Félix Lope de Vega y Carpio Lope de Vega y Carpio, Félix

DEL MONTE SALE




Texto utilizado para esta edición digital:
Lope de Vega i Carpio, Félix, Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia española (nueva edición). Obras dramáticas tomo II, Emilio Cotarelo y Mori (ed.), Madrid, Rev. de Arch., Bibl. y Museos, 1916.
Adaptación digital para EMOTHE:
  • Martínez Fernández, Ángela (Artelope)

Elenco

FELICIANO
MÚSICOS
NARCISA
TIRSO
JUANA
CELIA
CLARA
REY
MAURICIO
ROSELO
LEONELO
ROBERTO
GOBERNADOR
MARQUÉS
JULIO

Acto I

(El conde Enrique, con gabán y una cayada, Feliciano y músicos.)

CONDE
Redondilla
Aquí, cantad.

FELICIANO
Un lugar,
deshonor de su horizonte
que en la nieve deste monte
parece pardo lunar,
Redondilla
5
en cuyos cabellos canos
comienza el alba a reír,
tiene quien merezca oír
instrumentos cortesanos;
Redondilla
gran ofensa a tu decoro.

CONDE
10
¿No suele naturaleza
entre mayor aspereza
criar una mina de oro?
Redondilla
Y ¿no suele, artificiosa,
fea y tosca por defuera,
15
en una concha grosera
criar una perla hermosa?
Redondilla
No produce un verde espino
la corona de las flores,
que en hermosura y colores
20
tiene el imperio divino?
Redondilla
Pues ¿qué mucho que esta aldea,
planta desta selva umbrosa,
tenga una perla, una rosa,
y una mina de oro sea?
Redondilla
25
Vive este monte Narcisa,
sirena en su verde mar,
de cuyo dulce mirar,
de cuya graciosa risa,
Redondilla
cuando sus celajes dora
30
con el primero arrebol,
tiene que envidiar el sol,
tiene qua imitar la aurora.
Redondilla
¿No la adorna el cielo acaso
de tantas gracias infusas?
35
Pues bien sabéis que las Musas
viven el monte Parnaso.
Redondilla
Semíramis ¿no salió
de un monte a tan gran corona?

FELICIANO
Confieso que en su persona
40
el cielo depositó
Redondilla
partes y gracias notables
dignas de mayor sujeto;
pero no que a lo discreto
en cosas de veras hables.
Redondilla
45
Bien me agrada que entretengas
tu destierro de la Corte,
mas no que a cosa que importe
con tanto cuidado vengas.
Redondilla
Que ya parece que pasa
50
de justo entretenimiento.

CONDE
Si obliga su entendimiento
como su hermosura abrasa;
Redondilla
si el amor no es calidad,
sino igualar voluntades,
55
¿que importan desigualdades?
Narcisa es reina. Cantad.

MÚSICOS
Redondilla
"Fuente, si se viere en ti,
para tocarse, Narcisa,
su mismo nombre la avisa
60
que se ha de guardar de sí."

(NARCISA en una ventana.)

NARCISA
Redondilla
Aunque me alegra el oír,
Conde, mi señor, cantar,
más el oíros hablar.
Perdonadme interrumpir
Redondilla
65
la cortesana canción,
que no porque no la entiendo
sus dulces versos ofendo,
que, en fin, como vuestros son.
Redondilla
También quiero agradeceros
70
el estilo y las mercedes
con que honráis estas paredes,
aunque es todo entreteneros.
Redondilla
Si os obligan las costumbres
en tan ociosos espacios
75
a que os parezcan palacios
estas ahumadas techumbres,
Redondilla
¿en qué dorado balcón
os parece que me veis?

CONDE
En el del alba, que hacéis
80
con tan propia imitación
Redondilla
aquella raya oriental
por donde con tal belleza
asoma el sol su cabeza.
Con la diadema imperial,
Redondilla
85
palacios, Narcisa bella,
afectan autoridades
que es bien que las majestades
siempre se sirvan con ella.
Redondilla
Pero es aquí la hermosura
90
la que da la autoridad
fabricando en la humildad
espaciosa arquitectura.
Redondilla
Allá, rejas y balcones
hacen las personas graves;
95
aquí, tus ojos suaves
y divinas perfecciones.
Redondilla
No he sosegado hasta verte.
La música fue invención
para hablarte en ocasión
100
que menos pueda ofenderte.
Redondilla
¿Quieres que me acerque más?

NARCISA
Bien puedes; mi padre duerme.

(Tirso, villano, con una capilla y una espada.)

TIRSO
¿Adónde voy a perderme?
Tirso, ¿dónde diabros vas?
Redondilla
105
No es competencia querer,
sino villana osadía,
igualarse a un señoría
labrador que araba ayer.
Redondilla
Pero yo sirvo mi igual,
110
y este Conde, o condenado,
es en pretender culpado
un amor tan desigual.
Redondilla
Mas son señores; ¿qué quieres,
Tirso? Tú a casarte vas
115
y ellos no, porque los más
suelen comer las mujeres
Redondilla
como dátiles, si igual
no es la sangre a la belleza,
que se comen la corteza
120
y echan las almas a mal.
Redondilla
El diabro le trujo aquí;
nunca el Rey le desterrara,
porque como no le habrara
no hiciera caso de mí.
Redondilla
125
Pues no fíes en su amor,
que solo comer procura
la corteza a tu hermosura
y echarte a mal el honor.
Redondilla
¿Para qué la espada quiero,
130
pues solamente ha servido
de qué me hubiesen tenido
los perros por forastero?
Redondilla
No me aprovechaba hablar
con muchos que conocí,
135
que más me muerden a mí
por ser del propio lugar.
Redondilla
La capa me desgarraron,
y no han sido desvaríos
porque de pedazos míos
140
más de dos se aprovecharon.
Redondilla
¡Cuáles traigo los brebiescos!
¡Hechos una criba están!
Mas, no importa, que serán
para el verano más frescos.
Redondilla
145
¡Ah, celos! ¿Qué me queréis?
¡Voto al sol, que están aquí!
¡Si me sienten, ay de mí,
que son más de ochenta y seis!
Redondilla
Mas puédeme consolar
150
que es morir ventura al doble
a manos de gente noble
que de perros del lugar.

FELICIANO
Redondilla
¿Quién va?

TIRSO
(¿No lo dije yo?)

FELICIANO
¿No responde?

TIRSO
(Este me espeta
155
porque sabrá alguna treta,
y yo no.)

FELICIANO
¿Quién va?

TIRSO
¡Jo, jo,
Redondilla
jo! digo; verá el rodeo.
Desvíese del pollino,
señor, que voy al molino.
160
¡Arre aquí!

FELICIANO
Yo no le veo.

TIRSO
Redondilla
¿Que no le ve? Pues yo sí.

FELICIANO
¿Pullas, villano ? —Señor,
ya la gente de labor
al campo va por aquí.
Redondilla
165
Mira que te pueden ver.

CONDE
Hermosa Narcisa, adiós.

NARCISA
El vaya, mi bien, con vos.

FELICIANO
Ya comienza a amanecer,
Redondilla
ya cantan dulces amores,
170
como celosos despechos,
calandrias en los barbechos
y en los olmos ruiseñores.

CONDE
Redondilla
Cítaras de pluma di,
como aquel grave poeta.

FELICIANO
175
Es metáfora imperfecta,
aunque dulce.

CONDE
¿Cómo ansí?

FELICIANO
Redondilla
Porque es justa consecuencia
llamar ruiseñor de palo
a la cítara, y es malo.

CONDE
180
Respeta, necio, su ciencia.

(Vanse.)

TIRSO
Redondilla
Fuéronse. Narcisa, escucha,
oye, detende.

NARCISA
¿Quién es?

TIRSO
Tirso.

NARCISA
¿Tirso?

TIRSO
¿No me ves?

NARCISA
Como no hay luz.

TIRSO
Sí hay, y mucha.

NARCISA
Redondilla
185
¿Requiebras?

TIRSO
No, que esto digo
porque estoy desengañado.

NARCISA
¿De qué? Pues yo no he tratado
jamás engaños contigo.

TIRSO
Redondilla
¿No me has hecho llevar paños
190
al arroyo y leña a cuestas?
¿No bailo todas las fiestas
contigo?

NARCISA
¿Esos son engaños?
Redondilla
Anda, bobo; que no sabes
en qué consiste el amor.

TIRSO
195
¡El diabro trujo al señor!
¡Tan altaneras y graves
Redondilla
todas las mozas andáis!

NARCISA
Vete a acostar, majadero.

(Vase.)

TIRSO
Esta vez me desespero.
200
Celos, ¿por qué me matáis?
Redondilla
¡Plega a Dios que el ventanazo
que me has dado te lo den
con un suelo de sartén!
¡Qué desengaño! ¡Qué abrazo!
Redondilla
205
¡Qué disculpa! ¡Qué favor!
Pero yo, ¿por qué deseo
venganza cuando te veo
tener a un príncipe amor?
Redondilla
Búrlate agora de mí,
210
quiere bien, quiérele aprisa;
allá lo verás, Narcisa,
cuando se canse de ti.

(Rey de Francia, Mauricio, gobernador, Leonelo, capitán de su guarda.)

REY
Octava real
¿De qué sirve, Mauricio, consolarme?

GOBERNADOR
De que se tiemple tanto desconsuelo.

REY
215
¿Qué consuelo en la tierra puedes darme,
si quien me lo quitó vive en el cielo?
Tan lejos vivo yo de remediarme
como el fin de mis lágrimas recelo
en la muerte no más, pues ella tiene
220
el que a la causa de mi mal conviene.

GOBERNADOR
Octava real
Habiendo, gran señor, pasado un año
que el Príncipe murió, justo parece
templar el llanto y no aumentar el daño
que el reino por tus lágrimas padece.
225
¿Ha de venir un heredero extraño,
cuyo temor en tus vasallos crece,
a ocupar la corona que podrías
dar a tu sangre en tus dichosos días?
Octava real
Si no estás en edad para casarte,
230
y el conde don Enrique es tu sobrino,
¿quién con mayor razón puede heredarte
por el derecho humano y el divino?

REY
Y si este Enrique dicen que fue parte,
y de sus pensamientos imagino,
235
para matar su primo y mi heredero,
¿será mejor un bárbaro tan fiero?

GOBERNADOR
Octava real
Señor, si por envidia, habiendo sido
su muerte enfermedad, le han levantado
al Conde los contrarios que ha tenido
240
que en sospecha de hierbas fue culpado,
¿es justo que este engaño sea creído
y que tengas a Enrique desterrado,
si todo lo mejor de tu corona
con su inocencia su lealtad abona?
Octava real
245
No puedan envidiosos, que no es justo
tenerle desterrado en una aldea.
Viva en la Corte, y con tu propio gusto
consuelo tuyo y de tu reino sea.

REY
Será, Mauricio, para más disgusto,
250
aunque mi amor vuestra quietud desea,
que como tanto al Príncipe parece
verás que mi dolor su imagen crece.

GOBERNADOR
Octava real
Si consuela un retrato de un ausente
y es Enrique del Príncipe retrato,
255
no pienso yo que tu tristeza aumente,
que fuera ser a su memoria ingrato.
Antes, señor, teniéndole presente,
al Príncipe tendrás, y con el trato
le vendrás a olvidar, siendo tan cierto
260
que el vivo que sucede olvida al muerto.
Octava real
Demás que de probar no pierde nada
vuestra alteza, señor, pues si se aumenta
la pena, es fácilmente remediada
con que se vuelva donde no se sienta.
265
Prueba, por Dios, que es breve la jornada
y la esperanza de tu reino alienta,
que yo confío en la piedad del cielo
que Enrique sea de tu edad consuelo.

REY
Redondilla
Por que mi reino, que deseo crea
270
más su remedio que mi propia vida,
vaya Leonelo y traiga de la aldea
la cosa que más tengo aborrecida.
Mas persuadirme yo cuando le vea
que el accidente de mi pena impida,
275
es decir que la máquina del cielo
rota caerá del eje de oro al suelo.

LEONELO
Redondilla
Señor, aborrecer injustamente
al Conde no es justicia, y así espero
que a ti la vida y a tu reino aumente
280
la paz el disponerle a tu heredero.

REY
Parte, Leonelo, si esto el reino siente,
que contra el mío darle gusto quiero,
y venga a renovarme su memoria
la viva imagen de mi muerta gloria.

(El CONDE y NARCISA.)

NARCISA
Décima
285
Aún no presumo, señor,
que sabe, amando mi pecho,
en cuál de los dos ha hecho
mayor milagro el amor.
Diréis que el vuestro es mayor
290
por humillar la grandeza
a mi rústica bajeza,
y yo digo que es el mío,
pues que mi bajeza fío
de vuestra heroica nobleza.
Décima
295
No haréis vos más en quererme
que yo en quereros a vos,
y aun pienso que de los dos
más tenéis que agradecerme.
Bajaros vos a tenerme
300
por vuestra en tanta distancia
es la misma repugnancia
que subir mi humilde ser
hasta venir a tener
una misma consonancia.
Décima
305
Cuando baja un cuerpo grave
más fácil viene a su centro;
porque subir a su centro
el que es pesado no sabe.
Bajáis en vuelo suave,
310
porque bajáis, en efecto;
pero el mío es imperfecto
pues que sube con violencia
a vuestra real presencia
la tierra de mi sujeto.
Décima
315
De donde se infiere aquí,
pues esto no es ofenderos,
que más hago yo en quereros
por ser más violento en mí;
pero yo imagino así
320
que el amor que lo ha causado
músico ha sido extremado
para igualarme con vos,
y las almas de los dos
instrumento destemplado.
Décima
325
Tocó las cuerdas, y viendo
de mi parte tantas faltas,
las bajas subió a las altas,
una consonancia haciendo.
Agradezco cuanto entiendo
330
que un gran señor me requiebre
y que el amor me celebre
por prima en su dulce canto,
mas cuerda que sube tanto
mucho temo que se quiebre.

CONDE
Décima
335
Narcisa, cuando te veo
discurrir tan altamente,
o Naturaleza miente
o no es desigual empleo
el que tiene mi deseo,
340
ni el quererte cosa impropia,
pues viendo la fértil copia
que de tu ingenio me ofreces,
he pensado muchas veces
que eres disfraz de ti propia.
Décima
345
Cuando vi mi pensamiento
en tanta descompostura,
apelé de tu hermosura,
Narcisa, a tu entendimiento;
pero hallé tal fundamento,
350
que volví a pedir perdón
de mi necia presunción,
y dije: “No hay que pensar
que ha de haber dónde apelar
donde es todo perfección.”
Décima
355
Cómo este monte crió,
no digo yo tu belleza,
que hasta pintar la corteza
un jaspe hermoso nació.
Mas tu ingenio no sé yo
360
que de causa no procesa
más alta; mas cuando exceda
de su esfera natural
que se llame celestial
milagro, se le conceda.
Décima
365
Esto prevenido así,
y volviendo a nuestro amor,
digo que es mayor favor
el que tú me has hecho a mí,
porque el alma, que ya vi
370
en tu claro entendimiento
es de tanto fundamento
que mi valor no alcanzara
al tuyo si no templara
nuestro amor el instrumento.
Décima
375
Pero, en razón de quebrarse
aquella divina cuerda
que con el alma concuerda
cuando más llegue a afinarse,
desde aquí, para obligarse,
380
mi amor dice que primero
será elemento ligero
la tierra; el fuego, pesado,
y vivirá sosegado
eternamente el mar fiero.
Décima
385
Será bienquisto un terrible,
y el que reprehende, amable;
un arrogante, agradable,
y un humilde, aborrecible;
un codicioso, invencible;
390
bien pagado el que bien hace,
lo que nuevo satisface
perderá su propio efecto,
y un hombre pobre y discreto
estimado donde nace.
Décima
395
No querrán que los alaben
el soldado y el señor;
el poeta y el pintor
confesarán que no saben.
Habrá cosa que no acaben
400
el dinero y la porfía;
la pobreza en la alegría
tendrá casa de aposento,
ventura el merecimiento
y cielo la hipocresía.

NARCISA
Décima
405
Antes que haya, Enrique mío,
en mí de olvidarte señas,
perlas volverá las peñas
del alba el fresco rocío;
atrás su curso este río,
410
y llevarán sus pizarras
oro en tejos, plata en barras,
corales rojos los pinos,
racimos estos espinos
y rosas las verdes parras.
Décima
415
El fiero lobo tirano
vivirá con el cordero;
será este llano primero
monte, y este monte, llano;
esto en lenguaje villano,
420
que hablando en el tuyo…

(Ruido.)

CONDE
Tente,
que suena tropa de gente,
y me ha dado que temer
que el Rey me manda prender,
tan mal de mis cosas siente.
Décima
425
Pues ¡vive Dios! que en mi vida
le ofendí, Narcisa hermosa.

NARCISA
Huye, mi bien, que es furiosa
la envidia y siempre atrevida.

CONDE
Mi inocencia perseguida
430
quiere huir, y no se atreve.

NARCISA
Escóndete por la nieve
de ese monte.

CONDE
Será error.
Cumpla esperando el valor
lo que a sí mismo se debe.

(LEONELO y gente de guarda.)

LEONELO
Romance (tirada)
435
Digo que es él. ¿Qué dudáis?
¡Conde! ¡Mi señor!

CONDE
¡Leonelo!

LEONELO
Dadnos a todos los pies.

CONDE
¡Qué ociosos comedimientos!
¿Qué dijo la envidia al Rey
440
en mis agravios de nuevo,
que le ha incitado a prenderme?
Tú, Capitán, por lo menos,
no me quitarás la espada,
pues bien ves que no la tengo.
445
¿Qué dicen allá de mí?
Dirán que alboroto el reino;
que pretendo la corona;
que escribo a los malcontentos;
que tengo satisfacción
450
de mis amigos y deudos
para que tomen las armas
en mi favor a su tiempo;
que soy bienquisto del vulgo
y que los dos parecemos
455
él a Saúl, yo a David,
porque dicen en sus versos
que él mató mil; yo, diez mil,
pues ya los servicios hechos
no sirven más que de envidia.

LEONELO
460
¡Vas de la verdad tan lejos!
Que a petición de los Grandes
te quiere hacer su heredero.
El estilo que esto tiene
agora no le sabemos,
465
solo sé que me ha mandado
buscarte, y que por ti vengo;
solo sé que desta fama
nació una voz en el pueblo,
que suele ser voz de Dios,
470
que con general deseo
te aclama Delfín de Francia.

CONDE
Sea cierto o no sea cierto,
yo pude huir y no quise;
iré a obedecerle, haciendo
475
resolución de poner
mi inocencia a todo riesgo.
Narcisa, aquestos me engañan;
pero si es verdad que tengo
esta fortuna, está cierta
480
que lo que tratado habemos
será eterno en todo estado.

NARCISA
¿Qué es lo que ha de ser eterno?

CONDE
El quererte yo, mis ojos.

NARCISA
¿Mis ojos?

CONDE
Pues, ¿son ajenos?

NARCISA
485
No.

CONDE
¡Qué no tan solo!

NARCISA
Es no.

CONDE
¡Válgame Dios, qué concetos
formando estarás de mí!
¡Qué de varios pensamientos
hará tu imaginación!

NARCISA
490
¿Parécete este suceso
tan fácil que sin discursos
le pace el entendimiento?
Vete con Dios a reinar,
que de manera te quiero
495
que me alegra tu ventura,
conociendo que te pierdo;
y para ganar tu gracia
sea el vasallo primero
mi amor, que te llame alteza.

CONDE
500
¿Quieres matarme?

NARCISA
¿Yo puedo?

CONDE
¡Oh, qué hiciera de locuras
a no estar presentes estos!

NARCISA
No las hagas, que están mal
a un Príncipe destos reinos.

CONDE
505
Dame tu mano.

NARCISA
¡Los Reyes
a los vasallos!

CONDE
No quiero
cansarte, sino afirmarte
los pasados juramentos.
Y vuelvo a decir...

NARCISA
No vuelvas.

CONDE
510
Vamos de aquí, caballeros.

(Vanse todos.)

NARCISA
Yo quedo como es razón
que tenga mi atrevimiento
castigo. ¡Ah, soberbia infame!
¿Dónde levantaste el vuelo?
515
¿Qué pensabas? ¿Qué querías?
¿No era forzoso que luego
diese, con fatal ruina
tu pensamiento en el suelo?
¿Tú querer tan gran señor
520
con tan bajo nacimiento
como estas flores del campo
y estos rústicos romeros?
¿Qué sirven puertas ni rejas
si tienen nuestros deseos
525
la puerta de los oídos?
Escuché, perdíme, hoy muero.
¡Oh! ¡Cuánto en un momento
revuelve el mundo el variar del cielo!
¿Que pensaba mi locura
530
cuando mi sayal grosero
emprendió ricos diamantes,
dándome el cielo el ejemplo,
que no se borda de estrellas
si no está claro y sereno,
535
porque retiran sus rayos
en estando oscuro y negro?
Fuese Enrique, y no culpado,
yo sí, que la culpa tengo,
que no son firmes las dichas
540
en cortos merecimientos.
No es posible que ya pueda
volverle a ver, pues ¿qué espero?
La muerte sola, a quien deben
las desdichas su remedio.
545
Hoy le tuve, hoy le pierdo.
¡Oh! ¡Cuántas esperanzas lleva el viento!

(TIRSO.)

TIRSO
¿Cómo tienes, di, Narcisa,
tanto descuido y silencio
entre tantas novedades?

NARCISA
550
Esto me faltaba ¡ah, cielos!

TIRSO
A Enrique llevan, Narcisa,
algunos dicen que preso,
y otros que a ser rey, que el vulgo
no acierta más ni habla menos.
555
Lo cierto debe de ser
que el rey le nombra heredero,
que a los presos, aunque grandes,
no guardan tanto respeto.
Ya, Narcisa, será aldea,
560
y no corte, nuestro pueblo;
no andarán tan altaneras
las mozas con los requiebros;
no veremos los caballos
con los jaeces soberbios;
565
lucirán nuestros rocines;
hablarán nuestros jumentos;
caperuzas, y no plumas,
tendrán el lugar primero
en los bancos de la iglesia
570
y en la plaza los asientos.
Ocuparán los ancianos
las gradas del rollo nuevo
las fiestas, y no arrogante
tanto emplumado escudero;
575
volverán nuestras perdices,
nuestras liebres y conejos,
que andaban de ellos huidas,
a los sotos y barbechos.
Cuando el sacristán responda
580
al gloria en el celis Deo
e din terra palominos,
no se reirán descompuestos.
Todo labrador, en fin.
trairá seguro el pescuezo
585
de sus atrevidas manos,
como las mozas los pechos.
No nos tomarán las barbas,
que solo dio para esto
la misma necesidad
590
privilegio a los barberos.
Y tú, que me aborrecías,
¿vaste? Espera.

NARCISA
Suelta, necio,
que has aumentado mis penas.

TIRSO
Ya pasó, Narcisa, el tiempo
595
de desdenes. Voy tras ti
a ser sombra de tus celos.

NARCISA
¡Oh, loco amor! ¡Cuán presto
perdiste la esperanza y no el deseo!

(El MARQUÉS, ROSELO y CELIA, dama.)

CELIA
Redondilla
Hiciera, señor Marqués,
600
el justo agradecimiento
que debo a ese pensamiento,
que, en fin, como vuestro es,
Redondilla
si la pena que he tenido
del Príncipe, mi señor,
605
diera lugar a otro amor
o me permitiera olvido.
Redondilla
Quísome bien, y de suerte
me obligó darme a entender
que fuera yo su mujer,
610
que debo llorar su muerte
Redondilla
como si lo hubiera sido.

MARQUÉS
Más siento que le queráis
que la respuesta que dais
al amor que os he tenido.
Décima
615
¿Es posible que, ya muerto,
le guardéis tan viva fe?
¡Qué pocas veces se ve
en el mundo amor tan cierto!
Si de ser amado, incierto
620
está un vivo, que por dicha
teme una injusta desdicha,
naturaleza se espanta
de tanto amor, de fe tanta
y que tenga un muerto dicha.
Décima
625
Ser, Celia, el muerto quisiera,
porque, por verme querer,
envidia vengo a tener
de quien nadie la tuviera.
Mi esperanza desespera
630
un desengaño tan cierto;
mas ¿qué mayor desconcierto,
cuando de vos le recibo,
que llegar un hombre vivo
a tener envidia a un muerto?
Décima
635
Que al amor agradecida,
Celia, del príncipe estéis
es justo, no que tratéis
con tanto rigor mi vida.
Dais vida y sois homicida,
640
y pues de vos la recibe
quien con los muertos se escribe,
yo soy el muerto, señora,
no el príncipe, pues agora
en vuestra memoria vive.

CELIA
Redondilla
645
Amor tuve a su valor
y hoy memoria agradecida,
que amor que tan presto olvida
no puede llamarse amor.
Redondilla
El tiempo me ha de curar,
650
que no hay memoria tan firme
que no olvide.

MARQUÉS
Si es decirme,
Celia, que puedo esperar
Redondilla
que con el tiempo os mudéis,
no sé que mi pensamiento
655
tenga tanto sufrimiento
que os aguarde a que olvidéis.

CELIA
Redondilla
Tampoco os doy esperanza,
aunque olvide, que no sé
si del olvidar podré
660
hacer al querer mudanza.

MARQUÉS
Redondilla
Ya vuestro desdén airado
excede a todo rigor.

CELIA
¿Quién hay que prometa amor
para cuando haya olvidado?

(ROBERTO.)

ROBERTO
Romance (tirada)
665
¿Está aquí el Marqués?

MARQUÉS
Roberto,
¿entra el conde Enrique?

ROBERTO
Hoy entra;
el Rey sale a recibirle;
el vulgo su intento aprueba,
que cuando en las cosas justas
670
los reyes, señor, aciertan,
los vasallos, a una voz,
el buen gobierno celebran.
Verdad es que el Rey, forzado,
al Conde contento enseña,
675
ya más porque le parece
que no por lo que sospecha.
Es del Príncipe retrato,
y dale tanta tristeza
la memoria de su hijo,
680
que puede mirarle apenas.
¿Qué aguardas, que no acompañas
como dicen, a su alteza,
que te acusarán de envidia?

MARQUÉS
Yo me voy, hermosa Celia
685
a ver siquiera el traslado
de quien me da celos.

CELIA
Venga
a dar consuelo a mis ojos
quien al Príncipe parezca.
¿Clara?

(CLARA entre.)

CLARA
¿Señora?

CELIA
¿Has oído
690
que viene Enrique?

CLARA
La fiesta
solo pudiera ocultarse
a tu soledad y pena.
¿Haré que pongan el coche?

CELIA
No, Clara, que para verla
695
mejor iremos con mantos,
y créeme que me lleva
ver del Príncipe el retrato,
porque no quedaron muertas
las memorias con su muerte.

CLARA
700
¡Plega a los cielos que sea
tan vivo retrato suyo
que tus tristezas divierta!

CELIA
Bien puede ser que este Enrique
o me engañe o me entretenga,
705
que tanto milagro solo
puede hacer quien le parezca.

(Acompañamiento de todos, detrás el REY y el CONDE ENRIQUE.)

CONDE
Lira
A tu obediencia vengo,
invicto Rey, supuesto que dudoso,
aunque esperanza tengo,
710
viendo que me recibes amoroso,
que ha hecho resistencia
a la pasada envidia mi inocencia.
Lira
Temores no han podido
alejarme de ti, que pobre aldea
715
corto límite ha sido;
pero el mayor testigo que desea
darte el pecho seguro,
que es la verdad impenetrable muro.
Lira
Si me hallara culpado,
720
fugitivo a los reinos extranjeros,
de tu poder airado,
hiciera mis contrarios verdaderos,
no en parte donde alcanza,
con extender la mano, la venganza.
Lira
725
El capitán Leonelo
sabe que sospeché prisión injusta,
y, con humilde celo
la obedecí, como si fuera justa,
que no examina leyes
730
la lealtad al imperio de los reyes.

REY
Lira
Enrique, yo he tenido,
como hombre, en la fortuna que he pasado,
más fácil el oído
de lo que fuera justo. Ya he llegado
735
a pensar en tu ausencia,
que el esperar confirma la inocencia.
Lira
No culpes enemigos,
el venir a mi casa y a mi gracia
debes a tus amigos.
740
Sospechas engendraron tu desgracia,
que de mi amor nacieron;
pero tú sabes si dudosas fueron.
Lira
Resta que tú, pues fuiste
retrato de la prenda que he perdido,
745
mi desconsuelo triste
cubras con tu virtud de eterno olvido,
para que en tu persona
restaure la esperanza mi corona.
Lira
Aquí vienes, no a darte
750
tan presto aquel lugar para que vienes,
sino solo a probarte
que entendimiento, que prudencia tienes,
pues sin envidia alguna
queda en tus propias manos tu fortuna.

CONDE
Lira
755
Señor, solo a servirte,
sin otras esperanzas, he venido,
y así vuelvo a pedirte
la mano, a la merced agradecido
con que quieres honrarme,
760
y a tan gloriosa empresa levantarme.
Lira
Espero en mi cuidado
el favor del cielo.

REY
No prosigas,
que yo estoy confiado
de tu virtud y entendimiento.

CONDE
Obligas
765
tu hechura ¡oh, Rey! de forma
que un alma nueva un nuevo ser me informa.

REY
Lira
Recibe parabienes
de tus amigos, que yo voy en tanto
a ver adónde tienes
770
prevenido aposento.

CONDE
El cielo santo
te guarde como puede,
que ya tu amor mis méritos excede.

GOBERNADOR
Quintilla
Dé vuestra alteza la mano
a Mauricio, gran señor.

CONDE
775
Los brazos, Gobernador,
con el pecho humilde y llano,
e indigno a tanto favor.

MARQUÉS
Quintilla
Aquí del marqués Roselo
tiene vuestra alteza el celo
780
con un alma declarada.

LEONELO
Y aquí la vida y la espada,
y el corazón de Leonelo.

CONDE
Quintilla
Señores, tantos favores
pudieran desvanecerme.
785
No más; bueno está, señores,
que no es posible ponerme
obligaciones mayores.

GOBERNADOR
Quintilla
Está contento París
de que a ser fénix venís
790
del Príncipe que faltó.

CONDE
¿Cómo puedo ocupar yo
el gran lugar que decís?
Quintilla
Id en buen [hora] y creed
que os he de ver obligados.
795
Esta esperanza tened.

MARQUÉS
Ya, señor, como criados
nos habéis de hacer merced.

(Entranse. Entren CELIA y CLARA, con mantos.)

CELIA
Quintilla
Vile pasar, y he quedado,
Clara, contenta de ver
800
tan verdadero traslado.

CLARA
No es Enrique; viene a ser
el Príncipe retratado.

CELIA
Quintilla
¿Hay cosa tan parecida?

CLARA
Pienso que vienes picada.

CELIA
805
No agravio mi muerta vida,
porque amar quien le traslada
con el mismo amor le olvida.

(NARCISA y JUANA y TIRSO, ellas con tocas de rebozo y sombreros y rebociños.)

JUANA
Quintilla
Si venías a llorar,
¿para qué a verle venías?

TIRSO
810
Déjala, que viene a dar
venganza a las penas mías.

NARCISA
Vuélvete, necio, al lugar,
Quintilla
que de escucharte me enfado.

JUANA
Dos tapadas han llegado.

NARCISA
815
Hoy es día que los cielos
rayos y truenos de celos
disparan a mi cuidado.
Quintilla
¿Qué no llevará tras sí
Enrique en esta ocasión?

TIRSO
820
Más haces conmigo aquí;
pero ya tus ojos son
de piedra imán para mí.

NARCISA
Quintilla
¿Cómo?

TIRSO
Levantan la paja.

JUANA
Ellas llegan.

NARCISA
La voz baja,
825
no nos oiga Feliciano.

TIRSO
Con un príncipe un villano.
¡Qué temeraria ventaja!

CELIA
Romance (tirada)
Si vuestra alteza, señor,
pagar una deuda quiere,
830
que dicen que a los deseos
como a las obras se debe,
no tenga a descortesía
que le escuche quien le quiere,
fuera de sus altas prendas,
835
por copia de cierto ausente.
No se esquive, por su vida,
que hoy es día de mercedes,
que reyes en esperanza
las han de hacer como reyes.
840
Lo primero, el parabién
le ofrezco de la que tiene,
por cierto, bien empleada
en quien tan bien la merece.
Lo demás... (¡Ya me he turbado!)
845
en que se ve claramente
que ya sois rey, pues turbáis.

CONDE
Antes ya duda me ofrece
de que no lo seré yo,
el turbarme vos, de suerte
850
que no acierto a responderos;
pero si venís a hacerme
todo el favor que decís,
¿en qué podré conocerle
como en que conozca yo
855
quien tanto me favorece?

NARCISA
(¿No escuchas, Juana?)

JUANA
(Son hombres.)

NARCISA
(En fin, ejecutan siempre
la libertad con que nacen.)

JUANA
(Tú acertarás si te vuelves.)

NARCISA
860
(No tiene más fe que un moro.
¡Vive el cielo! que se mete
debajo del mismo manto.
¡Muerta soy! ¿Tirso?)

TIRSO
(¿Qué quieres?)

NARCISA
(Pon los pollinos a punto.)

TIRSO
865
(Buenos caballos previenes
para huir de amor con alas.)

CONDE
Yo os he visto de la suerte
que al cielo, pues levantamos
siempre el rostro para verle.
870
Como astrólogo, ¿queréis
que vuestros cielos contemple
todos dentro de la luna?
Cosa nueva me parece.
A sus estrellas hermosas
875
me guiaron dos claveles
con jazmines, que ponerlos
dentro de las hojas suelen.
Pero ¿para qué los pinto
si la vista fue tan breve?
880
Pero ¿qué fuera de mí
si pudiera detenerme?
¿Quién sois, y dónde vivís?

NARCISA
(Ya se informa; verla quiere:
agradóle la señora.
885
¿A esto vine?
¡Ah, cielos!)

JUANA
(Tente.)

CELIA
Cubre, señor Conde, el manto
más grandeza que parece,
que debéis este disfraz
890
a un antojo solamente.
Quedad con Dios.

CONDE
Feliciano,
sigue esta dama.

CELIA
No puede.

CONDE
¿Por qué?

CELIA
Porque soy...

CONDE
¿Quién?

CELIA
Yo.

NARCISA
(Bravas señas.)

CONDE
No la dejes.

NARCISA
895
¿Quiere su alteza que yo
vaya tras estas mujeres?

CONDE
¡Narcisa!

NARCISA
¿Señor?

CONDE
¡Aquí!

NARCISA
¿Es mucho?

CONDE
Es cosa indecente
seguirme tú en este día.

NARCISA
900
Como algunos hombres eres,
que sienten que en alto estado
deudos pobres los afrenten.

CONDE
Narcisa, la discreción
es que el lugar se respete
905
donde Dios pone a los hombres
con hábito diferente.
Yo te avisaré y pondré
en el que a los dos conviene,
para que no me murmuren
910
ni de ti lo injusto piensen.

(Váyase.)

JUANA
¿Cómo te has quedado así?

TIRSO
Déjala, Juana, que duerme.

JUANA
Que duerma no puede ser;
pero si duerme, despierte.
915
¡Ah, Narcisa, vuelve en ti!

NARCISA
¡Que pudiese responderme
un hombre tales palabras
que ayer, entre los laureles
a quien debe sombra el prado
920
y ellos frescura a sus fuentes,
me dijo que era su alma!

TIRSO
Como esas cosas suceden
en los milagros del mundo;
mas mira que Amor lo quiere
925
porque me pagues el mío.

NARCISA
Hombre ¡por Dios!, que me dejes,
que te quitaré la vida.

JUANA
Narcisa amiga, pues tienes
entendimiento tan claro,
930
en que es desatino advierte
que una humilde labradora
de un rey de Francia se queje.
Para en el monte eras Venus,
para en la corte no eres
935
señora. ¿Qué fe le pides?
¿De qué te admiras? ¿Qué emprendes?
Volvámonos al lugar,
tus iguales apetece.
Mozos hay.

TIRSO
Y yo ¿qué soy?
940
¿Soy algún toro silvestre?
¿Soy algún borrico, Juana?
¿A mí no puede quererme
Narcisa? ¿Qué tengo yo
que a Narcisa descontente?

NARCISA
945
Conozco el error que hacía
¿Qué quieres? Somos mujeres.
Parécenos que los hombres
cumplirán lo que prometen,
y aunque humilde labradora,
950
como tú me reprehendes,
a los pensamientos altos
estas desgracias suceden.
Pues ¿vesme tosca villana?,
yo tengo de hacer de suerte
955
que a Enrique, de mis agravios,
para siempre se le acuerde.
Con la falsedad que dijo,
mezclando pólvora y nieve:
“Narcisa, la discreción
960
es que el lugar se respete
donde Dios pone a los hombres.”
Vamos, Tirso.

TIRSO
Al monte vuelve,
que más vale tu rebozo
y el sombrero a lo valiente,
965
que cuantos diamantes y oro
los palacios enriquecen.
Deja pensamientos vanos,
permite que te requiebren
tus iguales, como yo.

NARCISA
970
Adiós, cortesano aleve;
adiós, sirena engañosa
del mar de los pretendientes;
sol que madruga al aurora
y antes que anochezca llueve;
975
dulce pájaro que llama
a los que la liga prende;
veneno en taza dorada
que con resplandor se bebe;
ingrato y fingido amigo
980
que a quien más debe más vende;
breve tesoro de sueño;
áspid entre hierbas verdes,
que yo tomaré venganza
de ti si amor me concede
985
que te adore y que te agravie,
que antes me daré la muerte.


Acto II

(Feliciano y Tirso.)

TIRSO
Redondilla
No pensé verte en la aldea.

FELICIANO
Por la ropa que ha quedado
del Conde vengo.

TIRSO
¿A un criado
990
como tú en la ropa emplea?
Redondilla
A la fe vienes a ver
qué hay de la pobre Narcisa.

(Narcisa y Juana.)

NARCISA
¿Feliciano? ¿Tan aprisa?

JUANA
Luego se quiere volver.

NARCISA
Redondilla
995
¿Es el que con Tirso está?

JUANA
El mismo.

TIRSO
Narcisa es ésta.

FELICIANO
Bien lo poco manifiesta
que del Conde se le da.

NARCISA
Redondilla
¿Señor Feliciano?

FELICIANO
¡Oh, reina,
1000
en talle, hermosura y brío
de esta selva, en cuanto el río
sus verdes riberas peina!
Redondilla
¿Cómo estamos de memoria
de los que de aquí faltamos?

NARCISA
1005
Ya poco nos acordamos
de aquella pasada historia,
Redondilla
si va a decir la verdad;
porque la naturaleza
opuso nuestra bajeza
1010
al sol de la majestad.

FELICIANO
Redondilla
Nunca menos presumí
de tu raro entendimiento,
que fuera tal pensamiento
soberbia locura en ti.
Redondilla
1015
Mil veces hemos reído
el Conde y yo tus amores,
porque ya en cosas mayores
tiene ocupado el sentido.
Redondilla
“¡Lo que pueden soledades!
1020
—dice a veces—, pues obligan
a que a una piedra se digan
del alma tiernas verdades.
Redondilla
Como en el monte no había
quien tuviese entendimiento,
1025
humillé mi pensamiento
a quien alguno tenía.
Redondilla
Mas ya que en la corte vi
ingenio y belleza iguales,
a los hombres principales
1030
y al estado en que nací,
Redondilla
ya que de Celia miré
belleza, ingenio y valor,
todo aquel pasado amor
como se vino se fue.”

NARCISA
Redondilla
1035
¿Quién es Celia?

FELICIANO
Una señora
hija del Gobernador
de París.

NARCISA
¡Qué justo amor!

FELICIANO
Al mismo amor enamora.

NARCISA
Redondilla
¿Y quiérela mucho?

FELICIANO
Tanto,
1040
que pierde por ella el seso.

NARCISA
¡Bravo amor!

FELICIANO
Con grande exceso.

NARCISA
Si es tan linda, no me espanto.

FELICIANO
Redondilla
Si tú la oyeses hablar,
te perderías por ella.

NARCISA
1045
No haría, porque con ella
no tengo yo qué tratar.

FELICIANO
Redondilla
No hay cosa que no se rinda
a su hermosura y valor.
Todos la tienen amor.

NARCISA
1050
¡Válame Dios! ¿Qué, es tan linda?
Redondilla
Por lo que al Conde he querido,
puesto que de burlas fue,
me huelgo de ver que esté
tan justamente perdido.
Redondilla
1055
Vete con Dios, Feliciano,
y mira si puedo yo
servirte en algo.

FELICIANO
Hoy me dio,
Narcisa, tu padre Albano
Redondilla
una cuenta que debía
1060
el Conde. Enviaré el dinero
con Tirso.

JUANA
Adiós, caballero.
Ya no habláis.

FELICIANO
¡Oh, Juana mía!
Redondilla
Todo se olvida en la corte;
en su mar andamos ya.

JUANA
1065
¿Quién duda que ya tendrá
otra Celia de más porte?

FELICIANO
Redondilla
No faltan, Juana; que allí
hay desa mercadería
abundancia.

TIRSO
Yo querría
1070
también preguntarte...

FELICIANO
Di.

TIRSO
Redondilla
¿Por qué Celio me has dejado?

FELICIANO
Yo, Tirso, tu amigo soy;
respuesta a Narcisa doy
de lo que me ha preguntado.
Redondilla
1075
Todos os quedad con Dios.

(Vase.)

JUANA
¡Cuál se ha quedado Narcisa!

TIRSO
¡Que con tanta burla y risa
este hablase de las dos!
Redondilla
Yo soy un pobre villano,
1080
y fue milagro no hacer
un desatino.

JUANA
Tener
puede ingenio Feliciano,
Redondilla
mas no el término que es justo.

TIRSO
Él anduvo descortés.
1085
¡Lástima, Narcisa, es
de verte en tanto disgusto!
Redondilla
Yo, con ser el agraviado,
viendo tanta sinrazón,
vengo a tener compasión
1090
de tu miserable estado.
Redondilla
¿No hablas?

NARCISA
¡Válgame el cielo!
¡Locamente me perdí!
¿Que esto ha pasado por mí,
que, duro monte de hielo,
Redondilla
1095
tanto fuego sepultó?
¿Tan presto puede querer
Enrique [a] aquella mujer
que Feliciano pintó
Redondilla
con tanta descortesía?
1100
¿He mudado yo mi ser?
¿Por qué me engañaste ayer,
lisonjera fuente fría?
Redondilla
¿No me dijo tu cristal
que soy la misma que fui?
1105
¿Cómo ya le parecí
al conde Enrique tan mal?
Redondilla
Basta, desengaños sabios.
Campos, árboles y flores,
pues oíste sus amores,
1110
escuchadme sus agravios.
Redondilla
Una Celia de París
me dicen que el Conde adora,
¿qué me aconsejáis ahora?
Pues murmuráis, ¿qué decís?
Redondilla
1115
Pensé yo que a mis congojas
respondía el sentimiento
destos olmos, y era el viento
que jugaba con las hojas.
Redondilla
¿Qué locura es esta? ¡Ay, cielos!
1120
Ya no son de amor cuidados,
porque agravios declarados
¿qué tienen que ver con celos?
Redondilla
¡Qué libre me dijo flores
aquel villano atrevido!
1125
“Mil veces hemos reído
el Conde y yo tus amores.
Redondilla
¡Lo que pueden soledades!
—dice a veces—, pues obligan
a que a una piedra se digan
1130
del alma tiernas verdades.”
Redondilla
¿Piedra era yo? No lo fui,
porque si yo piedra fuera,
ni aquí ni entonces sintiera;
pero en la firmeza sí.
Redondilla
1135
No piense Enrique traidor
que esta burla me ha de hacer,
que desde que fui mujer
soy igual a su valor.
Redondilla
Si él es de sangre real,
1140
que no hay tan vil mujer crea
que, con ser mujer, no sea
a toda grandeza igual.
Redondilla
Iré a la corte a vengarme,
o allí perderé la vida.

TIRSO
1145
Tente. ¿Dónde vas, perdida?

NARCISA
A la corte.

TIRSO
¿A qué?

NARCISA
A matarme.

TIRSO
Redondilla
Juana, aunque celoso estoy,
yo no la pienso dejar.

JUANA
Temo que se ha de matar.
1150
También a seguirla voy.

TIRSO
Redondilla
¿A qué mayores desvelos
puede llegar el rigor
que a tener Narcisa amor
y que la ayuden mis celos?
Redondilla
1155
Que, a costa de la cabeza,
favorecer su porfía,
bien puede ser hidalguía,
pero parece bajeza.

(Celia y Clara.)

CLARA
Décima
Disculpados y contentos
1160
están en esta ocasión,
señora, tus pensamientos.

CELIA
Fundan mi amor en razón
sus altos merecimientos.
No te espante la mudanza
1165
en tanta desconfianza,
ni que a quererle me aplique,
que es tener amor a Enrique,
de todo un reino esperanza.

CLARA
Décima
¿Qué hablaste en el jardín?

CELIA
1170
Tantas cosas que prometen
a mi amor dichoso fin,
como estos reinos le acaten,
Clara, por francés Delfín.
No le mostré disfavor,
1175
olvidando como error
mi pasado desconcierto,
que tener amor a un muerto
más es melindre que amor.
Décima
Aunque el agradecimiento
1180
de aquella pasada historia
pide justo sentimiento,
no se muda la memoria,
sino solo el pensamiento;
que si al Príncipe quería,
1185
a quien tanto amor debía,
y el Conde lo viene a ser,
lo mismo vengo a querer
que entonces querer solía.
Décima
Fuera desto, en mi defensa
1190
dice Amor que no es ingrato
y estar disculpado piensa,
porque querer su retrato
no es hacer al dueño ofensa.
Ningún castigo merece
1195
quien ama lo que le ofrece
de lo que amó semejanza,
porque no ha sido mudanza
querer a quien le parece.

CLARA
Décima
¿Tiene buen entendimiento?

CELIA
1200
¡Ay, Clara; díjome cosas,
si no fueron fingimiento,
tan tiernas, tan amorosas,
culpando su atrevimiento,
que se disculpara el mío
1205
cuando más favor le hiciera!

CLARA
Olvida, que es desvarío
querer muertos, que aunque fuera
justo amor, fuera muy frío.
Décima
Con ganancia te retiras.
1210
Al mayor sujeto miras
que pudiste imaginar;
no tienes que desear
si a Reina de Francia aspiras.
Mas ¿qué me darás, señora,
1215
si llegas a tal estado?

CELIA
Clara, no espantes agora
la dicha, que no ha llegado.

CLARA
¿Por qué, si Enrique te adora?
Quintilla
¿Puede ya dejar de ser
1220
Delfín de Francia? ¿Qué quieres,
si tú has de ser su mujer?

CELIA
¡Oh, qué presto a las mujeres
engaña un falso placer!

(Mauricio, gobernador.)

GOBERNADOR
Terceto
¿Celia?

CELIA
¡Señor!

GOBERNADOR
¿Con quién estas?

CELIA
Con Clara.

GOBERNADOR
1225
Despeja, Clara, el aposento luego.

CLARA
(Algo ha entendido, si en tu amor repara.)

GOBERNADOR
Terceto
Es de los padres el mayor sosiego,
Celia, el recato de sus hijos.

CELIA
Mira
que entras en esta queja a sangre y fuego.

GOBERNADOR
Terceto
1230
Injustamente mi principio admira
tu casto honor hasta saber mi intento,
que de los dos a la quietud aspira.

CELIA
Terceto
Es la proposición el fundamento
de cualquiera intención, y comenzaste
1235
incitando mi justo sentimiento.

GOBERNADOR
Terceto
¿A quién diste ocasión, a quién miraste,
por vida de los dos?

CELIA
Galán pareces.
Mucho de que eres padre te olvidaste.

GOBERNADOR
Pues ¿qué galán de los que tú mereces
Terceto
1240
puede haber como yo? Que un galán miente
y un padre no.

CELIA
Tus celos encareces.
Por dicha, ¿temerás que Enrique intente
Terceto
inquietar de tu casa la nobleza
y sangraste en salud por accidente?

GOBERNADOR
1245
El venir señoría con alteza
Terceto
no lo he pensado yo, si bien no ha sido
el milagro mayor de la belleza.
Mis celos o mi engaño han procedido,
Terceto
Celia, de que hoy con el marqués Roselo
1250
una cansada plática he tenido.
Y aunque te pide, me dejó recelo
Terceto
de que por dicha la ocasión le has dado.
¿Es esto ansí?

CELIA
Mejor te guarde el cielo.

GOBERNADOR
Si te parece a ti que es acertado;
Terceto
1255
Si lo deseas tú, no hay que replique.

CELIA
El Marqués, si lo ha dicho, te ha engañado.
Y permite, señor, que te suplique
Terceto
que no tratamos más de casamiento
y más pudiendo ser tu yerno Enrique.

GOBERNADOR
1260
¿Qué Enrique?

CELIA
El que ya tiene pensamiento
Terceto
de ser Delfín de Francia.

GOBERNADOR
El tuyo admiro;
mas no debe de ser sin fundamento.
Dime verdad.

CELIA
No hay más de que me mira.

GOBERNADOR
Terceto
De mirarte no hubieras tú pensado
1265
que a darte Enrique su esperanza aspira.

CELIA
Con un amigo lo ha comunicado.
Terceto
Si él espera reinar, lo mismo espero.

GOBERNADOR
Ni soy cobarde yo ni confiado;
tu vida, Celia, solamente quiero.

(Váyase, y entre CLARA.)

CLARA
Redondilla
1270
Una famosa visita
quiere hablarte.

CELIA
¿El Conde?

CLARA
No.

CELIA
Pues ¿quién es?

CLARA
No sé más yo
de que verte solicita.

CELIA
Redondilla
¿Mujer?

CLARA
Una gran señora
1275
parece.

CELIA
Déjala entrar.

CLARA
De secreto viene a hablar
contigo. Esto dice, y llora.

(Entre NARCISA vestida de dama bizarra, con manto; JUANA, de dueña, con tocas largas, y TIRSO, de escudero.)

NARCISA
Redondilla
¿Dónde está su señoría?

CELIA
Aquí, mi señora, estoy.

NARCISA
1280
Mil gracias al cielo doy
de veros, señora mía.

CELIA
Redondilla
(¡Qué lindo talle!)

CLARA
(¡Extremado!)

CELIA
Lléganos sillas aquí.

CLARA
Mejor estaréis ansí,
1285
señora, que en el estrado.

CELIA
Redondilla
No sé vuestra calidad,
y así no os doy lo que es justo.

NARCISA
No requiere mi disgusto
más honra ni autoridad.

CELIA
Redondilla
1290
No me canso de miraros.

NARCISA
De mi pena os cansaréis;
pero come no la veis
podéis, señora, engañaros.
Redondilla
Por la mano pudo ser
1295
ganarme en encareceros,
que no hay bien, después de veros,
sino volveros a ver.
Redondilla
La fama, aunque grande, ha sido
retrato de mal pintor.

CELIA
1300
Que no paséis del favor
a tanta lisonja os pido.

TIRSO
Redondilla
(¡Ay, Juana, temblando estoy
si nos han de conocer!)

JUANA
(¿Qué nos puede suceder?)

TIRSO
1305
(¿Eres mujer?)

JUANA
(Sí lo soy,
Redondilla
y me ves tan animosa.
¿Qué temes?)

TIRSO
(¿No es con razón
temer que en esta ocasión
nos suceda alguna cosa,
Redondilla
1310
a ti por dueña fingida
y a mí por falso escudero?)

NARCISA
Si escucháis, deciros quiero,
Celia, mi pena y mi vida.
Octava real
Hermosa Celia, en quien el cielo santo
1315
un jardín de belleza deposita,
con esperanza que a mi tierno llanto
algún favor vuestra piedad permita;
mi agravio injusto el lastimoso canto
de Filomena en verde selva imita,
1320
si a las fuentes refiere sus enojos,
yo, triste, a las riberas de mis ojos.
Octava real
De alta sangre nacida en León de Francia
quedé sin padres en edad tan tierna,
que mostró mi desdicha la importancia
1325
de la forzosa obligación paterna.
Hasta la juventud desde la infancia
el debido recato me gobierna,
donde apenas mi pie la línea pasa
en breve patria de mi propia casa.
Octava real
1330
Turbaron esta paz, no pensamientos
nacidos del espejo y de su engaño,
que aun apenas primeros movimientos
a su cristal reconoció mi daño.
La fiesta que los mismos elementos
1335
suelen, señora, agradecer al año,
vistiendo el fuego, luz; el aire, olores;
el agua, perlas, y la tierra, flores.
Décima
La fiesta, en fin, de aquel profeta santo,
general regocijo de la tierra,
1340
salí formando del cabello el manto.
que pocas veces la ocasión la yerra.
Pasaba entonces, y en olvido tanto
como belleza, a la vecina guerra
el conde Enrique, a quien detuvo el día,
1345
mejor dijera la desdicha mía.
Octava real
Transformaba sus lágrimas la aurora
con el calor del sol por las orillas
de un manso arroyo, cuya margen dora
en pimpollos de infantes florecillas,
1350
cuando a su gente, entonces vencedora,
que se alojaba por diversas villas,
alzo los ojos, con disculpa y miro
la hermosa causa por quien hoy suspiro.
Octava real
En un feroz caballo corpulento,
1355
que las arenas fuego imaginaba,
y como en ellas en el mismo viento
fugitivo los átomos pisaba
el Conde con el mismo pensamiento
o con la misma estrella me miraba,
1360
coronado de plumas de colores,
como su frente de diversas flores.
Octava real
Bien digo yo que fueron las estrellas;
pues después de haber hecho el enseñado
bridón las gentilezas, que con ellas
1365
mis ojos puso en el primer cuidado,
de algunos escuderos y doncellas
de mi nombre y prendas informado,
dejó la guerra y comenzó la mía.
¡Oh, cuánto puede amor cuando porfía!
Octava real
1370
No es junto referiros diligencias,
pues que mi calidad, sangre y estado
os dirán las forzosas diferencias
de nacimiento menos obligado.
Rindiéronse del alma las potencias
1375
a tanto amor, habiéndose pasado
primero un año entero en la conquista
desde el rigor de la primera vista.
Octava real
A cuyo fin llegaron juramentos,
cédulas y palabras, mal cumplidas,
1380
a derribar mis altos pensamientos,
si bien no diré yo que son fingidas.
Tres hijos aumentaron los contentos
de nuestras dos enamoradas vidas:
los dos varones, que a su cargo tiene
1385
aquel hidalgo que conmigo viene.
Octava real
La hija cría aquella dueña honrada,
a cuyos brazos debe, agradecida,
en virtud y labores enseñada,
más que a las ansias que le dieron vida.
1390
Trújome aquí; pero en la muerte airada
que al Príncipe la envidia revestida
desta ciudad nos desterró a su tierra,
que de montañas ásperas se cierra.
Octava real
Después que el reino pide su heredero,
1395
volvimos a París, donde me ha dado
celos de vos, si bien, como primero,
me jura que conmigo está casado.
De vuestro gran valor, señora, espero
que no daréis lugar a su cuidado,
1400
por lo menos estando de por medio
la gran dificultad de mi remedio.
Octava real
Tres ángeles os muevan, que, perdidos
pueden quedar por vos, y el llanto os mueva
de una mujer tan noble, si, atrevidos,
1405
sus pensamientos a engañaros lleva.
No aspiro a reinar yo, mis ofendidos
deudos intentarán que yo me atreva;
sólo pretendo ya que satisfaga
mi honor el Conde, que bien mal me paga.

CELIA
Redondilla
1410
¡Lástima me habéis causado!

TIRSO
(¿Hay embeleco mayor?)

JUANA
(Calla, Tirso, que el amor
fue siempre el mayor letrado.)

TIRSO
Redondilla
(¿Yo crío dos niños, yo?
1415
¡El diablo me trujo aquí!)

CELIA
Que estéis celosa de mí
me pesa; del Conde, no.
Redondilla
Confieso que me ha servido
después que vino a la Corte,
1420
no de manera que importe
a lo que os ha prometido;
Redondilla
y que yo, como ignorante,
le miré con afición;
mas viendo que no es razón,
1425
no ha de pasar adelante.
Redondilla
Aquesta palabra os doy.

NARCISA
Mil veces los pies os beso.
Yo temo algún mal suceso
si ve que con vos estoy.
Redondilla
1430
Dadme licencia, que aquí
estoy temblando de miedo
de su rigor.

CELIA
¿Y no puedo
saber vuestro nombre?

NARCISA
Sí;
Redondilla
que vos, como tan discreta,
1435
no le diréis desto nada,
que a su condición airada
tengo la vida sujeta.
Redondilla
Temo sus graves enojos,
tanto mi amor desconfía,
1440
que no me amanece el día
si no me le dan sus ojos.
Redondilla
Y no le quiero perder
una noche de mi lado,
que estará muy enojado
1445
y me dejará de ver.
Redondilla
Doña Sol me llama. Adiós.

CELIA
El cielo os guarde.

NARCISA
Rufino,
vamos.

TIRSO
(¿Hay tal desatino?)

(Vanse los tres.)

CELIA
¡Suceso extraño, por Dios!
Redondilla
1450
Hizo fin mi pensamiento.

CLARA
¿Por qué?

CELIA
Porque no es razón.

CLARA
Damas como esta no son
materia de casamiento.
Redondilla
¿Es mucho que un caballero
1455
mozo tenga una mujer?

CELIA
Mucho, Clara, puede ser
si la quiere, y yo le quiero.
Redondilla
Aquí dejo mi cuidado
y cuanto afición se llama,
1460
que hombre con hijos y dama
nunca salió bien casado.
Redondilla
Será su amor inmortal,
Clara, por más que lo dores,
que los primeros amores
1465
salen siempre tarde y mal.
Redondilla
En otra puede emplearse
que no sepa sus cuidados.

CLARA
¿Han de estar empapelados
los hombres para casarse?
Redondilla
1470
Puede dejar de querer
sus hijos.

CELIA
Mi intento muda
esto de ser Reina en duda
y tener otra mujer.

(El CONDE y FELICIANO.)

CONDE
Romance (tirada)
¿A qué mejor ocasión
1475
pudo llegar mi deseo?

FELICIANO
Sola está Celia.

CONDE
Señora,
gracias al amor y al tiempo
concertados en mi dicha,
pues en ocasión os veo
1480
que os pueda hablar sin testigos.
Hermosa Celia, ¿qué es esto?
¿Tan limitada alegría
de vuestros ojos merezco?
¿Tan poco favor a quien
1485
con tal cuidado y desvelo
pasa las horas de ausencia
en vuestros merecimientos?
¿Qué novedad ha causado,
claro sol, cielo sereno,
1490
tanta tempestad de agravios
sobre mi inocente pecho?
¿Rayos a mí, dulces ojos?
¿Soy yo gigante soberbio,
que me fulminan, airados?
1495
¿He conquistado su cielo
por ambición de su gloria
con montes de atrevimiento?

CELIA
Enrique, por no tenerle
con vos, que en esto os debo
1500
respeto, por muchas causas
daba mi agravio al silencio.
Indigna cosa parece
de tan nobles caballeros,
que los llama su fortuna
1505
al laurel de tantos reinos,
engañar una mujer
de mi calidad, haciendo
tan falsas demostraciones,
todas por ventura a efeto
1510
de engañarme, como a quien
hoy llora rigores vuestros.
Yo no soy mujer, Enrique,
de obligaciones, que puedo
andar en pruebas de amor
1515
ni en competencias de celos.
Aquí ha estado doña Sol
con la dueña y escudero
que vuestros tres hijos crían.
A vuestra memoria dejo
1520
la historia de sus agravios.
Con lágrimas, desde el tiempo
que la distes en León
palabra de casamiento,
me la refirió, y me pide
1525
no os dé lugar con su ejemplo
a mayor desdicha mía,
y que me admiro os confieso
que estando todas las noches
con libre y cansado sueño
1530
con ella y con vuestros hijos,
tengáis atrevido aliento
de inquietarme a mí los días
con visitas y paseos.
Enrique, yo soy quien soy;
1535
bien sabéis, porque es muy cierto,
que no sois mejor que yo.
Burlas, donde hay padre y deudos
de la calidad que veis,
no parecen de hombre cuerdo.
1540
No habéis de mirarme más;
acudid a vuestro empleo,
que llora por vos el Sol
y es lástima darle celos.

(Váyase.)

CONDE
¡Señora! ¡Señora!

FELICIANO
Fuése.

CONDE
1545
Clara, detente. ¿Qué es esto?

CLARA
¿Qué ha de ser?

CONDE
¿Suelen a Celia
darle aquestos movimientos
por alguna enfermedad?

CLARA
Piensa muy a lo discreto
1550
disimular vuestra alteza.

CONDE
¿Qué dices?

CLARA
Que ya sabemos
de la misma doña Sol
todos los pasados cuentos.
Váyase con sus tres hijos;
1555
cumpla, pues la debe al cielo
la palabra que le ha dado.

CONDE
Oye, Clara, que no acierto,
de turbado, a responderte.

CLARA
Conde, no tiene remedio.

CONDE
1560
¿Mujer ha venido aquí?

CLARA
Y con lágrimas que creo
que enternecieran las piedras.

CONDE
¿Mujer principal?

CLARA
No pienso
que hay en París más hermosa
1565
dama.

CONDE
Vete, que ya entiendo
la invención, y sé en qué prenda.

CLARA
¿Qué invención?

(Vase CLARA.)

CONDE
¡Viven los cielos
que he tenido por desdicha
que viva en este suceso
1570
Celia dentro de palacio.

FELICIANO
Pues ¿qué presumes?

CONDE
Sospecho
que este engaño le ha contado
a Celia el marqués Roselo,
que, como sabes, la sirve;
1575
que haber venido es enredo
esta doña Sol que dicen,
y si no fuera aquí dentro
yo lo averiguara a voces,
agraviado y descompuesto.

FELICIANO
1580
Vámonos de aquí, señor,
que viene el Marqués, y temo
tu condición.

(El MARQUÉS ROSELO.)

ROSELO
Aquí está.
Señor Conde, a qué buen tiempo
os hallo en esta ocasión.

CONDE
1585
(¿Podré tener sufrimiento?)

FELICIANO
(Mira, señor, dónde estamos.)

ROSELO
Enrique, hablaros deseo.

CONDE
(¿Qué haré, Feliciano?)

FELICIANO
(Oírle.)

CONDE
¿En qué os sirvo?

ROSELO
Estadme atento.
Terceto
1590
Después que de París os retirastes,
Conde, a vivir en una pobre aldea,
y su confusa pompa despreciastes,
Terceto
como quien tanto su quietud desea,
y lejos de la envidia cortesana
1595
en dulce soledad la vida emplea,
Terceto
yo vi sin elección ni ambición vana
la hermosura de Celia por destino,
alma divina en perfección humana.
Terceto
Seguir mi pensamiento determino
1600
con alguna esperanza lisonjera
que a darme aliento o a engañarme vino.
Terceto
Contar los gastos desta empresa fuera
bajeza del valor; cuento los pasos
mientras un año el sol corrió su esfera.
Terceto
1605
Fui de su puerta en todos sus ocasos
inmoble piedra hasta salir la aurora,
donde me sucedieron varios casos.
Terceto
No porque tenga yo desta señora
ni queja ni favor; vengo a pediros,
1610
porque entendí que la servís agora,
Terceto
procuréis, si es posible, divertiros
del nuevo pensamiento si obligaros
merecen tantas ansias y suspiros.
Redondilla
Esto con humildad, y aseguraros
1615
que amor y no arrogancia me ha movido,
que si no puede ser, quiero dejaros
libertad de pedirme lo que os pido.

CONDE
Redondilla
Marqués, por medios honrados
los caballeros discretos
1620
intentan fines y efetos
iguales a sus cuidados.
Redondilla
Si esto fuera antes de hacer
lo que en mi agravio habéis hecho,
yo quedara satisfecho;
1625
pero como viene a ser
Redondilla
después de haberle contado,
viendo que ya me quería,
a Celia que yo tenía
tres hijos y que le he dado
Redondilla
1630
palabra de casamiento
a mujer que jamás vi,
contentaos que tenga aquí
de escucharos sufrimiento.
Redondilla
¿Yo doña Sol? ¿Yo he tenido
1635
tres hijos? ¿No hay otros medios
para celosos remedios?

ROSELO
Conde, menos atrevido,
Redondilla
aunque aspiréis a Delfín,
que no lo sois hasta agora.
1640
Yo he mirado a esta señora
para tan honesto fin,
Redondilla
que no tengo que temer
de hombre humano competencia,
ni es tan baja diligencia
1645
de mi noble proceder.
Redondilla
Della yo estoy satisfecho,
aunque con desdén me mira,
porque tan grande mentira
fuera indigna de su pecho.
Redondilla
1650
Si otro alguno os engañó,
miente, y yo lo probaré
con la espada.

CONDE
Yo no sé
más de que Celia me dio
Redondilla
la queja que os he contado
1655
y como la fama ha sido
que de París me ha tenido
vuestra envidia desterrado,
Redondilla
presumo que vos seréis.

ROSELO
Respondo que no es razón
1660
que mienta la presunción,
si sois vos quien la tenéis.

CONDE
Redondilla
A tales atrevimientos
no hay respeto que mirar.

ROSELO
Ni reservado lugar
1665
para honrados pensamientos.

(El REY, el GOBERNADOR, LEONELO.)

FELICIANO
Romance (tirada)
¡El Rey, señor!

CONDE
No le espero.

REY
¿Aquí espadas?

ROSELO
Quien defiende
honra y vida, gran señor,
vuestra disculpa merece.
1670
El Conde...

REY
No prosigáis;
bien sé que la culpa tiene,
pues no esperó como vos,
que quien sin ella se siente
no huye el rostro al juez.

ROSELO
1675
De que tú le favoreces
piensa que estoy envidioso.
Tú sabes, señor, que siempre
te he dicho de Enrique bien.

REY
¿Y esa es causa suficiente
1680
para que saquéis la espada?

ROSELO
Si fue para defenderme,
como he dicho, ¿no fue justo
que su furor resistiese?

REY
Leonelo, llevadle preso
1685
y buscad al Conde. ¿Puedes,
Mauricio, agora abonarme
estas cosas, como sueles?
¿Ves cómo comienza Enrique,
arrogante e insolente,
1690
a atropellar la nobleza?
¡Qué buen principio me ofrece
para lo que el reino pide!

GOBERNADOR
Hasta oírle no conviene
ponerle toda la culpa.

REY
1695
Yo le conozco. ¡Si él fuere
digno del laurel de Francia!

GOBERNADOR
Presumo que le aborreces.

(NARCISA, JUANA y TIRSO.)

NARCISA
(Aquí está su majestad.)

TIRSO
(¿Es posible que te atreves
1700
a hablarle?)

NARCISA
(Calla, cobarde;
también escuchan los Reyes.)
¡Señor!

REY
¿Quién es?

NARCISA
Quien quisiera
hablarte secretamente.

REY
El gobernador no importa.
1705
¿A qué vienes y quién eres?

NARCISA
Lira
Invicto Ludovico,
yo soy madama Flor, hija de Arnesto.
Escucha, te suplico,
la justa causa que a tus pies me ha puesto.
1710
Soy principal y grave;
todo París mi nacimiento sabe.
Lira
Tengo una hermana hermosa,
a quien vio por mi mal el conde Enrique,
tan noble y virtuosa,
1715
que no sabiendo qué remedio aplique
a vencer su decoro,
porque con la virtud no es precio el oro,
Lira
de medios se ha valido
tan indignos de un príncipe que aspira
1720
al reino pretendido,
y del espejo en que París se mira,
pues ha de sucederte
que de mayores males nos advierte.
Lira
La escura noche estaba
1725
habrá tres días en silencio solo;
mi gente reposaba,
porque en partiendo el sol al otro polo,
a ejemplo de su dueño,
se encierra, muda, a la labor y al sueño,
Lira
1730
cuando el Conde, atrevido,
de mi hermana Lucrecia enamorado,
nuevo Tarquino ha sido,
aunque sólo ser huésped le ha faltado;
pues, rompiendo ventanas,
1735
puso en su honestidad manos tiranas.
Lira
Lloraba la doncella,
que enterneciera un mármol. Aquí vienen
testigos que de vella
lágrimas tiernas en los ojos tienen.
1740
Mas no le aprovechaba,
que Roma ardía y a Nerón lloraba.
Lira
Dellos, señor, te informa;
ellos te digan lo que yo no puedo,
verás cómo conforma
1745
la pena al llanto, la desdicha al miedo.
¡Ay, mi Lucrecia amada!
¿Qué hará tu honor, tu castidad violada?

REY
Redondilla
¿Qué dices desto, Mauricio?

GOBERNADOR
Estoy, señor, admirado.

REY
1750
¿Parécete que me ha dado
de ser buen príncipe indicio
Redondilla
extremada educación?—
Venid acá, vos, señora,
¿por dónde entró y a qué hora
1755
Enrique en tan gran traición?

JUANA
Redondilla
Señor, las doce serían,
y entró por una ventana.

TIRSO
(En examinando a Juana,
a las galeras me envían.)

JUANA
Redondilla
1760
Era lástima, señor,
verla de lágrimas llena,
como dulce Filomena
llorar su perdido honor.

REY
Redondilla
Vos, buen hombre, ¿qué decís?

TIRSO
1765
Señor, lo que es el forzalla
yo lo vi, que de miralla
lloraba todo París;
Redondilla
mas lo que es a Filomena,
yo no la he visto, en verdad.

NARCISA
1770
Túrbale la majestad
y enternécele la pena.

TIRSO
Redondilla
Lo que es forzalla, eso vi,
no diré otra cosa yo,
y aun después que la forzó...

REY
1775
¿Qué?

TIRSO
Quiso forzarme a mí.

NARCISA
Redondilla
Está turbado, señor.

TIRSO
Si, porque la defendía
de sus manos, me decía,
lleno de enojo y furor,
Redondilla
1780
que me había de hacer
y acontecer. ¿No es forzarme?

REY
No es menester informarme;
reportarme es menester.
Redondilla
Traedme mañana aquí
1785
esa doncella.

NARCISA
Señor,
remedio pide mi honor.

REY
Traelda y fiad de mí.

NARCISA
Redondilla
Guarden los cielos tu vida.

TIRSO
Juana traerá a Filomena,
1790
señor, que yo, con la pena
de nuestra casa ofendida,
Redondilla
no sé agora dónde vive.

JUANA
(Camina, que puede entrar
el Conde.)

NARCISA
(No he de parar
1795
hasta que el Rey le desprive,
Redondilla
hasta que al monte se vuelva,
porque el Conde ha de saber
que, agraviada una mujer,
no hay cosa que no revuelva.)

REY
Redondilla
1800
¿Qué podrás decir agora,
Mauricio?

GOBERNADOR
No sé qué diga
si el Conde te desobliga
desta suerte.

REY
¿A una señora
Redondilla
tan principal esto intenta
1805
Enrique para agradarme?
¿Con esto quiere obligarme?
Al reino quiero dar cuenta
Redondilla
destos principios, Mauricio.

GOBERNADOR
Disculpa tiene la edad.

REY
1810
Nacen con la majestad
canas, valor y juicio.

(El CONDE y FELICIANO y LEONELO.)

LEONELO
Romance (tirada)
Al Conde tienes aquí.

REY
No sé, Enrique, cómo pueda
decirte mi sentimiento.

CONDE
1815
¿Quién duda, señor, que seas
juez discreto y que agora
a la otra parte reservas
uno de los dos oídos?

REY
Cuando solamente fuera
1820
sacar sin causa la espada,
Enrique, mi justa queja
admitiera tu disculpa,
y aun pienso que cuando hubieras
muerto al Marqués, porque, en fin,
1825
honor y cólera ciegan
los hombres, y, de improviso,
pocas espadas son cuerdas;
pero hacer Roma a París
y que a quejárseme venga
1830
madama Flor de que fuerces,
sin ser Tarquino, a Lucrecia,
¿cómo lo podré sufrir?
¿Tú por las ventanas entras
de una casa principal
1835
y fuerzas una doncella?

CONDE
(¿Qué es aquesto, Feliciano?)

FELICIANO
(No es posible que esto sea
sino envidia de traidores.)

CONDE
Señor, ¿qué traidora lengua
1840
te informa tan mal de mí?
¿Qué hombre es éste que desea
mi muerte?

REY
No es hombre, Enrique.
Como un instante vinieras
antes, hallaras aquí
1845
el dueño de tanta afrenta.
Madama Flor me ha contado
que, como no te aprovecha
contra su virtud el oro,
te has valido de la fuerza.
1850
A su hermana le has forzado,
Enrique, ¿por qué lo niegas?

CONDE
¿Qué madama Flor, señor,
que me quitas la paciencia?
Si la conozco ni he visto
1855
tal casa ni tal Lucrecia,
quíteme el cielo la vida.

REY
Y si viene esta doncella
mañana aquí, y en tu cara
te dice con la violencia
1860
que le quitaste el honor,
¿qué dirás?

CONDE
Que cuando venga
tal mujer, ni del delito
que te han dicho me convenza,
quiero que luego me quiten
1865
de los hombros la cabeza
en un público teatro.

(Váyase.)

REY
Yo sé que cuando la veas
que te prueba con testigos
tan abonados la fuerza,
1870
será imposible negarlo.

(Vuelva.)

CONDE
¿Qué testigos?

REY
Una dueña
y un escudero, que entrambos
te harán decir lo que niegas.

CONDE
¿Qué es esto, señor Mauricio?

GOBERNADOR
1875
Conde ¡por Dios! que me pesa.
Yo he visto a madama Flor,
las lágrimas y las quejas.
Lo demás vos lo sabéis.

(Vase.)

CONDE
¿Hay tal maldad?

FELICIANO
Bueno quedas.
1880
Temo que te vuelvan loco.

CONDE
No hayas miedo que me vuelvan
loco, porque ya lo estoy.
¿Qué Flor o demonio es ésta?

FELICIANO
Otra doña Sol será
1885
que, como entonces con Celia,
agora con otro engaño
también con el Rey te enreda.

CONDE
Fáciles son, Feliciano,
de conocer estas tretas.
1890
No puede sufrir la envidia
que Delfín de Francia sea;
siempre sigue a la virtud.

FELICIANO
El pie temerario asienta;
adonde pone la planta
1895
sus mismas estampas sella.

CONDE
Dos cosas irremediables
sombra de su sol engendran:
a la envidia, la privanza,
por más humildad que tenga,
1900
y a los celos el amor.
Pero que mi suerte sea
tan desdichada que al Rey
le digan tales bajezas...
¿Yo he visto a madama Flor,
1905
ni yo he forzado a Lucrecia?
¿Yo estoy casado y con hijos,
como dijeron a Celia?
¡Oh, fortuna de las cortes!
¡Oh, mar de infames sirenas!
1910
¡Oh, peligro deseado
posta que la vida llevas!
¡Oh, piélago de mentiras!
¡Oh, vil quimera compuesta
de lisonja y ambición,
1915
murmuración y soberbia,
donde el mentiroso vulgo
ni aun la majestad respeta!
¡Tan lejos viven los pies
de conocer la cabeza!
1920
Si me aborreces, yo a ti,
y, por que mejor lo creas,
desde aquí me vuelvo a un monte,
donde son los hombres peñas.
Mejor que vivir contigo
1925
quiero vivir entre fieras,
que más fácil que a la envidia
les puedo hacer resistencia.
Deme seguro descanso
la soledad de una aldea,
1930
una fuente sus cristales,
un olmo su sombra fresca.
No quiero yo más palacios
que la cumbre de una sierra;
no más dosel que su nieve,
1935
hecho de escarchada tela;
allí me canten las aves,
no las lisonjeras lenguas.
De las cortinas del sol
sumiller la aurora sea;
1940
rústica Narcisa mire
y no adore ingrata Celia;
aquella verdad estime,
aquellas entrañas crea.
Adiós, París; adiós, corte;
1945
adiós, pretensiones necias;
adiós, que monte y Narcisa
con dulces brazos me esperan.
Llevarle quiero dos joyas,
y porque de plata y seda
1950
entiende menos que de almas,
a toda el alma con ellas.


Acto III

(ROBERTO y el MARQUÉS ROSELO, de noche.)

ROBERTO
Redondilla
Por el reloj de los cielos,
pienso que las once son.

ROSELO
Yo he pensado esta invención
1955
para averiguar mis celos.
Redondilla
Porque fingiéndome el Conde,
la envidia de su favor,
sabré si le tiene amor
en lo que Celia responde.

ROBERTO
Redondilla
1960
Pues ¿habla con él?

ROSELO
Así
me lo ha dicho cierta dama.

ROBERTO
Pues llega a la reja y llama.

ROSELO
Amor se duela de mí.

CELIA
Redondilla
¿Quién es?

ROSELO
Que a punto que estaba
1965
Enrique, señora, soy.

CELIA
Dijéronme, Conde, que hoy
licencia, enojado, os daba
Redondilla
el Rey para que volváis
a vivir a vuestra tierra.
1970
¡Oh, cuánto el consejo yerra
que en esta ausencia tomáis!
Redondilla
Porque si estando presente
os trata la envidia así,
¿qué hará de vos y de mí
1975
si estáis de la Corte ausente?
Redondilla
No pensé desenojarme,
que tanto estuve ofendida
de doña Sol, que en mi vida
imaginé reportarme;
Redondilla
1980
pero sabiendo que os vais,
no quiero ser descortés.

(El GOBERNADOR con rodela y espada, y JULIO.}

GOBERNADOR
Hoy tengo de ver quién es,
celos, si licencia dais
Redondilla
a un padre en tantos desvelos
1985
para defender su honor.

JULIO
¿Quién va?

ROSELO
Que pase es mejor
si no le detienen celos.

GOBERNADOR
Redondilla
Desta suerte pasaré
(Meta mano.)
en defensa desta casa.

ROSELO
1990
Pues si desa suerte pasa,
lo mismo a su ejemplo haré.

(Riñan.)

GOBERNADOR
Redondilla
Bríos tengo en esta edad
para defender mi honor,
que no me sufre el valor
1995
usar de la autoridad.

JULIO
Redondilla
¿Así se pierde el respeto
a tan gran señor, villanos?

ROSELO
Hablan de noche las manos
y es el silencio discreto.

GOBERNADOR
Redondilla
2000
¡Herido estoy!

ROSELO
¡Vive Dios!
que es Mauricio.

ROBERTO
Error ha sido.
¡Huye!

ROSELO
¡Si me han conocido!

(Los dos huyen.)

GOBERNADOR
¡Qué necios fuimos los dos,
Redondilla
Julio, en salir desta suerte,
2005
sin traer armas de fuego.

JULIO
¿Qué sientes?

GOBERNADOR
Pienso que llego
a las ansias de la muerte.
Redondilla
Entra y a Celia le di
la desdicha que ha causado.

JULIO
2010
Sin alma voy de turbado.

GOBERNADOR
¡En triste punto salí!

(NARCISA y JUANA de labradores.)

JUANA
Redondilla
Murió el mejor labrador
que esta montaña ha tenido.

NARCISA
La muerte de Albano ha sido
2015
templanza de tanto amor.
Redondilla
Por padre le he respetado;
con tal nombre me crió.

JUANA
¿Qué, no era tu padre?

NARCISA
No.

JUANA
Pues ¿quién te ha desengañado?

NARCISA
Redondilla
2020
Algún día lo sabrás.

JUANA
Haces tantas invenciones,
que temo de tus razones
que otras mayores harás.
Redondilla
Di que no es tu padre Albano,
2025
fíngete agora princesa
para conseguir la empresa
de tu pensamiento vano.
Redondilla
Que desde que yo te vi
con tanta gala y valor,
2030
doña Sol y doña Flor,
y hablar con un rey ansí,
Redondilla
dije: o aquesta mujer
nació señora, o ninguna
tuvo en tan baja fortuna
2035
más entendimiento y ser.
Redondilla
¡Qué bien te estaba el vestido!
A mí propia me engañabas.

NARCISA
Pues dese engaño en que estabas
desengaño el tiempo ha sido.
Redondilla
2040
Tú sabrás pronto un secreto
que te cause admiración.

(Sale TIRSO.)

TIRSO
Dadme albricias.

NARCISA
¿De qué son?

TIRSO
¿Prométeslas?

NARCISA
Sí, prometo.

TIRSO
Redondilla
El conde Enrique está aquí.

NARCISA
2045
¿Estás loco?

TIRSO
Loco estoy,
pues estas nuevas te doy.

NARCISA
¿ Tú le has visto?

TIRSO
Yo le vi
Redondilla
con el gabán que solía
pasear en nuestra aldea.

NARCISA
2050
Juana, ¿quieres que lo crea?
¿Mientes por darme alegría,
Redondilla
o por burlarte de mí?

TIRSO
Si no le he visto y hablado,
que me vea en alto estado
2055
del humilde en que nací,
Redondilla
y allí, con tanta arrogancia,
que nadie me quiera bien.
Mira tú, diciendo amén,
si es maldición de importancia.

NARCISA
Redondilla
2060
¿Qué le habrá traído aquí?

TIRSO
La mudanza de la corte.
Pero ¿qué me das en porte
de la nueva que te di?

NARCISA
Redondilla
Fuera de la voluntad,
2065
pide, Tirso.

TIRSO
Que aquel día
que el Conde, Narcisa mía,
pues será con brevedad,
Redondilla
se case con quien le iguale
en calidad y valor,
2070
agradezcas este amor,
si para lo mismo vale.
Redondilla
Que habiéndote de casar,
¿quién me iguala en la aldea
que de tantas partes sea
2075
para poderte igualar?
Redondilla
De lo rústico no digo;
mas si lo fui, te prometo
que pienso que soy discreto
después que trato contigo,
Redondilla
2080
que por lo menos se aprende
de tratar con quien lo es.

NARCISA
Digo que sea después
que el Conde con quien pretende
Redondilla
se case, que ya sé yo
2085
que esto ha de ser con su igual.

(El CONDE, con gabán, y FELICIANO.)

FELICIANO
¿Qué, no te parecen mal
estas soledades?

CONDE
No.
Redondilla
Antes me han de dar salud
estas selvas, monte y prado,
2090
este silencio sagrado
y esta dichosa quietud.
Redondilla
Aquí, destas fuentes bellas,
mis pensamientos se fíen,
que parece que se ríen
2095
de verme volver a vellas.
Redondilla
¿Qué amigos más verdaderos
que estos árboles y flores?
Cántenme aquí ruiseñores
y no en París lisonjeros.
Redondilla
2100
Aquí viviré pasando
las horas en vida honesta.

FELICIANO
¡Ay, señor! Narcisa es ésta.
¡Qué a traición te está mirando!

CONDE
Redondilla
¡Narcisa mía!

NARCISA
¿De quién?

CONDE
2105
Mía, mi bien.

NARCISA
¿Suya?

CONDE
Sí,
que no hay más bien para mí.

NARCISA
¿Luego no es Celia su bien?

CONDE
Redondilla
¿Quién te dijo esa locura?
Un día la visité
2110
para rendir a tu pie
su discreción y hermosura.

NARCISA
Redondilla
¿No más?

CONDE
Feliciano diga
si fué por otra razón.

NARCISA
¡Buen testigo!

FELICIANO
Celos son,
2115
que bien sabes que le obliga
Redondilla
al Conde, para vivir
estas selvas, tu belleza.

CONDE
Y Juana, tanta aspereza.

JUANA
Pues yo, ¿qué puedo decir
Redondilla
2120
si Narcisa está enojada?

CONDE
¿Y Tirso tan escondido?

TIRSO
Yo, cierto que no he sentido
de aquello de Celia nada;
Redondilla
pero si Narcisa y Juana
2125
están celosas, ¿soy yo
de piedra?

CONDE
Si se enojó
de la usanza cortesana
Redondilla
Narcisa, no lo estéis vos.

TIRSO
Yo, como ella no lo esté,
2130
no habrá cosa que me dé
pesadumbre; no, por Dios.

CONDE
Quintilla
Narcisa, a la Corte fui;
adonde el Rey me llamó;
la esperanza que me dió
2135
mudó la apariencia en mí,
no la voluntad, que allí
Quintilla
dentro del pecho vivía;
que supuesto que decía
otras diversas razones
2140
en todas las ocasiones
eras alma de la mía.
Quintilla
Decíale al Rey, mi bien,
que por mujer acetaba
la de Cleves, que él me daba,
2145
y al gobernador también,
por no mostrarles desdén;
Quintilla
pero cuando esto decía,
dando a entender que quería
casarme luego con ella,
2150
eras tú, Narcisa bella,
en el alma mujer mía.
Quintilla
Cuando a Celia visitaba,
de su valor satisfecha,
sin tener de ti sospecha,
2155
de quien tan segura estaba.
Cuando, necia, imaginaba
Quintilla
deshacer lazo tan fuerte,
como de los dos se advierte,
estaba el alma en su centro
2160
diciendo: “Soy aquí dentro
de Narcisa hasta la muerte.”

NARCISA
Quintilla
¡Qué donaire que ha tenido
vuestra alteza, gran señor,
en tenerme tanto amor
2165
dentro del alma escondido!
Como renegado ha sido
Quintilla
que dice, cuando se ve
entre cristianos, que fué
con la lengua siempre incierta,
2170
pero que tiene encubierta
dentro del alma la fe.
Quintilla
Pues, señor, sepa que es poca
cuando la encubre el temor,
porque también quiere amor
2175
que le confiese la boca.
Que pasión que al alma toca
Quintilla
es en tiempos semejantes
más descubierta entre amantes,
si no es que la fe se amengua,
2180
que desde el alma a la lengua
corre el amor por instantes.
Quintilla
De quien calla cuando es justo
que hable, claro se infiere
que desprecia lo que quiere
2185
o quiere otro nuevo gusto.
Que la trae algún disgusto
Quintilla
de la Corte a este lugar
bien se deja imaginar,
porque si amor me tuviera,
2190
puesto que callar quisiera
era imposible callar.

CONDE
Romance (tirada)
Confieso que me ha traído
desabrimiento a mi aldea
de ver tan loca a la envidia
2195
sin pedir al Rey licencia.
Andaba cierto Marqués
lleno de celos de Celia;
desbarató los principios,
temiendo la competencia
2200
con decir que yo tenía
de una doña Sol, leonesa,
tres hijos, y al Rey también
que forzaba las doncellas,
pues cierta madama Flor
2205
le dijo que de Lucrecia,
su hermana, Tarquino fui;
probando la injusta fuerza
con un infame escudero
y una mal nacida dueña,
2210
que, ¡vive Dios!, que a saber
quién estos villanos eran
que les quitara mil vidas.

TIRSO
(¡Oxte, puto, guarda fuera!)

NARCISA
(Maldición de flores nueva;
2215
pero no querrá que estén
cautivas Naturaleza.)
Prosiga su historia.

CONDE
En fin,
aquesta madama Flor,
—¡plega al cielo que lo sea
2220
en los jardines del Turco!—,
con tantas lágrimas tiernas
dicen que al Rey informaba
que enterneciera las piedras.
Como vi que si vivía
2225
más tiempo entre tantas fieras
aventuraba la vida,
acordéme de mi aldea
y quise más ver los prados
que pisas, Narcisa bella;
2230
las fuentes en que te miras,
las aves que te requiebran;
estas peñas que, arrogantes,
compiten con las estrellas,
cuya nieve, vuelta en agua,
2235
humilla el sol a la tierra;
estos cándidos vellones
de tus peinadas ovejas;
estas cabañas humildes
de secos tarayes hechas,
2240
que los dorados palacios,
cuya envidiada grandeza
no me agradaba, enseñado
a la quietud destas selvas.
Yo vengo a vivir aquí,
2245
yo vengo a servirte en ella,
donde, por recién venido,
cuando otra cosa no sea,
bien merezco que tus brazos...

NARCISA
Detente.

CONDE
No me detengas.

JUANA
2250
Ea, Narcisa; que el Conde
te adora.

FELICIANO
Si esto no fuera
amor, ¿por qué obligaciones
viniera el Conde a esta tierra?

NARCISA
No pienso hacer paz con él
2255
si Tirso no me lo ruega.

TIRSO
(Eso es mandarme bailar
y aforrarme la cabeza.)

NARCISA
Como Enrique...

CONDE
Di, adelante.

NARCISA
Ser mi marido prometa.

CONDE
2260
Si me igualaras, Narcisa,
o Francia no me pidiera
por su Delfín.

NARCISA
Yo te igualo.

CONDE
¿De qué suerte?

(Ruido.)

NARCISA
Escucha.

CONDE
Espera;
que gran gente baja al valle.

(Entren LEONELO y SOLDADOS.)

NARCISA
2265
¡Oh, amor; no hay gloria sin pena!

LEONELO
Prevenid todos las armas.
Dese a prisión vuestra alteza.

CONDE
¿Alteza y prisión, Leonelo?
¿Qué novedades son éstas?
2270
¿Hay otra madama Flor?
¿Hay otra fingida queja?

LEONELO
La que la tiene de ti
aspiraba a ser Princesa
contigo, y ya tu enemiga,
2275
le pide al Rey tu cabeza.

CONDE
¿Quién, Capitán?

LEONELO
No preguntes
lo que tan bien sabes. Celia,
cuyo padre has muerto.

CONDE
¿Cómo?

LEONELO
Dice que hablando con ella
2280
salió su celoso padre
y que al llegar a su reja
tú y Feliciano le habéis
muerto.

CONDE
Que lo sea me pesa,
que era Mauricio mi amigo
2285
y hombre de tan altas prendas,
que no queda al Rey en Francia
de quien confiarse puedan
los consejos de la paz
y las armas de la guerra.
2290
¡Qué desdicha! Pero admira
que sea Celia tan necia
que entienda que yo le he muerto.
Vamos, Leonelo, a que sepan
en París cuántos caminos
2295
contra mi inocencia intenta
la envidia. Poco ha, Leonelo,
que me llevaste a que fuera
Delfín de Francia, y agora
me llevas preso. ¿Qué piensa
2300
la Fortuna hacer de mí?
Mas, por ventura, desea
quitar a la necia envidia
esta piedra en que tropieza.

LEONELO
Esto manda el Rey.

CONDE
Narcisa,
2305
¡vive Dios!, que mi inocencia
está libre desta muerte.
Ya no es posible que vuelva.
Con Dios te queda y también
con la poca o mucha hacienda
2310
que hallares en esa casa.
No respondes, pero aciertas.
Vamos.

LEONELO
Venid, Feliciano.

FELICIANO
Cuando tú no me quisieras
llevar, fuera yo mil veces.

(Váyanse.)

JUANA
2315
¡Bravas desdichas te cercan!

TIRSO
¡Bravas fortunas te siguen!

NARCISA
¡Gran pecho quieren mis penas!
¡Gran ánimo mis desdichas!
¡ A ellas, amor, a ellas!
2320
Seguidme.

TIRSO
Pues ¿dónde vas?

NARCISA
Adonde mis penas crean
que tengo tan grande amor
que las ha de hacer pequeñas.

(El REY y el MARQUÉS ROSELO.)

REY
Lira
No sé cómo te animas,
2325
Roselo, a consolarme en tanta pena.

ROSELO
Rogarte que reprimas.
Si las mayores el valor refrena,
con discreto juicio
la que dió la muerte de Mauricio.
Lira
2330
¿Por qué, señor, te ofende?

REY
Porque perdí un amigo, en quien tenía.
Marqués, lo que pretende
quien ha de gobernar la monarquía
de un reino; que en el polo
2335
celeste el sol aún no gobierna solo.
Lira
A la noche preside
la blanca luna, mientras él descansa,
y el gobierno divide.
Tal vez el peso del imperio cansa
2340
y es menester Atlante,
en cuyos fuertes hombros se levante.
Lira
Aquel ángel de guarda
que suele dar a un Rey la vulgar gente
que en lo exterior le guarda,
2345
se ha de entender un grave presidente,
que haciendo justas leyes,
haga dichoso el cetro de los Reyes.
Lira
¿Quién fué como Mauricio?
La coluna de Francia me ha faltado.

ROSELO
2350
No faltan al servicio
de tu corona con igual cuidado
muchos grandes sujetos
no menos generosos y discretos.

REY
Lira
Sin esto, ¿qué desdicha
2355
puede igualarse a haberle Enrique muerto?
¿Será razón, por dicha,
no castigar tan grave desconcierto?

ROSELO
Que no es justicia, digo,
a quien ha de heredarte dar castigo.

REY
Lira
2360
¿Cómo que no es justicia?
¿Esa es razón de un hombre de tu ingenio?

ROSELO
No se prueba malicia.

REY
Pregúntale a Aristómenes Messenio,
supuesto que se ama,
2365
cómo la mala sangre se derrama.
Lira
Casio y Eparminundas
y Seleuco ¿sus hijas no mataron?

ROSELO
Si la justicia fundas
en gentiles, la fama idolatraron.

REY
2370
No son, por ser gentiles,
fueron justos, los ejemplos viles.

ROSELO
Lira
Luego, ¿quitar la vida
piensas a Enrique porque Celia, airada,
diga que fué homicida
2375
de su padre, celosa y engañada?

REY
¿Engañada, Roselo?

ROSELO
¿No se pudo engañar?

REY
¡Pluguiera al cielo!

(CELIA, de luto, CLARA y acompamiento.)

CELIA
Octava real
Como suele, señor, venir la parte
a pedirle justicia a un Rey, yo vengo
2380
a pedirte piedad y a suplicarte
que no mires airado la que tengo,
que más glorioso nombre puede darte
la que al valor de tu laurel prevengo
con perdonar a Enrique, en quien estriba
2385
que esta corona con descanso viva.
Octava real
Ya me miran, señor, todos airados,
tan grande y justo amor al Conde tienen.
Ya mi padre murió; ya tus cuidados
otros sujetos de valor previenen.
2390
Mira que los sucesos desdichados,
no por malicia, por desgracia vienen;
yo le perdono, la prisión excusa,
que me ha seguido la ciudad confusa.
Octava real
No permitas que Francia me aborrezca,
2395
que aunque es verdad que yo le vi matalle,
defendiéndose fué; no te parezca
que por amor pretendo disculparle.
¿Qué castigo pretendes que merezca
quien no pudo pensar que por la calle
2400
viniera un hombre de su edad celoso
sin descubrirse a un mozo valeroso?
Octava real
¿Qué querías, señor, que Enrique hiciese,
cuando mi padre la ocasión le daba?
Ni puedo yo creer que conociese
2405
a quien como a ti mismo respetaba.
Con esto, gran señor, tu enojo cese,
vuelva a tu gracia el Conde, como estaba;
harás agora a la razón sujeto
lo que después harás menos discreto.

REY
Romance (tirada)
2410
¡Marqués!

ROSELO
¡Señor!

REY
Escuchad.
Yo os quiero pedir consejo.
Esta quiere a Enrique vivo;
no quiere a su padre muerto.
¡Cómo se conoce amor!

ROSELO
2415
(¡Más se conocen mis celos!)

REY
He imaginado, Marqués,
para todos un remedio.
Yo no he de matar a Enrique,
Francia le llama heredero,
2420
yo pienso que lo ha de ser
si quieren guerras y pleitos.
Pues dejar a Celia ansí
no es cumplir con lo que debo
al muerto ni a mi justicia;
2425
darle por castigo quiero
el remedio de su casa.

ROSELO
Pues ¿qué tienes por remedio?

REY
Que, casándose con Celia,
Enrique suceda al muerto.
2430
Con esto pago a Mauricio
servicios de tanto tiempo,
remedio a Celia y castigo
a Enrique.

ROSELO
No lo aconsejo.

REY
¿Por qué? ¿No es tan buena Celia
2435
como Enrique?

ROSELO
Yo confieso
la nobleza; mas merece
Enrique más casamiento,
y el que tenías tratado
en Cleves, con más acierto,
2440
dejará quejoso al Duque.

REY
Pues ¿qué remedo más cuerdo?

ROSELO
A ver lo que Enrique dice,
que casamientos violentos,
como tú sabes, señor,
2445
nunca tienen buen suceso.

(El CONDE, preso, FELICIANO y GUARDA y LEONELO.)

LEONELO
Aquí viene preso Enrique.

CONDE
Aquí, señor, vengo preso
y inocente de la causa,
haciendo testigo al cielo
2450
que ni a Celia hablé en su reja
ni sé de su padre muerto
más de que lo dicen todos.

REY
Enrique, todo el proceso
se resuelve en que ella dice
2455
que eras tú, con juramento.

CONDE
Pues ¿qué ley condenar puede
con un testigo?

CELIA
No vengo
a pedir justicia yo,
que en la causa que eres reo
2460
soy parte y soy abogado,
y al Rey que perdone ruego.
Pésame de que lo niegues,
pues en mi reja es tan cierto
que te hablé cuando salió
2465
mi padre, celoso y necio,
dándote causa a matalle.

CONDE
Si te hablé, si yo le he muerto,
quíteme el cielo la vida.
Antes bien, Celia, sospecho
2470
que esa noche caminaba
a mi aldea, descontento
de ver tantos testimonios,
y mira que no merezco,
Celia, el mayor de tus labios.

REY
2475
Enrique, yo hallé remedio,
a que no has de replicar,
para quedar satisfechos
Celia, Mauricio y su casa.
Parte a tus Estados luego
2480
con ella, donde te cases,
mira si es partido honesto,
y no vuelvas a la Corte
hasta que, juntando el reino,
te mande lo que has de hacer.

(Vase con el MARQUÉS.)

CONDE
2485
Tu voluntad obedezco,
pues dices que no replique.
Vamos, señora, que creo
que os debo notable amor,
pues con este fingimiento
2490
me queréis por vuestro, en fin.

CELIA
Yo, conde Enrique, no os fuerzo.
Si no fuere vuestro gusto,
agora estamos a tiempo.

CONDE
¡Leonelo!

LEONELO
¡Señor!

CONDE
Aquí
2495
pensabas traerme preso
y fué engaño, porque entonces
vine libre y preso vuelvo.

(Salen NARCISA y JUANA.)

NARCISA
Redondilla
Mucho tarda Tirso, Juana,
que siguiendo al Conde fué.

JUANA
2500
¡Que en esta locura dé
tu loca esperanza vana!

NARCISA
Redondilla
¿Qué quieres? No puedo más.
Y si tan perdida estoy
es por no ser lo que soy.

JUANA
2505
Con esta prisión estás
Redondilla
más perdida que solías.
¿Qué nuevo ser tienes ya
que, muerto Albano, te da
causa a tan locas porfías?

NARCISA
Redondilla
2510
Es, Juana, un grande secreto
que no se puede saber
hasta venir a tener
mis pensamientos efeto.
Redondilla
¡Ay, Dios! Si el Conde mató
2515
al Gobernador, ¿qué espero?
Pues al engaño primero
este segundo añadió;
Redondilla
que el venir a nuestra aldea
fué para poder negar
2520
que no le pudo matar.
Pues si él a Celia desea,
Redondilla
si la sirve y quiere tanto,
¿para qué quiero ser yo
más que hasta aquí, pues me dió
2525
más causa para más llanto?
Redondilla
¡Fuentes a mi llanto iguales,
o trasladaos a mis ojos
o mis lágrimas y enojos
a vuestros puros cristales!
Redondilla
2530
Antes que fuese quien soy
menos mis penas sentía;
por no ser lo que solía,
en mayor desdicha estoy.

(TIRSO entre.)

JUANA
Redondilla
No te aflijas, que ya viene
2535
Tirso.

TIRSO
Siempre soy correo
de malas nuevas.

NARCISA
Ya veo
que el Conde peligro tiene.
Redondilla
¿Está el Rey muy enojado?
¿Hay contra su sangre ley?

TIRSO
2540
Ya no está enojado el Rey,
sino Enrique está casado.
Redondilla
¡Presto lo he dicho, a la fe!

NARCISA
¿Casado? ¡Triste de mí!

TIRSO
O viene a casarse aquí,
2545
que del Rey concierto fué
Redondilla
por la muerte de Mauricio.

NARCISA
Luego ¿con Celia se casa?

TIRSO
Él se casa, y en tu casa.

NARCISA
¡Quién tuviera más juicio!

TIRSO
Redondilla
2550
¿Para qué?

NARCISA
Para tener
mucho que perder aquí.
¿Que se casa el Conde?

TIRSO
Sí.

NARCISA
¿Y que es Celia su mujer?

TIRSO
Redondilla
Si no lo crees, advierte
2555
que los coches llegan ya.

NARCISA
Amor, paciencia, que está
vuestra esperanza a la muerte.

(Entren FELICIANO y CRIADOS, CELIA, de camino, y el CONDE y CLARA.)

CONDE
Redondilla
En esta pequeña aldea,
falda deste monte, vivo;
2560
aquí me tiene cautivo
el Rey, que mi fin desea,
Redondilla
y aquí me manda vivir.

CELIA
¡Buen sitio, monte extremado,
lindas aguas, fresco prado!
2565
¡Clara, no hay más que pedir!
Redondilla
¡Qué buena casa!

CLARA
No creo
que la hay en París mejor.

CELIA
¿Qué alcaide tenéis, señor,
en esta casa?

CONDE
El deseo
Redondilla
2570
de que en ella os halléis bien;
pero vive en ella agora
una honrada labradora
y su familia también.
Redondilla
Murió su padre, a quien yo
2575
fiaba mi hacienda junta.

CELIA
¿Dónde está?

TIRSO
(Por ti pregunta.)

CELIA
¿No está aquí?

NARCISA
(Dile que no.)

TIRSO
Redondilla
Señora, dice Narcisa
que no está aquí.

CELIA
Si sois vos,
2580
¿por qué no llegáis?

NARCISA
(¡Ay, Dios!)

CELIA
¿No sabéis andar aprisa?

NARCISA
Redondilla
Cuando voy a la ciudad
tras el pollino, con Juana,
bien sé andar.

CELIA
¡Buena villana!

NARCISA
2585
Buena sea su verdad,
Redondilla
que cierto que me lo debe,
porque cualquiera que al Conde
quiere bien, me corresponde.

JUANA
(A mucho tu amor se atreve.)

CELIA
Redondilla
2590
Clara, ¿no parece mucho
a doña Sol?

CLARA
Es retrato.

NARCISA
Era sol, y el tiempo ingrato
noche me volvió.

CONDE
(¿Qué escucho?)
Redondilla
(¡Ay, Feliciano! ¿Qué haré?)

FELICIANO
2595
(¿Qué puedes hacer, señor?)

CELIA
Si no es doña Sol, error
de Naturaleza fué.

NARCISA
Redondilla
Como eso hará la Fortuna,
que es tela de tornasol.
2600
“Púsoseme el sol,
salióme la luna;
más valiera, madre, la noche escura.”

CELIA
Redondilla
Pues aquella labradora
mucho a la dueña parece.

CLARA
2605
La imaginación ofrece
tales engaños, señora,
Redondilla
que aquel villano también
me parece al escudero.

CELIA
Conde, ver la casa quiero,
2610
que me parece muy bien.

NARCISA
Redondilla
A saber que sus mercedes
venían, otro aparejo
toviera; como un espejo
rellocieran las paredes.
Redondilla
2615
Pésame que la espetera
como solía no esté;
pero yo la lumpiaré
por de dentro y por de huera.
Redondilla
A la he, no ha de quedar
2620
cosa en casa que no mude,
aunque la persona sude
cuando pensó descansar.
Redondilla
Todo está con la prisión
del Conde desbaratado,
2625
que, a saber que era casado,
era forzosa ocasión
Redondilla
de que se mudara todo;
pero agora lo será.

CELIA
La labradora me da
2630
gusto.

CLARA
El hablar de aquel modo,
Redondilla
aunque grosero, es donaire.

NARCISA
(Pues a mí no me le ha dado
que tan presto hayan llegado.
Mas viene el mal por el aire.)

(Entrense todos, y NARCISA asga al CONDE. Los dos solos.)

NARCISA
Quintilla
2635
Escuche su señoría
que acerca de aderezar
la casa hay que preguntar.

CONDE
¿Qué quieres, Narcisa mía?

NARCISA
Traidor Conde, ¿qué te hacía
Quintilla
2640
el alma que has engañado?
Si a Celia la tuya has dado,
¿por qué veniste a casarte,
pudiendo excusarlo en parte
que yo te viese casado?

CONDE
Quintilla
2645
Fué del Rey la voluntad.

NARCISA
Luego ¿el Rey te señaló
que vinieses donde yo
te viese con tal crueldad?

CONDE
Y tú, ¿piensas que es verdad
Quintilla
2650
que maté a Mauricio yo?

NARCISA
Yo no sé quién le mató.

CONDE
¿No ves mi inocencia en mí?

NARCISA
Conde, tus traiciones, sí;
pero tus desdichas, no.
Quintilla
2655
¡Vive el cielo, que eres hombre!
Esto digo y esto siento:
no hay más encarecimiento
que deciros este nombre.
Pero deja que me asombre
Quintilla
2660
que el Rey te dé por castigo
casar a Celia contigo;
que si primero me has muerto
fuera más justo concierto
que te casaras conmigo.
Quintilla
2665
¡Válgame Dios, qué mudanza
cupo en tan grande nobleza!
¡Mi arrogancia y mi bajeza
dieron al amor venganza!
¿Qué pensaba mi esperanza
Quintilla
2670
cuando se fundaba en ti?
Pues advierte que nací
mejor que tú y que he de ser
en la venganza mujer
para vengarme de mí.

CONDE
Quintilla
2675
¡Mi bien!

NARCISA
La lengua detén,
que de experiencia he sacado
que cuando me has engañado
siempre me has dicho “¡Mi bien!”.
Yo te dije aquí también
Quintilla
2680
que te podía igualar,
con que pudieras pensar
algún secreto valor.
Mas, teniendo a Celia amor,
¿qué te pudiera obligar?

CONDE
Quintilla
2685
Oye, amores. ¡Por tus ojos!
No te retires.

NARCISA
Desvía.

(Entre CELIA.)

CELIA
¡No es malo, por vida mía!
¿Soy causa destos enojos?

NARCISA
¿Agora celos y antojos?
Quintilla
2690
Mas ¿qué? ¿Los tiene de mí?
¿No ve que el señor aquí
tomarme quiere las llaves
de casa?

CELIA
Pienso que sabes
más de mí que yo de ti.
Quintilla
2695
¿Cosa, aldeana, que fueses
la doña Sol que se esconde
y que tres hijos del Conde
en este lugar tuvieses?
Habla, di verdad, no ceses;
Quintilla
2700
habla, licencia te doy.
Si eres Sol, a tiempo estoy,
que me holgaré que lo seas.

CONDE
¡Qué mal los celos empleas!

NARCISA
Muy mal. ¿Tan rústica soy?
Quintilla
2705
Señora, los hombres son
tan fáciles, que a villanas
dirán, si no hay cortesanas,
su poquito de razón.
No pongáis la presunción
Quintilla
2710
de tan gran señora en mí;
aquí os dejo, que si fuí
villana, eso mismo soy,
y como quien soy me voy
al monte donde salí.
Quintilla
2715
Dejad cuidados celosos,
que a casos tan levantados,
¿qué importa llegar osados
si los acaban dichosos?
Mis pasos fueron dudosos,
Quintilla
2720
que por no saber quién fui,
neciamente los perdí;
pero ya que me resuelvo
a poner fuego, me vuelvo
al monte de quien salí.

(Vase.)

CELIA
Quintilla
2725
¿Estos enigmas tenéis,
Enrique, en aquesta aldea,
que con vuestra dama os vea
y vuestros hijos queréis?

CONDE
Señora, pues ya sabéis
Quintilla
2730
que es doña Sol esta dama,
volved por mí y por su fama.
Esos tres hijos tenía
que doña Sol os decía.
Así se turba quien ama.
Quintilla
2735
Ni os está bien el casaros
conmigo, ni al Rey querer
darme tan noble mujer
si no tengo de estimaros.
Adoro en mis hijos caros.
Quintilla
2740
(¡Vive Dios! que no los tengo;
pero aprovecharme vengo
de lo que ella misma dice.)

CELIA
A la necedad que hice,
Conde, el remedio prevengo.
Quintilla
2745
No fuérades caballero
si no me desengañara
vuestra piedad.

CONDE
(¡Quién pensara
que el Rey, tan bárbaro y fiero,
sin informarse primero
Quintilla
2750
de la verdad de esta muerte
me casara desta suerte!)

(FELICIANO.)

FELICIANO
¡Brava fineza, señor!

CONDE
¿Cómo?

FELICIANO
Descubrióse amor
y viene su alteza a verte.

(El REY, el MARQUÉS y LEONELO.)

REY
Romance (tirada)
2755
No es posible que se atreva.

ROSELO
Yo te digo lo que siento.

REY
¡Conde!

CONDE
Señor, ¿merced tanta?

REY
¡Celia!

CELIA
El Rey viene a buen tiempo.

REY
Quéjase de que te trate
2760
con tanta aspereza el reino
y vengo a desengañarle.

CONDE
Los favores que me has hecho
califica, gran señor,
este noble casamiento.

REY
2765
Dicen que el ser tan oculto
confirma que te aborrezco;
y no lo debe de ser
cuando tantas luces veo.
¿Qué es esto?

CONDE
¿Luces aquí?
2770
Sin duda el rústico pueblo
celebra mi desposorio,
lo que encubres descubriendo.

(TIRSO entre.)

TIRSO
Huid, señores, huid,
que con la fuerza del viento,
2775
encendidos estos montes,
podrá ser que llegue el fuego
a estas casas en que estáis.

CONDE
¡Encendidos! Quién ha puesto
fuego al monte?

REY
Si hay peligro,
2780
Enrique, no le aguardemos.

CONDE
No, señor, que es imposible,
estando este río en medio,
pasar el fuego al lugar.

REY
Vaya alguna gente presto
2785
a saber quién fué la causa;
que si fué con mal intento,
no ha de quedar sin castigo.

CONDE
(Aun aquí pienso que tengo
el peligro de la envidia,
2790
pues que me viene siguiendo
desde la corte a la aldea.)

(GUARDA y NARCISA.)

LEONELO
¡Camina, loca!

REY
¿Qué es esto?

NARCISA
¿Qué ha de ser? Una mujer
que, habiendo pedido el seso
2795
por desesperado amor
y sin esperar remedio,
a este monte, en que nació,
paso fuego, presumiendo
quemar con él estas casas.

REY
2800
Temerario atrevimiento,
y no sin causa nacido,
de un desesperado pecho.
Di la ocasión y quién eres.

NARCISA
Si el perdido entendimiento
2805
cobra algún valor mirando,
¡oh, Rey, que me estás oyendo!,
oye la notable historia
de mi vida y mis sucesos.

REY
La sangre me has alterado.
2810
Di, mujer.

NARCISA
Estadme atentos.
Romance (tirada)
Invicta rey Ludovico,
cristianísimo de Francia,
a cuyo blasón del cielo
un ángel trujo las armas.
2815
Yo soy una labradora
que salí de las entrañas
deste monte, rudo parto
de sus romeros y jaras.
Albano, un hombre de bien,
2820
que vivió de su labranza,
fué mi padre, que a lo mismo
toscamente me aplicaba.
Viví llevando a estos prados
una grosera manada
2825
de ovejas, sin más discursos
que, con la risa del alba,
sacarlas de sus rediles
por cristales y esmeraldas
destas hierbas y estas fuentes,
2830
y cuando el sol declinaba
al polo por donde dicen
que al mar de otro mundo pasa,
volverlas a que otra vez
aguardasen la mañana.
2835
Vida que, al nacer en ella,
solo pudiera pasarla
mujer que iguales tenía
el ingenio y las desgracias.
Era sayal mi vestido
2840
ordinario la semana,
y de algún paño grosero
la fiesta, sayuelo y saya.
Sobre el cabello, que siempre
me cubrió toda la espalda,
2845
sombrero para los soles
y gabán para las aguas.
Vino el Conde a nuestra aldea,
y, andando una tarde a caza,
como dicen las historias,
2850
vióme en un prado sentada.
No sé qué le parecí
la crespa melena echada,
con los naturales rizos
que el artificio ignoraban,
2855
que me dijo, y lo creí:
“Agrádame la villana,
que no siempre a los señores
agradan las cosas altas.”
Dió en venirse cada día
2860
donde yo segura estaba,
y de un disparate en otro
me puso en locura tanta,
que en un pedazo de espejo
di en mirarme las mañanas,
2865
más que por verme yo a mí,
por ver lo que le agradaba.
Aconsejóme el cristal,
(¡Qué mal consejo! ¡Mal haya
quien fía en vidro tan débil
2870
materias de confianza!)
Él, finalmente, me dijo
que me pusiese en la cara
cierto color que me dió
una vecina casada.
2875
Con esto al campo salía,
de verme querer, tan vana,
que en cualquier fuente del prado
por instantes me miraba.
Ya no dormía de noche;
2880
que es violencia temeraria
la primera voluntad,
y más tan bien empleada.
Porque cuando yo me vía
una rústica aldeana
2885
y de un príncipe tan grande
con tan grande extremo amada,
desvanecíme de suerte
que en todo el pecho no hallaba
adonde el alma cupiese,
2890
tan grande me vino el alma.
Con los regalos del Conde
atrevíme a seda y plata,
y, aunque en traje labradora,
era en los adornos dama.
2895
En estos medios llamaste
a Enrique, y de la esperanza
de ser rey, le dió un olvido
que fué de mi muerte causa.
Enamoróse de Celia,
2900
fuí a la corte, y pude hablarla
en hábito de señora,
para decirle que estaba
casado el conde, fingiendo
que doña Sol me llamaba.
2905
También, señor, te engañé
diciéndote que una hermana
me había forzado el Conde,
para quitarle tu gracia.
Con esto volvió a la aldea,
2910
que esto del monte no habla;
que dél sale quien le quema
por quemar sus robles y hayas,
sino porque los criados,
o mujeres de una casa,
2915
como testigos de vista
son los que a los dueños matan.
Estando el Conde en la corte
murió Albano, cuya extraña
y rústica condición
2920
mi nacimiento ocultaba,
con un papel y una joya
hallé en un cofre una caja.
El papel decía: “Aquí,
del Condestable de Francia,
2925
llegó Floripes, su hija,
fugitiva de su espada.
Parió del rey Ludovico
a Isabela, que hoy se llama
Narcisa.” Tomé la joya,
2930
que es este anillo que engasta
esta hermosa flor de lis
de diamantes coronada.
Pero estando yo tan cierta
de ver que al Conde igualaba;
2935
hija del rey, y su prima,
me dicen que el Rey le casa
porque dió muerte a Mauricio
y por ser en tu desgracia.
Vienen los dos al aldea
2940
donde yo, desesperada,
poniendo fuego a este monte
pretendí tomar venganza,
creyendo que poco a poco
llegara el fuego a su casa.
2945
Pero esforzándose el viento
y deteniéndole el agua,
solo descubrió mis celos
y mi esperanza burlada.
Yo soy Isabela, Rey,
2950
que, como mujer que ama
y que sin saber quién era,
vencida de su ignorancia
y animada del valor
de ser tu hija, intentaba
2955
lo que has visto y has oído.
No te pido que deshagas
el casamiento de Celia;
pero que si fué la causa
matar el Conde a Mauricio,
2960
vuelvas, señor, por su fama,
con hacer información;
porque si conmigo estaba
el Conde en aquesta aldea
cuando en la corte a aquel matan,
2965
no es razón que yo le pierda,
si no es que en tu amor no hallan
ni remedio mis desdichas
ni puerto mis esperanzas.

REY
Muestra el anillo o testigo
2970
firme de verdad tan clara.
Dame tus brazos, que el cielo
esta dicha me guardaba
para consolar la muerte
del príncipe, pues a Francia
2975
dejaré tales dos reyes
de mi sangre y de la casa
de Guisa.

ROSELO
Advierte, señor,
que si a Celia dar pensabas
a quien a su padre ha muerto,
2980
yo soy, que con tal desgracia
le maté sin conocerle.

REY
Celia, no hay que satisfaga
mejor su muerte.

CELIA
Tu gusto
para mi remedio basta.

TIRSO
2985
Al escudero y la dueña
¿no dan sus mercedes nada?

CONDE
Este monte en dote.

TIRSO
¿Agora
que está quemado?

CONDE
Aquí acaba
DEL MONTE SALE, que dió tan ilustre reina a Francia.