Félix Lope de Vega y Carpio

LAS DONCELLAS DE SIMANCAS




Autoría: Dudosa
Texto utilizado para esta edición digital:
De Vega, Lope, Las doncellas de Simancas, Obras de Lope de Vega, XVI Menéndez Pelayo, Marcelino (ed.), Madrid, Atlas (BAE, CXCV), 1966, pp. 396-431.
Adaptación digital para EMOTHE:
  • Durá Celma, Rosa (Artelope)

HABLAN EN ELLA LAS PERSONAS SIGUIENTES

ABDALÁ }
HAZÉN }
ENRIQUE }, Moros
MAUREGATO
ÍÑIGO LÓPEZ
LOPE
LEONOR
ELVIRA
CONSTANZA
UNOS VILLANOS
SOLDADOS
[UN CRIADO]

Jornada I

Salen moros, HAZÉN y ABDALÁ, ÍÑIGO LÓPEZ, preso con una cadena y el rostro ensangrentado.

Abdalá
Octava real
¿De un hombre me refieres el hazaña?
Y ¿es este, en fin, el invencible, el fuerte?

Hazén
Este es, señor, el que esos montes baña
de humor sangriento, y sujetó a la muerte
5
del lúcido escuadrón que te acompaña,
los moros de más nombre.

Abdalá
Quiero verte.

Hazén
Con solo diez soldados que traía,
triunfar de sus blasones prometía.

Abdalá
Octava real
Desde el principio, Hazén, la historia cuenta;
10
prodigio es, ¡por Alá! ver tal soldado.

Hazén
Cuando la oscuridad del sueño ahuyenta
la blanca aurora, que en ardiente estrado,
precursora del sol, luces ostenta,
el honroso tributo acostumbrado,
15
que hace nuestras victorias más gloriosas,
el feudo, en fin, de vírgenes hermosas,
Octava real
que en cada año un Mauregato envía
a Abderramán, tu padre, yo, en efeto,
con guarda de mil moros hoy traía.
20
Del corazón de un monte, el más secreto
que en sus entrañas esta sierra cría,
con ánimo constante, aunque discreto,
pues a tan loca empresa se dispone,
nos asalta, nos yerra y descompone.
Octava real
25
Porque apenas, señor, acometimos
a querer sujetarle, cuando al punto
su pequeñuela escuadra salir vimos
a defenderle con esfuerzo junto.
Todos de su soberbia nos reímos,
30
mas fue llanto la risa al mismo punto,
porque a este monstruo, que el caudillo era
Marte debió de dar su espada fiera;
Octava real
delante de tus fuertes compañeros,
con tan osado pecho se ofrecía,
35
que el que una vez probaba sus aceros,
sepulcro entre sus pies luego tenía;
todos en nuestra muerte iban tan fieros,
que su esfuerzo con ella más crecía;
nosotros, castigados y medrosos,
40
en no aguardarlos éramos dichosos.
Octava real
Reconociendo, pues, nuestra flaqueza,
y su mucho valor reconociendo,
un rayo cada golpe a ser empieza,
y nosotros, aquí y allí cayendo,
45
viendo que no desmaya su fiereza,
confieso que nos íbamos rindiendo;
pero plugo a Mahoma que llegaron
tres escuadras que atrás se nos quedaron;
Octava real
siendo, pues, de los nuestros socorridos,
50
de los diez enemigos, seis murieron,
rindiéndose los cuatro, mal heridos;
solo con este asombro no pudieron,
que un muro haciendo allí de los caídos,
de cuerpos que a su espada obedecieron,
55
a no estar muerto, nadie le venciera,
si tropezando en muertos no cayera;
Octava real
herido, como ves, cayó en el suelo,
y aun hubo quien caído le temiese.

Abdalá
Volverle quiero a ver; quitad.

Íñigo
¡Ah, cielo!
60
¡Que entre desdicha tanta no muriese!

Abdalá
¡Por el Profeta santo, que recelo
que entre los hombres tal valor cupiese!
¡Solo de mí pensara yo esta hazaña!
¡Oh rayos de la guerra, hijos de España!
Octava real
65
Y ¿eres tú el fiero dueño de este estrago?
Dadle sus armas, que he de ver yo ahora.
Danle la espada.
Si puedo hacer que baje al hondo lago;
pero es hazaña que mi honor desdora;
por no manchar mi nombre, no lo hago,
70
que esta gente por Marte ya me adora.
¿Tan grandes ansias de morir traías,
que así la dulce vida aborrecías?

Íñigo
Octava real
No me pudiste dar mayor castigo
que el que la vida triste me apercibe.

Abdalá
75
Cuando piadoso y blando estoy contigo,
¿quejoso estás que de morir te prive?

Íñigo
En eso solo fuiste mi enemigo,
[..............................ibe.]

Abdalá
En algo casi, casi te pareces
80
a mi grande valor; bravo te ofreces.
Octava real
Valor promete tu bizarro brío.
¡Por Alá, que me tienes satisfecho!
Mayores cosas de tu esfuerzo fío.
Quitadle esa cadena; el fuerte pecho
Quítansela.
85
llega a juntar con el valiente mío,
y asegurado en este abrazo estrecho,
dime quién eres; de Abdalá te fía,
que soy tu amigo y tu fortuna es mía.

Íñigo
Romance (tirada)
No por aliviar mis penas,
90
pues referidas se doblan,
ni por temer tu castigo,
que ya la vida me sobra,
fuerte Abdalá, te obedezco;
escucha, si la memoria,
95
al renovar los pesares,
el repetirlos no estorba;
los rigores, el castigo
de la mano poderosa,
la indignación de los cielos,
100
que justas venganzas logra;
la ruina fatal que España
con tantas afrentas llora,
no por culpas de Rodrigo,
que aunque ellas pudieran solas
105
desatar rayos furiosos
de la esfera luminosa,
verter diluvios de fuego
vomitando ardientes bombas;
no por eso la justicia,
110
ofendida, rigorosa,
mostraría la excepción
que tantas vidas apoca;
que tantos mares de sangre
en las playas españolas
115
vertida por vuestras manos,
campos bañan, montes mojan.
Más causa, mayores culpas
la ira de Dios provocan,
que aunque es la cabeza el Rey,
120
y la República toda
es un cuerpo, a quien los daños
de su Príncipe le tocan,
no es bien pensar que pudiera
la antigua misericordia,
125
que en Dios siempre resplandece,
vedar las entrañas todas
a su clemencia, y dejar
que la ira ejecutoria
de tantos males y estragos,
130
sin que exceptuara persona,
por culpa del Rey no más,
a las armas vencedoras
de una traición la entregara;
el efecto mismo informa
135
que fueron culpa de muchos
las que aun al Rey no perdonan,
y que andaban ya en España
las torpezas licenciosas,
muy públicos los pecados,
140
que es lo que a Dios más enoja.
De donde inferir podrás
que los blasones que goza
vuestra nación, no los causan
las innumerables tropas
145
de ejércitos poderosos,
que en ligeras galeotas,
poblando mares soberbios,
ondas saladas azotan.
No el trato aleve pudiera,
150
aunque puerto y pasos toma,
ser parte para vencernos;
no os dio el triunfo, la victoria,
el conde Julián; no fue
el arzobispo don Opas,
155
aunque a su patria traidores,
vuestros pechos alborotan,
los que todo el daño hicieron;
todas fueron fuerzas cortas.
¿Quién pensáis que nos venció?
160
¿Y quién pensáis que blasona
del invencible valor
de los godos, con que a Roma
y al mundo pusieron leyes?
Sus propios hechos, sus glorias;
165
el no haber perdido empresa,
el ver que a sus pies se postran
las más rebeldes naciones;
ver que sujetan, que doman
cuanto encuentran, cuanto embisten,
170
y que España, ya señora
de la más parte del mundo,
larga paz gran tiempo logra;
la prosperidad, la dicha,
las riquezas, sin zozobra
175
gozadas, que en feudo ofrece
la tierra extraña y la propia;
el no temer que mudable
fortuna, ¡presunción loca!,
pudiera volver el rostro,
180
del bien que nos da envidiosa,
fueron causa que, entregados
a descansos, a engañosas
delicias, que el ocio ofrece,
truequen las altivas honras,
185
manchen los altos blasones,
turben las claras memorias
con el vicio y la torpeza,
y que libremente corran
la maldad y el apetito,
190
por quien se engendran y abortan
los daños que padecemos,
los males que nos congojan.
Gran causa, pues, le obligó
que con mano vengadora
195
el cielo tome el azote,
y por instrumento escoja
vuestra nación enemiga,
para que el mundo conozca
que, a no ser suyo el castigo,
200
no bastaran alevosas
armas, ni vuestro poder,
claro está, nadie lo ignora.
Catorce lustros, en fin,
que en cuenta más clara montan
205
años setenta, han pasado
después que su lastimosa
pérdida España sintió,
pero no tres veces corta
el abril galas al campo,
210
vestido de nuevas pompas;
no restituye las vidas
a las plantas y a las rosas
tres veces primero el sol,
cuando las reliquias godas,
215
que del incendio escaparon,
y entre sierras escabrosas
en las Asturias albergue
hacen de cavernas hondas,
cuando con pechos valientes
220
se animan con fuerza pocas
a vengar su injuria, y juntos
guerra intentan, campo forman.
Permite que me detenga
a ponderar tan heroica
225
resolución, tan constantes
ánimos, pues cuando brota,
cada pisada un castigo,
cada hierba, cada hoja,
una venganza produce;
230
y ya por toda la Europa
ejércitos poderosos
vuestros caudillos alojan,
en tanto número, en fin,
que como parda langosta
235
las rubias mieses talando,
se ha visto ya en tanta copia,
que a la luz del sol opuestas,
forman luces tenebrosas;
así los vuestros se aumenta,
240
campos y sierras coronan.
Entonces, pues, cuando el llanto
a la esperanza acomoda
exequias tristes, y yace
sepultada casi toda,
245
entonces hay corazones,
entonces pechos, que forjan
rayos contra tantas furias,
y con Pelayo se arrojan
a ver la cara a la muerte,
250
y a triunfar de vuestras glorias.
De este blasón invencible,
de esta estirpe generosa
soy hijo de lo más noble,
que aunque decirlo no importa,
255
de la sangre real de godos
me cabe más de una gota.
Mi nombre es Íñigo López.
Bien pienso que a vuestra costa
le conocéis, pues mi espada
260
con mil riesgos lo pregona
en vuestro daño; y, en fin,
opuesto a la vil discordia
del tirano Mauregato,
por defender la corona
265
de mi legítimo Rey,
que es Alfón, a quien le toca
resistir con los más nobles,
que del reino le depongan.
Pero como la ambición
270
de Mauregato convoca
el favor de Abderramán,
tu padre, y porque le ponga
en la posesión del reino,
con vil feudo le soborna;
275
llámase rey con su ayuda,
y hoy las parias vergonzosas
que en pago de serlo ofrece,
y tú por tu padre cobras,
cuando bostezaba risas
280
entre esos montes la aurora,
me determiné a quitaros;
empresa poco dichosa,
que prometí a una deidad,
flecha de amor poderosa.
285
Las fuerzas en que fundé
esta esperanza engañosa,
más eran que diez soldados,
más son de los que te informan,
porque conmigo venían
290
las venganzas, las discordias,
los rigores, los recelos,
los tormentos, las congojas,
la confusión, los temores,
las llamas abrasadoras
295
de celos, bastantes ellos
a emprender mayores cosas.
Cien soles lleváis, ¡qué afrenta!,
y yo sus luces hermosas
prometí sacar a luz
300
de entre vuestras pardas sombras.
Mira si no lo he cumplido,
si con valor, si con honra
nací, si este el premio era
de ganar hoy por esposa
305
a quien con rigor me aguarda;
si ya he perdido esta gloria,
perseguido de un tirano,
lleno de afrenta y deshonra,
¿de qué me sirve la vida,
310
o qué tu amistad me importa?
Sé piadoso, sé clemente,
muestra el valor que acrisolan
tus hechos, en no otorgarme
una vida tan penosa.
315
Líbrame a mí de mí mismo,
desata, deseslabona
tal número de pesares,
como aquí juntos me ahogan.
Manda que un filo atrevido
320
por mi triste cuello corra;
pero si vengarte quieres,
pero si crueldades logras,
no me mates, viva yo,
alarga mis tristes horas,
325
porque no podrá la muerte
lo que podrá la memoria.

Abdalá
Redondilla
Por valiente y atrevido
al principio te estimé,
mas después que te escuché,
330
cobarde me has parecido.
Redondilla
¡Ven acá! El sufrir la suerte
contraria, ¿no es más valor
que el padecer el rigor
de una apresurada muerte?
Redondilla
335
No quiere bien a su dama
quien del vivir se enajena,
que nunca escusa la pena
ni el padecer quien bien ama.
Redondilla
Pero, según te he escuchado
340
y los discursos han sido,
no hay duda que has presumido
que en tu nación se ha encerrado
Redondilla
toda la gloria y honor.
Mas herido estás, no quiero
345
que logres tu intento fiero;
[..........................or].
Redondilla
Ven, pues, que esta vez la vida
a tu pesar he de darte,
que quiero, Íñigo, mostrarte,
350
sin que tu suerte lo impida,
Redondilla
que yo vencerla podré;
vive, alienta la esperanza,
que no solo España alcanza
el blasón que te escuché.

Íñigo
Redondilla
355
Tu esclavo soy.

Abdalá
También vive
entre moros fe y lealtad;
también la santa amistad
glorioso laurel recibe.

Vanse. Salen LEONOR, ELVIRA y CONSTANZA.

Elvira
Redondilla
Dos vidas diste a la muerte
360
de un golpe; el mayor rigor
ejecutaste, Leonor,
pues Íñigo, si lo advierte
Redondilla
tu crueldad por obligarte,
o porque tú lo has querido,
365
bárbaramente atrevido,
de mí misma fue a vengarte.
Redondilla
Al paso que le aborreces
le adoras, y mi triste vida
con la suya va perdida
370
al peligro que le ofreces.
Redondilla
Si te cansaba su amor,
si de cruel te preciabas,
¿por qué venganza tomabas
tan a mi costa, Leonor?

Leonor
Redondilla
375
A los cargos que me has hecho
no sé cómo responderte,
porque ni busqué su muerte,
ni yo pensé que en tu pecho
Redondilla
tan despacio amor vivía,
380
que, a conocer tu cuidado,
yo hubiera, Elvira, excusado
tu pena, aunque no la mía.
Redondilla
Mas ¿cómo sabes que ha ido
a malograr tu esperanza
385
Íñigo, y que mi venganza
causa de su daño ha sido?

Elvira
Redondilla
Porque sé que se partió
resuelto a morir por ti.

Leonor
¿Que se partió sabes?

Elvira
Sí.

Leonor
390
Tu amor es quien te engañó.

Elvira
Redondilla
Señora, esta desventura,
despedirse ha confirmado...

Leonor
¿Quién? Di.

Elvira
Lope, su criado;
con lágrimas la asegura,
Redondilla
395
y me dijo.

Leonor
No prosigas,
que si es tan cierto el pesar,
mejor es no le escuchar,
más vale que no lo digas;
Redondilla
rompa el silencio la pena,
400
declárese mi dolor;
en vano aquí mi rigor
tu lengua, Elvira condena.
Redondilla
¡Ay, hermana, mal conoces
de amor y de aborrecer
405
pues pudiste no entender
mal que ya publico a voces!
Redondilla
Por verle tan perseguido
del rigor de Mauregato,
no porque mi pecho ingrato
410
jamás a su amor ha sido;
Redondilla
por ver que cuando quisiera
hacer a Íñigo mi esposo,
su estado poco dichoso
al presente lo impidiera;
Redondilla
415
y que nuestro padre, hermana,
por pobre y por desdichado,
le hubiera también negado
lo que por méritos gana;
Redondilla
quise sin darle a entender
420
mi amor, tiempo al tiempo dar,
y su suerte mejorar;
pero hela echado a perder.

Elvira
Redondilla
Pues ¿cómo se compadece
amarle, y hacer que emprenda
425
su suerte? No hay quien te entienda;
de razón, Leonor, carece
Redondilla
quererle bien y forzarle
a un imposible cruel.

Leonor
El valor que vive en él
430
pudo a ese riesgo obligarle,
Redondilla
que yo nunca lo intentara.
Vieron los nuevos despojos,
vieron, pues, mis tristes ojos
entregar, ¡oh suerte avara!
Redondilla
435
Al moro el mayor caudal,
el tributo más precioso,
el triunfo más lastimoso
de hermosura celestial;
Redondilla
vi arrancar las luces bellas
440
de nuestro cielo español,
y vi avergonzado al sol,
de vernos quedar sin ellas;
Redondilla
vi la confusión y el llanto
de las que quedan y van;
445
vi que presentes están,
mirando deshonor tanto,
Redondilla
algunos hombres, si es bien
este nombre ya ofrecellos.
Íñigo estaba con ellos;
450
mirele allí, y con desdén
Redondilla
dije, del dolor vencida:
“¿Cómo es posible que haya hombre
que merezca algún renombre
de fuerte, mientras la vida
Redondilla
455
en tanta infamia sustenta?
Que sois hombre es llano;
no merecerá mi mano
quien no acabare esta afrenta.”

Elvira
Redondilla
¿Qué más decirle querías,
460
o cómo en desprecio igual?

Leonor
¡Oh, quién previera este mal!
¡Todas son desdichas mías!
Dice a voces mirando dentro.
Redondilla
¡Cielos, Lope viene allí!
Sí, él es, no me engañé yo;
465
Lope, el alma te aguardó,
la vida pende de ti.
Entra LOPE y abrázale LEONOR.
Redondilla
Llega, no aumentes mi daño;
a mi Íñigo adoro y quiero;
llega a mis brazos, que muero,
470
apresura el desengaño.
Redondilla
¿Dónde queda, dónde está?
¿Viene? Acaba, ¡por tus ojos!
Dale una sortija.
Toma, y templa mis enojos,
asegura el alma ya.
Redondilla
475
Di presto.

Lope
Pienso, señora,
si bien tu rigor se advierte,
que, alegre, ya de su muerte,
me das albricias ahora.
Redondilla
Si, como llego a escucharte,
480
mi desdichado señor
era dueño de tu amor,
¿qué causa pudo obligarte
Redondilla
a desesperar su vida,
o porque su muerte ignoras,
485
si le matas y le adoras?

Leonor
¿No viene?

Lope
Más afligida,
Redondilla
señora, con tus razones
el alma viene a quedar,
que el ver tu cielo turbar
490
con tristes demostraciones,
Redondilla
declara bien que este daño
la desdicha de los dos
le concertó.

Leonor
No, por Dios,
no te burles si es engaño.
Redondilla
495
Lope, mi pena es de suerte,
que cuando llegues a dar
la gloria sin el pesar,
me habrás dado ya la muerte.

Vase LOPE sin responder, y LEONOR le detiene.

Leonor
Redondilla
¿Por qué te vas? ¡Ay, cielo!

Lope
500
Por no responderte.

Leonor
Espera.

Lope
¡Ojalá, señora, fuera
menos cierto el desconsuelo!
Redondilla
¡Pluguiera a Dios que el engaño
nos pudiera aquí valer,
505
sin llegar aquí a ofrecer
tan costoso desengaño!
Redondilla
Íñigo te obedeció.
En montes de Extremadura,
cuya intrincada espesura
510
el sol apenas entró,
Redondilla
con osada bizarría,
pensamiento temerario,
Íñigo embistió al contrario
cuando en su guarda traía
Redondilla
515
un ejército, yo fui
testigo de mal tan cierto,
que de cautivo o de muerto
no pudo librarse allí.

Leonor
Redondilla
¡Oh, pesar nunca esperado,
520
pena a mi culpa debida!
Pero pues yo tengo vida,
y el dolor no lo ha acabado,
Redondilla
no es posible que él murió;
cautivo, y no muerto, está,
525
que imposible fuera ya
morir él y vivir yo.
Redondilla
Si está preso, con el oro
su libertad compraré
y el alma por él daré,
530
que es poco precio un tesoro.
Redondilla
Ven, Elvira, que hoy verás
si le adoro o le aborrezco.

Vase.

Elvira
Dos penas juntas padezco,
no sé cuál me ofende más,
Redondilla
535
el llorar aquí su muerte,
o el ver que le hayas amado;
que si él vive, tu cuidado
que voy perdida me advierte.

Vase.

Lope
Redondilla
Secreta mina de amor
540
se ha reventado en su pecho;
¿quién tan gran milagro ha hecho?

Constanza
Siempre le quiso Leonor;
Redondilla
de la historia referida,
Lope, una duda me advierte,
545
¿cómo en peligro tan fuerte,
te escapaste con la vida?

Lope
Redondilla
Mucho apuras tú la historia,
Constanza, en cualquier batalla,
quien cuente siempre se halla
550
el castigo o la victoria;
Redondilla
yo fui...

Constanza
Que vuelves sé yo.

Lope
Digo que mil veces fui...

Constanza
Que has vuelto, Lope, creí,
pero que hayas ido, no.

Lope
Redondilla
555
Testigo muy abonado
te daré de que fui allá.

Constanza
¿Quién el testigo será?

Lope
Un madroño muy honrado,
Redondilla
y un espino, su vecino,
560
con cuyo amparo encubierto...

Constanza
Tampoco eso, Lope, es cierto:
mienten madroño y espino.

Lope
Redondilla
¿Y si te traigo el turbante
de un moro que cautivé?

Constanza
565
¿Y el moro?

Lope
El moro se fue.
¿Hay mujer más apretante?

Constanza
Redondilla
¡Buen soldado!

Lope
Por quererte,
Constanza, y volverte a ver.

Constanza
Claro está que por volver;
570
eso solo he de creerte.

Lope
Redondilla
Acreditarme no puedo,
mas cuando el peligro es tal,
el honor más principal
ha visto la cara al miedo.
Redondilla
575
Con todo eso me has costado
gran susto, que en la pasada
entrega, por entregada
al Moro te había llorado.

Constanza
Redondilla
No me cupo a mí la suerte.

Lope
580
Claro está; ni pudo ser
el llegarte a ti a caber.

Constanza
¿Por qué?

Lope
Porque, si se advierte,
Redondilla
los moros piden doncellas,
y es muy grande inconveniente.

Constanza
585
En tu lengua maldiciente.

Lope
Yo nunca dije mal de ellas.

Vanse. Salen ÍÑIGO y ABDALÁ, vestido de cristiano, y CRIADOS.

Íñigo
Romance (tirada)
Este es el lugar dichoso,
este el sitio alegre, el cielo
de las glorias de Leonor.
590
De cuanto miras es dueño
Nuño de Valdés, su padre,
cuyos blasones el tiempo
no podrá borrar jamás,
que alcanzan nombre de eternos.
595
Falta ahora que me digas
la ocasión, el fundamento,
estas enigmas confusas,
que esconden altos misterios.
Después de darme la vida,
600
después, Abdalá, que debe
a tu valor tantas honras,
que referidas recelo;
no por ingrato, por ver
que no he de salir de empeño,
605
aunque si tu esclavo soy,
y la obligación confieso,
cuanto liberal me has dado,
ya te pago, agradeciendo,
que es paga que niegan muchos,
610
que no es la que vale menos.
Dísteme, en fin, libertad,
y prisiones añadiendo
a beneficios tan grandes,
tú mismo, no sé el intento,
615
acompañándome vienes;
mi propio traje vistiendo,
te encubres y te disfrazas;
y sin declarar tu pecho,
muchas veces me preguntas
620
del estado y los aumentos
de Nuño de Valdés. Yo,
de su calidad te advierto
que es noble, que es poderoso,
y que a su vejez sirvieron
625
de báculo y dulce arrimo
Leonor y Elvira. Y tú, luego
dices que quieres venir
conmigo a su patrio suelo
a ver a Nuño, su padre;
630
y después, de un secreto
me darás larga noticia,
más me cuestan de un desvelo
estas dudas; ya, en fin, puedes
romper el mudo silencio;
635
ya se pueden descifrar
tus ocultos pensamientos;
ya estás donde pretendía,
y a mí me falta el deseo
de saber lo que me encubres:
640
corre a la verdad el velo.

Abdalá
No extraño el verte confuso,
no admiro el verte suspenso,
que la causa que te he dado
es grande, ya lo prevengo.
645
Cuando te vi tan bizarro,
cuando te escuché soberbio,
provocando mi favor,
no ablandándome con ruegos;
cuando te vi que llegaste
650
casi a hacer de mí desprecio,
sin que el temor de la muerte
tuviste en tu vida imperio,
entonces, Íñigo, escucha,
te vi el alma, te vi el pecho,
655
e hice elección en mi idea
de tu valor, de tu esfuerzo,
para un caso que es tan grande,
que yo mismo a mí me niego,
lo que de ti solo fío,
660
y que no me engaño pienso;
porque solo se han de dar
a los magnánimos pechos
las grandes dificultades,
los arduos atrevimientos.
665
Responderás que por qué,
si te he obligado, no llego
a declararme contigo
y te dilato el saberlo.
Causa ha tenido también,
670
Íñigo, porque primero
quiero que a tu dama veas,
y que en sus brazos aliento
tu vida triste reciba,
para que, viéndote en ellos,
675
juntes a lo que me debes
aquel gozo, aquel contento.
Demás, que yo vengo a ser,
por si dudaren tus hechos
y tu modestia los calla,
680
coronista verdadero,
pues dices que vive aquí,
de esta dicha en fin tratemos,
que en viéndola te hablaré,
y me oirás con más sosiego.

Íñigo
685
No, Abdalá, tarde se me hace,
ahora saberlo quiero,
que me llegan a ofender
tan prolijos argumentos,
y solo por ti tuviera
690
tanta flema, tanto tiempo.
Si he de serte agradecido,
bastante obligación tengo;
y su ingrato soy también,
no dejaré ya de serlo,
695
que aumentan más su delito
los beneficios de nuevo,
que en el traidor y el ingrato
no cabe arrepentimiento.
Yo no he de pasar de aquí,
700
Abdalá, yo estaré atento,
sácame ya de este encanto,
declárate sin recelo.
Cansado moro, ¡por Dios...!
¡Vive el cielo, que le temo!
705
Di, Abdalá, ¿qué puede ser
tan prevenido suceso?

Abdalá
Pues ya es fuerza, seré breve.

Íñigo
Yo te lo suplico y ruego.

Saque ABDALÁ un retrato.

Abdalá
¿Conoces este retrato?
710
Mira bien.

Íñigo
Sí, ya lo veo,
de Leonor es. Mire donde
vino por tantos rodeos
a dar. ¡Desdichado soy!
¡Enamorado está el perro!

Abdalá
715
¿Qué dices?

Lope
Que es de Leonor
he respondido, y que espero
lo que me mandas.

Abdalá
Bien piensas
tú que los dulces incendios
de amor me abrasan el alma,
720
y que a ver sus ojos, ciego,
sin otra causa he venido;
mal piensas si piensas esto.
Dejadnos solos.

Criado
No hay quien
conozca su pensamiento.

Íñigo
725
Pues dime, por Dios, la causa,
que estoy, Abdalá, muriendo.

Abdalá
Ya sabes que Abderramán,
mi padre, quitó del cuello
el yugo pesado a España,
730
porque hasta aquí la tuvieron
por los Miramamolines
de África, solo en gobierno.
De suerte que África y Asia
cabeza de España fueron,
735
hasta que mi padre, en fin,
se hizo señor de este reino,
y por armas le dejó
de los Califas exento;
de los moros que le habitan
740
uniendo, y juntando un cuerpo,
que él solo el primero ha sido
que por el rey obedecieron.
Con fábricas levantadas,
con edificios soberbios,
745
hoy a Córdoba engrandece,
que es de Córdoba el asiento
la máquina hermosa y grave,
el autorizado templo,
nuestra mezquita sagrada,
750
que de sabios arquitectos
en su grandeza descubre
la traza, el arte, el ingenio,
cuyos jaspes remendados,
atlantes de grave peso,
755
por ser tantas sus columnas,
los días del año excedieron,
es obra suya también.
Sus blasones no refiero,
porque es padre, y porque ya
760
la fama te avisa de ellos.
Es pacífico, es prudente,
es piadoso, es justiciero,
sola una falta le culpo,
solo un abuso condeno,
765
que es vicio ya entre nosotros,
pues sin decoro y respeto
al tálamo soberano,
tenemos, ¡bárbaro exceso!,
tantas moras por mujeres,
770
cuyo torpe desconcierto,
multiplicando familias,
y confusiones creciendo,
en las casas de los reyes
da cien hijos para un cetro.
775
Por no cansarte, mi padre
llega ya al último extremo
de la vida por su edad;
veinte hijos deja, en efeto,
si de uno solo es la dicha,
780
si uno solo el heredero,
y no soy, Íñigo, yo,
siendo yo el que más merezco
mi pretensión te descubro;
yo la corona pretendo,
785
yo los más nobles obligo,
yo quien me apellide tengo,
que apenas habrá faltado
mi padre, cuando resuelto
las armas tome, y con ellas
790
venza la fuerza al derecho.
Homar, que en África es
el Califa, el rey supremo,
gente y amparo me ofrece,
y yo le ofrecí por feudo
795
el que vuestro Rey nos paga
de los cien ángeles bellos.
Es Homar, este es el caso,
Rey tan sabio, que ha hecho
que de España y otras partes
800
copien con pinceles diestros,
de todas las hermosuras
los más divinos sujetos.
Entre otros, este retrato
por mi castigo le dieron;
805
obligueme, y di palabra
de conocer, ¡qué gran yerro!,
la luz que dio a esa pintura
tan soberanos reflejos,
y presentarle a Leonor
810
secretamente, sabiendo
quién era, y solicitando
que el número de las ciento
ocupase, y fuese una,
salí yo mismo al encuentro,
815
pensando que la traían;
pero el desengaño viendo,
y aunque con cautela allí
conociendo de ti mesmo
su estado o su calidad,
820
y el imposible que emprendo,
determiné, disfrazado
ser yo mismo el instrumento,
para adquirir esta gloria.
Con tu ayuda me prometo,
825
claro está, que será fácil,
que aunque de tu Rey infiero,
por conocerme y por ser
mi amigo, que mis intentos
ayudara, no he querido
830
que él llegara a conocerlos.
Solo de ti me he fiado.
Un reino me va no menos,
o el poder asegurarle,
en cumplir lo que he propuesto,
835
y en darle al Rey a Leonor.
Piensa, pues eres discreto,
cuánto te obligo en fiarte
tan importantes secretos;
seis prisioneras por ella,
840
para tu dama te ofrezco;
la vida te di; Leonor
me has de dar, Íñigo, en trueco.
Pues de ser agradecido
blasonas, ya para serlo
845
bastante ocasión te he dado;
traza, intenta, busca el medio.
Libre estás, pero obligado.
Yo mismo a tu patria vengo,
como señor, te lo mando,
850
como amigo, te lo ruego.
A solas quiero dejarte,
entra contigo en consejo,
y no me des la respuesta
sin que me des el remedio.

Íñigo
855
Abdalá, escúchame, aguarda;
la confusión del infierno
no fue mayor que la mía,
Abdalá.

Abdalá
Ponlo en efeto,
y respóndeme después.

Vase.

Íñigo
860
Escucha... ¡Perderé el seso!
¡Vive el cielo, que quisiera
poder sacarla del pecho!
¡Ah, Leonor, cuánto me cuestas!
Mayores males recelo.


Jornada II

Sale ÍÑIGO y LOPE.

Lope
Redondilla
865
Señor de mi corazón,
¿qué milagro te ha escapado?
¡Tú libre! ¿Si lo he soñado?
¡Tú vivo! ¿Si es ilusión?
Redondilla
¡Tú donde yo verte pueda!
870
¡Tú donde llegue a abrazarte!
Con verte, oírte y hablarte
dudosa la vista queda.
Redondilla
Otra vez te vuelvo a ver,
otra vez te he de palpar,
875
otra vez te he de abrazar,
y aún no lo llego a creer.

Íñigo
Redondilla
Vivo estoy, Lope; yo soy.

Lope
¿Sano y libre?

Íñigo
Libre y sano.

Lope
¿Sin faltarte pie ni mano?

Íñigo
880
Gracias a Dios, bueno estoy.

Lope
Redondilla
¿Que no has menester traer
pie de palo ni muleta?
No ha sido guerra perfeta,
quitádote ha el merecer.
Redondilla
885
¿No te dejé yo metido
entre mil alfanjes fieros?

Íñigo
De sus bárbaros aceros
librarme el cielo ha querido.

Lope
Romance (tirada)
¿Y los que te acompañaron?

Íñigo
890
De seis la muerte triunfó,
pero de su fama, no,
más de cien vidas costaron.
Redondilla
Los demás vienen conmigo
libres también.

Lope
Preguntarte
895
más será, señor, cansarte;
yo, tú fuiste buen testigo,
Redondilla
el primero acometí,
mas no me atreví a la muerte.

Íñigo
Hiciste bien de volverte.

Lope
900
De un madroño erizo fui;
Redondilla
él fue, señor, mi sagrado,
tan callado, tan discreto,
que a nadie fie secreto,
que más bien le haya guardado.
Redondilla
905
¿No preguntas por Leonor?

Íñigo
Temo verla, temo hablarla.

Lope
¿Qué es temer? Resucitarla
podrá tu vista, señor.
Redondilla
Parece que le ha avisado
910
el alma de tu venida;
ella viene aquí. Tu vida
un mar de llantos ha costado.
Redondilla
Después te contaré extremos;
déjame ganar ahora
915
las albricias; y... ¡señora...!

Íñigo
Oye.

Lope
Despacio hablaremos.
Redondilla
¡Leonor...! ¡Elvira...!

Salen LEONOR, ELVIRA y CONSTANZA, y LOPE se pone delante de ÍÑIGO para que no le vean.

Leonor
¿Qué quieres,
Lope?

Lope
Muy presto has salido.
Escóndete; albricias pido.

Leonor
920
¿De qué?

Lope
Saberlo no esperes
Redondilla
si el primero...

Constanza
Yo las gano.

Hace que ve CONSTANZA a ÍÑIGO.

Constanza
¡Íñigo!

Íñigo
¡Señora mía!

Constanza
¡Mala pepita...!

Íñigo
Desvía.

Lope
¡Albricias!

Constanza
Cánsate en vano,
Redondilla
925
que yo las gané primero.

Lope
Tu lengua, ¿a quién no ganó?

Constanza
Primero lo dije yo.

Elvira
Pues yo a Lope darlas quiero.

Leonor
Redondilla
Y yo a los tres las daré:
930
a ti, porque me llamaste,
a ti, porque le nombraste,
y a mí, porque lo escuché.
Redondilla
Pero si bien lo advertí,
corta en prometer he sido,
935
porque no hay, en mi sentido,
a quien no las deba aquí.
Redondilla
Y así, pagando...

Lope
A eso voy.

Leonor
A ti, en señal que agradezco,
Lope, esta joya te ofrezco;
940
a ti, un vestido te doy;
Redondilla
a el alma un bien no esperado,
y a mí misma el parabién,
y a vos los brazos también,
porque el alma ya os la he dado.

Abrázale.

Lope
Redondilla
945
Gastó amor todo el caudal,
que no hay amor avariento
si gozando ya el contento
empieza a ser liberal.

Elvira
Redondilla
Aunque soy menos dichosa
950
que Leonor en merecer,
no lo soy en el placer,
que con alma generosa
Redondilla
le hago ventaja mayor
en la gloria que recibo
955
de veros, Íñigo, vivo,
cuando vos sois de Leonor.
Redondilla
Muy claro es el argumento,
pues si ella favorecida,
y de vos correspondida,
960
da muestras de su contento,
Redondilla
yo, que en sus brazos os vi,
ventaja la llego a hacer,
pues pudo más el placer
que el pesar de verlo allí.

Leonor
Redondilla
965
No en vano, cuando hoy salía
a este campo, vi a las flores
vestirse nuevos colores
más alegres que otro día.

Íñigo
Décima
Leonor bella, Elvira hermosa,
970
esta dicha, este favor,
laureles son del valor
y de una empresa gloriosa.
Mi suerte no es tan dichosa,
que aunque el peligro emprendí
975
y fui a vencer, no vencí.
Quede el favor suspendido,
que no cabe en un vencido
la gloria que gozo aquí.
Décima
Más puesto en razón será,
980
sin la merced que me hacéis,
que mi vida despreciéis,
pues no la he perdido ya,
aunque disculpada está,
que si la muerte sabía
985
que ofrecida os la tenía,
la vida que me dejó
por vuestra la perdonó,
que supo que no era mía.
Décima
Todo cuanto supo hacer
990
por obligar su rigor,
hizo en mi vida, Leonor,
mas no la pude vencer.
Porque en llegando a saber
que era del amor la suerte,
995
suspendiendo el golpe fuerte,
huye, y mi vivir dilata,
que donde amor hiere y mata,
no tiene que hacer la muerte.
Décima
Si bien se llega a advertir,
1000
parias os viene a pagar,
pues no me quiso matar,
aunque yo quise morir.
Y no es modo de decir,
porque cuando de mí huyó,
1005
y la vida me dejó,
me dijo allí: “Esos despojos
son de Leonor, que sus ojos
tienen más poder que yo.”

Leonor
Décima
Si cortés la muerte allí,
1010
Íñigo, te ha perdonado,
bien a los dos ha mostrado
que fue por mí, no por ti,
porque si el alma le di,
y, como dices, sabía
1015
que yo en tu pecho vivía,
la piedad que allí mostró
fue porque viviese yo,
que tu muerte era la mía.
Décima
Con justa causa podré,
1020
si ya, en efecto, se advierte,
llamar piadosa la muerte.
Mucho más que tú lo fue.
A ti el nombre se te dé
que era suyo, pues tirano,
1025
cuando ella, huyendo la mano,
por mi vida allí miraba,
tu rigor me la quitaba,
tú me matabas, es llano.

Íñigo
Décima
Tan grande bien no se alcanza
1030
con menor dificultad;
piadosa fue mi crueldad,
discreta fue mi venganza,
pues da el premio a mi esperanza
sin el pasado rigor.

Leonor
1035
Yo no te dije, señor,
que partieses a morir,
porque eso era decir:
dale la muerte a Leonor.

Lope
Redondilla
Constanza, poco te debo,
1040
pues habiendo yo partido
al peligro referido,
un favor tuyo no pruebo,
Quintilla
ni me dices que te mato
cuando de ir a morir trato.
1045
Muy rebelde te imagino.

Constanza
Lope, por ese camino
nunca tú me has sido ingrato.

Íñigo
Redondilla
Esta dicha, este favor
que gozo, y la libertad
1050
solo debo a la amistad
de un moro noble, Leonor;
Redondilla
y no es interés pequeño
el que quiere por rescate,
si bien pide un disparate.

Leonor
1055
Si para salir de empeño
Redondilla
mis joyas son menester,
ya, imaginándoos cautivo,
oro y joyas apercibo;
de ello podréis disponer.

Íñigo
Redondilla
1060
¡Ojalá fuera el caudal
del oro bastante paga!
No hay cosa que satisfaga,
precio pide desigual,
Redondilla
pero la satisfacción
1065
que yo ofrecerle quisiera,
es la que mi amor espera
en la mayor confusión.
Redondilla
Me darás vida, señora,
si entre las dichas que gano
1070
merezco la de tu mano,
y me haces tu esposo ahora.

Leonor
Redondilla
Enigmas son que no entiendo,
pero si mi mano en parte
puede a la paga ayudarte,
1075
tu libertad redimiendo,
Redondilla
Elvira, tenlo por bien,
que el peligro a las dos toca,
pues escuché de tu boca
que quieres a Íñigo bien.
Redondilla
1080
No te ofenda este concierto;
tú sabes de mi cuidado
lo que al alma le ha costado.
Que no te he ofendido es cierto,
Redondilla
pues fue primero mi amor,
1085
que si conmigo pudiera
hacer que le aborreciera,
tú sola de este favor
Redondilla
dueño fueras. No le digas
a mi padre nuestro intento,
1090
no estorbes su casamiento,
pues sabes que a Íñigo obligas.

Elvira
Redondilla
Lo que me forzó a perderme,
fue porque no le querías;
pensar que le aborrecías,
1095
todo el daño llegó a hacerme.
Redondilla
Pero como has advertido,
mostraré mi ciego amor
en no estorbarle el favor
y en llorar siempre su olvido.

Vase.

Leonor
Redondilla
1100
Lo que pudiera causarme
ABDALÁ esté escuchando entre unos ramos.
celos, mi esperanza alienta;
mi dicha este campo sienta.
Parabién lleguen a darme,
Redondilla
cuando por dueño te gano,
1105
campos, yerbas, plantas, flores,
y auméntense tus favores,
si están, Íñigo, en mi mano.
Redondilla
Tu esposa soy.

Al darse las manos, cáesele a ÍÑIGO la daga, y queda con sangre la mano de LEONOR.

Íñigo
Ya no espero,
¡ay, cielo!, pena mayor;
1110
iba a decir más honor
que desdicha.

Lope
Mal agüero.

Íñigo
Redondilla
La daga se me cayó,
pero será mi homicida,
porque esta sangre vertida
1115
del corazón la sacó.

Leonor
Redondilla
No es nada, no os dé cuidado,
que si vuestra esclava soy,
más seguridad os doy,
pues con sangre lo he firmado.
Redondilla
1120
Dadme un lienzo, que con él
se remedia todo el mal.

Pónela un lienzo.

Íñigo
¡Qué ufano queda el cristal
entre líneas de clavel!

Leonor
Redondilla
Quedaos, que a mi padre espero;
1125
excusemos su pesar.
Mañana os quisiera hablar.

Íñigo
Solo obedeceros quiero.

Leonor
Redondilla
Venga Lope, y le diré
a qué hora podéis ir.

Íñigo
1130
Y ¿cómo podré vivir
si de la herida no sé?

Leonor
Redondilla
¿Un rasguño ha de alteraros?
No le deis nombre de herida,
que voy, Íñigo, corrida
1135
de ver que puedo turbaros.
Redondilla
Ven, Constanza.

Vase.

Constanza
Lope, adiós.

Íñigo
Poco duró mi alegría.

Lope
Escucha, Constanza mía,
declarémonos los dos.

Constanza
Redondilla
1140
¿En qué forma?

Lope
Si tú fueras
la que a casarse llegaras,
y en este azar tropezaras,
y ensangrentada te vieras,
Redondilla
¿qué sospecharas?

Constanza
No sé.

Lope
1145
Yo sí, porque era señal
de una desgracia fatal.

Constanza
¿Cómo?

Lope
Ya te lo diré:
Redondilla
tú no hicieras solo un yerro,
claro está, y el tal esposo,
1150
si era un poco vidrioso,
te había de dar pan de perro.

Constanza
Redondilla
Yo te obligara...

Lope
A encorvarte
si él fuera esposo de veras.

Constanza
¡Ay, Lope! Si tú lo fueras,
1155
yo supiera...

Lope
¿Qué?

Constanza
Enterrarte.

Lope
Redondilla
No es cosa que me está bien.
¡Cuidado, enterrarme a mí!
¡Malos años para ti,
y para todos también!

Vuelve ÍÑIGO a mirar a ABDALÁ.

Íñigo
Redondilla
1160
No se acabó mi pesar.
Vete, Lope.

Abdalá
Ya me ha visto.

Lope
Enterrarme no, ¡por Cristo!,
yo a todos pienso enterrar.

Íñigo
Redondilla
Vete a saber de Leonor.

Lope
1165
La herida te da cuidado.

Íñigo
Vete.

Lope
Allí hay un embozado.

Abdalá
No fue en vano mi temor.

Lope
Redondilla
A hablarse llegan. Aquí
escondido escucharé.

Pónese LOPE entre unos ramos.

Íñigo
1170
¡Abdalá...!

Abdalá
Todo lo sé,
Íñigo, todo lo vi;
Redondilla
ya la respuesta me has dado
sin dármela, mas no ha sido
la que yo me he prometido,
1175
de tu amistad engañado.
Redondilla
Ya te vi con tus favores
puesto en la cumbre de amor,
ya en el cielo de Leonor
te vi con grados mayores
Redondilla
1180
de gloria que tú esperaste;
ya te vi en unión segura,
que el premio de tu hermosura
con su mano confirmaste.
Redondilla
Pero el coral que allí vierte,
1185
la púrpura que derrama,
si no peligra en tu dama,
anuncia tu triste muerte.

Íñigo
Redondilla
Abdalá, corrido estoy
de que podrás presumir
1190
que yo te quise encubrir
lo que llegaste a ver hoy.
Redondilla
Si la respuesta aguardaras
cuando de tu pensamiento
me diste parte, mi intento
1195
ni mi amistad hoy culparas.
Redondilla
Lo mismo que a ver llegaste,
si entonces te respondiera,
sin engaño te dijera;
pésame que lo escuchaste,
Redondilla
1200
que ya no agradecerás
saber la verdad de mí;
antes, como has dicho aquí,
que te engaño pensarás.
Redondilla
Pero la respuesta sea
1205
que a tu prisión volveré,
y que en ella moriré
porque cumplido se vea
Redondilla
el presagio que advertiste
en su mano.

Abdalá
Yo entendí
1210
que el verte dichoso allí,
que el favor que mereciste,
Redondilla
era caudal que juntabas,
si no bien para pagarme,
Íñigo, para mostrarme
1215
la obligación en que estabas.
Redondilla
Si queriendo bien la dieras,
fuera fineza mayor,
porque a no tenerla amor,
en darme a Leonor, ¿qué hicieras?

Íñigo
Redondilla
1220
La libertad recibida,
por gozar de Leonor bella
te estimé, porque sin ella
no había yo menester vida.
Redondilla
Con mayor razón podré
1225
decir que tú me engañaste,
porque, cuando me libraste,
debajo de engaño fue.
Redondilla
Trato es doble, no amistad,
porque, a declararme el precio,
1230
no había yo de ser tan necio
que quisiera libertad.
Redondilla
Sin gusto, di, ¿quién recibe
vida, o quién tenerla quiere?
Que con la vida se muere,
1235
y con el gusto se vive.
Redondilla
Yo no te puedo engañar,
que sin llegarlo a saber,
ni te la pude ofrecer,
ni te la puedo negar.
Redondilla
1240
Pero advierte, aunque otra fuera
la dama, y yo no la amara,
tampoco te la negara,
también te la defendiera.

Abdalá
Redondilla
¿Tú naciste con valor?
1245
¿Tú eres el que te has preciado
de agradecido, de honrado?
¿Tú tienes, Íñigo, honor?
Redondilla
No es posible, no lo creo,
pues cuando ves que aventuro
1250
un reino, y que le aseguro
con este hermoso trofeo,
Redondilla
bárbara resolución
tomas, sin considerar
que hay siempre damas que amar,
1255
y no siempre hay ocasión
Redondilla
en que a un rey obligar puedas.

Íñigo
Mucho, Abdalá, te he sufrido,
y habiéndome conocido,
más obligado me quedas
Redondilla
1260
que yo lo estaba de ti,
pues yo allá no moví el labio
en tu desprecio, en tu agravio,
como tú lo haces aquí.
Redondilla
Y según ya declaraste
1265
en el precio que pediste,
la libertad que me diste
en tu interés la fundaste.
Redondilla
Siendo así, no es amistad;
interés sí, con el oro,
1270
no con la prenda que adoro,
pagaré mi libertad.

Abdalá
Redondilla
¿Ese no es agravio?

Íñigo
No,
que el amigo que lo es ya
nunca vende el bien que da,
1275
ni a imposibles se obligó.

Abdalá
Redondilla
¿En el sagrado fiado
de tu patria hablas así?

Íñigo
Pues si no estuviera aquí,
¿no te hubiera muerte dado?

Abdalá
Redondilla
1280
Villano, ¿tan libre estás
conmigo?

Íñigo
Repórtate,
que te he sufrido, y no sé
si podré sufrirte más.

Abdalá
Redondilla
No respondo a tu locura,
1285
porque espero castigarte
con más rigor y quitarte
que no goces tu hermosura.

Íñigo
Redondilla
Si pudieres, harás bien;
no te enojes.

Quiere ÍÑIGO ir con él.

Abdalá
¡Quita!

Íñigo
Advierte
1290
que yo en salvo he de ponerte,
y he de ir contigo también.

Abdalá
Redondilla
No pases de aquí. Sacarla,
si entre sus brazos está,
de ellos mi valor sabrá.

Íñigo
1295
Yo te prometo guardarla.

Sale LOPE, que ha estado escuchando.

Lope
Redondilla
¡Oigan! ¿Morito encubierto?
Todo el caso he penetrado.
¡Alto! Mi amo, de honrado,
no le ha dado muerte, es cierto.
Redondilla
1300
¿Él no viene por Leonor?
Yo no lo sé; bueno está,
por los pies no se me irá,
yo le quitaré el amor.

Vase. Salen MAUREGATO, ENRIQUE y CRIADOS, de caza.

Mauregato
Canción (canzone)
¿Qué rigor, qué castigo de los cielos
1305
me causa tal pesar, tales desvelos?
¿Quién mi vida condena
a tan rabiosa y dilatada pena?
No hallo parte segura,
sosiego en vano el alma ya procura;
1310
en el gusto, en la mesa, hasta en el sueño,
de un desconsuelo en otro me despeño.
La desdicha mayor carga en mis hombros,
dondequiera que voy, encuentro asombros.
¿Esto es reinar? ¿Para esto, Mauregato,
1315
el reino adquieres con aleve trato?
Pero ¿qué importa el cetro, la grandeza,
donde ya predomina esta tristeza?
O ¿qué descanso el alma se apercibe,
si la conciencia mal segura viva?

Criado
1320
Notable extremo de melancolía.

Enrique
Huye siempre el placer.

Mauregato
¡Mortal porfía!

Enrique
No se rinda, señor, tu pecho fuerte
a exceso tal; tu pena aquí divierte,
si no en la caza, en este campo hermoso,
1325
por su gran variedad más deleitoso.

Mauregato
Hasta el campo, las yerbas y las flores
conjuran contra mí viles temores;
mucho al cielo le ofendo,
pues de mí mismo aquí no me defiendo.
1330
Enrique, ¿yo no reino justamente?
¿No soy hijo de Alfonso, Rey prudente,
a quien renombre eterno da la fama,
que por santo el Católico le llama?
¿No me toca el gobierno de derecho?
1335
¿Qué agravio a Alfonso, mi sobrino, he hecho?
Por la edad y experiencia
¿no hay en mí más valor, más suficiencia
que no en sus tiernos años,
dispuestos a costosos desengaños?

Enrique
1340
¿Quién lo niega, señor?

Mauregato
¿Pues cómo he sido
de todo el reino junto aborrecido?
¿Por qué tirano a voces ya me llaman,
y aun nombre de bastardo, en fin, me llaman?

Enrique
El dolor muchas veces
1345
del tributo, señor, que al Moro ofreces,
causar pudo en el pueblo efectos tales.

Mauregato
Si por ser desleales
y traidores conmigo,
apellidando a Alfonso mi apellido,
1350
me obligan a que amparo al Moro pida,
¿qué mucho que en traición tan conocida
cien mujeres en feudo le ofreciese,
porque del reino posesión me diese?

Enrique
Como es daño común y a muchos toca,
1355
el agravio y dolor sale a la boca.
Ese lugar que miras populoso,
cuyo edificio hermoso,
de aquí poco distante,
de las ruinas del tiempo está triunfante,
1360
hoy parte de este daño ha recibido,
y en suerte le ha cabido
que pierda siete estrellas,
o siete luces nobles las más bellas;
y temo que si llega a ejecutarse,
1365
antes que al Moro puedan entregarse.

Mauregato
¿Qué recelas, qué temes?

Enrique
Que la ofensa
ponga a sus nobles padres en defensa.
Leonor y Elvira, pues, cuya hermosura
participa de aquesta desventura,
1370
hijas de Nuño de Valdés...

Mauregato
Sí.

Enrique
Advierte
que es poderoso, y es contrario fuerte.

Mauregato
Si albricias me pidieras
por tan alegre nueva, las tuvieras,
que Nuño fue también, ya lo he sabido,
1375
de los que al darme el reino han resistido;
y aun recelo que escribe
a don Alfonso, y que en su gracia vive.
No habrá, Enrique, tesoro
que a sus dos hijas libre ya del Moro.
1380
¡Así vengarme de Íñigo pudiera!
Así pluguiera Dios que de él supiera.

Dice dentro LOPE:

Lope
Redondilla
¡Al moro, al moro, zagales!

Dentro:

[Voz dentro]
No se escape por acá,
ver que enamorado está;
1385
demos alivio a sus males.

Abdalá
Redondilla
¡Villanos!

Villanos
¿Todos a él!

Otro
Descansará si le acierto.

Abdalá
¡Qué traición, qué desconcierto!

Lope
No se nos huya el lebrel.

Salen VILLANOS con palos y hondas, tirando a ABDALÁ, LOPE con ellos, y ABDALÁ con la espada desnuda.

Abdalá
Redondilla
1390
¡Vendido me han, oh, traidor
Íñigo!

Lope
Estos son regalos
de tu dama, porque a palos
da también el fruto amor.

Abdalá
Redondilla
Retirado de mi gente,
1395
de un peligro en otro doy;
desdichado en todo soy.

Villanos
¡Dale, Bras!

Otro
¡Tira, Llorente!

Mauregato
Redondilla
¿Qué es aquesto?

Enrique
Unos villanos
que a un hombre siguen.

Mauregato
Llegad.

Llegan los que salieron con el REY a defender a ABDALÁ.

Lope
1400
Leonor, por la voluntad,
te envía este besamanos.

Enrique
Redondilla
Villanos, ¿a un hombre así
dais muerte?

Lope
Emboscada había.
¡Pesia a tanta perrería!

Villanos
1405
¡Huid!

Huyen los VILLANOS, y ENRIQUE detiene a LOPE.

Lope
La empresa perdí.

Enrique
Redondilla
Aguarda tú.

Lope
Disfrazados
con nuestro traje y vestido,
el Moro los ha traído.
¡Oh, perros enmascarados!

Mauregato
Redondilla
1410
Di verdad, ¿qué os obligó
a quererle dar la muerte?

Enrique
Que es el Rey quien te habla advierte.

Lope
¿El Rey? El alma volvió
Redondilla
al cuerpo, que imaginé
1415
que eran todos de su bando.
Cúbrase ABDALÁ el rostro.
Este es un moro nefando,
que, aunque vestido le ve
Redondilla
de nuestra piel, ha venido
a robar una cordera.
1420
Si por tu Alteza no fuera,
ya el lobo hubiera caído
Redondilla
en la trampa.

Mauregato
¿Es verdad esto?
¿Quién eres?

Abdalá
Fuerza ha de ser
que lo llegues a saber,
1425
cuando es ya tan manifiesto.
Redondilla
El yerro que hizo mi amor;
mi intento lograré así.
Escúchame aparte.

Mauregato
Di.

Descubre el rostro.

Abdalá
¿Conósceme ahora, señor?

Mauregato
Redondilla
1430
¡Abdalá, dame los brazos!

Abdalá
Sin descubrirme y nombrarme,
puede Vuestra Alteza honrarme.

Mauregato
¿Tú de esta suerte?

Abdalá
Son lazos
Redondilla
de amor, con que el alma, ciega,
1435
locamente me ha traído
donde un traidor me ha vendido,
y hoy a la muerte me entrega.
Redondilla
Amo a Leonor, hija hermosa
de Nuño, y en fin, tracé
1440
este disfraz, y pensé
con industria cautelosa
Redondilla
poder vencer su rigor,
fiándome de un ingrato;
si has visto su aleve trato,
1445
si has conocido mi amor,
Redondilla
y si el ser quien soy te obliga,
a tus pies humilde pido
que entre el feudo prometido
esta adorada enemiga
Redondilla
1450
se cuente, sin que a entender
llegue mi padre mi error,
que si me das a Leonor,
tu esclavo siempre he de ser.

Mauregato
Redondilla
No tiene dificultad
1455
el habértela entregado;
ya por suerte la ha tocado
el ser tuya.

Abdalá
A esta piedad
Redondilla
le vendré a deber la vida.

Mauregato
Enrique, con suficiente
1460
guarda tu valor intente
desde hoy tener defendida
Redondilla
a Leonor, hasta llegar
a hacer de todas entrega.
Prendan a ese hombre, y si llega...

Abdalá
1465
¡Cómo! ¡Lindo negociar!

Mauregato
Redondilla
¿Quién fue el traidor que le obliga
a esta maldad? Denle muerte.

Lope
Señor, mira, escucha, advierte
que esta canalla enemiga...

Mauregato
Redondilla
1470
Llevadle.

Abdalá
A mí su castigo
me toca, que no se alcanza
con su muerte mi venganza:
yo conozco a mi enemigo.

Mauregato
Redondilla
Tú los castigas.

Lope
Muy bien.
1475
¡Qué zaino el perro me mira!

Enrique
¡Triste Leonor, pobre Elvira,
y triste padre también!

Mauregato
Redondilla
¡Desdichadamente reino,
pues este feudo ofrecí;
1480
grave maldad cometí,
grande afrenta de mi reino!
Redondilla
¡Con qué libertad pidió
a Leonor! ¡Oh dura ley!
¡Vasallo soy, no soy rey!
1485
¡El Moro reina, no yo!

Abdalá
Redondilla
Conmigo te he de llevar;
ven, pues.

Lope
Mi dicha perece:
Rey que a moros favorece
non debiera de reinar.

Vanse. Salen ÍÑIGO y LEONOR.

Íñigo
Redondilla
1490
Prometísteme avisar
hoy con Lope, Leonor mía,
a la hora que podría
ver tu luz, venirte a hablar.
Redondilla
Como no me han avisado,
1495
y ha pasado un siglo entero
sin verte, por verte muero,
y vengo sin ser llamado,
Redondilla
que como soy delincuente,
y allí mi acero atrevido,
1500
la mejor sangre he vertido,
temo algún nuevo accidente.
Redondilla
He pensado, mi Leonor,
mejor a mí me suceda,
que el herido siempre queda
1505
con algún odio y rencor,
Redondilla
aunque estén hechas las paces,
contra el que riñó con él;
no serás tú tan cruel
que esta venganza disfraces.
Redondilla
1510
¿Cómo está la hermosa mano,
que no me atrevo a pedirla
de temor que al recibirla
me muestre el golpe aún no sano?
Redondilla
¿Cómo estás, mi bien?

Leonor
Quejosa.

Íñigo
1515
¡Quejosa! Luego es verdad
que dura la enemistad
de la herida rigurosa.

Leonor
Redondilla
¡Quejosa dije! Enojada.
¿Qué moro vino contigo?

Íñigo
1520
¿Quién te lo ha dicho? Es amigo,
pero eso no importa nada.

Leonor
Redondilla
¿Pues tú te guardas de mí?
Íñigo, Lope escuchó
cuanto con él te pasó.

Íñigo
1525
¿Lope te lo dijo?

Leonor
Sí.

Íñigo
Redondilla
Pésame que lo haya oído,
mas pues lo sabes, Leonor,
es un fiero acreedor
que a ejecutarme ha venido.
Redondilla
1530
Reñimos sobre la paga,
fuese conmigo enojado,
mas si Lope lo ha contado,
no importa que yo lo haga.
Redondilla
Pero si el ser tuyo gano,
1535
asegura ya mi vida,
si escarmentada en la mano,
no se arrepiente la herida.
Redondilla
Sé que tu padre ha partido
hoy a León, cuidadoso
1540
estoy, Leonor, y aun celoso,
pues sé que a casarte ha ido.
Redondilla
Mira que teme mi amor
de mi desdichada suerte,
que he de llegar a perderte
1545
sin ser tu esposo, Leonor.

Sale CONSTANZA turbada.

Constanza
Redondilla
Gente con armas ha entrado,
señora, en tu casa; temo
que es de la desdicha extremo.

Leonor
¡Ay, Íñigo! Si ha trazado
Redondilla
1550
algún traidor tu prisión,
si el Rey a prenderte envía,
si han sabido, ¡ay, suerte mía!,
este estás aquí. La ocasión
Redondilla
huye si me quieres bien.
1555
En ese jardín podrás
entrarte; no aguardes más.
Puerta secreta también
Redondilla
tiene si salir quisieres.
¡Éntrate, por Dios!

Íñigo
Señora,
1560
yo entraré, mas hasta ahora
no hay causa por qué te alteres.

Vase. Sale ELVIRA.

Elvira
Redondilla
¡Leonor!

Leonor
¡Elvira, querida!

Elvira
Toda la casa cercada
está ya de gente armada.

Dice LEONOR a voces, mirando adentro.

Leonor
1565
¡Ay, cielos! ¡Guarda tu vida!

Constanza
Redondilla
Y entran.

Leonor
Íñigo, vete.

Elvira
Mayor mal llego a temer.

Leonor
Mayor, ¿cómo puede ser,
si tu prisión me promete?

Sale ENRIQUE, y SOLDADOS con alabardas.

Enrique
Romance (tirada)
1570
A violar vuestro sagrado,
Enrique forzado entra.
¡Perdonad, hermosa Elvira,
no me culpes, Leonor bella!

Leonor
¡A mi casa, Enrique, vos
1575
con armas venís, ¿qué empresa
acometéis?

Enrique
La mayor,
pues es contra vos la guerra.

Leonor
¿Contra mí?

Enrique
La suerte ha sido,
señoras, no como vuestra,
1580
aunque sí, que a la hermosura
le cabe la menos buena.

Leonor
¿Qué decís?

Enrique
No sé, ni acierto,
que el alma turba a la lengua.

Leonor
Proseguid.

Enrique
Siete deidades
1585
en esta villa se entregan
al moro, y las dos también
entre las siete se cuentan.

Elvira
Mira, Enrique.

Enrique
El Moro, en fin,
es dueño de esta belleza.

Elvira
1590
¡Ay, hermana!

Leonor
¡Elvira amada!

Quedan las dos abrazadas, reclinadas las cabezas sobre los pechos.

Enrique
¿A quién no mata esta pena?
Demos lugar a su llanto
porque el dolor no las venza.
¡Qué rigor!

Constanza
¡Qué desconsuelo!

Enrique
1595
Aguardad todos afuera.

Vase ENRIQUE y los que salieron con él.

Constanza
Señoras, ¡ay, Dios!, señoras.
Apenas vida las deja
el sentimiento. Una espada
dos corazones penetra;
1600
un dolor, un golpe mismo,
sus dos pechos atraviesa.

Vuelven en sí.

Leonor
¡Constanza!

Constanza
Señoras mías,
mi llanto os dará respuesta.

Vase.

Leonor
Elvira, el valor ahora
1605
se ha de mostrar.

Elvira
¿Qué defensa
o qué alivio el alma aguarda
en desdicha que es tan cierta?

Vase. Sale ÍÑIGO, y LEONOR queda suspensa, sin mirar a ninguna parte.

Íñigo
¿Qué temores me combaten,
qué recelos, qué sospechas
1610
asaltan mi triste vida?
Sola está, nadie hay con ella.
Por darte gusto, Leonor,
que el obedecerte es fuerza,
me retiré a ese jardín;
1615
no sé qué causa me mueva,
ni sé qué agravios me siguen,
que aunque tú aquí me aconsejas
que me vaya, no he podido;
solamente he hallado puerta
1620
para volver a tus ojos.
Leonor, ¿qué enigmas son estas?
¿No me hablas, no me respondes?
¿Tus claras luces me niegas,
Leonor?

Leonor
No siento el agravio,
1625
ni es bien que yo me prometa,
que hay alma capaz en mí,
pues libre la razón queda,
para saber discurrir,
que en el mal que me atormenta,
1630
no morir es gran delito,
la vida es mayor ofensa.

Íñigo
¡Leonor!

Leonor
Vivir cuando pierdo
mi patria, mi amada tierra,
mi padre, mi propio ser,
1635
y a un esposo que me espera,
que le adoro y que me estima,
no es sentir; bastante prueba
es de que el seso he perdido
o que ya en vida estoy muerta.

Íñigo
1640
¡Leonor, tú sin responderme,
arrebatada, suspensa,
contra la imaginación,
convertida el alma en piedra!

Respóndele riéndose.

Leonor
Íñigo, ¿tú estás aquí?
1645
¡Ah, rigor, ah, dura estrella!
[Aparte.]
(Este pesar me faltaba.
A un tiempo mismo concierta
mi desdicha tantos males...
Ahora sí que ya es fuerza
1650
o morir, o enmudecer,
o no sentir si es prudencia.)

Íñigo
¡Tú, de esta suerte, Leonor!
Sin duda que me desprecias.

Leonor
Íñigo, pues ¿no te fuiste?
1655
(¡Oh, si excusarle pudiera
la muerte que yo padezco,
sin que mi desdicha entienda!)

Íñigo
¿En qué te ofendí?

Leonor
(¡Ay, amor,
apaga aquí tus centellas,
1660
tus llamas de nuevo enciendan!)
¿Quiéresme hacer un placer?

Íñigo
¿Qué me mandas?

Leonor
Que te vuelvas.
Vete, y no preguntes más.

Íñigo
¿Qué causa?

Leonor
No te detengas;
1665
Íñigo, abrázame y vete,
que importa que no lo sepas.

Íñigo
¿Tú lágrimas, Leonor mía,
tú el lienzo bordas con perlas,
tú lloras, y a tus dos soles
1670
velo opones de tristeza?

Leonor
No, mi bien, no lloro yo.
[Aparte.]
(¡Que es tan forzosa esta ausencia
y que no le he de ver más!
¡Que esté el perderle tan cerca!
1675
¿No me has de ir a ver, señor?)

Íñigo
¿Qué dices?

Leonor
(¡Oh, si pudiera
librarme yo a mí de mí!
¡Mucho sufro, gran paciencia!
Íñigo se queda acá;
1680
yo, entre bárbaros sujeta,
padeceré sin remedio.
Él se olvida, y la presencia
de otra dama le entretiene;
él la sirve y la festeja.
1685
Ella, hurtándome la dicha,
con sus favores le alienta,
y la mano que era mía,
de esposo otra vez le entrega.)
Íñigo, ¿hasta de casar?

Íñigo
1690
¡Cielos! ¿Qué es esto?

Leonor
¡Oh, qué necia
anda mi memoria aquí,
pues tantas cosas me acuerda!

Íñigo
Oye.

Leonor
Abrázame. Adiós.

Íñigo
Señora, escuchadme, espera.

Leonor
1695
Íñigo, me voy.

Íñigo
¿Adónde?

Leonor
No me voy yo, que me llevan;
otra vez me da tus brazos.

Vuelve a salir ENRIQUE y las guardas.

Enrique
Señora Leonor, ya es fuerza
que vuestra casa dejéis,
1700
y que el orden se obedezca
del Rey.

Íñigo
¿Qué es esto, Leonor?

Leonor
¿No lo ves? ¡Me llevan presa!

Íñigo
Turbarse, llorar, no hablarme,
tantas lastimosas muestras...
1705
¡Válgame Dios, verdad es,
a Leonor al Moro entregan!

Enrique
Íñigo es este; él la amaba.
¡Fiero trance, mortal queja!

Leonor
Íñigo, si bien me quieres,
1710
Leonor es quien te encomienda
la vida de un padre triste;
muéstrale en mirar por ella.

Íñigo
Y en morir.

Leonor
Íñigo, adiós.

Vase.

Íñigo
Leonor, el pecho revienta.

Dentro.

Leonor
1715
Adiós.

Íñigo
Aguardad; volved
contra mí las armas fieras.

Vase, sacando la espada.

Jornada III

Sale ÍÑIGO furioso, con la espada desnuda.

Íñigo
Canción (canzone)
¿Las puertas me cerráis? ¿Me atáis las manos?
¡Abrid aquí, villanos,
dejad que en mal tan fuerte
1720
halle salida, y buscaré mi muerte!
¡Abrid, no me obliguéis a que yo mismo,
en el confuso abismo
de mi tormento fiero,
entregue el pecho al filo de mi acero!
1725
Permitid que mi vida desdichada,
menos desesperada,
honroso fin intente;
ved que me mataré afrentosamente.
¡Abrid, cobardes, que dobláis la injuria,
1730
y aumentando mi furia,
crece vuestro castigo!
Más fuerzas cobrará vuestro enemigo
si a solas le dejáis con sus desvelos.
¿Poder de amor y celos
1735
no teméis? Poco valgo,
pues no rompo las puertas, pues no salgo.

Hace ruido como que derriban la puerta, y salen ABDALÁ y CRIADOS, que le detienen.

Abdalá
Repórtate, reprime el furor ciego,
que yo a estorbarte llego
la salida. Yo he sido
1740
quien la muerte que buscas te ha impedido,
que viendo que escucharme no podías,
y que a morir salías
loco y desesperado,
por mi orden las puertas han cerrado.

Íñigo
1745
¡Apártate!

Abdalá
Tanto, Íñigo, te quiero...

Íñigo
En las adversidades
se muestran las finezas y amistades.

Abdalá
Que si yo, amante ciego, la adorara,
y en su amor me abrasara,
1750
como no precediera
la causa que ya sabes, te la diera.
Por excusar así mayor exceso,
entre estas puertas preso
previne que estuvieses,
1755
porque otra vez la vida me debieses.

Íñigo
¿Esto es lo que decirme prevenías?
¿Para esto me querías?
¿Tú piadoso conmigo?
¿No me das a Leonor, y eres mi amigo?

Sale LOPE.

Lope
Redondilla
1760
Un mar de penas navego;
todo es confusión y espanto;
en cualquier casa está el llanto,
en ninguna hallo sosiego.

Íñigo
Redondilla
Pues, Lope, ¿qué es esto? Espera.

Lope
1765
¡Ay, Íñigo desdichado!
Elvira y Leonor han dado,
sin duda, a una muerte fiera
Redondilla
sus pechos tristes.

Íñigo
Advierte...

Lope
Las llaves y armas quitando,
1770
con cautela asegurando
dos guardas, a quien dan muerte
Redondilla
sin querer abrir.

Íñigo
¡Ay, cielos,
qué fiera resolución!
¡Suspende la ejecución!
1775
¡No rompáis diáfanos velos!
Redondilla
No hay duda, muerte han de darse.
¡Detente, escucha, Leonor!

Abdalá
Mi intento, ¡fiero rigor!,
temo que no ha de lograrse.

Lope
Redondilla
1780
¡Ay, Dios, también han cargado
con mi Constanza! Mas ella
nunca pecó en ser doncella;
los perros se han engañado.

Vanse. Salen ELVIRA con una alabarda, LEONOR con una espada desnuda, y las demás que pudieren.

Leonor
Redondilla
A la más valiente acción,
1785
al blasón de mayor nombre,
al más heroico renombre
nos llama ya la ocasión.
Redondilla
A dos guardas muerte dimos,
llaves y armas les quitamos,
1790
en ellas solo fundamos
la libertad que perdimos.
Redondilla
No hay padre, amigo o pariente
de quien esperar favor,
que el mismo Rey, ¡qué rigor!,
1795
para estorbarlo, con gente
Redondilla
y armas a la mira está,
que es tanta su tiranía,
que este desdichado día
de fiesta le sirve ya.
Redondilla
1800
Él mismo a ver ha venido
la misma infamia que emprende;
él mismo, en fin, que nos vende,
vernos llevar ha querido.
Redondilla
Pocas horas pasarán
1805
sin que el Moro sea señor
de nuestras vidas y honor,
de que posesión le dan.
Redondilla
A ser esclavas serviles
nos llevan; nuestra belleza
1810
triunfo es ya de la torpeza;
a ser concubinas viles
Redondilla
del Moro injusto vais ya.
Allí aguardan los tiranos;
aquí, solo en vuestras manos
1815
y en estas armas está
Redondilla
el ser suyas o el ser vuestras;
el honor, la vida, el ser
y el alma vais a perder.
Aquí, pues, bizarras muestras
Redondilla
1820
manifestando el valor;
aquí, pues, amigas caras,
bañando en sangre las aras
soberanas del honor,
Redondilla
es bien que sacrifiquéis
1825
las almas nobles en ellas,
pues veis que vais a perdellas.
¿Qué decís? ¿Qué respondéis?
Redondilla
¿No habláis? ¿Os turbáis? ¿Dudáis?
Elvira, Mayor, Constanza,
1830
Estela, Sol, Esperanza,
¿qué es esto? ¿Teméis, lloráis?
Redondilla
Vivid, pues, infamemente,
guardad la vida afrentosa,
que yo sola aquí, gloriosas,
1835
veréis que...

Elvira
Leonor, detente,
Redondilla
que en nombre de todas yo
te respondo que este llanto,
que esta suspensión o espanto,
de la admiración nació,
Redondilla
1840
del contento ha procedido,
del gusto que el alma ha hallado
solo de haberte escuchado.

Constanza
Cada pecho, agradecido
Redondilla
a tu consejo se muestra;
1845
cada mano, con valor
sabrá seguirte, Leonor.
¡Gloriosa muerte la nuestra!

Otra
Redondilla
Pequeña hazaña es perder
la vida

Elvira
Corto blasón
1850
viene a ser que el corazón
llegue la sangre a verter.

Leonor
Romance (tirada)
A mayor empresa os llama
la ocasión; la muerte fiera,
darnos muriendo pudiera
1855
menos gloria, menos fama.

Dice ÍÑIGO dentro, dando muchos golpes.

Íñigo
Redondilla
Íñigo llama, Leonor;
responde, mi bien, señora,
no mates a quien te adora;
abre, por Dios, si mi amor
Redondilla
1860
pudo algún tiempo obligarte.

Leonor
¡Cielos, Íñigo!

Íñigo
Abre presto,
mira que está ya dispuesto
el modo para librarte.

Leonor
Redondilla
¡Ay, amor!

Íñigo
Escucha, advierte...

Leonor
1865
Si es verdad, ve a abrir, Elvira.

Elvira
Leonor, que es engaño mira
para estorbarnos la muerte.

Leonor
Redondilla
Es, sin duda; mas si él llama...

Elvira
Morir antes es mejor.

Leonor
1870
¡Venga el valor, muera amor!
¡Viva eterna nuestra fama!

Vanse. Salen ÍÑIGO, LOPE, ABDALÁ y todos los demás que pudieren.

Íñigo
Redondilla
¡Elvira, Leonor, esposa,
bien mío!

Lope
¡Si están ya muertas!

Íñigo
¡Abrid, derribad las puertas!

Abdalá
1875
¡Qué ocasión tan lastimosa!

Íñigo
Redondilla
Responded.

Leonor
Tarde has llegado,
Íñigo, no es tiempo ya.

Íñigo
¡Ah, Leonor, mira que está
tu rescate concertado!
Redondilla
1880
Abre, pues, Leonor querida.

Elvira
Del poder de los tiranos
nos librarán nuestra manos.

Íñigo
¡No, por Dios, guarda tu vida!

Abdalá
Redondilla
A lo alto de la torre
1885
se han asomado.

Leonor
Escuchad.

Íñigo
Albricias, alma. ¡Oh, piedad
con que el cielo me socorre!

Salen a lo alto de una torre ELVIRA, LEONOR y las demás, cada una con su banda, puestas en ellas las manos izquierdas.

Leonor
Octava real
Hidalgos nobles de esta villa triste,
ricoshombres y padres desdichados,
1890
en quien el llanto y la tristeza asiste,
a un bárbaro precepto ya postrados;
pueblo infeliz, que sin defensa diste
al olvido blasones tan honrados,
cuya cerviz indómita y valiente
1895
a la infamia mayor baja la frente.
Octava real
Escuchad, advertid, estadme atentos,
ya que humildes pagáis viles tributos,
sin que antigua nobleza os haga exentos;
ya que rendís los más preciosos frutos;
1900
ya que no resistís bajos intentos;
ya que corta el dolor fúnebres lutos,
y ya que goza el Moro de esta palma,
y vuestras hijas arrancáis del alma,
Octava real
oíd, oíd. Las fuerzas del contrato,
1905
las condiciones y las leyes fueron
cuando firmó esta afrenta Mauregato,
cuando estas parias torpes se impusieron,
fue condición, en fin, fue ley, fue trato,
con que este fuero infame establecieron,
1910
que de hermosura y sanidad constasen
las vírgenes que al Moro se entregasen;
Octava real
la salud, el adorno, la entereza
y las partes que a un cuerpo hacen hermoso;
sin salud, sin ornato, sin belleza,
1915
triunfos ya del dolor más lastimoso,
despojos son del llanto y la tristeza,
si bien en cada brazo más glorioso
se descubre el valor, y más ufano
viene a quedar el brazo sin la mano.

Saque de la banda el brazo sin mano con sangre.

Elvira
Octava real
1920
Seguros desengaños os presenta
el rojo humor, que, en venas dividido,
los vitales espíritus alienta;
el caudal a la vida repartido
del corazón, la fuerza que alimenta
1925
al alma, en fin, pues solo ha resistido
la fábrica del cuerpo milagrosa
en la sangre que veis verter copiosa.
Octava real
Aún no está suspendida la creciente,
aún no están las corrientes agotadas.
1930
Nada podéis en el raudal presente,
que las venas no están cicatrizadas;
cada brazo sin mano es una fuente,
de quien al suelo bajan desatadas
las sartas de granates más preciosos,
1935
los brazaletes de rubíes hermosos.

Constanza
Octava real
El filo de un acero nos ampara,
el golpe de una espada nos defiende,
la sangre que a las venas desampara,
de que a las siete ya no comprehende,
1940
el tributo cruel firma, y declara
nuestro valor; la libertad nos vende,
y nuestras mismas manos, siendo mancas,
libres del Moro ya, nos hacen francas.

Elvira
Octava real
Mancas las siete estamos; vuestros fueros,
1945
moros, no quebrantéis; pedid que sea,
como deben y suelen ofreceros,
cabal el feudo, sin que en él se vea
el estrago mayor, los golpes fieros
que la una mano en otra mano emplea,
1950
porque, a no mejorarse nuestra suerte,
aún quedan manos para darnos muerte.

Íñigo
Romance (tirada)
¡Qué exceso tan lastimoso!

Abdalá
¡Valor y esfuerzo notable!

Lope
Penélopes y Lucrecias
1955
y cuantas Porcias pensaren
llegar a esta hazaña, mienten.

Íñigo
¿Qué he visto? ¡El dolor me acabe!

Abdalá
¿Qué miro? ¡Ah, cruel desdicha!
Las manos, por no entregarse,
1960
por librarse, se han cortado;
nuevos blasones levante
la fama, y en nombre eterno
contra el olvido los guarde.
¡Abrid, las puertas romped
1965
antes que se aumenten mares,
antes que crezcan diluvios
de la más valiente sangre!

Leonor
Pues ¿mancas piensas llevarnos?

Abdalá
Sí, mancas os quiero; honrarse
1970
podrá el Moro a quien la suerte
de ser vuestro le tocare;
así mancas os queremos.
¡Abrid, que mujeres tales
sin manos se han de adorar,
1975
erigiéndolas altares!
¡Derribad las puertas presto!

Vase.

Leonor
No las derribéis; las llaves
tomad, que aún valor nos queda,
Arroja las llaves; ÍÑIGO las levanta.
que engendra fuerzas bastantes
1980
para daros muchas muertes,
pues hay hombres tan infames
que os escuchan, que os consiente
que blasonéis arrogantes.

Elvira
¡Entrad, pues, que con los dientes,
1985
cuando las manos nos falten,
os hemos de hacer pedazos
a vosotros, más cobardes!
Por cada mano perdida,
por cada gota que sale
1990
de sangre, una furia crece,
un rayo en el pecho nace.

Leonor
¡Venid a ver, hombres viles,
las mujeres más constantes
que sustentan el valor
1995
que en vosotros muerto yace!

Vanse.

Íñigo
¿Es posible que las manos
de unas mujeres infamen
vuestro nombre, y que las nuestras
no las libran de este ultraje?
2000
¿Para cuándo es nuestra vida?
¿Para cuándo ha de guardarse
el entregarla a la muerte,
si ahora en tan fiero trance
no la perdemos, si ahora
2005
no hay quien esta causa ampare?

Todos
¡Mueran los bárbaros!

Otro
¡Mueran!

Lope
¡A ellos. Ninguno se escape!

Tocan cajas, y vanse, sacando todos las espadas. Salen MAUREGATO, ENRIQUE y SOLDADOS.

Mauregato
Redondilla
No me aconsejes.

Enrique
Advierte
que es peligro conocido,
2010
y más si el pueblo ha sabido
ya la desdichada muerte
Redondilla
de su noble padre.

Mauregato
Espera.
¿Nuño de Valdés murió?

Enrique
Ausente estaba; hoy llegó,
2015
y al darle nueva tan fiera,
Redondilla
en sabiendo que perdía
sus dos hijas, sin hablar
rindió la vida al pesar.
Tal fue el dolor que sentía.

Mauregato
Redondilla
2020
Nunca pensé ya sentir
su muerte; hoy llego a saber,
Enrique, y a conocer
cuánto me cuesta adquirir
Redondilla
este reino, y cuánto cuesto
2025
a los que su rey me llaman.
Bien de tirano me infaman,
ya mi culpa manifiesto.
Tocan cajas.
Redondilla
¿Escuchas cajas de guerra?

Enrique
Sí, señor.

Mauregato
Bien he temido.
2030
Acierto el venir no ha sido.

Enrique
Sin duda en arma la tierra,
Redondilla
negando el tributo.

Mauregato
¡Ay, cielo!
Desdicha, Enrique, será.
Llegad presto.

Enrique
Oye, que ya
2035
mayor el riesgo recelo.

Mauregato
Redondilla
¡Acometed, ah, traidores!
¡La muerte a todos daré!

Vanse. Salen SOLDADOS acuchillando a ABDALÁ; ÍÑIGO le defiende.

Íñigo
A que la vida te dé
me obligan causas mayores.
Redondilla
2040
¡Apartad!

Abdalá
Mayor victoria
me dará la muerte aquí;
no quiero vida por ti,
ni que alcances esta gloria.

Íñigo
Redondilla
Pues ¿este premio merece
2045
quien te defiende? ¿Es blasón?

Abdalá
Vida contra la opinión,
solo al infame se ofrece.

Íñigo
Redondilla
Ya la deuda te he pagado
con defenderte y guardarte
2050
cuando pude muerte darte,
cuando tú muerte me has dado.

Abdalá
Redondilla
Pues yo, si lícito fuera,
por no llegar a deberte
la vida, tirana muerte
2055
hoy con mis manos me diera.

Salen ELVIRA y las demás con las espadas desnudas, la una mano puesta en la banda, como antes, y salgan acuchillando al REY y a ENRIQUE.

Enrique
Redondilla
Ved que está aquí el Rey, señora;
templad tan fieros extremos.

Elvira
Del pecho te sacaremos
esas entrañas traidoras.

Mauregato
Redondilla
2060
¿Qué intentáis?

Leonor
Nuestro blasón
mayor se funda en tu muerte.

Enrique
Que es Leonor, señor, advierte.

Mauregato
¡Cielos, qué gran confusión!

Íñigo
Redondilla
Leonor es; este pesar
2065
solo faltaba a mi vida.
¡Detente, Leonor querida!

Leonor
Tu maldad se ha de acabar.

Mauregato
Redondilla
Pues a vuestro Rey, ¿por qué...?

Leonor
Si lo ignoras...

Mauregato
¡Rigor fiero!

Leonor
2070
La causa advertirte quiero;
escucha, y te la diré.
Romance (tirada)
Sin duda permite el cielo
que encontrando aquí contigo,
sino para ejemplo tuyo,
2075
para que dentro en ti mismo
tu confusión te dé muerte,
tu conciencia sea el martirio,
que a ver en nosotras llegues,
cara a cara tu delito.
2080
¿Qué furia te ha dado el ser?
¿De qué fiera o monstruo impío
fuiste parto portentoso,
fuiste estupendo prodigio?
Pues como fiera espantosa
2085
arrancas los dulces hijos
de los pechos de la madre,
rigor en hombre no he visto.

Elvira
Tu reino fundas, ¡oh, Rey,
el más triste, el más indigno
2090
que justamente alcanzó
tan soberano apellido!
Tu reino estableces, pues,
en dar a los enemigos
armas que ensanchen su imperio,
2095
fuerzas que le hagan más rico;
tu corona fundas, Rey,
en ser, ¡qué grave delirio!,
ave rapante que llega
a turbar el caro nido
2100
de las cándidas palomas,
entre simples pajarillos,
las más castas, las más puras,
negándolas el abrigo
de las paternales alas,
2105
noble amparo, firme asilo,
que les da ser, el sustento
comunicando a sus picos.
Sobre esta torpe maldad,
¿tu reino puede estar fijo?
2110
Este agravio, ¿puede ser
Atlante del señorío
que gozas? No, Mauregato;
prevarican tus sentido.
Locura es bien manifiesta,
2115
algún letargo has bebido.

Constanza
Dar a los moros mujeres,
sujetar a su dominio
vírgenes que haces esclavas,
la menor violencia ha sido.
2120
Derribar almas del cielo,
que el lavacro del bautismo
las ofreció, hacer que tuerzan
del soberano camino
los pasos que a Dios las guían,
2125
y que en oscuros abismos
truequen la luz que tuvieron,
efectos son conocidos
del padre de las tinieblas,
del que muros diamantinos
2130
del cielo escalar pretende,
del que en su ciencia perdido,
la gloria que iba ganando,
en solo un instante quiso
quitársela a sí, y quitarla
2135
a ejércitos que deshizo
de inteligencias hermosas.
Luzbel eres, ya lo he dicho.

Leonor
¿Quieres ver el mal que causas,
los rigores, los castigos
2140
que a tu triste reino ofreces,
las congojas, los suspiros
que a tus vasallos ahogan?
¿Quieres ver de vengativos
rigores la mayor fuerza,
2145
el más lastimoso aviso?
Mi padre, ¡ay, cielos!, que fue
rayo del blasón morisco,
pues tantas veces postró
a sus pies tu cuello altivo;
2150
mi padre, cuyo valor
deja ya en bronces esculpidos
sus hechos, sin que jamás
borrarlos pueda el olvido;
mi padre, pues, en sabiendo
2155
que le niegas este alivio
a su vida, y que a sus años
quitas el más noble arrimo,
su valor rindió a la muerte,
matole el dolor; indicio
2160
claro de la pena fiera
que a los demás ha cabido.
Y aún no es este todo el daño,
aunque es el daño infinito.

Elvira
Por no entregarnos al Moro,
2165
juntas las siete ofrecimos
siete manos, las más fuertes,
al duro golpe de un filo.
No lo dudes, vuelve a ver
siete abonados testigos;
2170
los manojos de jazmines
son ya morados jacintos;
las cándidas azucenas
se han vuelto cárdenos lirios.

Mauregato
Redondilla
Reportaos, que libre ya
2175
del feudo las siete dejo;
fuerza es mudar de consejo;
en su lugar, Abdalá,
Redondilla
escoger puedes.

Leonor
¿Qué espera?
¡Cómo! ¿Abdalá, y escoger?

Elvira
2180
Pues ¿puedes tú defender
que él a nuestras manos muera?

Mauregato
Redondilla
Pues libres ya, ¿qué pedís?

Leonor
Que des libertades francas
a esta villa, y que Simancas
2185
se llame.

Mauregato
Como decís,
Redondilla
franca, exenta y libre quede
de feudo y pechos, y el nombre
que os da tan alto renombre,
desde hoy honrarla puede.

Lope
Redondilla
2190
¡Bien le aprieta!

Mauregato
¿Pedís más?

Lope
Que a Íñigo...

Mauregato
Perdonado
está.

Leonor
Sus rentas y estado
vuelvas.

Mauregato
Segura podrás
Redondilla
hacerle tu digno esposo;
2195
yo le perdono, y le doy
nuevas rentas. Desde hoy
llega Íñigo a ser dichoso.

Íñigo
Redondilla
Tuyo soy.

Mauregato
Elvira, aquí
Enrique tu dicha aumenta.

Enrique
2200
Nuevas glorias me acrecienta.

Lope
Constanza me toca a mí.

Mauregato
Redondilla
Las demás prometo honrar.

Íñigo
Y esta villa, siete manos,
por trofeos soberanos,
2205
podrá en sus armas grabar,
Redondilla
cuyas expansiones francas,
perpetuando su nombre,
de siete mancas renombre,
la eternicen de Simancas.

FINIS