
Mucho mira; no podré
escaparme de sus ojos.)

CONDE
Redondilla
1530
¿En qué diviertes los días,
señora?

AURELIA
Mi bien ausente,
en estar eternamente
llorando desdichas mías.—
Redondilla
(Sabina, escucha.

SABINA
¿Señora?

AURELIA
1535
No me dejes un momento.)

SABINA
(Entendióme el pensamiento.)

CONDE
Eso es vengarse ahora
Redondilla
de lo que a Banquete oí.

AURELIA
No tratan mis esperanzas
1540
de ofensas ni de venganzas,
ni las empleara en ti.

CONDE
Redondilla
Cuando te hubiera ofendido,
que nunca tal he pensado,
pudiera haberte vengado
1545
con el haberme perdido
Redondilla
una leona, una fiera
en quien tengo el pensamiento
empleado.

AURELIA
¿Es casamiento?

CONDE
¡Pluguiera a Dios que lo fuera!
Redondilla
1550
Ya es casada.

AURELIA
¿Qué fortuna
te arroja a tal pretensión?
¿Dio esa señora ocasión
para atreverte?

CONDE
Ninguna.

AURELIA
Redondilla
Pues ¿qué causas te habrán dado
1555
la que tienes de atrevido?

CONDE
Tener ausente el marido.

AURELIA
¿Sólo en eso te has fiado?
Redondilla
Mal debiste de entenderlo.
¿No adviertes que la casada,
1560
cuando es de veras honrada,
por sí sola debe serlo?
Redondilla
No decilla tu intención
será prudente consejo.

CONDE
Mil días ha que lo dejo
1565
cobarde en esta razón;
Redondilla
mas con todo eso la digo
con el alma…

AURELIA
Un pecho sabio
finge que ignora el agravio
por no obligarse al castigo.
Redondilla
1570
Así lo hará esa señora,
y debes agradecer
ese cuerdo proceder,
que no es poco usarle ahora.
Redondilla
Si se le quieres pagar,
1575
pon el pie en esa centella
de deshonra para ella
y para ti de pesar,
Redondilla
y advierte que, si es honrada,
no ha menester, ofendida,
1580
para vengarse en tu vida
de su marido la espada;
Redondilla
pues si ve que en tus antojos
desesperada la dejas,
balas hará de las quejas,
1585
rayos hará de los ojos.
Redondilla
Míralo mejor.

CONDE
¡Ay, cielo!
¿Y qué haré de mi cuidado?

SABINA
(Acabóse. Él ha quedado
hecho un pedazo de hielo.
Redondilla
1590
¿Cuándo no fue temerario
cualquier hombre de experiencia,
pues la mayor resistencia
esfuerza más al contrario?
Redondilla
¡Ay, bobillo, cómo enseñas
1595
que entre pañales estás!
No se atreverá, por más
que yo le anime con señas.)

CONDE
Redondilla
Después de habello pensado,
tan a costa de mi pecho,
1600
las mercedes que me has hecho,
los consejos que me has dado
Redondilla
tanto en mi amor han podido,
que quedo, por culpa ajena,
si no acabado en mi pena,
1605
en mis temores rendido;
Redondilla
y así un papel que traía
para ponello en la mano
de aquel ángel soberano,
que es dueño del alma mía,
Redondilla
1610
quiero romper al momento.

 (Saca un papel del pecho, y al romperle cae un retrato de AURELIA en el suelo.)

SABINA
¿Qué es esto que se ha caído?

CONDE
Su retrato, que ha querido
disculpar mi atrevimiento.

SABINA
Redondilla
(Aparte.)
(Sin duda es suyo; eso, sí,
1615
ya se atreve y se aventura.)
¡Válgame Dios, qué hermosura!

CONDE
Su extremo vuelve por mí.

AURELIA
Redondilla
(Este es mío, y que es extraño
me importa fingir ahora.)

CONDE
1620
Mi bien, si ya ser, señoraN
X
Nota del editor

«Este verso parece errado.»

,
con la pasión no me engaño,
Redondilla
esos ojos dulces, bellos,
boca, mejillas y frente,
donde están naturalmente
1625
enrizados los cabellos;
Redondilla
esa hermosa compostura
de extremadas perfecciones
y un alma cuyas acciones
compiten con su hermosura,
Redondilla
1630
fueron las causas bastantes,
entre atrevidos empleos,
para disculpar deseos
y para labrar diamantes.
Redondilla
¿No conoces a esa estrella,
1635
aunque desmiente al pincel,
con menos belleza en él
la que yo contemplo en ella?

AURELIA
Redondilla
No; y quizá por ser mujer
a quien no he visto en mi vida
1640
es de mí desconocida.

[CONDE.]
Sola tú lo debes ser
Redondilla
de cruel y de inhumana,
que este bien del alma mía
tú le tratas cada día
1645
y le ves cada mañana;
Redondilla
en tus ojos amanece
siempre el sol de esa hermosura.

SABINA
(Bien va: la descompostura
en los hombres bien parece.)

AURELIA
Redondilla
1650
(¿Adónde, pues conocella
no he podido, este traidor
se atreve?)

CONDE
Ahora mejor
que al espejo puedes vella
Redondilla
en las fuentes de mis ojos,
1655
en los ríos de mi llanto,
si ya no te anegan tanto
mi desdicha y tus enojos.
Redondilla
Todo el color has perdido,
señora.

AURELIA
Cierra ese labio,
1660
porque declarado agravio
es grande para sufrido.
Redondilla
Tan fuertes señas me das
que esta mujer conocí,
que confieso que la vi,
1665
pero no la verás más.
Redondilla
De no mirarte prometo
tan infelice mujer,
avergonzada de ver
que la perdiste el respeto.
Redondilla
1670
Yo huiré de la luz clara
por que no se acuerde el sol
del vergonzoso arrebol
que me ha salido a la cara.
Redondilla
Y porque el hablarte dejo
1675
entre sombras escondida,
digo, Conde, que en mi vida
he de mirarme al espejo,
Redondilla
por excusar, como digo,
esta vergüenza cruel,
1680
y porque si a verme en él
llegase el mayor amigo,
Redondilla
dos caras no vea en mí,
al reflejo del cristal,
que le parezcan tan mal
1685
como las que miro en ti.
Redondilla
Toma el retrato, advertido
de que el tiempo ni la muerte
verán sino de esta suerte
el original rendido.
(Rómpele.)
Redondilla
1690
Y agradéceme que en pago
de tu atrevimiento, aquí
no he mandado hacer en ti
lo que en el retrato hago.

CONDE
Redondilla
Señora, de hielo soy.

AURELIA
1695
¡No llegues!

SABINA
(Estoy temblando.)
Mira que vas tropezando.

AURELIA
No es mucho, pues ciega voy.

 (Vase a entrar, y sale DOÑA JUANA.)

D.ª JUANA
Redondilla
Señora, tu suegro viene.
Ahora en la sala entraba.

AURELIA
1700
¿Qué haré, pues que me arrojaba
lo mismo que me detiene?

CONDE
Redondilla
Señora, no escandalices.
Sé piadosa.

AURELIA
¡Eres traidor!
Quiero hacello por mi honor,
1705
mas no porque tú lo dices.

(Vuelve a sentarse y sale DON JUAN y BANQUETE.)

D. JUAN
Redondilla
¿Ha mucho que estáis acá,
Banquete?

BANQUETE
(Soy divertido;
y no advierto cuánto ha sido.
¿Qué le diré?) Rato ha.

D. JUAN
Redondilla
1710
(Esto corre por mi cuentaN
X
Nota del editor

«Cuenta no es consonante de “vuelta”. Quizá se escribiría este verso así: “Esto corre a rienda suelta.”»

.
En fin, casa sin marido.)
Señor Conde…

CONDE
(Estoy perdido.)

D. JUAN
Volando distes la vuelta.

CONDE
Redondilla
No muy volando, pues no
1715
ha un Credo que aquí llegué.

BANQUETE
(¡Bien, por Dios!)

D. JUAN
No estéis en pie;
sentaréme también yo.

(Siéntase.)

AURELIA
Redondilla
Junto a mí.

D. JUAN
(Ap.)
(De enojo rabio.)
Deshacerse no es razón
1720
por mí la conversación.
(Ap.)
(¡Cómo se hace el agravio!)

AURELIA
Redondilla
¡Cómo vienes! Trabajoso
es tu oficio.

D. JUAN
Alegre vengo,
hija, porque cartas tengo
1725
de mi hijo y vuestro esposo.

AURELIA
Redondilla
¿Cómo está? ¡Guárdele Dios!

D. JUAN
Allá harto bien se entretiene;
lo que de mal sólo tiene
es no teneros a vos.
Redondilla
1730
Mas veldo en este papel.

(Una carta dale.)

AURELIA
Será, mientras no le veo,
un azogue mi deseo
y estaré adorando en él.

CONDE
Redondilla
(Mil veces soy desdichado,
1735
aborrecido y celoso.)

D. JUAN
Tomad.

(Dale un papel.)

CONDE
Ya estaba quejoso
de que me hubiese olvidado.

D. JUAN
Redondilla
(A mí me escribe don Diego
una cosa harto excelente;
1740
pero como vive ausente,
oye sordo y mira ciego.
Redondilla
Quéjase, extremada cosa
si bien la consideráis,
de que vos le visitáis
1745
pocas veces a su esposa;
Redondilla
y el primero viene a ser
que en el mundo se ha quejado
de que no le han visitado
sus amigos su mujer.)

BANQUETE
Redondilla
1750
(No está mala la ironía.)

AURELIA
(A mí me mira y al Conde.
¿Qué es esto?)

D.ª JUANA
(¿No ves por dónde
el viejo sus quejas guía?)

CONDE
Redondilla
Pues sabiendo mi amistad,
1755
¿cómo piensa que la dejo?

SABINA
(El diablo, por ser viejo,
sabe tanto.

D.ª JUANA
Así es verdad.)

BANQUETE
Redondilla
Pues tú sabes lo que pasa,
que le escribas es mejor
1760
como el Conde, mi señor,
cada día está en su casa.

D. JUAN
Redondilla
Harélo así.— Y es tu esposo
de suerte, que apostaré
que, como a mí, sin porqué,
1765
te escribe también quejoso
Redondilla
de que tú recibes mal
al Conde, que no le admites
sus visitas y permites
que se queje.

AURELIA
No haré tal,
Redondilla
1770
pues sabes que soy mujer
de pensamientos tan buenos,
que no hago más ni menos
de aquello que debo hacer.
Redondilla
Y así me voy, porque es irme
1775
lo que debo hacer ahora.

D. JUAN
¿Dónde vas, hija, señora?

AURELIA
A quejarme y a morirme.

(Vase.)

D. JUAN
Redondilla
Es mujer, presto se enfada;
desenojalla es razón:
1780
aunque con poca ocasión
va ofendida y va enojada.
Redondilla
Voy a hacello. Conde, adiós.

(Vase.)

CONDE
¿Quién resiste esta inclemencia?

D.ª JUANA
¡Paciencia, Conde!

SABINA
¡Paciencia!

BANQUETE
1785
¡Buenos quedamos los dos!

CONDE
Redondilla
Yo, al menos, quedo sin míN
X
Nota del editor

«A esta redondilla le falta un verso.»

.

BANQUETE
¿No ves esto? Todo es miel
sobre hojuelas para ti.

CONDE
Redondilla
¿Cómo, si me abrasa el pecho?

BANQUETE
1790
Porque va Aurelia enojada,
y es la mujer apretada
como anguilla en puño estrecho.
Redondilla
¿No la ves una mujer
tan honrada como bella?
1795
Pues por lo que hacen con ella
ha de dejallo de ser.

CONDE
Redondilla
Eso hiciera mis cuidados
de desdichados, dichosos.

BANQUETE
Suegras y suegros celosos
1800
hacen yernos desdichados.

 (Vanse. Sale el DUQUE DE PARMA, un MAESTRE DE CAMPO, con barba; DON PEDRO ZAMUDIO, DON DIEGO y VILLALTA.)

MAESTRE
Redondilla
Presto Amberes será tuya;
rendiráse.

DUQUE DE PARMA
Así lo espero,
si no espera que primero
la dé asalto y la destruya.

D. PEDRO
Redondilla
1805
Los rebeldes obstinados
casi rendidos están.

DUQUE DE PARMA
¡Qué fuerzas no rendirán
tan valerosos soldados!

VILLALTA
Redondilla
Por último desengaño,
1810
el contradique querían
cortar.

ZAMUDIO
Y así prevenían
su remedio y nuestro daño.

DUQUE DE PARMA
Redondilla
Bien le dejo guarnecido
de soldados que lo son,
1815
y si le ofrece ocasión,
al Capitán le he advertido
Redondilla
de que acometa aunque no
vea causa bien dispuesta
de aquella parte, pues de ésta
1820
iré a socorrerle yo;
Redondilla
y así la gente estará,
pues la ocasión nos convida,
tan dispuesta y prevenida
como suele.

MAESTRE
Ya lo está.—
Redondilla
1825
Este pliego es de Milán.

D. DIEGO
(¡Cielo, de mi amada esposa!)

DUQUE DE PARMA
Abrilde.

D. DIEGO
(El alma, medrosa,
mil sobresaltos le dan.)

MAESTRE
Redondilla
Esta es del Duque a don Diego
1830
de Icunza.

D. DIEGO
Beso tus pies.
(Letra de mi padre es,
y es mi cuidado de fuego,
Redondilla
que adivina mi dolor.)

DUQUE DE PARMA
¿Don Diego?

D. DIEGO
¿Señor? (¿Qué siento?)

DUQUE DE PARMA
1835
Con mucho encarecimiento
el Duque, gobernador
Redondilla
en Milán, me dice aquí
que allá daña vuestra ausencia,
y si me pedís licencia
1840
que os la conceda.

D. DIEGO
(¡Ay de mí!)

DUQUE DE PARMA
Redondilla
Paréceme cosa extraña
que ofreciendo estas facciones
tan honradas ocasiones,
un ejército en campaña
Redondilla
1845
y estando Amberes sitiado,
casi en el trance postrero,
tan honrado caballero
y tan valiente soldado
Redondilla
procure licencia en Flandes
1850
para partirse a Milán.
Quizá allá le correrán
obligaciones más grandes.

D. DIEGO
Redondilla
Ninguna, señor.

DUQUE DE PARMA
Don Diego,
en esa carta sabed;
1855
leed la carta, leed.

D. DIEGO
(¿Cómo podré, si estoy ciego?)

DUQUE DE PARMA
Redondilla
Y si por cosas pasadas
asistiendo vos acá
veréis que os llaman de allá
1860
ocasiones más honradas,
Redondilla
al momento llevaréis
la licencia que pedís.

D. DIEGO
(¡Ay, corazón!, ¿qué sentís?
¡Ay, ojos!, ¿qué veis, qué veis?
Redondilla
1865
¿Qué haré, Cielo soberano?
¿Qué le diré? ¿Qué leí,
pues sólo me escribe aquí
mi padre de propia mano:
Verso suelto
“Donde no está su dueño, está su duelo”?)

DUQUE DE PARMA
Redondilla
1870
Pues ¿don Diego?

D. DIEGO
(¡Ay, desdichado!)

DUQUE DE PARMA
El color habéis perdido.

D. DIEGO
Señor, mi padre…

DUQUE DE PARMA
¿Qué ha sido,
que respondéis tan turbado?

D. DIEGO
Redondilla
En la carta… no la hacienda…
1875
mi padre, viejo… por mí…
Si vuestra alteza…

DUQUE DE PARMA
Decí,
que no hay cosa que os entienda.
Redondilla
Haciendo no os obligara
a dejar cosas de honor,
1880
cosa es cierta.

D. DIEGO
Sí, señor;
mas no, señor.

DUQUE DE PARMA
¡Cosa rara!
Redondilla
¿Qué dice la carta?

D. DIEGO
No
importa cuanto hay en ella.

DUQUE DE PARMA
No quiero vella, no.

D. DIEGO
(Ap.)
(A vella,
1885
¡qué honrado quedara yo!)

DUQUE DE PARMA
Redondilla
Pero que os ofenda temo
en cosa tan importante,
pues en hombre semejante
hace semejante extremo.
Redondilla
1890
¿Sois casado?

D. DIEGO
Señor, sí;
mas no el serlo me ha ofendido.

DUQUE DE PARMA
No digo tal; pero ha sido
lo mismo que presumí.
Redondilla
Vuestra mujer alcanzó
1895
esta carta en vuestra ausencia,
y si es que pedís licencia
haré despachalla yo,
Redondilla
y vos partiréis llamado
del llanto de una mujer,
1900
porque es imposible ser
buen marido y buen soldado.

 (Vanse, y queda DON DIEGO.)

D. DIEGO
Octava real
¿Qué tierra me sustenta?
¿Qué cielo se escurece en mis enojos?
Mas, pues veo mi afrenta,
1905
en mi honor está el daño, y no en mis ojos.
¿Qué haré? Que aunque me agravia, bien me advierte
el de Parma que suerte
es aquella razón: “Nunca el casado
puede ser buen marido y buen soldado.”
Octava real
1910
De mi padre he tenido,
en tiempo limitado, estos papeles;
siguiendo se han venido,
tan ligeros, pesados y crueles,
que pudiera matarme el menos fiero.
1915
Así dice el primero:
“Con honesta ocasión, pide licencia,
para librar tu casa de tu ausencia.”
Octava real
En éste el desengaño
comienza de mi suerte rigurosa;
1920
dice, terrible daño:
“Tu mujer vive ausente y es hermosa”;
y en éste: “Ricas veo a tus criadas.”
¡Mis menguas declaradas!
En el último dice, ¡ay, CieloN
X
Nota del editor

«Le faltan dos sílabas a este verso.»

!:
1925
“Donde no está su dueño, está su duelo.”
Octava real
Pero ¿qué ley consiente
que cuando yo, esgrimiendo el limpio acero,
con el pecho valiente,
me contrapongo al plomo venidero,
1930
siendo, ya en baterías, ya en escalas,
terrero de las balas,
y, después de quitar ajenas vidas,
brotan hidalga sangre mis heridas;
Octava real
y cuando honrados bríos
1935
tanta opinión me dan, que honrar podría
los decendientes míos,
ausente una mujer, sin culpa mía,
me afrente? ¡Extraña ley, rigor terrible!
¡Y que sea posible
1940
que al mundo infame los cristianos reyes
no le deroguen tan injustas leyes!
Octava real
¡Ello está introducido!
¿Qué haré? Si de aquí voy, mi honor se infama,
y si quedo ofendido,
1945
no vengo, allá, el agravio que me llama:
precisas son las dos obligaciones.
¡Todo soy confusiones!
Mas ¡ay! que es imposible en mi cuidado
el ser yo buen marido y buen soldado.
Octava real
1950
¡Ay, inhumana esposa!
¿Cómo es posible? ¿Puede ser que sea
que mujer tan hermosa
hiciese contra mí hazaña tan fea?
¡Pero tú esta desdicha me anunciaste!
1955
¡Tú la profetizaste
cuando me dijo por tu boca el Cielo:
“Donde no está su dueño, está su duelo”!
Octava real
¡Iré a Milán, traidora!
Pero ¿cómo podré, porque la espada
1960
está desnuda ahora
para ocasión tan cierta y tan honrada?
¡Llevadme el alma, que me abrasa el pecho,
pues no son de provecho,
cielos, el ser valiente y ser honrado
1965
para ser buen marido y buen soldado!
(Dentro:)
Octava real
¡Al arma, al arma, al arma!

D. DIEGO
¡Qué a tiempo llega el esperado efeto!
¡Hoy mostraré al de Parma
que le soy buen soldado!

(Sale un CRIADO con un peto y un morrión.)

CRIADO
Ponte el peto.

D. DIEGO
1970
¡Quita, quítale allá! No está mi vida
para ser defendida.
¡Hoy ha de vella el mundo más honrada,
descompuesta, atrevida y arrojada!

CRIADO
Octava real
¡Señor!

D. DIEGO
¡No me consumas!
1975
Quita allá el morrión; dame un sombrero
con un monte de plumas,
que ellas serán el blanco y yo el terrero
de tiros a la inmensa muchedumbre,
y con su misma cumbre
1980
verá el mundo que soy, si lo ha dudado,
ya que no buen marido, buen soldado.
Octava real
¡Esta espada, este brío,
bastan por armas! ¡Hoy ningunas quiero!
Al triste pecho mío
1985
sin armas hallé el penetrante acero.
¡Salga bramando el derretido plomo,
pues ya señalo el cómo,
con la bala mayor, la mayor pieza,
de mis hombros divida la cabeza!
Octava real
1990
¡El dolor de mi afrenta
y lo que debo a la opinión de España,
me encamina y me alienta
a morir peleando en la campaña!
Y así, por valerme y por honrarme,
1995
se juntan a matarme:
de acá las armas y de allá el cuidado.
¡Podré ser buen marido y buen soldado!

(Tocan, y sale BANQUETE y DOÑA JUANA.)

D.ª JUANA
Redondilla
¿Qué es del Conde?

BANQUETE
Entra, señor;
seré desde aquí adelante
2000
de esta portada gigante
y mula de este dotor,
Redondilla
y así, segura estará.

 (Sale el CONDE.)

CONDE
No del fuego que me abrasa.

D.ª JUANA
En no estando el viejo en casa,
2005
lo demás seguro está;
Redondilla
y como acude a su oficio,
pocas veces está en ella.

CONDE
¿Qué hace mi enemiga bella?

D.ª JUANA
Su deleite y su ejercicio
Redondilla
2010
es aumentar su belleza
con el llanto de sus ojos,
enfurecer sus enojos
y encarecer su tristeza.

CONDE
Redondilla
Y yo, Leonor, estaré,
2015
con tan extraños rigores,
abrasando los temores,
purificando la fe,
Redondilla
previniendo la partida,
perdiendo la confianza,
2020
condenando la esperanza
y feneciendo la vida.

D.ª JUANA
Redondilla
Si me pesa sabe el Cielo
de que no estés ya, señor,
aunque abrasado en su amor,
2025
animoso en su recelo,
Redondilla
gozando de su hermosura,
previniendo tus deseos,
celebrando tus empleos
y alabando tu ventura.
Redondilla
2030
Mas de que pierdas los bríos
tan presto, también me pesa,
pues los fines de esta empresa
no son más tuyos que míos,
Redondilla
y con el alma me aplico
2035
a sacarte de esta calma.

CONDE
¡Pagarélo con el alma,
por vida de Federico!

D.ª JUANA
Redondilla
¿Ese es tu nombre?

CONDE
Y mi nombre
parece que te ha perdido
2040
el color.

D.ª JUANA
Señor, ha sido
recelar, que no te asombre
Redondilla
el ver que no le sabía
con tan poca providencia;
mas, como por excelencia,
2045
sólo el Conde te decía,
Redondilla
no es mucho habello ignorado.
Pero para en adelante
no parecer ignorante,
saber quiero el de tu Estado;
Redondilla
2050
dímelo, señor.

CONDE
El Conde
Ponciano es el primero
de mis títulos.

D.ª JUANA
(¡Yo muero!)

CONDE
Tu terneza me suspende.
Redondilla
¿Por qué humedeces los ojos
2055
con tan extraña ocasión?

D.ª JUANA
Soy tierna de corazón
y me obligan tus enojos,
Redondilla
cuanto más te considero,
más nobleza, más valor,
2060
más príncipe y más señor,
más grande y más caballero.

CONDE
Redondilla
Perdóname; no, señora,
diversa la causa es.

D.ª JUANA
Pregúntamela después,
2065
que voy a servirte ahora.

 (Vase.)

BANQUETE
Redondilla
¿De qué lloraba Leonor?

CONDE
Atónito me ha dejado.

BANQUETE
Adivino su cuidado:
sin duda te tiene amor;
Redondilla
2070
porque el haberte servido
sin género de interés,
pues, aunque tú se le des,
ni por pienso le ha querido,
Redondilla
y tener con tal pasión,
2075
cuando escucha tus agravios,
de miel y azúcar los labios,
de alfeñique el corazón,
Redondilla
algo es en ella, sin duda.
Ha mezclado, a lo que creo,
2080
la compasión y el deseo,
y te apetece y te ayuda;
Redondilla
y así, con tan varios duelos,
en esta conformidad,
te sirve con voluntad
2085
cuando te llora con celos.

CONDE
Redondilla
Con extremo me obligó.

BANQUETE
Pues no es, por Dios, poco bella.

CONDE
Más enamorado de ella
de que su ama estoy yo;
Redondilla
2090
mas la tema del salir
un hombre con su intención
es fuego en un corazón.

BANQUETE
Morir quieres o partir.
Redondilla
¿Sabes que pensaba ahora
2095
una cosa harto extremada?
Que alcanzaras la criada,
no pudiendo a la señora,
Redondilla
como criado novel
que el hojaldre apeteció
2100
y a la fin se contentó
con el suelo del pastel.

 (Sale SABINA.)

CONDE
Redondilla
¡Oh, Sabina!

SABINA
Con Leonor
sale luego mi señora.
Conde mío: ¡agora, agora
2105
importa tener valor
Redondilla
por último desengaño!
Pues ya está probado todo,
procuremos de este modo
o tu remedio o tu daño.
Redondilla
2110
La ocasión ha de obligalla
a quedar sola contigo,
si es posible.

BANQUETE
Yo me obligo,
para dártela, a buscalla.

SABINA
Redondilla
Sola contigo estará:
2115
anima tu pensamiento,
pues es toda atrevimiento,
casa que sin dueño está.
Redondilla
Para el ímpetu primero
de sus honestas acciones,
2120
pídele muchos perdones,
dale del lado el acero.
Redondilla
Ruégale que vengue en ti
el agravio que le has hecho,
muéstrale desnudo el pecho,
2125
tiernas disculpas le di;
Redondilla
haz extremos que la asombres,
haz que matarte querrías
y otras mil bellaquerías
que sabéis hacer los hombres.
Redondilla
2130
Mas si con todo se aíra,
aunque diga: “¡Ah de mi guarda!”,
no por eso te acobarda,
ni por eso te retira:
Redondilla
que las mujeres usamos
2135
en semejantes extremos
rehusar lo que queremos
y pedir lo que olvidamos;
Redondilla
y así, harás más atrevido
y más seguro que el sol
2140
lo que añade el español
a su famoso apellido.
Redondilla
“Cierra España”; al arma toca
y ponle menos cruel,
como a los niños la miel,
2145
con un dedal en la boca.
Redondilla
Tendrá dulce fin tu historia
si tu valor persevera.

BANQUETE
Y tendrás, de esa manera,
en un punto, gracia y gloria.—
Redondilla
2150
Un Séneca, un Cicerón
y un Chantre me has parecido
en lo grave del vestido
y en lo docto del sermón.
Redondilla
Para amorosos enredos
2155
de damas cuerdas o locas,
hace el lienzo de unas tocas
más sombra que muchos dedos.

SABINA
Redondilla
Aurelia viene: primero
te retira, y sal después.
2160
¿Ya tiemblas?

CONDE
No es mucho, pues
el mayor contrario espero.

SABINA
Redondilla
¡Valor, buen Conde, valor!

BANQUETE
Tu salvación encamina
con la admirable dotrina
2165
del padre predicador.

 (Retíranse el CONDE y BANQUETE, sale AURELIA y DOÑA JUANA.)

D.ª JUANA
Redondilla
Ya eso pasa de tristeza.

AURELIA
Procuraré divertilla.
Dame, dame una almohadilla.

CONDE
(¡Qué soberana belleza!)

BANQUETE
Redondilla
2170
(¿Oyes lo que digo?

SABINA
Sí.

BANQUETE
Pues ponlo en ejecución.)

(Vase.)

AURELIA
Espera. ¡Extraña traición!

CONDE
No te ofenda el verme aquí;
Redondilla
que te traigo una embajada,
2175
y con carta de creencia
de tu esposo.

AURELIA
¿Y sin licencia?

CONDE
De su mano está firmada,
Redondilla
y así, no esperé la tuya,
de lo que pido perdón.

AURELIA
2180
De que es grande tu traición
en eso mismo se arguya,
Redondilla
y él la ignora, porque ha sido
de tu amistad engañado,
y fíate confiado
2185
lo que emprendes atrevido.
Redondilla
¡Vete, Conde, pues me toca
no querer, aun siendo de él,
la embajada ni el papel
de tu mano y de tu boca!

DENTRO
Redondilla
2190
¡Ten, fuera, aparta!

SABINA
Leonor
ruido es aquél de espadas.

D.ª JUANA
¿En el zaguán cuchilladas?
¡Salgamos al corredor!

(Vanse las dos.)

AURELIA
Redondilla
¿Dónde vais?

CONDE
Señora mía,
2195
¡espera un poco!

AURELIA
¿Qué emprendes?

CONDE
Suplicarte.

AURELIA
¿Qué pretendes?

CONDE
Que fueses mujer quería,
Redondilla
y no tigre ni leona,
sin piedad y con belleza.

AURELIA
2200
¿Atréveste a mi nobleza?
¿No respetas mi persona?
Redondilla
Mira, Conde…

CONDE
Tus enojos
veo y ciegos mis sentidos,
las paredes sin oídos
2205
y a mí sin alma y sin ojos.

AURELIA
Redondilla
¿No ves quién soy? ¿Y no ves
que si me ofendes, villano,
será acero de mi mano
hasta el corcho de mis pies?
Redondilla
2210
¡Déjame! ¡Al Cielo prometo
de castigar tu locura!

CONDE
¡Abrásame tu hermosura!
¡Espera!

AURELIA
¡Tenme respeto!

CONDE
Redondilla
Sí haré.

AURELIA
¡Suelta!

CONDE
¡Ay, Cielo santo!
2215
Pero no le has de emplear
en puente para pasar
por el río de mi llanto.

AURELIA
Redondilla
¡Traidor! ¿Estás loco?

CONDE
¡Y ciego!
¡Perdido y furioso estoy!

AURELIA
2220
¿No te acuerdas de quién soy?

CONDE
¿No miras que soy de fuego?

AURELIA
Redondilla
¿Hola? ¿Criados, criadas?

CONDE
¡Señora…!

AURELIA
¡Traición, traición!

CONDE
¡No des voces!

AURELIA
¡Esas son
2225
las armas de las honradas!

(Sale BANQUETE con la espada desnuda.)

BANQUETE
Romance (tirada)
¿Señor?

AURELIA
¿Qué es esto? ¡Ay, de mí!
¡No sé a qué me determine!

CONDE
Banquete, todos los males
en mi desdicha consisten.

(Sale SABINA, y DOÑA JUANA.)

D.ª JUANA
2230
¡Corre, porque viene el viejo
como un león, como un tigre!

SABINA
¡Más blanco trae el semblante
que las canas! ¡Dios nos libre!

CONDE
¿Qué fue?

BANQUETE
Buscando ocasión
2235
de obligarte y de servirte,
con dársela a estas criadas
de dejaros y salirse,
por fingir una pendencia
con más propiedad, rompíle
2240
el colodrillo a un lacayo,
él sacó la espada, y vime
entre un millón de almohazas,
criminales y civiles.
Valiérame de los pies
2245
para escaparme y salirme,
mas viendo a don Juan que entraba,
para deslumbralle vine,
donde impidas el alcance
del contrario que me sigue.

(Sale D. JUAN.)

D. JUAN
2250
Ya en esta casa, estas cosas,
sin duda son insufribles.

CONDE
¡Señor don Juan!

AURELIA
¡Señor mío!

LOS DOS
¡Señor!

D. JUAN
Reportaos, oídme;
con más flema quiero hablaros:
2255
Aquí de Flandes me escriben
que el de Parma ganó a Amberes
y los rebeldes se rinden,
y que mi hijo don Diego,
defendiendo el contradique,
2260
fue otro Pirro, otro Alejandro,
otro Héctor y otro Aquiles,
en siete horas que duró
la refriega más terrible
que jamás vieron de España
2265
los aceros invencibles.
Murió allí el Maestre de Campo
de su tercio, y también dicen
que ha de heredalle el bastón:
los parabienes recibe.
2270
Esto ahora os he contado
por que entendáis que me dice
esta honra que me envía
a que yo la deposite,
de la boca de la fama,
2275
en lo antiguo de mi origen,
que no consienta en su casa,
donde mi presencia asiste,
que un hombre se la pretenda
y una mujer se la quite.

AURELIA
2280
Señor don Juan, oye, calla.
Mucho siento que encamines
esas sospechas a mí,
y desconfianzas viles,
que una mujer como yo…
2285
Mira mejor lo que dices,
que la honra de don Diego,
aunque allá la califiquen
con valor y con hazañas,
armas, blasones y timbres;
2290
a tu amparo la encomiende
y de tus canas la fíe,
la defiendas con tu espada,
con tu lengua la acredites,
harto más segura crece
2295
y harto más segura vive
en mi honesta compostura
y en mi confianza firme.
Vuelve en ti si no lo estás,
y daréte, si me sigues,
2300
satisfación, si primero
no muero de pena. ¡Ay, triste!

 (Vase.)

D. JUAN
¿Quién me ha puesto en estas cosas?
¡Soy en extremo infelice!

SABINA
(¡Si puedo, del mal que teme
2305
este viejo ha de morirse!)

 (Vanse las dos.)

CONDE
Pienso que caducas ya,
pues desengaños no admites
en la amistad que a tu hijo
con tantas veras le hice
2310
y en que soy yo tan honrado;
pero en que puedo sufrirte
sin descomponerme ahora,
será justo que averigües
que deseo conservalla.

D. JUAN
2315
Muchos engaños recibes
si, previniendo mis años,
imaginas que me impiden
la agilidad de las fuerzas
para que en ti la ejercite.
2320
No quiero pensar que sea,
y te engañas si lo dices,
amigo del todo fiel,
amigo del todo firme,
quien la mujer de su amigo
2325
tan a menudo visite.
Vete, y hablemos después,
donde diré lo que dije,
que, porque oyendo la causa,
Milán no se escandalice,
2330
no saco la espada ahora
en quien mis ofensas miren,
pues mis canas, a mi enojo,
mayor cordura le piden.

CONDE
Iréme, y, más reportado,
2335
cuando gustares de oírme,
te daré satisfacciones
que mi inocencia averigüen.

 (Vase.)

BANQUETE
Y yo y todo, aunque enojado,
pues ellos también lo miden,
2340
tan cuerdamente lo hacen,
tan blandamente lo dicen.

(Vase BANQUETE.)

D. JUAN
¡Ay, hijo mal advertido!
¡Ay, caso poco felice!
¡Que “donde no está su dueño,
2345
está su duelo” bien dicen;
pues en monte, en campo, en casa
donde su dueño no asiste,
ni el fruto colmado nace,
ni el honor seguro vive!


Acto III

(Sale DOÑA JUANA y DON DIEGO.)

D.ª JUANA
Redondilla
2350
Sígueme quedito y pon
cuerdo ser al dolor fiero:
trata con manos de acero,
pisa con pies de algodón.

D. DIEGO
Redondilla
¡Ay, Cielo, desdicha es
2355
tan terrible cuanto impropia
que un hombre, en su casa propia,
entre con fingidos pies!
Redondilla
Pero no es mucho si, en pena
de lo que en su ausencia pasa
2360
porque ha dejado su casa,
cuando vuelve, la halla ajena.
Redondilla
En efeto, ¿vendrá el Conde,
como dices?

D.ª JUANA
Como digo,
vendrá el Conde.

D. DIEGO
¡Ay, falso amigo!
2365
¡Qué bien trata y corresponde!

D.ª JUANA
Redondilla
Con mil razones te quejas,
mas déjalas al cuidado
de vengarte.

D. DIEGO
Ya he dejado
entre las dudas las quejas,
Redondilla
2370
pues en tan cierta mudanza
de agravios, sólo consiento
en la ira el sentimiento
y en el valor de la venganza.

D.ª JUANA
Redondilla
Aquí te tendré escondido,
2375
y cuando ya el Conde esté
con tu esposa, te pondré
en su tálamo ofendido,
Redondilla
adonde, sin que él lo sienta,
el acero de tu hoja,
2380
cubra con su sangre roja
la vil mancha de tu afrenta.

D. DIEGO
Redondilla
Bien dices. Mas, oye, di,
(¡ah, cruel; ah, falsa; ah, fiera!)
¿es ésta la vez primera
2385
que aquí viene el Conde?

D.ª JUANA
Sí.

D. DIEGO
Redondilla
Pues ¿no será más razón,
averiguado su intento,
castigar el pensamiento
y estorbar la ejecución?
Redondilla
2390
¿Quién lo duda? Porque aumenta
el honor que se abalanza
a excusar, con la venganza,
la mancilla de la afrenta.
Redondilla
Quien la mano levantada
2395
ve al contrario, con razón
no esperará el bofetón
pudiendo sacar la espada;
Redondilla
que fuera desdicha inmensa
en cualquier honrado el ver
2400
que le quieren ofender
y consentir en la ofensa.
Redondilla
Bien, me resuelvo, y he sido
dichoso, aunque desdichado,
pues podré quedar vengado
2405
antes de verme ofendido,
Redondilla
doña Juana, y si ha de ser,
a mí me lleva primero
donde, en mi mano este acero,
deje muerta a mi mujer.

D.ª JUANA
Redondilla
2410
¿Y si al quitalle la vida
con voces al Cielo toca?

D. DIEGO
Primero que abra la boca,
saldrá el alma por la herida,
Redondilla
y después al Conde dale
2415
camino por donde entre,
con su cadáver encuentre
y con su sangre resbale:
Redondilla
que así, cuando infames bríos
le pongan en tales lazos,
2420
pensando estar en sus brazos,
quedará muerto en los míos.
Redondilla
Ayúdame, que si doy
fin al intento que sigo,
otras mil veces me obligo
2425
a ser tuyo.

D.ª JUANA
(Aparte.)
(¡Muerta soy!)
Redondilla
¡Señor…! ¡Ay, Cielo divino!

D. DIEGO
No tienes que replicar.

D.ª JUANA
Entra, pues.

D. DIEGO
¡Bien podrá entrar
quien tan bien sabe el camino!

(Vase.)

D.ª JUANA
Redondilla
2430
Casi quedo sin sentido:
tal es la desdicha mía;
pensando que redimía
con esto mi honor perdido,
Redondilla
compuse tales enredos,
2435
enredé tales marañas;
mas ya ofenden mis entrañas
las lástimas y los miedos.
Redondilla
Ya el alma afligida siente
los errores de la vida;
2440
muerta estoy y arrepentida
de que mato a una inocente.
Redondilla
¡Ah, pobre Conde! ¡Mejor
trato debo al tuyo honrado,
tantas veces disculpado
2445
con los yerros de tu amor!
Redondilla
¡Ellos son!

(Sale SABINA, el CONDE y BANQUETE.)

SABINA
Venid con tiento.

BANQUETE
Guarda el broquel.

CONDE
Voy con él.

BANQUETE
Que puede ser un broquel
despertador de un convento.

SABINA
Redondilla
2450
Pisad con plantas de lana.

BANQUETE
Pasito, quedito, Amor,
no nos sienta el ruiseñor.

SABINA
¡Ríome de mala gana!

D.ª JUANA
Redondilla
¿Conde?

CONDE
¿Leonor?

SABINA
Pues promete
2455
mucho mal lo que emprendemos,
¿quieres tú que lo acertemos?

BANQUETE
Sí, Sabina.

SABINA
Pues, Banquete,
Redondilla
retírate a mi aposento
y abrásese todo acá.

BANQUETE
2460
Divina cosa será
que estuve en tu pensamiento.

(Vanse los dos.)

CONDE
Redondilla
En efeto, no he tardado.

D.ª JUANA
Con el tiempo te has medido.

CONDE
A ser dichoso he venido.

D.ª JUANA
2465
(Ap.)
(¡Antes a ser desdichado!)

CONDE
Redondilla
¿Está ya en el Occidente
aquel sol? ¿Púsose ya?

D.ª JUANA
Sí, Conde.
(Ap.)
(¡Tan puesto está,
que lo estará eternamente!)

CONDE
Redondilla
2470
¡Estoy de contento loco!
Pues ¿qué esperamos, Leonor?

D.ª JUANA
(¿Qué haré? ¡Ay, triste!) Ven, señor.

CONDE
Ya te sigo.

D.ª JUANA
Espera un poco.
Redondilla
(¿Yo he de llevar donde muera
2475
con tanta crueldad a quien
confieso que quiero bien?
Mas ¿qué he de hacer? Ven, espera.

CONDE
Redondilla
¿Qué temes, Leonor? No impidas
contento tan deseado.)

D.ª JUANA
2480
(Aparte.)
(Mi honor, mal asegurado,
¿ha de costar tantas vidas?
Redondilla
¿Soy tigre?)

CONDE
En ti, semejantes
dudas, parecen extrañas.
¿Lloras?

D.ª JUANA
¡Tengo las entrañas
2485
empedradas de diamantes!

CONDE
Redondilla
(Ap.)
(¿Si son causadas por celos
estas dudas? Sí, esto ha sido,
porque en ella he conocido
que me tiene amor.)

D.ª JUANA
¡Ay, Cielos!

CONDE
Redondilla
2490
¿Qué esperas? ¡No me destruyas!
¿Por qué el temor no desechas?
Ya me causaron sospechas
otra vez lágrimas tuyas,
Redondilla
y tú has ido dilatando
2495
el decirme la ocasión.

D.ª JUANA
(Rendida a la compasión,
me voy ya determinando.
Redondilla
Basta la sangre vertida
de aquella honrada inocente.
2500
Probaré si cautamente
puedo salvar esta vida,
Redondilla
y quede mi honor perdido,
como yo también lo estoy,
pues tan desdichada soy
2505
porque tan liviana he sido.)

CONDE
Redondilla
¿De qué tratas? ¿Por qué mucho
has dado ahora en recatarte?

D.ª JUANA
Conde, escúchame a esta parte
más segura.

CONDE
Ya te escucho.

D.ª JUANA
Redondilla
2510
Tú en la Corte, ¿no has tratado
de casarte? (¡Ah, desventura!)

CONDE
Y estuve de una hermosura,
por la fama, enamorado.
Redondilla
Un tío que tengo allá
2515
mi casamiento trató;
pero sus padres dejó,
y no saben dónde está.
Redondilla
Es doña Juana de Vargas:
de lo muy granado es;
2520
mas sucedieron después
de este caso historias largas.

D.ª JUANA
Redondilla
Pues, Conde, escucha: yo soy
esa infelice mujer.

CONDE
¿Es posible? ¿Puede ser?
2525
¡Pienso que soñando estoy!

D.ª JUANA
Redondilla
Y como tu nombre oí,
siendo por él conocido,
mi corazón, afligido
de verte y de verme así,
Redondilla
2530
viéndome a mí causadora
de tu pena y tus enojos,
Dio lágrimas a los ojos,
que ya son de sangre ahora.
Redondilla
Pues, lastimada en tu vida,
2535
procuro, si es tal mi suerte,
escaparte de la muerte
que te estaba apercibida.
Redondilla
El cómo he sido tan loca
y en este peligro estás,
2540
más despacio lo sabrás
de mi pena y de mi boca.
Redondilla
Baste decirte que ha muerto
ya don Diego a su mujer,
y lo mismo quiere hacer
2545
de ti.

CONDE
¡Jesús! Dime, ¿es cierto
Redondilla
que una inocente ha pagado
mis culpas?

D.ª JUANA
No hay que matarte:
sólo ahora en escaparte
pon solamente el cuidado.

CONDE
Redondilla
2550
Pues ¿qué haré? Quiérome ir.

D.ª JUANA
En eso no hay que pensar,
que quien te ha dejado entrar,
no te dejará salir.
Redondilla
Don Diego tiene tomados
2555
ya los pasos, y aunque abiertas
de su casa las dos puertas,
hay prevenidos soldados.

CONDE
Redondilla
Pues ¿qué haremos?

D.ª JUANA
Esconderte
en buena parte querría,
2560
hasta ver si con el día
lo hiciese mejor la suerte.
Redondilla
Ven conmigo, que por puntos
corre dilación; ven presto.

CONDE
¡En tus manos estoy puesto!

D.ª JUANA
2565
¡Los dos moriremos juntos!

(Vase el CONDE y sale SABINA.)

SABINA
Redondilla
¿Es Leonor?

D.ª JUANA
¿Sabina?

SABINA
¿No
salió el Conde? Ya a esperalle
salió Banquete a la calle;
por la otra parte salió.

D.ª JUANA
Redondilla
2570
¿Ya salió? ¡Pena terrible!
¡Mataránle, no hay dudar!

SABINA
¿Qué es aqueso de matar?

D.ª JUANA
¡Ve a llamarle, si es posible!

(Vase.)

SABINA
Redondilla
No lo fuera a salir antes;
2575
pero mis propias pisadas
me dan las penas dobladas,
¡ya las sombras son gigantes!

BANQUETE
Redondilla
¡Perdido soy!

SABINA
Pasos siento.—
¿Quién es?—¡Ay, triste! ¿Qué haré?

BANQUETE
2580
¿Con qué tiento volveré,
di, Sabina, al aposento?

SABINA
Redondilla
¡Ay, huye!

 (Tópanse.)

BANQUETE
¡Válgame Dios!

SABINA
¡Jesús mil veces!

BANQUETE
¿Qué hiciste,
Sabina?

SABINA
Banquete, ¡ay, triste!,
2585
muerto nos hemos los dos.
Redondilla
Tan sin acuerdo venía
de miedo, que fue bastante
para arrojarme delante,
pensando que atrás volvía.

BANQUETE
Redondilla
2590
Tú has tenido más ventura
para pasallo mejor,
pues el encuentro mayor
llevó la parte más dura.

SABINA
Redondilla
¿Qué tienes?

BANQUETE
Dientes escupo
2595
hechos pedazos por ti,
y no se dirá por mí
que el beso a la miel me supo.
Redondilla
Yo he sido, al fin, castigado
cual por la Cava Rodrigo,
2600
que le dieron el castigo
por donde hizo el pecado.
Redondilla
¿Que tan duras son las frentes?

SABINA
¿Y el daño tan grande ha sido?

BANQUETE
Debo de haber escupido
2605
cosa de trecientos dientes.

SABINA
Redondilla
¿Cómo volviste?

BANQUETE
Esa historia
aún más peligrosa es.
Con los ojos en los pies
dando vueltas a la noria,
Redondilla
2610
junto a los mismos umbrales,
vi tres o cuatro embozados,
que, en viéndome, alborotados,
pronosticaron mis males.
Redondilla
Levantaron los gatillos
2615
de otros tantos pistoletes,
y a ser yo cuatro Banquetes
me atreviera a resistillos;
Redondilla
pero viéndome uno solo,
sin pistolas y escopetas
2620
y, cual dicen los poetas,
estando durmiendo Apolo,
Redondilla
he hecho una retirada
como el de Pescara bella,
no tan limpia como aquélla,
2625
pero tan bien acertada.

SABINA
Redondilla
Grandes dudas se me ofrecen.
¿Qué haremos?

BANQUETE
Tú lo has de ver;
resuelve lo que has de hacer,
que los cielos ya amanecen.

SABINA
Redondilla
2630
Ven conmigo, esconderéte.

BANQUETE
Acuerdos son extremados,
sin dientes y con cuidados.
¡Ay, infelice Banquete!

SABINA
Redondilla
Ven quedito.

BANQUETE
Y más te toca,
2635
para que no me condene:
darme algo con que llene
los vacíos de la boca.

(Vanse, y sale AURELIA, mal vestida y destocada, con una ropa de levantar.)

AURELIA
Redondilla
¿Por dónde el pesar me guía?
¿Hola? ¿Hola? ¡Ay, desdichada!
2640
¿Si es mi desdicha soñada?
Mas no puede ser, que es mía.
Redondilla
¿Leonor?

(Sale DOÑA JUANA.)

D.ª JUANA
(¿Que está viva? ¡Ay, Cielo!)
Señora, ¿es pena, es dolor
lo que sientes?

AURELIA
Sí, Leonor,
2645
que es muy grande el desconsuelo.

D.ª JUANA
Redondilla
¡Tan descuidado el vestido,
tan descompuesto el tocado!
¿Cómo a mí no me has llamado?

AURELIA
¿Cómo? ¿Tú no me has oído,
Redondilla
2650
tan cerca de mi aposento?
Muy bien pudiera obligarte.

D.ª JUANA
Estaría en otra parte,
que algo indispuesta me siento.

AURELIA
Redondilla
¿Oíste algunas pisadas
2655
esta noche por allí?

D.ª JUANA
¿Pisadas, señora? En ti
habrán sido imaginadas.
Redondilla
Compón cabello y volante
y eso deja.

AURELIA
¡Quitá allá,
2660
Leonor; así se estará,
pues que lo más importante
Redondilla
en mí descompuesto está!

D.ª JUANA
No te aflijas, ¡por tu vida!

AURELIA
Quisiera verla perdida
2665
por dejar de penar ya.
Redondilla
¿Qué es de Sabina?

D.ª JUANA
Ya sale.

(Sale SABINA.)

SABINA
(¿Quién en esto me metió?
Ahora perezco yo
si un milagro no me vale.)

AURELIA
Redondilla
2670
Oye: ¿esta noche has oído
como pasos de ladrón?

SABINA
No, señora; sueños son
que turbaron tu sentido.

AURELIA
Redondilla
Decidme: y aquella puerta
2675
que estar cerrada solía,
¿cómo la veo con el día
tan de par en par abierta?

D.ª JUANA
Redondilla
Descuido fue.

AURELIA
Y a esas horas
¿peligro no habrá corrido
2680
en mi honra?

SABINA
(Poco ha sido.)

AURELIA
¿Qué os turbáis? Mas ¿sois traidoras?

D.ª JUANA
Redondilla
¡Señora!

AURELIA
¡Que tal consienta!

SABINA
¡Señora!

AURELIA
¡Ay, Cielo! Callad;
pasaré por su maldad
2685
por no publicar mi afrenta.
Redondilla
Dejadme, andad, salíos fuera,
como yo de mí lo estoy.
¡Ay, Cielos!

SABINA
(¡Temblando voy!)

D.ª JUANA
(¡Voy muriendo!)

(Vanse.)

AURELIA
¡Oh, quién muriera!
Redondilla
2690
¿He soñado? ¿Estoy en mí?
¿Fue sombra lo que toqué?
¿Por qué desdicha pasé?
¿Por qué borrasca corrí?
Redondilla
¿No fue un hombre a quien en vano
2695
resistí distancia poca,
quien me tapaba la boca
con su rigurosa mano?
Redondilla
¿No hicieron ajenos labios
en mí las penas mortales,
2700
y después no vi señales
que declaran mis agravios?
Redondilla
Pues afrenta tan impía
¿qué remedio ha de tener?
Mas ¿qué afrenta puede haber
2705
en mí sin la culpa mía?
Redondilla
Mas es tan corta mi dicha,
que en cosas tan de importancia
no me excusa la ignorancia
y me culpa la desdicha.
Redondilla
2710
Pues ¿qué espero a castigarme,
si es mi delito tan cierto?
Sin duda me hubiera muerto
a tener con qué matarme,
Redondilla
porque la vida me enoja.
2715
Mas ¿qué acero podrá tanto
en la ocasión de mi llanto
como puede la congoja?

(Sale D. JUAN.)

D. JUAN
Redondilla
¿Ahora lágrimas, hija?

AURELIA
¡Ay, infelice mujer!

D. JUAN
2720
Ya de hoy no puede haber
cosa alguna que os aflija,
Redondilla
pues don Diego está a la puerta.

AURELIA
¡A qué tiempo! ¡Ay, desdichada!

D. JUAN
¿Qué es aquesto? ¿Tan turbada
2725
me respondéis?

AURELIA
¡Estoy muerta!

D. JUAN
Redondilla
Lloráis, y no de alegría.
¿Por que me tenéis dudoso?
¿Qué tenéis?

AURELIA
Ver en mi esposo
mi afrenta sin culpa mía.

D. JUAN
Redondilla
2730
Hija, ¿qué tenéis?

AURELIA
Señor…

D. JUAN
¿No me respondéis?

AURELIA
No puedo.

 (Vase.)

D. JUAN
Lleno de espanto y de miedo
tocan al arma en mi honor.
Redondilla
No vi tan notable extremo.
2735
¡Con cuántas causas me aflijo!
No sé lo que haga. ¡Ay, hijo,
mucho tu deshonra temo!

 (Sale DON DIEGO.)

D. DIEGO
Redondilla
Señor, cuando vengo a darte
el alma entre las razones,
2740
¿en los más hondos rincones
de la casa he de buscarte?

D. JUAN
Redondilla
¡Hijo, abrázame!

D. DIEGO
Inhumanas
ternezas das por despojos
con el llanto de tus ojos,
2745
pues ponen luto en tus canas.
Redondilla
Por mi honor debe de ser,
que sin duda que murió.
Bien lo recelaba yo
de mi desdicha, ¡ah, mujer!
Redondilla
2750
Pero pues tan solo estás,
oye, y, con entrañas pías,
si sé las desdichas mías,
de mis menguas hoy verás.
Romance (tirada)
Después de tenerme en Flandes
2755
pendiente el alma de un hilo
mis conocidos agravios
en tus papeles escritos,
y después que puse el pecho
desesperado al peligro
2760
del acero penetrante
y del plomo arrojadizo,
aumenté mi sentimiento,
porque el Cielo añade y quiso,
con tanta opinión ganada,
2765
mancilla a mi honor perdido;
y así, tomando ocasión
conveniente a mi designio,
pude partir, deseando
que fueran por el camino
2770
las postas mis pensamientos,
que poco menos han sido.
Llegué a Milán, donde estoy
ha tres días escondido,
y en ellos, secretamente,
2775
comunícase conmigo
esta a quien llaman Leonor;
cierto caso peregrino
te diré después, que ahora
es muy largo para dicho.
2780
En fin, la noche del día
de ayer pasado, me dijo
—¡con qué congoja lo siento!
¡con qué vergüenza lo digo!—
que aquí esperase ocasión
2785
para ver agravios míos,
y en mi enemiga mujer
y el Conde, mi falso amigo,
los vengase. Preguntéle
si fue tan vil desatino
2790
otra vez ejecutado;
que nunca lo fue, me dijo;
y entonces, más reportado,
que es más valor imagino,
para excusar las ofensas,
2795
anticipar los castigos,
entro a matar a mi esposa,
dejando ya prevenido
cómo partir mis venganzas
entre mis dos enemigos;
2800
y empleando mis dos manos
en tan honrado ejercicio,
en ésta una luz conservo
y en ésta una daga animo.
Así llego blandamente
2805
a mi tálamo ofendido,
y veo, cuando el cuidado
para el efeto apercibo,
a mi esposa, a mi enemiga,
oye el cómo… ¡Ay, padre mío!
2810
Si fuera visible el alma,
como yo la hubieras visto.
Pidiendo silencio al sueño,
rindiendo al descuido el cuidado
y la memoria al olvido,
2815
hallé aquel mundo pequeño
con el calor excesivo
por sus cuatro partes todo
tan bello como diviso,
en las unas dilatado
2820
y en las otras encogido.
Entre delgados cambrayes
parece el marfil bruñido,
leche clara en plata pura,
nieve intacta en limpio armiño;
2825
como en las aguas las flores
hacen celajes y visos,
tan claro el rostro descubre
en su arrebol encendido,
que, aunque por tener cerrados
2830
sus dos luceros divinos,
parece día sin sol,
es más bella que el sol mismo;
los dilatados cabellos,
de hombro a hombro esparcidos,
2835
sus mismos rayos parecen
que, arrogantes y atrevidos,
derriten la blanca nieve,
cuyo cristal, derretido,
a trechos deja mojados
2840
en las mejillas los rizos.
La primer madre no estuvo
alegrando el Paraíso
con cuidado tan honesto
y descuido tan lascivo.
2845
Suspéndeme aquel encanto,
detiéneme aquel prodigio;
mas luego, con más enojo
me atrevo, y me encolerizo
de pensar que una mujer
2850
a quien tan hermosa hizo
el Cielo, en cosa tan fea
emplease el apetito.
Tres veces levanto el brazo
y otras tantas me retiro,
2855
temblando en la mano airada
el acero vengativo,
diciendo entre mí: ¿Qué hago?
Algún impulso divino
vuelve por ella en mi pecho.
2860
Si es verdad lo que me han dicho,
si es para ciertos empleos,
si emplea gustos lascivos,
¿cómo amorosos cuidados
consienten ojos dormidos,
2865
si es esta la vez primera
que se atreve? ¿Qué juicio
descuidada la dispuso,
descompuesta la previno?
¿Y si es testimonio? ¡Ay, Cielo!
2870
¿Qué sería habiendo sido
si ofendido en un engaño
una inocente castigo
a quien quise como el alma
y a quien como el Cielo miro?
2875
Entre ciegas confusiones
a probar me determino
si me ofende; manso llego;
la luz mato, el tiempo aplico
y entre sus brazos me arrojo;
2880
despertéla, y, dando un grito,
retiróse, y yo, mudando
la voz, humilde la digo:
“Vuestro Conde soy, señora”,
y todo en un punto mismo,
2885
cayóse en mi cuello el brazo
¡ojalá fuera cuchillo!;
junté mi boca a la suya,
toquéle los labios fríos
y el corazón, que a la puerta
2890
del pecho hermoso y esquivo,
descompasado le daba
aldabadas y latidos.
Así estuvimos gran rato,
y aun pienso que sin sentido
2895
ella, y yo mostrélo bien,
pues hice un gran desvarío;
mas viendo que con la voz
ya más fuerte gritar quiso,
puse mi mano en su boca,
2900
y, entre mortales gemidos,
la dejé y muriendo fuíme
más dudoso y más perdido,
porque advirtiendo que el Conde,
como esperaba, no vino
2905
a pagarme la venganza
y a confirmarme el delito,
considero si aquel brazo
sobre mi cuello caído
fue favor o fue desmayo
2910
o si fue algún parasismo;
si fue la causa el hablalle
el haberme conocido,
y con la misma también
fueron los últimos gritos
2915
por disimular con ellos
las ofensas que me hizo.
En fin, entre tantas dudas
a venir me determino,
donde me des tus consejos;
2920
pero ya en tu llanto he visto
que para apurar mi agravio
injustamente los pido;
para vengalle los quiero;
alumbra mis desatinos,
2925
pues en tus manos estoy,
pues a tu amor los remito.
Dame el ser segunda vez,
que es tan tuyo como mío,
pues te ha tocado el ser padre
2930
de tan desdichado hijo.

D. JUAN
Redondilla
Hijo, con el alma toco
tu desdicha; y, como es justo,
para emplealla en tu gusto
pienso que la vida es poco.
Redondilla
2935
Mas si a Flandes te escribí
fue, hijo, porque en tu ausencia
con piadosa providencia
estas desventuras vi.
Redondilla
Vi las visitas sobradas
2940
que el Conde hacía a tu esposa;
vila a ella tan hermosa
como ricas sus criadas
Redondilla
en espacio no pequeño,
con el gusto tan perdido;
2945
vi una mujer sin marido
y vi una casa sin dueño;
Redondilla
y así, al verse los concetos
de estas memorias despojos,
dan lágrimas a mis ojos,
2950
de esta edad propios efetos.
Redondilla
Mas no quiera el Cielo santo,
si mi crédito aprovecha,
que acredite mi sospecha
la terneza de mi llanto.
Redondilla
2955
Pues ¡por vida de los dos!
que no sé más, y si fuera
que otras certezas tuviera,
te las dijera, ¡por Dios!;
Redondilla
pues sé que sospechas tales
2960
dañan más, y siempre han sido
en un honrado marido
el mayor mal de los males;
Redondilla
y así, en tan triste ocasión,
entre los deudos mayores,
2965
como ciegos los temores,
mudos los consejos son.
Redondilla
Fuera de que ya los viejos,
temerosos de la muerte,
para cosas de esta suerte
2970
siempre erramos los consejos,
Redondilla
cuanto más que para ver
tu honor en qué punto está,
ninguno te los dará
mejores que tu mujer.
Redondilla
2975
Disimulando apercibe,
cuando la tengas delante,
con qué amor, con qué semblante
te regala y te recibe;
Redondilla
que pues su misma conciencia
2980
es mil testigos, y aun más,
en los ojos le verás
la malicia o la inocencia;
Redondilla
con poca cautela tuya,
si lo miras cuerdamente,
2985
verás escrito en su frente
los agravios de la tuya.

D. DIEGO
Redondilla
Ya no tengo que dudar;
mucho en poco me dijiste;
buenos consejos me diste,
2990
y así los quiero tomar.
Redondilla
Escóndete ahí. Estoy loco.
Aurelia viene. ¡Ah, traidora!
Y si disimulo ahora
podrás ver que no haré poco.

 (Escóndese DON JUAN, y sale AURELIA.)

AURELIA
Redondilla
2995
(Ahora, el ser desdichada,
he de pagar con la vida.)

D. DIEGO
La postrera bienvenida
es la vuestra, esposa amada.
Redondilla
¿Cómo ya de alegre loca
3000
no estáis colgada en mi cuello,
sobre la espalda el cabello,
sobre los ojos la toca?
Redondilla
¿Cómo así me recibís?
¿Qué tenéis? ¿De qué lloráis?
3005
¿Cómo apenas me miráis
cuando los ojos abrís?
Redondilla
Y aunque os miro, ¿cómo no
os doy mis brazos?

AURELIA
Tened;
oíd, mirad y sabed
3010
que no los merezco yo.
Romance (tirada)
Don Diego, que así te llamo,
pues no me puedo atrever
a llamarte esposo mío,
tanta mi desdicha fue.
3015
Yo, señor, he procedido
como debe una mujer
que de su marido ausente
es honrada y quiere bien.
Desde el día que sin alma
3020
pude dejarte de ver,
para sólo ver la mía
saqué de mi casa el pie.
En mi compuesto semblante,
en el cuerdo componer
3025
de mis honestos vestidos,
mis sentimientos mostré.
Ni un momento, ni un minuto
dejé sin ti de tener
en mi memoria la tuya,
3030
siempre firme y siempre fiel.
Con el amor sólo tuyo
en un punto y en un ser,
siempre tus daños temí,
siempre los míos lloré.
3035
Las piedras de estas paredes,
si hablaran, dijeran bien,
que tal vez, enternecidas,
casi quisieron caer.
¡Qué de veces con la pena
3040
y con el llanto quedé
tan sin mí, que por mí misma
les preguntaba después
a los aires, a los Cielos,
(que todas las causas ven),
3045
suspirando ¡qué de veces
por mi esposo pregunté,
en todas las ocasiones
que les suele suceder
a una mujer sin marido,
3050
siendo paloma sin hiel!
Con la mayor fortaleza
que en un pecho pudo haber,
conservé con el recato
en la cordura la fe,
3055
y ésta en mí jamás rompida,
como católica, fue
con la boca confesada
y con el alma también.
Mas todo quedó rendido;
3060
que de un engaño al poder
ni le resisten las manos
ni se le escapan los pies;
pues esta noche pasada,
para mí la más cruel
3065
que Dio tinieblas al mundo
por quien tantos males ve,
en mi lecho, ya no tuyo,
descuidada me acosté,
y, cansada de llorar
3070
que tú faltases en él,
me dormí. ¡Pluguiera a Dios
que aquel sueño, como fue
desdichado, fuera eterno,
como mi pena lo es!
3075
Pues me hallé…—para decillo
la vergüenza he de vencer—
me hallé en los brazos de un hombre
y desmayada quedé
en ellos. ¿Por qué desdichas
3080
pudiera pasar después?
Pienso que al volver en mí
quise gritar, y grité;
mas con su mano en mi boca
perdí el sentido otra vez.
3085
Cuando le volví a cobrar,
del día al amanecer,
penas de infierno sentí,
gotas de sangre lloré;
y al saber que tú venías
3090
a mi aposento torné,
y hallé esta daga en el suelo,
que allí debió de caer
del Cielo; y cayendo yo
en la cuenta, la tomé
3095
para ponella en tus manos,
y en haciéndote saber
mi desdicha, suplicarte,
como víctima a tus pies,
que tú castigues en mí,
3100
más piadoso que cruel,
la culpa de mi fortuna,
que mía no pudo ser;
mas debe serlo la pena,
porque no es justo que estés
3105
en la mesa y en la cama
con harpías que te den
en tus regalos hastío;
y cuando el mundo te ve
en tantos reinos famoso
3110
y tan honrado de un Rey,
no es justo, señor, tampoco
que entre tus glorias estén
manchando tu limpio acero
flaquezas de una mujer;
3115
que aunque yo no soy culpada,
Dios lo sabe y yo lo sé,
un brazo suelen cortar
porque perdido le ven,
y su dueño no ha encendido
3120
el fuego que tiene en él;
y al árbol que se marchita
por la inclemencia del mes,
hasta la raíz le arrancan,
y no tiene culpa él.
3125
De estos ejemplos te obliga;
toma, toma, matamé;
saca un tierno corazón
infelice, si no infiel.
Castiga en mí la inocencia,
3130
pues mi ofensor, como ves,
quizá porque fue tu amigo,
te ha prevenido con qué.

D. DIEGO
Redondilla
Levanta (¡tierno he quedado!)
y mira con atención
3135
si con esa guarnición
dice la que traigo al lado.
Redondilla
Retírate y, escondida
(si es que puedo con mi honor),
tú misma verás mejor
3140
lo que hago por tu vida.

AURELIA
Redondilla
Conformes son. (¿Qué mudanza
veo en mis cosas? ¡Ay, Cielo!
Confuso tengo el consuelo
y dudosa la esperanza!)

(Escóndese.)

D. DIEGO
Redondilla
3145
Con menos pena he quedado
y con más seguridad.
¡Ay, Dios! ¿Si dice verdad?
¡Ay, Cielos! ¿Si me ha engañado?
Redondilla
¡Oh, lágrimas, en fortuna
3150
de mujer! ¡Hechizo extraño!
Pero si en ésta hay engaño
no hay que fiar en ninguna.

 (Sale DON JUAN, SABINA y DOÑA JUANA.)

D. JUAN
Redondilla
Don Diego, ya no hay quien pueda
poner dolo en tu mujer;
3155
mas de éstas lo has de saber
si alguna cosa te queda;
Redondilla
éstas te fueron traidoras.

D.ª JUANA
(Estas son desdichas mías.)

SABINA
(Aquí fenecen mis días.)

D. DIEGO
3160
¿De qué temes? ¿De qué lloras?
Romance (tirada)
La verdad he de sacaros
del pecho con esta daga;
si la decís, viviréis,
de esto os doy firme palabra.
3165
¿Qué sabéis de mi mujer?

SABINA
Que es virtuosa, que es santa,
que es ejemplo del valor.

D. DIEGO
¿Qué más sabes?

SABINA
No sé nada.

D. DIEGO
Acaba.

SABINA
Tente, señor.
3170
Sé que las dos, concertadas,
intentamos esta noche,
sin su culpa, su desgracia.

D. DIEGO
¡Válgame Dios!

D. JUAN
¡Jesús mío!

AURELIA
(¡Oh, traidoras! ¡Oh, villanas!)

D. DIEGO
3175
Y tú ¿qué dices?

D.ª JUANA
Señor,
que la mujer más honrada
que tiene el mundo es la tuya;
y que yo, por ser tan mala,
procuraba agravios suyos
3180
por lograr mis esperanzas;
y que conociendo al Conde,
con quien ya casi casada
estuve, y a quien dejé
por tu gusto y por tu causa,
3185
quise excusalle la muerte
y no le dejé que entrara
donde tú, con tu mujer,
para matarle esperabas.

(Sale AURELIA.)

AURELIA
Esposo, si fuiste tú
3190
el que yo me hallé en mi cama,
los demás recelos tuyos
ni me culpan ni me espantan.

D. DIEGO
Y ¿dónde están los traidores
que entraron ahora? Salgan,
3195
que yo sé que no han salido;
testigo, mi vigilancia.
¿Hola, criados?

 (Salen los CRIADOS.)

CRIADO 1
¿Señor?

D. DIEGO
Sacad todos las espadas;
la casa reconoced.
3200
¡Vive Dios que he de abrasalla
por que salga quien la ofende
y salir con la venganza!
Buscad esos aposentos.

(Sale BANQUETE.)

BANQUETE
Señor, señor, si me matas,
3205
poco harás, que ya estoy muerto.

D. DIEGO
Asilde bien, no se os vaya.

(Sale el CONDE.)

CONDE
¡Señor!

D. JUAN
¡Válgame los Cielos!
De esta suerte están las casas
que no tienen dueño, hijo.

CONDE
3210
Don Diego, si entré en tu casa,
no ha sido a fin de ofenderte,
porque entré por doña Juana.
Pero acuérdate, don Diego,
que en nuestra amistad pasada
3215
dos veces te di la vida
y que mi hacienda gastabas
como pudieras la tuya;
después, si ocasiones tantas
me hicieron traidor amante,
3220
perdona de amor las faltas.

D. DIEGO
No son dignas de perdón
ofensas tan declaradas.

D. JUAN
Tente, hijo, que sí son;
que para hidalgas entrañas,
3225
a ofensas de pensamientos
estas sumisiones bastan.

D. DIEGO
Con tal que se case el Conde
con doña Juana de Vargas,
pues sabrá disculpas suyas,
3230
y yo le doy mi palabra
que aunque fue por mí atrevida
no dejó de ser honrada,
o espere de mí la muerte
si es que por esto no pasa.

CONDE
3235
Cuando no porque la debo
yo la vida y tú lo mandas,
lo hiciera por verme ahora
el cuchillo a la garganta.
Su esposo soy.

D.ª JUANA
Yo soy tuya.

AURELIA
3240
¿Quién vio cosas tan extrañas?

BANQUETE
Señor, perdóname a mí.

SABINA
Si conmigo no se casa,
no lo hagas.

BANQUETE
¿Eso dudas?
He aquí mi mano.

SABINA
Eso basta.

AURELIA
3245
Ahora dame los brazos.

D. DIEGO
Toma los brazos y el alma,
y acabe aquí la comedia,
pues estos ejemplos bastan
para que sirva a mi esposa,
3250
para que asista en mi casa,
porque me diga siempre mi recelo
Verso suelto
donde no está su dueño, está su duelo.