Texto utilizado para esta edición digital:
Lope de Vega, El cuerdo loco, Emilio Cotarelo (ed.), Obras de Lope de Vega, IV: obras dramáticas. Madrid, RAE, 1917, pp. 374-421.
- Durá Celma, Rosa (Artelope)
DIRIGIDA AL DOCTOR DON TOMÁS TAMAYO DE VARGAS
Hablando Cicerón del filósofo Panecio en el libro IV de Finibus, dijo, para alabarle,
que era digno de la amistad de Cipión y Lelio: Homo quidem ingenuus, & gravis, dignus
illa familiaritate Scipionis, & Lelii. Y yo, hablando de Vuestra Merced, solo dijera
que había sido digno de la familiar amistad del padre doctor Juan de Mariana, porque
aquella infinidad universal de letras, graves costumbres y venerables años no admitieran
menos iguales excelencias, aunque en la edad desiguales. Vi su defensa, si merece
este nombre quien no ha ofendido, contra las objeciones, mejor dijera ignorancias
y atrevimientos libres, a su famosa y verdadera historia. Doy gracias a Vuestra Merced
por tan bien empleado cuidado, y se las deben todos los que saben y que no ignoran
lo que va de escribir a censurar y de enseñar a reprender. Salió un libro de este
reprensor, fue parto ridículo y ofensivo, borrose de la memoria de las gentes, aunque
ya de la de su dueño lo estaba. Con la ignorancia no hay más venganza que dejar que
ella la tome de sí misma, cual sucedió al referido, a quien, faltando el poderoso
muro en que se arrimaba, cayó marchito, pues ya su atrevimiento quería frisar con
Alejandro, como Diógenes, e imitar las libertades de los filósofos con los reyes.
De hoc satis?, y porque hay tantas especies de locuras, no tan grandes, advierta Vuestra
Merced que esta comedia que le dedico, la fingí en un hombre cuerdo, cosa de que se
hallará ejemplo en las Sagradas Letras, que la de por soberbia de sangre, hacienda,
ciencia o lugares altos, anda en el mundo, no merece memoria, si ya no fuese para
reprenderla. No veo a los hombres doctos arrogantes, no veo a los ignorantes humildes;
aquí bien se ofrecía desatar el abecedario de los lugares comunes para Vuestra Merced
cuales no lo fueran. Andamos, finalmente, defendiéndonos de cartas y de objeciones.
Mi Jerusalén padece; algunos no tienen por poema el que no sigue a Virgilio. Digo
yo que volver a escribir su historia sería acertado, pues no conocen que las imitaciones
no son el mismo contexto, sino la alteza de las locuciones, términos y lugares felicemente
escritos, las sentencias, el ornamento, propiedad y hermosura exquisita de las voces.
En dos estancias latinas del libro IV dice: Missile telo. Buscó la ‘i’ un docto que
no sabía cuán ordinaria cosa es en ella mudar la ‘e’ en ‘i’ y la ‘i’ en ‘e’, como
se ve en Ovidio, en la epístola de Paris a Elena:
Hoc mihi non recolo fore, ut a coeleste sagitta. Aquí está ‘coeleste’ por ‘coelesti’.
Pues ¿qué más tiene Missile? Y no hay decir que es yerro de la impresión, que no consta
el verso de otra suerte. Idem in epist. ad Her.
Humene incultae fonte perenne genae.
Lucrecio, en el libro VI, ‘Cupedo’ por ‘Cupido’.
Et finem statuit Cupedinis, atque timoris.
De la ‘e’ en ‘i’, Ausonio, en la imagen de la ocasión:
Ocipiti calvo.
Plauto: Sorti sum victus.
Varrón, en el libro V de la Lengua Latina:
In campo cum prima luci.
Como, Vesperi pro Vespere.
Y en las inscripciones antiguas: ‘Deana’ por ‘Diana’, ‘Dolea’ por ‘Dolía’, ‘Genetrix’,
‘Mereto’, ‘Soledas’, por ‘Genitrix’, ‘Merito’ y ‘Solidas’; ‘Cavias’, ‘Camina’, ‘Mircurius’,
‘Pontifix’, por ‘Caveas’, ‘Camena’, ‘Mercurius’ y ‘Pontifex’, como se hallarán muchas
en el índice de Sinecio. Más se espantara este lego objetador si yo hubiera hecho
alguna paragoge o adución qua fini jungitur aliqua sillaba, como ‘Dicier’ por ‘Dici’
(Horatio a Filida, Od. II)
Avet inmolato. Spargier agno.
La razón de colocar bien una oración, dice Dionisio Alicarnaseo que se conoce Ex aspero
aut molli concursu literarum.
Y así se ve con cuánta más elegancia está ‘Missile’ que ‘Missili telo’, como se ve
en su pronunciación. Esto dicen algunos por lo que oyen, que realmente aún les falta
lo necesario para decirlo de su Marte propio: Turpe vero est judicare, que pulchra
sint maiore ex turbe murmure, como dijo el doctísimo Pedro de Valencia, en la prefación
a los Himnos de Arias Montano, porque, ex collatione, requè ipsa, non es opinione
estimare, ac decernere equum est. Con Vuestra Merced pudiera haberme excusado esta
digresión, pues fuera más bien empleada en su alabanza, pero tal vez se deja llevar
la pluma de la ofensa propia, pues por leyes divinas y humanas parece justa, aunque
donde no había que defender, como dice la ley. Domitus: Fatua quaestio, quae non habet
rationem dubitandi. Vuestra Merced lea el cuerdo loco que ingeniosamente se hizo señor
de sus enemigos con industria, en tanto que con obras más dignas de su excelente ingenio
y universales letras, griegas, hebreas y latinas, en tan floridos como bien empleados
celebro su ilustre nombre, si las Musas me dan favor y el cielo vida. Guarde Dios
la de Vuestra Merced como deseo y merece la honra que ha hecho a esa ilustrísima ciudad
en que ha nacido.
Capellán de Vuestra Merced, Lope de Vega Carpio.
FIGURAS DE LA COMEDIA
| LUCINDA |
| ANTONIO |
| PRÓSPERO |
| DINARDO |
| TANCREDO |
| LEONIDO |
| SULTÁN |
| TEBANDRO |
| ROBERTO |
| FINARDO |
| CELIO |
| ROSANIA |
| ARISTEO |
| FILIPO |
| [BELARDO] |
| [TIRSE] |
| UN CAPITÁN |
| [UN PAJE] |
| [UN CABO] |
| SOLDADOS |
| GUARDAS |
| [El MAESTRESALA] |
| [Dos ALABARDEROS] |
| [MUCHACHOS] |
CELIO aparece en el elenco como CELIA por error.
ARISTEO figura en el elenco, pero no actúa.
Acto I
Acto II
Verso que rompe la rima de la redondilla. Posible enmienda: “Dónde se ha entrado?”
Acto III
