Salió el rey Fernando, a quien
2345
apellida santo España,
de Jaén después de misa,
un martes por la mañana.
Dejó a don Ordoño Ordóñez
por gobierno de su casa,
2350
haciendo un vistoso alarde
a la segunda jornada
de lo mejor de Castilla,
de Aragón y de Vizcaya,
de Galicia y Portugal,
2355
de León y de Navarra.
Iba la famosa Reina
de la gran casa de Francia,
Joana en nombre y en valor
y no menos Joana en gracias;
2360
Alfonso, hermano del Rey,
que llevaba la vanguardia;
don Enrique y los maestros
de Santiago y Calatrava,
don Diego López de Haro,
2365
don Nuño Manrique y Lara,
don Gutierre, vuestro deudo,
y Garcipérez de Vargas;
los Guzmanes y Toledos,
Acuñas, Cerdas, Peraltas,
2370
Castros, Sandovales, Rojas,
Enriques, Cabreras, Arias,
Pimenteles, Bobadillas
y otros mil de varias castas,
que en el ejército apenas
2375
se divisaban sus armas.
Tan gran confusión hacían,
que así nuestra vista para
como los prados del Betis
cuando abril les muestra el alba.
2380
Campos de trigo parecen
las multitudes de lanzas,
cuando el manso viento ondea
las espigas y las cañas.
Marchaban con tal concierto
2385
carros, bagajes y cargas,
que todos parece que iban
danzando al son de las cajas.
Llega Fernando a Carmona,
sus campos destruye y tala;
2390
Alcalá de Guadaíra
se le rinde y avasalla;
gana el buen Rey de camino
a Sirena y Cantillana,
y pasa a Guadalquivir
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sobre juncias y espadañas.
Apenas trece galeras
tiene el cristiano acabadas,
cuando de Tánger y Ceuta
treinta ocupan las dos playas.
2400
Véncelas Rodrigo Flores,
y, después de cosas varias,
pone Fernando su campo
en el campo de Tablada.
Allí fue donde volvió
2405
Garcipérez el de Vargas
por la cofia entre los moros
y la cobró sin batalla.
Ganó don Pelayo a Gelves
con don Alonso de Anaya,
2410
y con Macarena fue
Benaljofar saqueada.
Quisieron quemar la flota
los moros riñendo en Cabra,
pero dejaron mil vidas
2415
entre los bordes y jarcias.
El valiente Garcipérez
y yo, si no es arrogancia
igualarme a su valor,
ganamos cuatro batallas,
2420
que te juro por Dios vivo
que a ningún brazo y espada,
sino a la de Garcipérez,
pude confesar ventaja.
Fernando, al fin, como viese
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que la puente de Triana
a los moros defendía,
determinó de quebralla;
armadas naves famosas
con dos cruces en las gavias
2430
y con las velas tendidas
cadena y puente quebranta;
y, a pesar de las ballestas,
los trabucos y bombardas,
cercó a Triana el castillo,
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dando su real palabra
de no alzar mientras viviese
el cerco por hambre o falta
de gente; y así los moros
determinaron de darla
2440
después de varias consultas;
temieron sus amenazas,
temiendo, al primer combate,
entregar el fuerte Alcázar.
El gran Miramamolín,
2445
rey de Persia y el de Arabia,
la mitad darle quería
del tributo y de las parias;
mas no aceptándolo el Rey,
que les deje, le demanda,
2450
derribar la gran mezquita
con la torre ilustre y alta.
Mandó el Rey que a don Alonso,
su hijo, que hereda a España,
le pidiesen la respuesta,
2455
y él dijo tales palabras,
que por un ladrillo solo
que a la mezquita faltara,
cien mil vidas quitaría,
tanto a Sevilla estimaba.
2460
Diéronse, en fin, a partido,
y el de Calatrava, en guarda,
desde Sevilla a Jerez
trescientos mil moros saca.
Hizo Fernando en Sevilla
2465
su felicísima entrada
con solemne procesión,
regocijo y luminarias.
Hizo la mezquita iglesia,
Santa María se llama,
2470
dijo el de Toledo misa
en hacimiento de gracias.
Decirte sus edificios,
calles, jardines y plazas,
sus muros y torres fuertes,
2475
sus fosos y barbacanas,
sería contar la arena
y medir el aire a varas.
Basta decir que es Sevilla
y que es santo el que la gana.