Félix Lope de Vega y Carpio

LA CONTIENDA DE GARCÍA DE PAREDES Y EL CAPITÁN JUAN DE URBINA




Texto utilizado para esta edición digital:
De Vega, Lope, La contienda de García de Paredes y el capitán Juan de Urbina, Obras de Lope de Vega, XXIV, Marcelino Menéndez Pelayo (ed.), Madrid, Atlas (BAE, CCXV), 1868, pp. 290-349.
Adaptación digital para EMOTHE:
  • Durá Celma, Rosa (Artelope)

PERSONAS QUE HABLAN EN ÉL

DON DIEGO GARCÍA DE PAREDES
JUAN DE URBINA
ÁLVARO DE PAREDES
ZAMUDIO
PIZARRO
CLARINDA
ALFERIO
LAMBINO
FULVIO
UN AMIGO SUYO
UN ALGUACIL
UN CORREO
TANSILO, caballero
TOSCANELO }
HORACIO }, criados suyos
DURINO
EL GRAN CAPITÁN
EL DUQUE DE URBINO
CÉSAR }, capitanes
EL GENERAL DEL PAPA
SOLDADOS
[ROBERTO], [centinela francés]
[RIDOLFO], [tudesco]
[BAYARDO], [tudesco]
[LUCRECIA], [dama peregrina]
[DOÑA EMILIA], [mujer de Urbina]
[EMILIO], [capitán]
[LIDIA], [criada de doña Emilia]
[DON HUGO DE MONCADA], [virrey de Nápoles]
[EMBAJADOR DE FERRARA]
[EMBAJADOR DE FLORENCIA]
[EMBAJADOR DE ROMA]
[EMBAJADOR DE SENA]
[EMBAJADOR DE URBINO]
[EMBAJADOR DE VENECIA]
[MARQUÉS DE PESCARA]
[SECRETARIO]
[SALCEDO], [coronel]
[TANCREDO], [tudesco]
[MARQUÉS DEL BASTO]
[DON PEDRO], [hermano de doña Emilia]
[FELISENA], [cortesana]

Esta comedia presenta un elenco para cada una de las jornadas.


LICENCIAS

Véase esta comedia, cantares y entremeses de ella. –El Secretario, Tomás Gracián Dantisco, y de su censura. –En Madrid, a 28 de etc. –Por orden del señor Gonzalo Guerrero, canónigo y provisor de la santa Iglesia de Jaén, he visto esta comedia de La contienda de Diego García de Paredes y no hallo en ella cosa por la cual no se pueda dar licencia para representarse. –En Jaén, a 16 de enero de 1614. –Fray Juan de Jesús.
Por visto. –Doy licencia a becerra, autor de comedias en esta ciudad y obispado, para que represente esta comedia de Diego García de Paredes. –Fecho en Jaén a 17 de enero de 1614. –Gonzalo Guerrero. –Por su mandado, Sebastián de Mata.
Corregida y concertada con su original, corrección y censuras y licencias. –Madrid y junio 20 de 1781. –Miguel Sanz de Pliegos.


Acto I

Salen huyendo ALFERIO y LAMBINO, romanos, y JUAN DE URBINA y DIEGO GARCÍA DE PAREDES tras ellos, con las espadas desnudas.

Alferio
Quintilla
Si por la capa lo habéis,
nunca tuve mejor capa
que la que la vida escapa.

Urbina
Huélgome que lo entendéis.

Alferio
5
Aquí del Dios y del Papa...

Diego
Quintilla
El Papa estará acostado,
y Dios, que en los cielos mora,
no hará milagros ahora
porque os hayamos quitado
10
la capa.

Urbina
¡El belitre llora...!

Alferio
Quintilla
¿Queréis también el dinero?

Urbina
Las capas solas quitamos.

Alferio
Pues tomad, que ya os las damos.

Urbina
Esas, yo y mi compañero
15
hoy doy mi fe que partamos.

Alferio
Quintilla
¿Esa maldad se usa en Roma?

Lambino
Alferio, el camino toma
y no repliques palabra.

Diego
¿Descalabro?

Urbina
Descalabra.

Lambino
20
¡Ay!

Diego
Juro a Dios que no os coma...

Huyendo vanse.

Urbina
Quintilla
¿Son de Pedro o de Pelayo?

Diego
En la tierra de san Pedro
pero alcanza todo sayo.

Urbina
Yo con ese Pedro medro,
25
y con Pelayo desmayo.

Diego
Quintilla
Ya viene Zamudio aquí.

Zamudio
En la voz os conocí.
¿Ha caído algún pescado?

Urbina
Dos habemos desollado.

Zamudio
30
¿Luego falta para mí?

Urbina
Quintilla
Retírate, que no hará.

FULVIO con una DAMA.

Dama
¿Y es muy lejos la posada?

Fulvio
No, mi vida; cerca está.

Urbina
¡Buena viene la empanada!

Fulvio
35
Gente suena...

Urbina
¿Quién va allá?

Fulvio
Quintilla
Un hombre y una mujer.

Zamudio
Sin duda deben de ser
estos dos Eva y Adán.

Urbina
Después lo parecerán,
40
que en cueros han de volver.

Fulvio
Quintilla
¿Pasaremos?

Diego
No, señor.

Fulvio
Pues ¿por qué?

Zamudio
La mujer vaya,
Paredes, con todo honor.

Diego
Agradézcate la saya.

Urbina
45
Suelta la capa, hablador.

Fulvio
Quintilla
Veisla ahí.

Zamudio
Caminen, pues.

Fulvio
Valedme, ligeros pies.
¡Ah, marranos españoles!

Huye.

Urbina
No se os dé dos caracoles.

Diego
50
¿Cómo no?

Fulvio
¡Para uno, tres...!

Zamudio
Quintilla
¡Mira qué gentil galán...!
¡Aquí deja la mujer...!

Diego
¿Qué mujer no dejarán?

Urbina
¿Qué es lo que habemos de hacer?

Zamudio
55
Aquí tres capas están.

Urbina
Quintilla
Tome esta Diego García,
esta es vuestra y esta es mía.

Zamudio
¡Y la mujer, cúya es?

Diego
Uno escoja de los tres
60
para pasar hasta el día.

Dama
Quintilla
No os quiero, españoles fuertes,
agraviar, pues que sois tales.

Zamudio
Pues ¿qué haremos?

Dama
Echad suertes,
para que quedéis iguales.

Diego
65
Cortesanamente adviertes.
Quintilla
Mas ¿qué suertes se verán
si no aguardamos al día?
Porque ahora no podrán.

Dama
La lengua hacerlas podría.

Zamudio
70
Di.

Dama
De esta suerte serán:
Quintilla
al que de vosotros diga
mayor encarecimiento,
seré esta noche su amiga.

Diego
Yo lo acepto.

Urbina
75
Yo consiento.

Zamudio
¿Quién hay que lo contradiga?

Urbina
Quintilla
Pues, ¡sus!, comience Zamudio.

Zamudio
Digo que naturaleza
os hizo con tanto estudio,
80
que cifró en vos su belleza
y dio a las demás repudio.
Quintilla
Fueron Lucrecia y Elena
borrones de vuestra cara;
la comparación más buena,
85
cuando con vos se compara,
está de vos más ajena.
Quintilla
Si un ángel, que no sabemos
con qué beldad le hizo Dios,
que espíritus no los vemos,
90
quisiera ver, viera en vos
de su gracia los extremos.
Quintilla
Y si Apeles le pintara
y este rostro retratara,
aquel que después os viera,
95
por ángel os conociera
y el no visto imaginara.
Quintilla
Y si ha de ser conocido,
primero que ser querido,
lo que llega al sentimiento,
100
y antes que al entendimiento
ha de tocar al sentido,
Quintilla
con haberos visto a vos,
la gracias que puso en Dios
en un ángel le imagina.
105
Diga ahora Juan de Urbina.

Urbina
Mas rindámonos los dos.

Diego
Quintilla
¡Acabad, decid!

Urbina
Yo digo
que sois dama tan discreta,
y en todas ciencias perfeta,
110
que enseñáis, y sois testigo,
a Roma, a Atenas y Creta,
Quintilla
a Carmenta, a la Sibila
vuestra excelencia aniquila;
Casandra y Safo son locas,
115
y las tres Gracias son pocas
con las que esa voz destila.
Quintilla
Si Aristóteles os viera,
por necio se confesara;
si Platón os escuchara,
120
que era ignorante escribiera
o por su dios adorara;
Quintilla
que, en fin, como era gentil,
viendo ese ingenio sutil,
dijera que solo dios
125
pudo saber lo que vos,
y os hiciera de marfil.

Diego
Quintilla
Por Dios, que la habéis subido
donde no puedo alcanzarla,
pues con haber presumido
130
que un gentil pudo adorarla,
la habéis en dios convertido.
Quintilla
Y es cosa para creer
que Aristóteles, gentil,
hizo un dios de una mujer,
135
mas cierto que a un dios tan vil,
fue ignorancia y no saber.
Quintilla
Y digo, señora mía,
que sois tan mala, aunque os pese,
que si por suerte algún día
140
cuanto es maldad se perdiese,
cifrado en vos se hallaría.
Quintilla
No fue Faustina tan mala;
la gran Thais no os iguala,
ni la que enseñó a poner
145
precio al gusto en la mujer,
que ya se tiene por gala.
Quintilla
Sois más fea que Thersite,
y tan necia como vos,
porque no hay quien os imite;
150
y si algo no hizo Dios,
sois vos, si esto se permite.
Redondilla
Si disparate no fuera
que el demonio hacer pudiera,
como se dice, personas,
155
y por ellas hizo monas,
en vos su hechura se viera.

Dama
Quintilla
No digáis más, bellacón,
que a vos os escojo y quiero,
por gallardo y fanfarrón.

Vanse DIEGO y la DAMA, dándose la mano.

Dama
160
¿Dónde vamos?

Diego
A un mesón.
[..........................]

Zamudio
Quintilla
¿Hay mayor bellaquería,
que a Paredes fue a escoger?

Urbina
Sí, porque la aborrecía,
165
que es condición de mujer.

Zamudio
No, sino ventura mía.

Urbina
Quintilla
Las mujeres van con quien
mejor las conoce, y creo
que el retratarla más bien
170
pudo encender su deseo
y engendrar nuestro desdén.
Quintilla
Gente viene.

Zamudio
Estoy de suerte,
que a mil Aquiles y Pirros,
Urbina, daré la muerte.

Sale un ALGUACIL con su gente, y los capeados, todos con rodelas.

Urbina
175
Vara es esta.

Zamudio
Y con esbirros.

Urbina
¿Si nos buscan...?

Zamudio
Eso advierte.

Alferio
Quintilla
Aquí digo que quedaron.

Alguacil
Aguardad, que aquestos son.

Zamudio
Basta, que aquellos llamaron
180
todo este armado escuadrón.

Urbina
¡Tal miedo de aquí llevaron!

Alguacil
Quintilla
¿Qué gente?

Zamudio
Dos hombres solos.

Alguacil
¿Españoles?

Urbina
¿Pues hay hombres
sino españoles? Temiolos
185
el mundo.

Alguacil
Decid los nombres.

Urbina
¿Pide los nombres?

Zamudio
Pidiolos.

Urbina
Quintilla
Yo me llamo Fierabrás.

Zamudio
Yo Rodamonte.

Alguacil
¡Muy bien!

Urbina
Bien o mal, esto hay no más.

Alguacil
190
¡Ea, las armas me den!
¡Vuelvan las manos atrás!

Urbina
Quintilla
¡Español, fuera de España
a rendir armas...! No creas
esa afrenta ni esa hazaña.

Alguacil
195
¡Oh, traidor! ¡Morir deseas!

Urbina
¡Y tú medir la campaña!

Alguacil
Quintilla
¡Muestra la espada, villano!

Urbina
¿Zamudio?

Zamudio
¿Qué?

Urbina
Bien pregunta.

Zamudio
Dásela, que esto está llano.

Urbina
200
Bien dices; asga la punta.

Zamudio
¿Meto mano?

Urbina
¡Mete mano!

Alguacil
Quintilla
¡Aquí del Papa!

Urbina
Ese adoro,
que ni soy indio ni moro.

Alguacil
¡Muerto soy!

Zamudio
Vete a curar.

Urbina
205
Más capas pienso llevar
que quita en la plaza un toro.

Vanse. Sale un CORREO.

Correo
Octava real
No sé si con la priesa que he traído,
aunque el cansancio toda fuerza doma,
puede nadie primero haber venido
210
a dar mis nuevas al Pastor de Roma.
Ya parece que el carro esclarecido
por los balcones del Oriente asoma,
y que el sol, madrugando por guiallos,
pisar estrellas hace a sus caballos.
Octava real
215
Los siete montes que la cercan veo:
el Celio, Viminal y el Aventino;
del sacro Tibre el círculo, y rodeo
donde la loba por los hijos vino.
Mas, ¿para qué también llegar deseo,
220
después de la aspereza del camino,
que la que traigo, en fin, es mala nueva,
y de los males poco bien se lleva?
Octava real
Estos son de la guarda, o yo me engaño,
de la persona y majestad del Papa.

Salen ÁLVARO DE PAREDES, hermano de Diego, y PIZARRO, con dos ALABARDEROS.

Álvaro
225
Por no vivir, Pizarro, de hacer daño,
y de quitar de noche espada y capa...

Pizarro
En fin, gozan sus plazas, ¡caso extraño!

Álvaro
El no ser conocido cubre y tapa
cualquier acto en un hombre de bajeza.

Pizarro
230
Bien sé vuestro valor y mi nobleza.

Correo
Octava real
¿Podré entrar, caballeros?

Álvaro
¿Es correo?

Correo
A[l] cardenal Guidón traigo un recado
que importa al Papa, a quien decir deseo
cómo Montefrascón se ha levantado.

Álvaro
235
¿Contra Su Santidad? Delito feo.

Pizarro
El de Urbino, por dicha, lo ha causado.

Correo
Al Duque dan la culpa.

Álvaro
Entrad, que es justo
poner remedio a caso tan injusto.

Pizarro
Octava real
Volviendo a nuestra plática, me alegro
240
que García de Paredes, vuestro hermano,
y Juan de Urbina, que en el manto negro
de la noche vivía por su mano,
Juan de Vargas, Zamudio y Montenegro
hoy sirvan al Pontífice romano,
245
que no es tan bajo oficio el de la guarda,
pues es soldado y honra su alabarda.
Octava real
Verdad es que es García caballero,
y sois hijo de Sancho de Paredes,
pero, como decís, al extranjero
250
quien le da de comer le hace mercedes.

Álvaro
Por no nos descubrir, que hacerlo espero
si la necesidad tiende las redes,
andamos de esta suerte, que sobrinos
somos de un Cardenal.

Pizarro
Y sois bien dignos.

Salen PAREDES y JUAN DE URBINA.

Diego
Redondilla
255
Hoy, pues la guarda nos toca,
entretenernos podremos.
¿Álvaro?

Álvaro
¿Señor?

Diego
¿Qué haremos?
Que la ociosidad no es poca.

Álvaro
Redondilla
Si no ejercitas las manos,
260
pierdes el seso, García.

Diego
Nacen de un ocioso día
dos mil pensamientos vanos.

Urbina
Redondilla
¿A qué se puede jugar?

Pizarro
¡Vaya una gresca bizarra!

Diego
265
¿Hay dados?

Álvaro
No.

Diego
Pues la barra
podéis un rato tirar.

Urbina
Redondilla
¡Venga!

Álvaro
¡Aquí está!

Pizarro
Yo, ¡por Dios,
que en viéndola me desnudo...!

Urbina
Que yo podré tirar dudo.

Pizarro
270
Tiraremos dos a dos.

Diego
Redondilla
Tira.

Urbina
No podré, de veras;
tú, que estás brioso, tira.

Diego
Mira que el Papa nos mira
detrás de esas vidrïeras.

Urbina
Redondilla
275
¿Dónde está?

Diego
En aquel balcón.

Urbina
Pues arrimo la alabarda.

Álvaro
La fiesta ha de ser gallarda;
ponte las calzas y el jubón.

Urbina
Redondilla
Mirar al galán su dama,
280
el capitán al soldado
y el dueño grave al criado,
le incitan a gloria y fama.
Redondilla
Hoy la quiero procurar,
pues Su Santidad nos mira.

Álvaro
285
Gente se allega.

Pizarro
Pues tira.

Diego
¿Qué es lo que queréis tirar?

Urbina
Redondilla
Probemos la mano ahora.

Salen TANSILO, caballero, y criados HORACIO, TOSCANELO y DURINO.

Tansilo
Los españoles bizarros
están echando desgarros.

Horacio
290
Es la canalla habladora.

Tansilo
Redondilla
Oíd con el arrogancia
que quiere tirar aquel.

Toscanelo
¡Quién le viera en un cordel
danzar la morta de Francia!

Tansilo
Redondilla
295
Estarán los fanfarrones
pensando que solos pueden
tirar en el mundo.

Durino
Exceden
en soberbia a mil naciones.

Tansilo
Redondilla
¡Por Dios, que no he de sufrir
300
que a ojos del Papa tiren,
ganen honra y que los miren!

Durino
No lo podrás impedir.

Tansilo
Redondilla
Podré, que Alcides no tuvo
de aquestos brazos la fuerza!

Durino
305
Pues alto, el ánimo esfuerza.

Tansilo
Nunca el temor me detuvo.
Redondilla
¿Hay aquí algún español
de arrogancia tan bizarra
que quiera tirar la barra
310
conmigo hasta puesto el sol?

Diego
Redondilla
Y hasta que vuelva a salir;
y si cien veces saliera,
siempre, hasta que se pusiera,
me holgara de competir.
Redondilla
315
¿Desnudos?

Tansilo
De buena gana.
Ten, Horacio, el ferreruelo;
tú la espada, Toscanelo.

Urbina
¡Brava arrogancia romana!

Durino
Redondilla
Quítate también la cuera.

Tansilo
320
Ya, español, estoy desnudo.

Diego
¿Qué has de jugar?

Tansilo
Eso dudo.
¿Hay algo?

Diego
¡Ojalá lo hubiera!

Álvaro
Redondilla
¿No hay, por Dios, entre los tres,
un cuatrín o parpallola?

Diego
325
¡Ni una parpallola sola!

Tansilo
Español, tiremos, pues,
Redondilla
que aquí pongo cien escudos,
con la armas de tu Rey,
del oro de mejor ley.
330
¿Qué miráis? ¿De qué estáis mudos?

Diego
Redondilla
Es porque con tu riqueza
nos has querido espantar.
Yo, pobre, quiero tirar
no más de por gentileza.
Redondilla
335
Si te agrada, toma y tira.

Tansilo
Eso allá se lo dirás
a tus iguales no más,
a que tu bajeza aspira.
Redondilla
¿Tú has de igualar conmigo...?
340
¡Tú tirar conmigo en balde...!

Diego
Mientes.

Tansilo
¡Matalde, matalde!

Diego
¿Qué es matar? Ea, Urbina amigo,
Redondilla
que yo con la barra sola
pienso matar cinco o seis.

Meten todos mano, y con barra PAREDES, riñen.

Tansilo
345
¡Aquí de Roma!

Urbina
Sabréis
lo que es bajeza española.

Horacio
Redondilla
¡Ay, que me han muerto!

Diego
Eso sí.

Pizarro
Al Papa quejarte puedes.

Urbina
Los dos he muerto, Paredes.

Diego
350
Deja esos tres para mí.

Sale ZAMUDIO y la dama de PAREDES.

Dama
Redondilla
No sabía su valor,
mas después que le traté,
le conozco, y le cobré,
Zamudio, notable amor.

Zamudio
Redondilla
355
Es García de Paredes
hombre noble, aunque le has visto
tan pobre, y aun me resisto
de que satisfecha quedes,
Redondilla
por no decirte un secreto
360
con que supieras quién es.

Dama
Digo que estoy a sus pies
toda rendida, en efecto.
Redondilla
Llévame, por vida tuya,
a servir su gentileza,
365
que no miro su pobreza,
sino en la grandeza suya.
Redondilla
No ha de faltar a García
lo que hubiere menester,
porque soy una mujer
370
perdida por valentía.
Redondilla
Dame el hombre más bizarro
del mundo, que si es gallina,
más me enfada y amohína
que si caminase en carro.
Redondilla
375
Soy muerta por ver un hombre
todo marcial y arrogante,
tan arrojado, que espante
con solamente su nombre.
Redondilla
No de aquellos fanfarrones
380
que conciertan cuchilladas
y las sacuden pagadas
a sombra de los cantones,
Redondilla
sino como este Paredes,
que, riñendo como un bronce,
385
de doce mata los once,
y piensa que hace mercedes.

Zamudio
Redondilla
¡Vive Dios, que eres, Clarinda,
mujer de notable humor!

Dama
Yo no tengo a hombre amor
390
que ningún hombre le rinda.
Redondilla
Este, que ya Italia nombra
por más gallardo, este sigo;
quiero buscar árbol amigo,
para estar a buena sombra.

Zamudio
Redondilla
395
Presto te pondré con él,
que Pizarro viene aquí.

Dama
¿Es su camarada?

Zamudio
Sí.

Dama
Llega, e infórmate de él.

Zamudio
Endecasílabos sueltos (tirada)
¿Qué tenemos, Pizarro?

Pizarro
¿Dónde estabas,
400
que no ye hallaste en nuestra gresca?

Zamudio
Gresca,
¿es juego de las armas o del dado?

Pizarro
De las armas, y tanto, que este día
pensé que amaneciéramos los cuatro
remando en la galera de san Pedro.

Zamudio
405
¿Qué dices?

Pizarro
Lo que escuchas.

Zamudio
¿De qué suerte?

Pizarro
Tirábamos delante del Pontífice
a la barra García de Paredes,
Álvaro, Montenegro y Juan de Urbina.
Llegaron a mirarnos noble gente
410
y buena parte del infame vulgo,
cuando un hidalgo, puesto en medio, dice
que tirará con todos arrogante.
Desnudose, y poniendo cien escudos,
sobre querer tirar por gentileza,
415
dijo a Paredes cosas mal pensadas;
desmintiéndole, y haciendo de la barra,
no sé qué fue, pero matamos cinco,
sin otros diez que van descalabrados.
Perdiéronnos a todos, pero el Papa,
420
sabida la verdad, nos dio por libres
y a Paredes ha honrado, como es justo,
el cual, cansado de esta humilde vida,
se ha dado a conocer, y fue acertado,
al cardenal de Santa Cruz, su tío,
425
y queda hecho capitán del Papa
contra Montefrascón, que se rebela.

Zamudio
¡Extraño es el suceso!

Dama
¡Ah! ¿Gentilhombre...?

Pizarro
¿Qué mandáis?

Dama
Que toméis aqueste anillo
de albricias del suceso y lalpiseta.

Pizarro
430
Bésoos las manos.

Zamudio
Ya está aquí Paredes;
si te diere contento, hablarle puedes.

Salen PAREDES, JUAN DE URBINA y ÁLVARO DE PAREDES.

Urbina
Quintilla
De la honra recibida,
aunque vos la honráis también
cuanto es ya cosa sabida,
435
os da Urbina el parabién,
y os desea larga vida.
Quintilla
No cumpliera el Cardenal
con su ser tan principal
si así su sangre no honrara,
440
que hace bien el que la ampara,
y el que la desprecia mal.

Álvaro
Quintilla
Yo, García, como hermano,
creo que escusado estoy,
pues tan buena parte gano;
445
mas el parabién os doy,
si es esto lo cortesano.

Zamudio
Quintilla
Dádsela al señor García,
Álvaro, de parte mía.

Pizarro
Y de la mía también.

Diego
450
No fuera, señores, bien
sin tan noble compañía;
Quintilla
y cierto que estoy contento,
solo por poder serviros,
que esto tenga por aumento,
455
y así pretendo deciros
cómo repartir intento.
Quintilla
Hago mi alférez a Urbina,
y mi sargento a mi hermano,
que de uno y otro me inclina
460
ver el valor soberano
con que a la virtud camina;
Quintilla
y por cabos de ella irán
Pizarro y Zamudio.

Urbina
¡El cielo
dé vida a tal capitán!

Álvaro
465
¡Marte laurel!

Pizarro
¡Fama el suelo!

Diego
Para serviros están.

Zamudio
Quintilla
Aquí quiere cierta dama
hablaros, señor García.

Diego
¿Es Clarinda?

Zamudio
Así se llama.

Dama
470
Huelgo de hallarme en el día
principio de vuestra fama.
Quintilla
¡Mil parabienes os doy!

Diego
Ya sabéis cuán vuestro soy.

Dama
Eso vengo a confirmar.

Diego
475
Si yo me puedo obligar,
en la obligación estoy.

Dama
Quintilla
Yo os querría por mi dueño
muy de asiento.

Diego
¿De qué modo?
Que esto de amor es empeño.

Dama
480
Que fuésedes mío todo,
hasta en la mesa y el sueño.

Diego
Redondilla
Ahora bien, yo no soy hombre
que os he de engañar, señora;
si queréis que os hable ahora,
485
sabréis mi humor y mi nombre,
Redondilla
y si no, mirad el día
en que podremos hablar.

Dama
Ahora os quiero escuchar.

Diego
Pues oíd, por vida mía,
Redondilla
490
no será más claro el sol.
Mi nombre de pila es Diego;
soy Paredes, y soy luego...
basta decir español,
Redondilla
que aunque por acá pensáis
495
que somos muy fanfarrones,
en mil humildes razones
pensaréis que os engañáis.
Redondilla
Nací en Trujillo, un lugar
de Extremadura, y extremo
500
de los extremos que temo
que os pueden desagradar.
Redondilla
Mis padres obedecí
lo poco que los traté;
a mis maestros honré,
505
aunque letras no aprendí.
Redondilla
Seguí las armas, que amor
no me debe pensamiento,
y así tan libre y exento
vivo, siguiendo mi humor.
Redondilla
510
Y aunque otras veces la callo,
mi venida a Italia fue
porque a tres hombres maté
sobre interés de un caballo.
Redondilla
Mi manera de querer,
515
si vos gustáis de que os quiera,
ha de ser de esta manera,
porque de otra no ha de ser;
Redondilla
yo os tengo de visitar
cuando a mí gusto me diere,
520
y si fuere o si no fuere,
no me habéis de preguntar.
Redondilla
Jamás me habéis de pedir
vestido o cosa notable,
no porque soy miserable,
525
mas no lo puedo sufrir.
Redondilla
Antojo de algún regalo
no os pase por pensamiento,
porque es pedírsele al viento,
a quien por lo sordo igualo.
Redondilla
530
Yo de mi gusto he de dar
lo que me estuviere bien,
mas por amor y desdén
nadie me obligue a pechar.
Redondilla
Y lleve el diablo al traidor
535
que dio primero a mujer
dineros por su placer,
siendo común el amor.
Redondilla
A este siguieron otros
que compraron sus placeres,
540
porque si no, las mujeres
nos le dieran a nosotros.
Redondilla
No digo que no daré
algo que os pueda servir;
mas no lo habéis de pedir,
545
que entonces lo ganaré.
Redondilla
Por causa grave o liviana
celos no os causen recelos,
que pedir dineros y celos
lo escucho de mala gana.
Redondilla
550
Si me ausento, no escribáis,
porque no lo he de leer,
que ausente podéis hacer
todo cuanto vos queráis.
Redondilla
Desmayaros por flaqueza
555
o llorar si se hunde todo,
no lo hagáis de ningún modo,
que os quebraré la cabeza.
Redondilla
Melindre es grande trabajo
para mí, y aun para vos,
560
que os echaré, ¡Vive Dios!
por una escalera abajo.
Redondilla
Decidme mal de un amigo
no lo sufriré a mi padre,
puesto caso que a mi madre
565
me diésedes por testigo.
Redondilla
No miréis más que al retablo
de la iglesia, estad en vos,
porque delante de Dios
no me ha de mirar el diablo.
Redondilla
570
Porque es mucha libertad,
si estoy en tienda no entréis,
ni por la calle me habléis,
que se pierde autoridad.
Redondilla
Consejo es cosa de duda
575
no me lo deis para nada,
ni me detengáis la espada
si acaso la veis desnuda.
Redondilla
Que con esto y otro tanto
que por escrito os daré,
580
os doy mi palabra y fe
de quereros tanto cuanto.

Dama
Redondilla
Digo que os quiero querer;
desdeñarme no aprovecha.

Diego
No temáis la lista hecha,
585
más la que está por hacer.
Redondilla
¿Y qué os mueve a tal flaqueza?

Dama
El ver por qué es imposible
alguna vez apacible
hombre de tanta braveza.
Redondilla
590
No hay cosa como el desprecio
que así abrase una mujer,
pero yo os espero ver
muy amoroso y muy necio.

Diego
Redondilla
Señora, quedad con Dios,
595
que a Montefrascón me envía
el Papa, y mi compañía
marcha mañana a las dos.
Redondilla
De vuelta os veré.

Dama
Antes quiero
tirar plaza de soldado
600
y marchar a vuestro lado
por paje o por mochilero.

Diego
Redondilla
Si vais, procurad recato.
¿Juan de Urbina?

Urbina
¿Señor mío?

Diego
Esta hermosa dama os fío.

Urbina
605
Conocéis mi hidalgo trato.

Diego
Redondilla
Acompañadla, que en tanto
voy a ver al Cardenal.

Urbina
No fue Achates tan leal,
ni pudo quereros tanto.

Diego
Redondilla
610
Venid, parientes, conmigo.

Álvaro
Todos iremos con vos.

Diego
Adiós, mi señora.

Dama
Adiós.
Temerario intento sigo.

Quédanse la DAMA y URBINA.

Urbina
Redondilla
Basta que os habéis prendado
615
del capitán con razón.

Dama
Es Paredes un león.

Urbina
Aun vos conocéisle atado.
Redondilla
Diole la cuartana el cielo
de la presente pobreza,
620
que si no, de su fiereza
temblara, Clarinda, el suelo.
Redondilla
Pero ya el tiempo le llama
adonde en distancia poca
ocupe toda la boca
625
con sus hazañas la fama.

Dama
Redondilla
Señor alférez, yo soy,
aunque mujer pobre y sola,
en lo que es alma, española,
y esta a Paredes le doy.
Redondilla
630
Aquel desprecio y desdén,
aquel cielo y valentía
es para mí bizarría,
por lo que le quiero bien.
Redondilla
No solo a Montefrascón,
635
pero a los montes Rifeos
me llevarán mis deseos
y mi libre condición.

Urbina
Redondilla
Yo os prometo que tenéis
buen gusto en seguir el suyo;
640
a lo menos yo le arguyo
de lo que amarle hacéis.
Redondilla
Los hombres que le tratamos
le tenemos tanto amor,
que su privanza y favor
645
como la del Rey buscamos.
Redondilla
¿Adónde tenéis posada?

Dama
Yo vivo en este cuartel

Urbina
De gente viene un tropel.
¿Qué tenéis?

Dama
¡Ay, desdichada!

Urbina
Redondilla
650
¡Mudaos se os ha el color!

Salen FULVIO y tres amigos.

Dama
Este es Fulvio, a quien solía
estar sujeta, y podría
desatinarle mi amor.
Redondilla
Él llega. Por vida vuestra,
655
que huyamos por esta esquina.

Urbina
¿Sabéis que soy Juan de Urbina?

Dama
Vuestra persona lo muestra;
Redondilla
pero son cuatro estos hombres.

Urbina
Yo soy cuatro y cuatro mil,
660
que aquesta canalla vil
no tiene más de los nombres.

Dama
Redondilla
¿Qué dices?

Urbina
Esto que escuchas,
que si cuatro mil no quieres,
soy cuatrocientos mil.

Dama
Eres
665
mil Españas.

Urbina
No son muchas,
Redondilla
que soy español, y tengo
mil honras, y en cada una
mil Españas.

Dama
La fortuna
te ayude.

Urbina
Con ella vengo.
Redondilla
670
Y eso de volver esquina
a estos decirlo puedes,
que soy alma de Paredes
y cuerpo de Juan de Urbina.

Fulvio
Redondilla
Quitáronme la cual digo
675
tres marranos españoles.

Amigo
¿Y ella no lloró?

Fulvio
Lloroles,
pero no volvió conmigo;
Romance (tirada)
antes no acude a su casa,
ni desde entonces la vi.

Amigo
680
¿Si es esta por dicha?

Fulvio
Sí.

Dama
¿No escuchas ya lo que pasa?

Urbina
Redondilla
Todo lo tengo entendido.

Fulvio
¿Clarinda?

Urbina
Hidalgo, teneos,
que para vuestros deseos
685
está el paso defendido.

Fulvio
Redondilla
¿Quién le osará defender,
siendo aquesta mujer mía?

Urbina
Quien viene en su compañía,
si es de su amigo mujer.

Fulvio
Redondilla
690
¿Hasta casado, Clarinda?

Dama
Yo no.

Fulvio
¿Pues qué?

Dama
Españolado,
que es como haberme casado,
pues no hay fuerza que me rinda.

Fulvio
Redondilla
Déjate de disparates;
695
vuelve a tu antigua afición.

Dama
Fulvio, los tuyos lo son,
y es mejor que no los trates.

Urbina
Redondilla
Basta el coloquio, galán,
que ya se me sube el humo
700
donde, si sale, presumo
que huyendo la calle irán.
Redondilla
Esto hasta aquí lo he sufrido,
pero en lo demás me enfado.

Fulvio
Español desatinado,
705
¿qué dices?

Urbina
Lo que has oído.

Fulvio
Redondilla
¿Eres más que tú?

Urbina
Y me corro
de ser tanto.

Fulvio
¡Si está loco!

Urbina
Para los que son tan poco
yo no he menester socorro.

Fulvio
Redondilla
710
Deja, español, la mujer.

Urbina
¡Mete mano!

Fulvio
¡Muera...!

Amigo
¡Muera...!

Urbina
Eso si yo lo dijera
lo pudiérades creer.

Fulvio
Redondilla
¡Hay tal hombre!

Amigo
¡Hay tal furor...!

Urbina
715
¿Huis, cobardes?

Dama
¡A ellos,
Urbina!

Urbina
Ya voy tras ellos.

Dama
Yo tras ti.

Fulvio
¡Muera el traidor!

Éntranse, y salen el GRAN CAPITÁN Gonzalo Fernández de Córdoba y el capitán EMILIO.

Capitán
Endecasílabos sueltos (tirada)
Por la merced que el Duque me promete
beso, Emilio, sus manos generosas.

Emilio
720
Vos se la hacéis, pues solo vuestro nombre
ha causado tal ánimo en su ejército,
que todos se prometen la victoria.
Sois un nuevo Alejandro, Pirro y Darío;
Sois la gloria de España, y quien ahora
725
ocupa los dos polos con su fama.

Capitán
Quisiera serlo yo para servirle,
Emilio amigo, más que para honrarme,
porque servir al Duque es honra mía.
Sale el DUQUE DE URBINO y acompañamiento.
Emilio Él viene solo a veros.

Duque
¿Que es venido
730
don Gonzalo Fernández?

Capitán
Aquí vengo,
gran Duque, por la parte de Castilla
y liga hecha con el rey Fernando.

Duque
Dadme esos brazos, español famoso,
lustre y gloria de España, honor de Córdoba.

Capitán
735
Vos, que sois de Italia, dad los vuestros
a quien por ellos levantado espera
volar sobre las alas de la fama.

Duque
Ya sabréis, don Gonzalo valeroso,
la intención del Pontífice romano.

Capitán
740
Todo, señor, es público. A lo menos
no disputo las causas ni me toca,
pero vuestro servicio, que a esto vengo,
desde este día vestiré las armas.

Duque
En ellas fundo mi esperanza toda;
745
ellas serán la fuerza de mi empresa.

Capitán
A lo menos, la muestran de mi ánimo
puro y sencillo en el servicio vuestro.

Duque
Tomad este bastón, ¡oh, luna ilustre
del edificio de mis pensamientos!
750
Y marche el campo a vista del romano.

Capitán
Bésoos las manos, generoso Duque,
por tantas honras y palabras tales.

Duque
¿Quién sino don Gonzalo las merece,
nuevo español Trajano, nuevo Alcides?

Capitán
755
Vos sois mi España ahora, donde quiero
nacer de nuevo, porque juntamente
conmigo nace aquel valor ilustre
que se pueda llamar de vuestro pecho.

Duque
Toca a marchar; levanta el estandarte.

Capitán
760
Vos sois un César, Duque; el mismo Marte.

Éntranse, y salen un guion o GENERAL de las armas del Papa, y el capitán CÉSAR, y gente con trompetas.

General
Octava real
¿Qué fuerzas desmayadas no levanta
ver estas armas y cruzadas llaves?
Hacedle salva a aquesta empresa santa,
timón de la Romana y de otras naves,
765
solo en mirar su sacra vista espanta,
como al águila miran otras naves.
¡Oh gavia ilustre de palma y cedro
estás sobre la nave de san Pedro!

César
Octava real
Todos, señor, hincada la rodilla,
770
hacen salva al guion sacro romano,
con general aplauso y maravilla
de verle al puño de tu heroica mano;
parece que, desnuda la cuchilla
otra vez el Apóstol soberano
775
contra el pueblo infiel que armado intenta
sacar del yugo la cerviz exenta.

General
Octava real
No es menester, soldados valerosos,
para animar a fuerza que no cesa,
esforzar vuestros brazos valerosos
780
con la justicia de esta santa empresa.
Romanos sois, y todos tan famosos
que de advertiros que lo sois me pesa.
Hoy el Duque de Urbino guerra os hace:
vuestra es la causa, de vosotros nace.

Salen DIEGO GARCÍA DE PAREDES, JUAN DE URBINA, ÁLVARO DE PAREDES, y en hábito de hombre, CLARINDA.

Diego
Endecasílabos sueltos (tirada)
785
Dadme esos pies.

General
Alzaos, señor, del suelo,
y decidme quién sois.

Diego
De estos soldados
soy general romano, y del Pontífice
nombrado capitán para esta empresa;
y así con ellos y con mi persona
790
vengo a serviros.

General
Español gallardo,
¿sois por dicha García de Paredes?

Diego
El mismo soy, y el que, sirviendo al Papa,
tomé a Montefrascón, subiendo al muro
de unas enramadas de dos álamos
795
y unas travesadas fuertes cuerdas;
maté las centinelas por mis manos,
rompí del enemigo las banderas,
en la plaza saltando desde el muro;
y vuelvo a Roma con iguales honras.
800
Reformándose algunas compañías,
Su Santidad, como lo veis, me manda
que con la mía sirva en esta empresa.

General
Sois vos muy digno de esta y de otras honras,
y pues habéis venido a tan buen tiempo,
805
estad a la defensa de este paso.

Diego
Harelo como debo, y haced cuenta
que en él ponéis leones de Castilla.

General
Pues yo voy, Capitán, de vos seguro.

César
¡Qué inútil honra ha hecho aqueste bárbaro
810
españolejo, fanfarrón y loco...!

General
César, no murmuréis, dásela el Papa,
y es justo que san Pedro la bendiga.

Vanse, y se quedan solos los españoles.

Diego
Juan de Urbina...

Urbina
Señor...

Diego
Estad alerta,
y demos buena cuenta de nosotros.

Urbina
815
La guardia que nos toca está segura.

Diego
¿Quién es ese soldado que pasea
hablando con Pizarro y con mi hermano?

Urbina
¡Bueno! ¿Ya no conoces a Clarinda?

Diego
Hayamos parte todos de la plática.

CLARINDA, vestida de soldado.

Clarinda
820
Quien la tiene en el alma, suyo es todo.

Diego
Muy tiernamente hagáis, señor soldado.

Clarinda
Estoylo yo con vos por todo extremo.

Diego
No ha de correr ahora ese lenguaje;
todo ha de ser desgarro y valentía,
825
todo ha de ser cuidado con las armas.

Clarinda
Quien los tiene de vos no tiene pocos,
y siendo vuestros, bien serán valientes;
y por Dios, que no he sido tan cobarde,
pues en Montefrascón escalé el muro
830
y fui de los primeros que rompieron
a las ocho banderas de la plaza.
Y miente quien dijere lo contrario.

Diego
Ahora sí, a pesar de mi linaje.

Clarinda
Y del mundo, si quiere, y de mil mundo.

Diego
835
Gentiles bríos.

Clarinda
Son lecciones vuestras.

Toquen dentro, y entren las cajas, y meten ruido.
Dirán:

[Voces dentro]
¡Al arma, al arma! ¡El enemigo viene!

Diego
¡Válgame Dios! ¡Tan presto nos probaron!

Urbina
¡Vive Dios que es verdad! ¡Las armas toma,
que sobre ti desciende todo el mando!

Diego
840
Si el mundo viene, Urbina, ¿qué remedio?

Urbina
Abrir camino con la espada.

Diego
¡Cierra,
cierra, famosa gente! ¡Cierra España,
España!

Urbina
¿España dices? ¡Cosa extraña!

Desnudan las armas y salen fuera, tocando cajas, y fingen una guerra. Sale CÉSAR.

César
Quintilla
¿Hay arrogancia tan fiera
845
como la de este español?
¡Por Dios, que es ya de manera,
que no está seguro el sol
dentro de su cuarta esfera!
Quintilla
Corriendo va la campaña
850
con ira y soberbia extraña,
y sirviendo espada y mano
al Pontífice romano,
va diciendo: “¡España, España!”
Quintilla
¿Qué tiene que ver aquí
855
España, si es esta gloria
de Roma, que nunca oí...?

Dentro.

[Voces dentro]
¡Victoria, España!

César
¡Victoria!
¿Esto ha de sufrirse así?
Quintilla
¿Victoria España, romanos?

Sale el GENERAL GARCÍA, JUAN DE URBINA y los demás.

General
860
¡Oh, valientes castellanos!
¡Cuán bien que habéis defendido
vuestra guarda, y se han teñido
las armas de vuestras manos!
Quintilla
Ponga en el estanterol
865
de su barca el Pastor santo
la empresa de un español
que hoy se ha levantado tanto,
que llega su nombre al sol.

Diego
Quintilla
Pondrá, señor, a lo menos
870
unos deseos tan buenos,
que se verán envidiados
el capitán y soldados
por lealtad de que están llenos.
Quintilla
Conoced a Juan de Urbina,
875
que es quien hoy ha peleado
por su nación vizcaína.

General
Es un valiente soldado
de la marcial disciplina.

Urbina
Quintilla
Soylo vuestro, que esto sobra.

César
880
El que alguna cosa obra
en virtud de otro poder,
en el suyo no ha de hacer
lo que por el otro cobra.
Quintilla
Bueno es que en la campaña
885
vais diciendo a grandes voces:
“¡Cierra España, viva España!”
Y en este nombre, feroces,
deis la victoria o la hazaña.
Quintilla
Pues ya en su nombre toma
890
la espada, más justo fuera
decir: “¡Roma!” y “viva Roma!”,
que no España, pues no era
la que al enemigo doma.
Quintilla
Porque si cuatro habéis sido,
895
españoles castellanos,
los que habéis acometido,
trescientos son los romanos
con que los habéis vencido.

Diego
Quintilla
César, en ocasión tal,
900
y otras que son naturales,
el hombre que es más leal,
divertido, da señales
que vuelve a su natural.
Quintilla
Quien se enoja con fiereza,
905
aunque sea en tierra extraña,
habla en su naturaleza;
y no es tan vil cosa España
que ofenda vuestra nobleza.
Quintilla
Que yo os juro que sospecho
910
que este nombre pudo más
que no las armas al pecho;
que no se nombró jamás
que no fuese de provecho.
Quintilla
Los cuatro que acometimos,
915
es verdad que cuatro fuimos,
pero los cuatro tan buenos,
que son los trescientos menos,
y por cuatro mil hicimos.
Quintilla
En lo demás, de que erré,
920
en nombrar la patria mía,
mientes, que acertado fue.

César
¡Fuera...!

General
¿Qué descortesía
es esta?

Diego
¡Allá lo diré!

Vase DIEGO.

César
Quintilla
Yo te seguiré, villano,
925
y luego te desafío.

Vase CÉSAR.

General
¡Detenedlos!

Vase el GENERAL.

Urbina
Ya es en vano.

Clarinda
Ya se desató el león mío
coronado y africano.
Quintilla
Aquí los quiero esperar,
930
que me tiembla el corazón
solo de verle enojar.

Dentro [el GENERAL].

General
Soneto
Mirad que será traición
y que os haré castigar.

Clarinda
Paredes altas, españoles muros,
935
que con ser de Paredes sois defensa,
más que la que tener España piensa
en los de piedra antiguos y seguros.
Las argamasas y los cantos duros
no pueden resistir tanto su ofensa,
940
como pared de fuerza tan inmensa,
que va dorando el sol con rayos puros.
¡Ah, paredes más altas que solía
Babilonia mirar su altiva piedra!
Sed los cimientos de la vida mía,
945
que si de estas paredes fuese yedra,
no dudo que segura viviría,
que así quien bien se arrima crece y medra.

Sale el GENERAL y SOLDADOS con alabardas, y traen preso a DIEGO GARCÍA DE PAREDES.

General
Endecasílabos sueltos (tirada)
¡Tal insolencia es digna de castigo!

Diego
Ya, señor, te rendí mi espada honrada.

Clarinda
950
¡Triste de mí! ¿Qué es esto, Juan de Urbina?

Urbina
Es, Clarinda, que haciendo el desafío,
cortó al capitán César la cabeza.

General
Metedle en esa tienda a buen recaudo,
y estén de guarda ocho hombres.

Urbina
Mas ¡ocho!
955
No te aflijas, Clarinda, ven conmigo;
hablaré con su hermano y con Zamudio,
y por Dios que los tres muramos juntos,
o habemos de librarle.

Clarinda
¡Hay tal desdicha!

General
¡Quedaos todos aquí, guardad la puerta!

Soldado 1º
960
¡Alerta, hola, alerta!

Todos
¡Alerta, alerta!

Soldado 1º
No jugaremos.

Soldado 2º
¿Por qué no, si hay dados?

Vanse, y quedan los SOLDADOS de guarda, y sale PAREDES quedito.

Diego
Si hoy no intentoN
X
Nota del editor digital

Verso hipométrico. RDC.

aquesta hazaña, en que me va la vida,
sin duda a manos de esta gente muera.
965
Coger quiero furioso esta alabarda.
¡Todos morir, afuera!

Soldado 1º
¡Ay! ¡Que me ha muerto!

Diego
¡Ea, canalla vil!

Soldado 2º
¡Ayuda, ayuda!

Diego
De ellos cayeron, de ellos van huyendo.
Pasarme quiero al campo del contrario.
Con un arcabuz.
970
¡Oh, por Dios, que está aquí la centinela!

Soldado 2º
¿Qué gente...?

Diego
De paz soy.

Soldado 2º
¿Qué nombre? ¡Presto!

Diego
¡Este es mi nombre!

Soldado 2º
¡Ay, que me ha muerto!

Diego
Huyamos,
que si a los atrevidos favorece
y es a los temerosos importuna,
975
de los cabellos llevo la fortuna.


Acto II

ZAMUDIO y PIZARRO.

Pizarro
Quintilla
¡Que en los años que he faltado,
por casos tan enemigos,
tanto se hayan aumentado,
Zamudio, nuestros amigos
980
en honra, hacienda y estado!
Quintilla
¡Qué capitanes tan grandes
son ya Paredes y Urbina!

Zamudio
No los hay más, aunque andes
de Portugal a la China
985
y desde Castilla a Flandes.

Pizarro
Quintilla
¡Tales sus principios fueron!

Zamudio
De maneras se aumentaron,
y en fama y virtud crecieron,
que atrás los nueve dejaron,
990
y dos a nueve añadieron.

Pizarro
Quintilla
De suerte que ya son once.

Zamudio
Con mil estatuas de bronce
y copia de historias largas.

Pizarro
En fin, murió Juan de Vargas.

Zamudio
995
Murió con Rodrigo Ponce.

Pizarro
Quintilla
Referidme alguna cosa
por discurso o por hazaña,
que aquella mi vida ociosa
tantos años en España,
1000
vuelve a Italia deseosa.

Zamudio
Quintilla
Estadme, Pizarro, atento.

Pizarro
Estaré con tal contento
el más alegre del orbe,
que porque el viento no estorbe,
1005
rogaré que calle al viento.

Zamudio
Romance (tirada)
Cuando la guerra del papa
León décimo, el año quinto,
por defender a Lorenzo
de Médicis, su sobrino,
1010
fue cuando os partisteis vos;
fue cuando Paredes hizo
aquella famosa hazaña
matando a César Fabricio,
y rompiendo la prisión
1015
se pasó al Duque de Urbino.
Ya sabéis de sus hazañas
aquel suceso inaudito,
que os hallasteis en la entrega
de Nápoles, y en el sitio
1020
que a verse el Gran Capitán
con monsieur Namurcio vino,
en la rota de la tregua
y en el bravo desafío
que tuvieron once a once.

Pizarro
1025
Y soy de vista testigo
que allí Paredes y Urbina
fueron dos leones libios.

Zamudio
Después acá han hecho cosas
que no se han visto ni escrito.
1030
Ya sabéis lo de Barleta
y aquel encuentro tan digno
del gran valor cordobés,
en la Chirinola digo.

Pizarro
Ya los dejé capitanes
1035
en ese tiempo, y recibo
gran gusto que me contéis
de nuevo lo sucedido.

Zamudio
Mientras Fabricio Colona
tomaba a Lagofocino,
1040
entró en Nápoles la bella
el nuevo Alejandro y Pirro.
Un palio al Gran Capitán
cubre, de brocado fino,
que descubrió las envidias
1045
de algunos falsos amigos.
Castilnovo, San Vicente
se rindieron un domingo.
Tomó después a Gaeta
y destruyó su presidio.
1050
Murió Alejandro tras esto,
que a unos frascos de vino
por yerro echaron veneno,
sucediendo el tercio Pío,
que fue cuando en Roma entraron
1055
tan feroces los Ursinos,
matando los españoles
con arrogante alarido.
Después al Marqués de Mantua
esperó en Monte Casino
1060
el Gran Capitán, habiendo
su resistencia rendido.
Luego la del Garellano,
en cuyo sangriento río
aquella famosa hazaña
1065
Hernando de Illescas hizo,
que llevándole una bala
la mano derecha, él mismo
tomó el pendón en la izquierda,
y así siguió al enemigo.
1070
Fenecida ya la guerra,
muchas tierras y castillos
repartió el Gran Capitán
y a ver a Fernando vino.
Allí fue donde del palio
1075
le acusó, mal advertido
el Rey de sus envidiosos,
que Paredes satisfizo.
Siguiose después su muerte,
perdiendo Espala el auxilio
1080
de la más gallarda espada
y del más alto juïcio.
Tras ella la de Fernando,
que por el primer Filipo,
volvió a regirla otra vez
1085
y quedó don Carlos niño,
pero ya fuerte mancebo,
dando a sus glorias principio,
fue, a pesar de sus contrarios,
Emperador elegido.
1090
Descompúsose con Francia,
y contra su furia y bríos
el de Pescara en Milán
puso a su duque Francisco.
Las guerras y los sucesos
1095
de esta enemistad nacidos
no se pueden referir,
porque es proceso infinito.
Entre las muchas hazañas
que la fama al mundo dijo
1100
del capitán Juan de Urbina,
la de Lodi solemnizo,
que, prendiendo al castellano,
jamás en la guerra se ha visto
tanto valor ni despojos
1105
no tanta fama en mil siglos.
Aquí con el de Pescara,
que, como veis, ha venido
a socorrer a Pavía
que la entregue ha puesto sitio,
1110
están Urbina y Paredes,
de opinión y hacienda ricos,
dando su consejo y armas
fama al tiempo, al mundo libros.

Pizarro
Tened, que sin duda viene
1115
el Marqués esclarecido.

Zamudio
Ya le promete la fama
bronce fuerte y mármol liso.

Salen el MARQUÉS DE PESCARA, JUAN DE URBINA, el CORONEL SALCEDO y SOLDADOS.

Marqués
Octava real
En fin, ¿decís que entraron en Pavía?

Salcedo
Ya Francisco de Haro ha entrado en ella
1120
lo que Antonio de Leiva le pedía:
cuatro cañones, disparando de ella,
en las ancas llevó su compañía.

Marqués
¡Qué! ¿La pólvora, en fin, metió por ella?

Salcedo
La pólvora llevaban en zurrones
1125
con cuerdas enlazada a los arzones.

Marqués
Octava real
Bien. ¡Ha sido el socorro de importancia!

Urbina
Yo sé que se esta vez, Marqué invito,
no saldrá con su intento el Rey de Francia.

Marqués
Creo que el sueño y el comer le quito.
1130
¿Será la encamisada de importancia?
Que a vuestros pareceres me remito.

Urbina
Seralo con extremo, y este sobra.

Salcedo
¡Extrañas alas tu soberbia cobra!
Octava real
Deja, Urbina gallardo, que otros hombres
1135
digan primero lo que entre ellos puedo,
pues te exceden en títulos y nombres,
que yo soy coronel y soy Salcedo.

Urbina
Que al enemigo con tu espada asombres
y al bizarro francés le pongas miedo,
1140
es el título grave que te honra.

Salcedo
¿Qué cosa, fuera de eso, me deshonra?

Urbina
Octava real
Noble Salcedo, coronel famoso,
yo no digo que no eres muy honrado,
pero que el brazo fuerte y belicoso
1145
es el título y nombre del soldado.

Salcedo
¿Hame por dicha en el rigor forzoso
faltado el brazo y el temor sobrado?

Urbina
No digo tal, mas digo que hablar puedo
adonde hablare el coronel Salcedo.

Salcedo
Octava real
1150
Adonde hablare, sí, merced que hace
el gran Marqués a quien le sirve.

Urbina
Espero
que me digas, Salcedo, de qué nace
querer ante el Marqués hablar primero.

Salcedo
Pues si el oficio aquí no satisface
1155
y ser yo tan hidalgo y caballero,
¿qué ha de satisfacer?

Urbina
Yo soy hidalgo,
y lo que vales por las armas, valgo.

Salcedo
Octava real
¡Mientes!

Urbina
¿A mí, villano? ¿A Juan de Urbina?

Tírale un bofetón URBINA y dale una cuchillada al mismo tiempo.

Marqués
¿En mi presencia...?

Soldado
¡El brazo le ha cortado!

Marqués
1160
¡Prendedle...!

Urbina
¡Preso estoy! El brazo inclina,
la espada toma, vesme aquí humillado.

Marqués
Llevad de aquí a Salcedo.

Salcedo
Determina
cómo me dejas del traidor vengado,
pues por guardar respeto a tu persona
1165
voy de esta suerte.

Urbina
¡Gran señor, perdona!
Octava real
La espada honrada es esta, y este el pecho.
Toma ese puño y pásale, que es justo,
Híncase de rodillas y le da la espada por la guarnición.
pues por guardar mi honor tan mal lo he hecho,
que no he considerado tu disgusto.
1170
Mal a lo que te debo he satisfecho,
mas tú en la casa de Avalos augusto,
que disculpan verás mi atrevimiento,
la honra y el primero movimiento:
Octava real
la una al hombre en todo tiempo obliga,
1175
el otro, como ves, no es en su mano;
pero haz un hecho que la fama diga,
entre los muchos, capitán cristiano;
siempre contra la furia tu enemiga
opuse el pecho, y no le opuse en vano.
1180
Pecho que te sirvió, si a ti te agrada,
pásale tú, que ya te doy la espada.

Marqués
Octava real
Urbina, a nuestra honrada disciplina
ya sabes lo que importa el buen castigo,
y aunque mi pecho a tu perdón se inclina,
1185
la guerra no perdona al mismo amigo.
Torcato dio la muerte a su hijo, Urbina,
con menos causa en la ocasión que digo.
Bien sabes que si el bando se celebra,
es digno de la muerte el que le quiebra.
Octava real
1190
Yo sé que no perdonas al soldado
que en un átomo rompe tu preceto,
pues mira cuánto más me has incitado.
Ruido dentro.
Si me has perdido el general respeto,
la humildad con que aquí me has obligado
1195
para disculpa de mi enojo aceto.

Zamudio
¡Oye, señor, que el campo se amotina!

Todos juntos
¡No muera, viva, viva Juan de Urbina!

Marqués
Octava real
¡Soldados! ¡Paso! ¡Paso!

Todos
¡Viva! ¡Viva!

Marqués
¡Viva en buen hora! Vuestro es; llevadle.

Todos
1200
¡Vamos, y viva, y galardón reciba!

Tómanle en peso.

Urbina
¡No me obligáis, hidalga gente, en balde!

Marqués
Toda la guerra en ser bienquisto estriba,
y pues él lo merece, libertalde;
en extremo me huelgo, porque ha sido
1205
para no le matar gentil partido.

Sale PAREDES.

Diego
Octava real
Después de agradecerte que hayas dado
la vida, gran señor, a Urbina, vengo
solo a saber si estás determinado
de hacer la encamisada.

Marqués
Intento tengo.

Diego
1210
Si tu excelencia, en fin, se determina,
que reconozca el campo le prevengo;
vaya un soldado.

Marqués
Vuestro voto abona,
que irá a reconocerle mi persona.

Diego
Octava real
¿Vos, gran señor?

Marqués
¡Yo! Pues...

Diego
Yo no lo digo
1215
porque vos no seáis mejor soldado,
pero reconocer al enemigo
en los caudillos siempre fue culpado.

Marqués
¿Yo no soy, y vos sois de esto testigo,
el que en la guerra de Andrea Doria, a nado,
1220
las amarras corté de dos navíos
que ya llevaban enemigos míos?

Diego
Octava real
Sí, señor, que sois vos.

Marqués
Luego bien puedo
ir a reconocer el campo.

Diego
Y tanto,
que de vuestro valor más cierto quedo
1225
que de aquel godo que dio a Roma espanto;
mas yo os suplico, y perdonad si excedo
de lo que era razón y me adelanto,
que llevéis a Paredes con vos.

Marqués
Vamos,
que más veremos cuantos más seamos.

Vanse. Sale ROBERTO, soldado francés.

Roberto
Quintilla
1230
¿No me bastaban mis duelos,
pesar de quien me parió?
¡Por Dios, gentiles consuelos,
centinela ahora yo,
cuando se rasgan los cielos...!
Quintilla
1235
¿Es posible que un perdido
salga esta noche escogido
por centinela perdida?
¿Esto es soldado? ¿Esta es vida
para un hombre bien nacido?
Quintilla
1240
¿Tengo yo más que perder?
La cadena y trancelín
se lo llevó Lucifer,
¿y no lleva el dueño, en fin?
Él no sabe hacer placer.
Quintilla
1245
¿Que no hay algún diablo ocioso?
¿De su escuadrón engañoso
todos están ocupados?
¡Más pierdo de mil ducados
con un belitre, un sarnoso!
Quintilla
1250
¡Oh, dados, qué infame fruto
vuestras estampas me dieron!
¡Siempre a un francés dan tributo!
¡Vive Dios, que se hicieron
de los huesos de algún puto!
Quintilla
1255
¡Que no hubiera un hombre aquí,
ni un diablo, a pesar de mí!
El infierno está con llave;
si esto es saber, ¿el que sabe,
cómo sabe y pierde así?
Quintilla
1260
Matome el siete, y llevar
mi hacienda tiene otro dueño.
¡Y enviarme aquí a velar...!
Echarme quiero a buen sueño,
que en esto me he de vengar.
Quintilla
1265
Y ojalá que el español
se os entre y cause disgusto,
que muy de remifasol
pienso dormir a mi gusto
hasta que me llame el sol.
Quintilla
1270
Por Dios, que me causa miedo
ver que al demonio he llamado,
pero santiguarme puedo,
que habiéndome santiguado
seguro y contento quedo.

Échase a dormir, y salen el MARQUÉS y PAREDES.

Diego
Quintilla
1275
Vuestra Excelencia camine
con los pasos del león,
y hacia este lado se incline.

Marqués
Si hay gente en este bastión,
no es bien que me determine.

Diego
Quintilla
1280
Todo el campo está seguro,
desde la trinchera al muro.

Marqués
¡Si es fingido este silencio,
que el sueño no diferencio
de la cama al campo duro!

Diego
Quintilla
1285
No me parece fingido.

Marqués
Aquí está la centinela.

Diego
Este francés se ha dormido,
si no es que como Argos vela.

Marqués
Vino y sueño le han rendido.

Diego
Quintilla
1290
¿Qué haremos?

Marqués
Llevarle en peso
al campo, donde sepamos
el nombre.

Diego
¡Extraño suceso!

Marqués
Asid de esta parte.

Diego
Vamos.

Ásenle juntos y llévanle.

Roberto
¡Señor, mis culpas confieso...!

Marqués
Quintilla
1295
Camina y calla, soldado.

Roberto
Diablos, aunque os he llamado
no ha sido de corazón...

Diego
¡Demonios piensa que son!
Sin duda que lo ha soñado.

Vanse, y salen URBINA, ZAMUDIO, PIZARRO y otros soldados, con sus camisas sobre las armas, y sobre las camisas las bandas rojas, y ÁLVARO DE PAREDES.

Zamudio
Quintilla
1300
Así nos manda vestir.

Urbina
¡Qué gallarda encamisada!

Pizarro
Ya me muero por salir.

Urbina
A no ser vos colorada
bien os supiera teñir.

Pizarro
Quintilla
1305
Las camisas, capitán,
de suerte lo quedarán
que sea todo divisa,
pues la banda y la camisa
de una color volverán.

Álvaro
Quintilla
1310
Temor tengo que mi hermano
no meta al señor Marqués
en algún peligro.

Urbina
En vano,
Álvaro, tu miedo es,
aunque es el peligro llano.

Álvaro
Quintilla
1315
Temo su mucha locura.

Urbina
Cuando su vida aventura,
mas no la del General.

Zamudio
Ya tarda, y en caso igual
no es la tardanza segura.

Roberto
Quintilla
1320
¿Que no me queréis dejar?

Pizarro
¿Qué es esto?

Álvaro
¡El señor Marqués!

Zamudio
Danos tus pies a besar.

Urbina
Danos a besar tus pies.

Marqués
A todos quiero abrazar.

Roberto
Quintilla
1325
¡Válgame Dios! ¿Dónde estoy?

Diego
¿Aún duerme?

Roberto
Bueno, y soñaba
lo que al diablo rogué hoy.

Diego
¿Cómo así?

Roberto
Que me llevaba.

Marqués
¡Notable, a fe de quien soy!
Quintilla
1330
Pero ¿por qué?

Roberto
Por el juego;
de él y del diablo reniego,
que no es menor haber dado
entre vosotros.

Marqués
Soldado,
acá también habrá fuego.
Quintilla
1335
¿Dónde está el Rey?

Roberto
No sé de él.

Marqués
Daca un potro.

Roberto
Espera un poco:
el Rey está en Mirabel.

Marqués
¿Está ahí Lutreq?

Roberto
Tampoco,
que pienso que está con él.

Marqués
Quintilla
1340
Di el nombre, que quiero entrar
por tu campo.

Roberto
Es porfiar
a un mármol; ni eso ni esotro.

Marqués
¿Cómo que no? Muestra el potro.

Roberto
Paso, que ya quiero hablar.

Marqués
Quintilla
1345
¡Di el nombre...!

Roberto
¡Ah, Dios!

Marqués
Dilo, pues.

Roberto
¿Quién sois vos?

Marqués
Soy el Marqués
de Pescara.

Roberto
¡Ah, pesia tal!
Dormir bien, despertar mal.

Marqués
¡Dilo!

Roberto
San Francisco es.

Marqués
Quintilla
1350
¡Ea, españoles briosos;
ea, fuertes italianos;
ea, alemanes furiosos!
Las espadas en las manos...
habéis de quedar famosos.
Quintilla
1355
La fama se gana obrando.
Ya os llama, ya está esperando
el enemigo en campaña.
Nadie diga: “¡Cierra España!”,
sino en el alma, y callando.

Entran sin cajas, desnudas las espadas, y salen dos TUDESCOS y una MUJER.

Ridolfo
Redondilla
1360
Bien puede ser que le halléis,
pero ahora pongo en duda
que a daros contento acuda.

Lucrecia
Mal mi negocio entendéis.
Redondilla
No penséis que de liviana
1365
de Nápoles vengo aquí.

Ridolfo
Yo sé, desde que nací,
que amor lo imposible allana.
Redondilla
De Nápoles a Pavía
no es mucho, que ya se sabe
1370
que vuela amor, sin ser ave,
con alas que él mismo cría.

Lucrecia
Redondilla
Yo os confieso que es amor,
mas no se le tengo a él,
porque vengo a hablar con él
1375
sobre cosas de su honor.

Tancredo
Redondilla
Aguardad, dama, que salga
el alba, y el sol con ella,
que hasta la luz de él y de ella
no habrá consejo que os valga,
Redondilla
1380
porque en una encamisada
con el de Pescara está.

Lucrecia
¿Vendrá vivo?

Tancredo
Sí, vendrá,
que es su persona encantada,
Redondilla
porque opuesto a Juan de Urbina,
1385
donde es la muerte notoria,
suele salir con victoria
por donde nadie imagina.

Lucrecia
Redondilla
¿Tenéisle por muy dichoso?

Ridolfo
Más que se ha visto soldado.

Lucrecia
1390
Creedme que es desdichado
en lo importante y forzoso.

Tansilo
Redondilla
Él no lo ha sido, a lo menos
para las cosas de Marte,
pues que hay de él en toda parte
1395
hazañas y libros llenos;
Redondilla
y a no haber en las Españas
Paredes tan bien nacido,
no hubieran igual tenido
sus prodigiosas hazañas.
Redondilla
1400
Estos han pasado ríos
con el acero en las bocas,
roto castillos y rocas
y vencido desafíos;
Redondilla
ganado empresas notables,
1405
salido de encantamientos,
intentado atrevimientos
temerarios y admirables.
Redondilla
Franceses e italianos
celebran sus altos nombres,
1410
porque son estos dos hombres
dos Hércules, dos Trajanos.
Redondilla
Pero en esto, entretenida,
rompe los cielos ahora
la blanca y rosada aurora,
1415
de plata y nácar vestida.
Redondilla
Retírate y volverás
cuando la gente descanse.

Lucrecia
El cielo os guarde.

Ridolfo
Y amanse
el cuidado con que vas.

Vase. Sale el tudesco BAYARDO.

Bayardo
Redondilla
1420
Yo parto mal despachado.
¡Reniego de mi nación!

Tancredo
¡Hola! ¿Quién va?

Bayardo
Amigos son.

Tancredo
¿Quién?

Bayardo
Un tudesco soldado.

Ridolfo
Redondilla
¿Eres tú aquel que ha traído
1425
la carta del Rey de Francia?

Bayardo
Yo soy.

Ridolfo
¿Y fue de importancia?

Bayardo
Mal Jorge me ha respondido.

Ridolfo
Redondilla
Jorge Frontesperge es hombre
de valor, y es General
1430
nuestro.

Tancredo
No hay tudesco igual;
es noble en obras y nombre.

Ridolfo
Redondilla
En efecto; el Rey francés
quistar quiso su valor
del campo al Emperador.

Bayardo
1435
Con más honra e interés.

Ridolfo
Redondilla
Mientes, grosero, villano,
que Carlos le da más honra;
que ese interés es deshonra.

Sale ZAMUDIO.

Zamudio
¡Paso! ¡Nadie meta mano!
Redondilla
1440
Mirad, tudescos, que aquí
llega su excelencia ya.

Salen el Marqués, PAREDES y URBINA.

Marqués
¿Cuándo más seguro está
el campo? ¡Ahorcadlos ahí!

Ridolfo
Redondilla
Oye, señor, la razón.

Marqués
1445
¿Qué razón podéis tener?

Ridolfo
Este ha venido a vender,
gran General, su nación.

Marqués
Redondilla
¿Cómo?

Ridolfo
Al nuestro le ha traído
cartas para rebelarle.

Diego
1450
Mandad luego desnudarle.

Bayardo
Pues yo, ¿qué culpa he tenido?
Redondilla
Esta es, señor, la respuesta,
y yo mensajero soy.

Marqués
Ten, Urbina.

Urbina
Oye.

Marqués
Ya estoy
1455
atento.

Diego
Un cordel apresta.

Urbina
“La carta de Vuestra Merced recibí, en que me promete grandes honras y sueldos porque lleve mi persona y tudescos a su servicio, lo cual no acepto, porque nací noble y he de morir noble, sirviendo al Emperador, mi señor, como al más glorioso príncipe del mundo, y esto mismo responden mis soldados en mi nombre. –Jorge Frontesperge.”

Ridolfo
Redondilla
Eso, señor, respondemos.
¡Viva Carlos!

Tancredo
¡Carlos viva!

Marqués
¡Y este muera!

Ridolfo
En esta oliva
para ejemplo le pondremos.

Bayardo
Redondilla
1460
¡Señor...!

Ridolfo
Acaba, villano.
¡Tatiscot con el ladrón!

Bayardo
¿Traer cartas es traición?

Tancredo
Id diciendo el Credo, hermano.

Marqués
Redondilla
¡Todo nos sucede bien!

Diego
1465
¡Qué brava la rota ha sido!

Urbina
Todo el campo se ha rompido.

Diego
Luego, ¿muerto no?

Urbina
También.

Marqués
Redondilla
¿Que no estaba el Rey allí?

Diego
No mintió la centinela,
1470
que en Mirabel mira y vela.

Marqués
Bien hace en mirar por sí.
Redondilla
Creo que Francia esta vez
nos ha de dar la batalla.

Diego
No rehusaremos el dalla
1475
y sea Marte el jüez,
Redondilla
que vos, príncipe famoso,
y la virtud del gran Carlos,
bien pueden desbaratarlos.

Marqués
Jorge ha sido generoso.

Diego
Redondilla
1480
Premiarle, señor, debéis.

[ZAMUDIO] al oído.

Zamudio
Una mujer peregrina
pregunta por vos, Urbina;
mirad si hablarla queréis.

Urbina
Redondilla
El Marqués se irá muy presto.
1485
Decid que espere.

Zamudio
Sí haré.

Diego
No estéis, señor, tanto en pie
y en tan desabrido puesto;
Redondilla
retiraos a descansar.

Marqués
Todos lo hemos menester;
1490
mis armas son mi placer;
mi descanso, pelear.

Éntranse el MARQUÉS y PAREDES.

Urbina
Redondilla
Decid que llegue Zamudio
con la mujer.

Zamudio
Veisla aquí.

Urbina
¿Ya sois alcahuete?

Zamudio
Sí,
1495
para serviros lo estudio.

Sale LUCRECIA.

Lucrecia
Redondilla
¿Quién es Juan de Urbina?

Urbina
Yo.

Lucrecia
¿Vos?

Urbina
Dícenlo por ahí.

Lucrecia
¿Podreos hablar sola?

Urbina
Sí.

Lucrecia
¿No importa este hidalgo?

Urbina
No.

Lucrecia
Redondilla
1500
¿Que vos sois...?

Urbina
Sí, por Dios vivo,
si acaso no me han hurtado
y este cuerpo me han dejado.

Lucrecia
Gusto en miraros recibo.

Urbina
Redondilla
Y yo, mi señora, a vos.

Lucrecia
1505
¿Que vos sois aquel valiente?

Urbina
Preguntadlo a aquesta gente.

Lucrecia
¿Que vos sois...?

Urbina
¡Sí, juro a Dios!

Lucrecia
Redondilla
¡Posible es, que con vos hablo!
Gallardo sois y discreto,
1510
¿Que sois, señor, en efeto
Juan de Urbina?

Urbina
Soy el diablo.

Lucrecia
Redondilla
Pues no habéis de enojar.

Urbina
¡Oh, qué graciosa mujer!
Mirad que habéis menester,
1515
que yo no os quiero engañar.

Lucrecia
Redondilla
[..............abia.]
Una mujer...

Urbina
¡Esto es bueno!
Ya estoy de cólera lleno
y vendré a estarlo de rabia.
Redondilla
1520
Si mujer os ha ofendido,
otra mujer buscaréis.

Lucrecia
Oíd, ¿no os vais?

Urbina
¿Qué queréis?

Lucrecia
Que aunque mujer, hombre he sido.

Urbina
Redondilla
Allá, en los años pasados,
1525
Paredes una traía
que esas dos cosas tenía,
y entrambas por sus pecados,
Redondilla
pero esta no puede ser,
que ha un mes que murió en Milán.

Lucrecia
1530
No, que en Nápoles están
este hombre y esta mujer.

Urbina
Redondilla
¿Qué es el hombre?

Lucrecia
Mi marido.

Urbina
Cuasi entiendo vuestros duelos.

Lucrecia
Y por su maldad y celos
1535
a buscarlos he venido.

Urbina
Redondilla
¡Bravas espuelas traéis
con celos hasta Pavía!
¿La mujer...?

Lucrecia
Es vuestra.

Urbina
¿Es mía?

Lucrecia
Oídme, no os alteréis.
Redondilla
1540
Vos lo habéis de remediar.

Urbina
¿Que ya no tengo honra?

Lucrecia
No.

Urbina
Ni tú vida.

Dale con la daga.

Lucrecia
¡Ay!

Zamudio
Sí la dio,
matola. Quiero llegar.
Redondilla
¡Cómo! ¿A una mujer tan bella?
1545
¡Notable cólera ha sido!

Urbina
Y aun a haberlo vos oído,
estuviérades como ella.

Zamudio
Redondilla
¿Yo?

Urbina
Sí; dad gracias a Dios
que no lo oísteis.

Zamudio
Decid,
1550
¿Qué os hizo?

Urbina
Callad y oíd:
llevémosla entre los dos.

Llévanla entre los dos.

Zamudio
Redondilla
¡Tanto enojo...!

Urbina
¡Estoy perdido!

Zamudio
Mostrad, Urbino, templanza.

Urbina
Yo tomaré la venganza
1555
que pide mi honor perdido.

Vanse, y pónganse seis sillas en el techo, y salen el EMBAJADOR DE SENA y el de Urbino, y traigan sus trajes.

Embajador de Sena
Endecasílabos sueltos (tirada)
Creo que habremos sido los primeros
de los que en esta Junta hemos de hallarnos.

Embajador de Urbino
Plegue al cielo que de ella, como él puede,
resulte el bien de Italia y el sosiego.

Embajador de Sena
1560
Imposible parece lo contrario,
siendo tan justo lo que Italia intenta.

Embajador de Urbino
Aquí vienen los dos embajadores
de Ferrara y Florencia.

Embajador de Sena
El pueblo habemos
ganado hoy a vuestras señorías.

Entran el de Ferrara y Florencia.

Embajador de Florencia
1565
No ha sido por falta de cuidado
que para aquesta Junta se ha tenido.

Embajador de Ferrara
Envíese un recado al de Venecia
y a monseñor Embajador del Papa.

Embajador de Sena
Antes parece que ya los dos vienen.

Éntranse estos dos.

Embajador de Roma
1570
Tardado habremos.

Embajador de Ferrara
Antes han venido
a muy buen tiempo vuestras señorías.

Embajador de Sena
Aquí se siente Roma.

Embajador de Roma
Aquí Venecia.

Embajador de Florencia
Aquí Ferrara.

Embajador de Venecia
Florencia aquí se siente.

Embajador de Roma
Sena tome esta silla.

Embajador de Florencia
Y esta Urbino.

Embajador de Roma
1575
¿Quién de vuestras señorías hablar quiere?

Embajador de Florencia
Adonde vos estáis, señor, ninguno.

Embajador de Roma
Pues alto, con licencia vuestra, digo:
Romance (tirada)
la triste y llorosa Italia,
más llorosa y afligida
1580
que estuvo en tiempo de Casio
y del vengativo Atila;
vestida de negro luto,
de llanto y dolor vestida,
cubierta de un negro velo
1585
sobre tocas amarillas,
y la cabeza del mundo
que fue de laurel ceñida
por tanto triunfos romanos
de África, de Asia y las Indias,
1590
coronada de ciprés
y de cadenas asida,
que sus fuertes manos atan
y sus libres pies cautivan,
al Papa se ha presentado
1595
y le ha pedido justicia
de los que de su cabeza
su gran corona derriban,
de los que usurpan sus reinos,
su libertad tiranizan,
1600
interrumpen su sosiego
y su grandeza aniquilan.
Ya por las civiles guerras
de sus repúblicas mismas,
ya por extranjeras armas,
1605
teme su total ruïna.
Fernando Quinto de España
sobre Nápoles la rica
tuvo las guerras con Francia,
que tanto a Italia fatigan.
1610
Ya la casa de Aragón
perdió también a Sicilia,
y muerto el Gran Capitán,
otra vez reina la envidia.
Heredó Carlos sus reinos,
1615
que en ser quinto atemoriza,
porque fue Quinto su abuelo
y es Marte la esfera quinta.
Y sobre la triste Italia
tantas guerras pronostica.
1620
Con Francia, ¡cuántas esperan!
Que según algunos dicen,
si no es que al tiento lo digan,
su rey Francisco está preso
y ya a Génova camina.
1625
Pronostican de Borbón,
que la francesa divisa
ha dejado, hombres de Italia
famosos de astrología,
que hasta las puertas de Roma,
1630
lleno de soberbia e ira,
ha de llegar con su gente
tudesca, española y suiza.
Y aun dicen que entrarán dentro,
y que se verá encendida,
1635
como en tiempos de Neón
y con mayor tiranía,
y que al piloto de Pedro,
dejando la nave aprisa,
buscará, huyendo a Sant-Ángel,
1640
Ángel de guarda ese día.
Por esto, ilustre senado,
noble Sena, Urbino rica,
Florencia bella, Venecia
prudente y Ferrara antigua,
1645
se trata ahora de hacer
aquesta famosa liga
solo para el bien de Italia,
que nadie en su daño mira.
Propónese lo primero,
1650
si unánimes se confirma,
dar a Nápoles un rey
que a Italia defienda y sirva,
para quien viene esta carta
de mano del papa escrita,
1655
y que la firméïs todos
después de su santa firma.
Del gran Marqués de Pescara
es esta corona digna,
cuyas hazañas ahora
1660
teme Francia, el mundo admira.
Perderá a Nápoles Carlos;
saldrá España, siempre altiva,
de Italia, quedando en paz.
Hable ahora el que replica.

Embajador de Venecia
Endecasílabos sueltos (tirada)
1665
Yo, por la parte de Venecia, digo
que firmaré la carta.

Embajador de Sena
Yo por Sena.

Embajador de Florencia
Yo por Florencia.

Embajador de Ferrara
Yo con mucho gusto
firmaré por Ferrara, deseando
que el gran Marqués se llame rey de Nápoles.

Embajador de Urbino
1670
Yo, por Urbino, pienso hacer lo mismo,
con el deseo de la paz de Italia.

Embajador de Roma
Dad, Secretario, aquesa carta a todos.

Embajador de Sena
Mostrad la pluma; ya ha firmado Sena.

Embajador de Florencia
Florencia dice aquí.

Embajador de Ferrara
Y aquí Ferrara.

Embajador de Urbino
1675
Yo pongo Urbino.

Embajador de Venecia
Yo pondré Venecia.

Embajador de Roma
Hacéis como quien sois, nobles repúblicas,
y esto será por esta Junta y día
lo que solo se trate, que adelante,
para lo que más fuere de importancia,
1680
nos juntaremos en aqueste puesto.

Embajador de Venecia
Lleve esta carta el Secretario.

Embajador de Sena
Lleve,
para que le aprovechen las albricias,
que no serán pequeñas, por un reino.

Secretario
Guárdeos el cielo por merced tan grande.

Embajador de Roma
1685
Pues con esto nos vamos, y tú dile
que el Papa le dará la investidura.

Secretario
¡Cuán digno es el Marqués de esta ventura!

Vanse todos. Salen HORACIO y JUAN DE URBINA.

Horacio
Redondilla
¿Qué me podéis vos querer?

Urbina
Solo os quiero preguntar,
1690
que soy nuevo en el lugar,
por una noble mujer,
Redondilla
porque vengo de Pavía
y cierta carta le traigo.

Horacio
¡Ah, sí, por mi fe! Ya caigo,
1695
y es muy gran señora mía.
Redondilla
Aquesas cartas, ¿no son
de Juan de Urbina?

Urbina
Del mismo,
que hoy ha de ser el abismo
de tu eterna perdición.
Redondilla
1700
¡Ay honra, que introducida
fuiste en el mundo, de alguno
que no la dejó a ninguno,
porque la tuvo ofendida!
Redondilla
¿Qué bárbaro pudo hacer
1705
que de aquel bien, en que cabe
tanto bien, tenga la llave
una mudable mujer?
Redondilla
¡Que esté sin culpa el varón
sirviendo su patria y rey
1710
y que le alcance esta ley
de la infamada opinión...!

Horacio
Redondilla
¿Qué habla aqueste entre sí?

Urbina
Ya mi venganza apercibe
tu muerte. Pues ¿dónde vive?

Horacio
1715
Vive doña Emilia aquí,
Redondilla
mas ¿quién os dijo que yo
os diría de su casa?

Urbina
Gente de campaña pasa
a quien se lo preguntó.
Redondilla
1720
Como ha días que faltaba,
y que es vuestra le advirtieron
la casa.

Horacio
Verdad dijeron
diciendo que la arrendaba.
Redondilla
(Confuso estoy. ¿Si por dicha,
1725
Lucrecia, mi vil mujer,
le ha escrito o dado a entender
al capitán su desdicha?
Redondilla
Las catas quiero tomar
a ver lo que escribe en ellas.)
1730
Las cartas, ¿podremos vellas?

Urbina
Vos las habéis de leerN
X
Nota del editor

Falta la rima.

,
Redondilla
porque yo tengo de hacer.

Horacio
Mostrad; a ver...

Urbina
Estas son.
(Hoy pagarás tu traición.)

[HORACIO] lee.

Horacio
1735
“A doña Emilia, mujer
Redondilla
del capitán Juan de Urbina.”

Urbina
Si eso que lees sabías,
¿cómo, infame, te atrevías...?

Dale URBINA con la daga.

Horacio
¡Ay...!

Urbina
¡Al infierno camina!

[HORACIO] huye.

Horacio
Redondilla
1740
¡Muerto soy!

Urbina
Huyendo va,
y lleva pasado el pecho,
pero huye sin provecho,
la muerte le alcanza ya.
Redondilla
Presto perderá la luz
1745
del sol, que viviendo vio,
porque, ¡por Dios!, que llegó
desde la punta a la cruz.
Redondilla
Quien al bueno ofender quiere,
este galardón recibe,
1750
que hombre que ofendido vive,
con semejante cruz muere.
Redondilla
Quiero llamar en mi casa.
¡Ah de arriba! ¡Ah, buena gente!

Lidia
¿Quién llama?

Urbina
Un marido ausente.

[Lidia] en alto.

Lidia
1755
¿Por qué tal desdicha pasa?
Redondilla
¿Quién es?

Urbina
Soy el capitán.

Lidia
¿Es este cuerpo de guardia?

Urbina
No, que a quien tan mal le guardanN
X
Nota del editor

Falta la rima.

,
¿qué guardas le bastarán?

Lidia
Redondilla
1760
¿Qué capitán?

Urbina
Ve, camina.
¿Qué capitán puede ser?
Si se acuerda mi mujer,
dile que soy Juan de Urbina.

Lidia
Redondilla
¡Ay, señora! ¡Mi señor...!

Emilia
1765
¡Jesús, a la puerta bajo!

Baja EMILIA.

Urbina
Baja y verás el más bajo
de los que han tenido honor.
Redondilla
Pero si puede la espada
desagraviarle por ley,
1770
la que es honra de su Rey
quede en tu cuello manchada.
Redondilla
Mas en vano alaba Francia
mi espada con mi presencia,
pues hago sin advertencia
1775
cosa de tanta importancia.
Redondilla
No muera esta injusta así,
pues podré buscar su muerte
más secreta, y de süerte
que nadie sospeche de mí.
Redondilla
1780
Llevarla quiero a la mar,
con su gente, en una barca,
donde, si una vez se embarca,
todos me lo han de pagar.
Redondilla
Porque pienso hacer de suerte,
1785
cobrando lo que perdía,
que si se embarcan aquí,
hallen el puerto en la muerte.
Redondilla
Y para que infames tratos
paguen inocentes cuellos,
1790
tengo de embarcar con ellos
hasta los perros y gatos.
Redondilla
No ha de quedar cosa viva
en mi casa que no muera,
y es la honra herida fiera
1795
que de toda razón priva.

Salen EMILIA y LIDIA.

Emilia
Redondilla
En hora buena, señor,
que en aquesta casa os vea.

Urbina
¡Oh, Emilia...!

Lidia
Y para bien sea.

Urbina
Es para bien de mi honor.

Emilia
Redondilla
1800
¿Venís bueno?

Urbina
No lo estaba
mientras ausente vivía,
que, en efecto, no sabía
lo bueno que en vos dejaba.
Redondilla
Ahora ya, mi señora,
1805
que os veo, salud tendré,
pues la honra que dejé
volveré a cobrar ahora.

Emilia
Redondilla
¡Ay de mí! ¡Cuán justo fuera
que no os viera ni os hablara,
1810
si el veros no me obligara
a que luego el alma os diera!
Redondilla
¡Tantos días sin memoria,
tantos años sin presencia,
tanto olvido, tanta ausencia!

Urbina
1815
Ea, no lloréis, mi gloria,
Redondilla
que ya sabéis que el servicio
de mi Rey me ha disculpado.
Por este vivo ocupado
en el militar oficio.
Redondilla
1820
Yo tendré de hoy más lugar,
y ahora os vengo a servir;
por Dios, que no me he de ir
sin que no os podáis quejar,
Redondilla
que yo os dejaré de suerte
1825
que descanséis y acabéis
de la ausencia que tenéis,
que es comparada a la muerte.

Emilia
Redondilla
Entrad, mi bien, donde pueda
daros mil cuentos de abrazos,
1830
por gozar en esos brazos
lo que de vida me queda.

Urbina
Redondilla
(Vamos, que su honor reparan.)

Emilia
(Lidia, poco gusto esperen.)

Lidia
(¡Que de cuantos allá mueren,
1835
a esta bestia no mataran...!)

Emilia
Redondilla
(Si aquí viniere mi Horacio,
dile que está Juan de Urbina.)

Lidia
(Que se irá presto, imagina,
y le gozarás despacio.)

Vanse. Salen el MARQUÉS DE PASCARA, PAREDES, ZAMUDIO y el SECRETARIO de la Junta romana.

Marqués
Endecasílabos sueltos (tirada)
1840
Seáis muy bien venido. ¡Hola, Paredes!
Decid que nos den silla.

Secretario
Yo sospecho
que ninguno, señor, más bien venido,
por el provecho vuestro y el de Italia.

Marqués
Sentaos, por vida mía.

Siéntase.

Secretario
En mucho estimo
1845
que así vuestra excelencia me honre ahora,
porque después mejor me haga mercedes.

Marqués
¿Tenéis más que decirme a boca?

Secretario
Solo
que de la gran victoria contra Francia,
de parte del Pontífice y repúblicas,
1850
os doy el parabién. Lo demás puede
saber vuestra excelencia de esta carta,
y tener mil albricias en memoria.

Marqués
¿Puedo leer en público?

Secretario
Presumo
que será de importancia quedar solos.

Marqués
1855
Paredes, esa gente se retire.

Paredes
Soldados, despejad la tienda.

Zamudio
Vamos.

Secretario
Ya puedes leer, señor.

Marqués
Solos estamos;
siete sellos y firmas aquí veo.

Secretario
Ya con Su Santidad están conformes
1860
Sena, Ferrara, Urbino, Venecianos
y la rica Florencia.

Marqués
Escucha un poco.
Carta del Papa o de la Junta.
“Hijo muy amado nuestro. Al bien de Italia conviene, después de otras muchas causas, que seas rey de Nápoles, y que dándote yo la investidura, con el ejército que se junta...”

Secretario
Pasa adelante.

Marqués
¿Que adelante pase?

Secretario
¡Cómo, señor! ¿Tan grande es el contento?

Marqués
Mejor decir pudieras la tristeza.

Secretario
1865
¡Tristeza! ¿Pues de qué? Si Roma, y luego
de Italia las repúblicas se juntan
a darte la corona que te espera,
y que tan justamente no ha ceñido
sienes de capitán desde Alejandro...

Marqués
1870
Secretario de aquella ilustre Junta,
yo sirvo al César, al divino Carlos,
a Carlos, hijo de Filipo de Austria,
a Carlos, nieto de Fernando Quinto.
he recibido de él muchas mercedes,
1875
y nombrarme yo ahora rey de Nápoles
es hacerle traición.

Secretario
Ya, para eso
traigo en estos papeles pareceres
de cristianos teólogos, de sabios
juristas, de famosos capitanes
1880
y la gracia del Papa sobre todo.

Marqués
No hablemos más sobre esto; salte afuera.
Yo sirvo al César español; yo sirvo
al César. Esto digo: “No quiero
reinos; no quiero ofrecimientos.”

Secretario
1885
Señor...

Marqués
Calla y salte afuera.

Secretario
¿Hay cosa como aquesta...?
¿De qué griego o romano se ha contado
hazaña semejante...?

Vase.

Marqués
Yo soy Ávalos,
que no hay más griego ni romano pecho
1890
que la virtud de mi valor y sangre.

Sale URBINA.

Urbina
Deme vuestra excelencia los pies.

Marqués
Pienso
que aquí mi pensamiento os ha traído.
Urbina, ¿cómo estás?

Urbina
Nunca más bueno
que cuando, gran señor, puedo serviros.

Marqués
1895
¿Cómo os ha ido en Nápoles?

Urbina
De suerte
que en mi vida me he visto más honrado,
y traigo, por venir con más contento,
cartas de la Marquesa mi señora.

Marqués
Mostrad, por vida mía.

Urbina
Yo quisiera
1900
ya que te traigo nuevas, fueran tales
que pudiera pedirte albricias.

Marqués
¿Cómo?

Urbina
Merced te hace el César, que Dios guarde,
de cuatro mil ducados.

Marqués
¿Qué me dices?

Diego
Estos te da de premio.

Urbina
¡Gentil premio!

Marqués
1905
Por ser del César, mi señor, estimo
con mucho gusto esa merced tan grande;
por lo demás, los doy y los traspaso
en Juan de Urbina, que es amigo mío.

Urbina
Beso mil veces esos pies.

Diego
¡Oh, príncipe,
1910
el más gallardo que ha tenido el mundo!

Marqués
Ver quiero lo que escribe la Duquesa.
Lee.
“Aquí se dice, Marqués mi señor, que han hecho a vuestra excelencia rey de Nápoles la Junta del Papa, Ferrareses, Venecianos y Florentinos. Yo le suplico encarecidamente, por el amor que siempre me ha mostrado, no acepte por ningún caso tal partido sino que, poniendo los ojos en su valor, los desconfíe de tal empresa, que el César es nuestro señor legítimo, y yo estoy más honrada con Pescara, siendo ella y yo de vuestra excelencia, que con ser reina de Nápoles quitándosele al Emperador, que Dios guarde, en cuyo servicio se han de acabar nuestras vidas. –Victoria Colona.
Redondilla
¿Quién, sino tan gran Victoria
de sí misma la tuviera?
¿Quién, sino Colona, fuera
1915
tan firme en su honor y gloria?
Redondilla
¡Oh, grandeza sin igual!
Mas despreciar la corona
esta divina Colona,
es Victoria celestial.
Redondilla
1920
Puede Italia agradecer,
no que no la quiso un hombre,
pero que de reina el nombre
no ha estimado una mujer.
Redondilla
Mas ¿qué mucho, si lo es
1925
por virtudes y grandeza?
Que a otras sirve en la cabeza
y a mí Victoria en los pies.
Redondilla
¡Viva Carlos!

Diego
Ya se va
el Marqués.

Urbina
Vamos con él.

Marqués
1930
A lo menos de fiel
corona el tiempo me da.

Diego
Redondilla
¡Mil años, señor Urbina,
gocéis de tales mercedes!

Urbina
Vuestros son, señor Paredes,
1935
y el capitán Juan de Urbina.

Marqués
Redondilla
¡Ay mi Victoria divina!


Acto III

Salen DON HUGO DE MONCADA, Virrey de Nápoles, y DIEGO GARCÍA DE PAREDES.

Don Hugo
Terceto
¡Que murió el gran Marqués, Paredes...!

Diego
Creo
que hasta la misma muerte le han llorado,
habiendo sido su mayor trofeo,
Terceto
1940
teniendo al Duque de Milán cercado
cuasi diez meses en el gran castillo.
¡Murió del mundo el más galán soldado!
Terceto
¡No sé dónde templar pudo el cuchillo
la fiera Parca que segó tal cuello!
1945
¡Lloro en pensallo y tiemblo de decillo!
Terceto
¡Llore la juventud mozo tan bello;
llore Pescara su señor famoso;
huérfana Italia, rompa su cabello!
Terceto
Dejó esta cárcel con final reposo
1950
el año treinta y cinco de su vida.

Don Hugo
¡Triste tragedia! ¡Caso lastimoso!
Terceto
Y es, ¡oh, Paredes!, con razón sentida
de ti su muerte, que te amó en extremo.

Diego
¡Por la cruz que a mi lado veis ceñida,
Terceto
1955
porque si juro nunca soy blasfemo,
que si otro que la muerte le matara,
cuando fuera Tifón o Polifemo,
Terceto
que el alma de las carnes le sacara
con los pies, con las manos, con los dientes...!
1960
¡Y si mil tuviera, mil quitara...!
Terceto
Y si la muerte, aunque a locura cuentes
este encarecimiento, fuera viva
y cosa que anduviera entre las gentes,
Terceto
alargara esta mano vengativa
1965
a sacarle el espíritu del pecho
por más agujeros que ves en una criba.

Don Hugo
Terceto
Yo estoy del amor grande satisfecho
que tuviste al Marqués.

Diego
Es de tal suerte,
que estas locuras digo por despecho,
Terceto
1970
y quiero prevenirte y disponerte
a que sus armas, que él honraba en vida,
honren aquestos brazos en su muerte.

Don Hugo
Terceto
Y quedará de mí favorecida
tan justa causa.

Diego
Esto, señor, pretendo.

Don Hugo
1975
Y es honra de tus hechos merecida.
Terceto
Esto ha de ser, si al gran Marqués no ofendo
del Basto, su pariente, y a otros tales,
que a los demás las armas les defiendo.
Terceto
Ellos todos, pues son tan principales,
1980
gustarán que Paredes las herede,
y a las armas darán brazos iguales,
Terceto
que ninguno como él vestirlas puede.
De mi opinión a todos le anticipo,
que es lo mismo que dar, y aun los excede,
1985
a Alejandro las armas de Filipo.

Sale PIZARRO.

Pizarro
Redondilla
Zamudio ha llegado aquí
con las nuevas de Borbón.

Don Hugo
A extremado tiempo son.

Zamudio
¿Puedo entrar, Pizarro?

Pizarro
Sí.

Zamudio
Redondilla
1990
Vuestra excelencia me dé
sus manos.

Don Hugo
Zamudio, alzaos.

Zamudio
Sí, ¿me las da?

Don Hugo
Levantaos.
Que aqueste brazo os daré.
Redondilla
¿Qué hay de Borbón?

Zamudio
Dadme oído,
1995
veréis su extraño suceso.

Don Hugo
Siempre que escucho, profeso
estar a quien habla asido.

Zamudio
Octava real
Famoso e ilustrísimo don Hugo,
gloria y honor del nombre de Moncada,
2000
a quien por Carlos de Lanoy le plugo
al César dar esa ciudad sagrada.
Borbón, francés inobediente al yugo
de la obediencia al propio Rey jurada,
en Bolonia entendió que el Papa había
2005
roto la tregua que con vos tenía.
Octava real
Y persuadido mal de los soldados,
por tantas felicísimas victorias
contra el Francés habidas, engañados,
de Roma quiso oscurecer las glorias
2010
de la injuria del César animados.
Fábulas le refieren por historias;
y aunque es verdad que algunas le habían hecho,
no era suya la causa ni el derecho.
Octava real
Borbón resiste, y el pesar le doma
2015
que al César sabe que ha de dar, y luego
la vil canalla las espadas toma
y una noche interrumpen su sosiego.
“Parte”, le dices; “parte, infame, a Roma,
y mete la ciudad a sangre y fuego,
2020
vengando a Carlos con tu fuerza airada,
pues el tiempo la afrenta y tú la espada”.
Octava real
Parte Borbón, aunque forzado, y rompe
los canos Alpes de la blanca nieve,
donde ni el de Saluces le interrompe
2025
ni por Venecia Urbino se le atreve.
Codicia que los ánimos corrompe
la mal pagada soldadesca mueve.
Pasa por Sena y por Florencia amiga,
que no se prenden águilas con liga.
Octava real
2030
La liga, pues, medrosa, y más medroso
el gran Pastor, a Nápoles escribe
a Carlos de Lanoy, que ya gozoso
pisando el sol, sobre sus rayos vive.
Despacha Carlos a Borbón famoso;
2035
Borbón la carta y persuasión recibe,
y temiendo al cristiano César nuestro,
mostrose capitán piadoso y diestro.
Octava real
Mas los soldados, vueltas las espadas
y las bocas de tiros y mosquetes,
2040
le dicen: “Hoy serán en ti manchadas
si en Roma desleal los pies no metes”.
Con esto, las banderas levantadas
e hiriendo el sol los blancos coseletes,
a Roma, al son de las trompetas, marcha,
2045
estampando las plantas en la escarcha.
Octava real
Los veinte mil tudescos que llevaba,
por odio que al Pontífice tenían,
a Roma caminaban, que ya estaba
tal, que sus montes de dolor gemían
2050
los ojos con que ya su mal lloraba.
Catorce mil italianos veían
ir contra su Cabeza y Madre antigua,
que este número de ellos se averigua.
Octava real
Porque, señor, de nuestros españoles
2055
seis mil no más, y mal contentos, iban,
que el tafetán doblado y tornasoles
jugar con la bandera al viento privan.
Borbón, viéndoles tristes, animoles
que a sus nombres en la fama escriban.
2060
Llegó, en fin, publicándose enemigo,
con los cuarenta mil hombres que digo.
Octava real
Ranuzo Cheri, capitán del Papa,
remiso en la primera resistencia,
el muro de soldado cubre y tapa
2065
con débil fuerza y corta diligencia.
Al castillo el Pontífice se escapa
a resistir del campo la violencia,
y Borbón a la puerta de San Pedro
ni repara si es pino ni si es cedro.
Octava real
2070
A seis de mayo, en un funesto día,
da salto a Roma el que hoy a Atila iguala,
y aunque famosamente resistía,
por la mayor defensa el muro escala.
Mas, cuando armado de valor subía,
2075
de un arcabuz le derribó la bala,
diciendo con francés ánimo a un hombre:
“Cúbreme el rostro, porque a nadie asombre”.
Octava real
Con esto suena Marte, y los de afuera
a los de adentro, que a mirarlo estuve,
2080
tal prisa dan, que con violencia fiera
de plomo esparcen una densa nube.
Cuál cae, cuál de verle no se altera,
sino que con mayor ánimo sube,
y eligen, por la muerte que su alfange
2085
tiñó en Borbón, al Príncipe de Orange.
Octava real
Gánase Roma, y entran los tudescos
sin perdonar capillas ni coronas,
que en Puentefusco, sin tomar refrescos,
mataron siete mil y más personas.
2090
Olvidan los de Italia parentescos,
cual si nacieran por heladas zonas,
robando templos y forzando monjas,
sin que les muevan ruegos ni lisonjas.
Octava real
El César supo esta desdicha estando
2095
en la real Valladolid de España,
donde dejó las fiestas que ordenando
estaba por la pena de esta hazaña,
que quince días después que saqueando
Borbón estaba Roma y su campaña,
2100
el príncipe Filipo, aunque segundo,
para ser sin segundo vino al mundo.

Don Hugo
Octava real
¿Habiendo tan gran príncipe nacido
tanto pesar mostró Carlos hispano?

Diego
Fue justo por haber su gente sido
2105
la que enoja al Pontífice romano.

Don Hugo
No dudo que ha de estar enternecido.
¡Digno valor de un príncipe cristiano!
Mas yo, como vasallo, al nacimiento
del gran Filipo he de mostrar contento.
Octava real
2110
Arda Nápoles toda en luminarias;
háganse fiestas, justas y torneos
con disfraces y máscaras tan varias
que declaren de España los deseos.

Diego
Dirán estas Repúblicas contrarias
2115
que son contra el Pontífice trofeos,
porque rompió la tregua y por la furia
con que al Emperador ha hecho injuria.

Don Hugo
Octava real
Paredes, sabe Dios que a mí me pesa
y que estas fiestas por Filipo intento,
2120
de quien, por más placer que aquesta empresa,
quiero saber el alto nacimiento.
Un astrólogo sabio, que profesa
aquesta ciencia, llamaré al momento.

Zamudio
Vamos, que es bien lo que el Virrey ordena.

Don Hugo
2125
Vos, Zamudio, poneos esta cadena.

Vanse. Salen DON PEDRO CABALLERO, hermano de doña Emilia, y FELISENA, cortesana.

Don Pedro
Quintilla
Esa crueldad que te digo
con mi hermana Emilia usó
este soldado enemigo.

Felisena
Cuasi de todo fui yo,
2130
don Pedro, parte y testigo,
Quintilla
pero no sabía que
fuese tu hermana.N
X
Nota del editor

Dos líneas de prosa que han sustituído al primer verso de una quintilla.

Don Pedro
Fue hermana mía,
aunque de padre no más.

Felisena
2135
Justamente airado estás.

Don Pedro
Su efecto has visto este día.
Quintilla
La ocasión de la traición
que para matarle intento
me ha dado su condición,
2140
que es Juan de Urbina un sangriento
y desatado león.
Quintilla
Y porque él también la hizo
cuando su honor satisfizo,
aunque pienso que el traidor
2145
levanta a su mismo honor
ese testimonio hechizo.
Quintilla
Yo, que en mis fuerzas no veo
valor para resistir
su opinión, brazo y trofeo,
2150
no puedo hacerle morir
si no es por este deseo.
Quintilla
Por eso te he persuadido
que con un papel le llames,
porque, en tus brazos dormido,
2155
ates sus brazos infames,
vengando mi honor perdido.
Quintilla
Porque si él metió en la mar
una mujer inocente
con ánimo de vengar
2160
culpas de marido ausente,
allí la pudo matar.
Quintilla
Yo en otra barca, engañado
de tus brazos y enredado
en lazos de tus cabellos,
2165
le mataré, porque en ellos
estará Sansón atado.

Felisena
Quintilla
Ya sabes lo que te quiero,
y que por solo agradarte
de amor y cuidado muero.

Don Pedro
2170
Donde la fuerza no es parte,
vencer con la industria quiero.
Quintilla
Corta el cabello a Sansón,
Felisena de mis ojos,
otra Dalila en traición,
2175
y lleva tú los despojos
de este africano león.

Felisena
Quintilla
A llamar gente camina,
que ya el traidor se avecina
al lazo, o me engaño.

Don Pedro
Voy.

Urbina
2180
¡Ah, gente!

Felisena
¿Quién es?

Urbina
Yo soy.

Felisena
Diga el nombre.

Urbina
Juan de Urbina.

Felisena
Quintilla
¡Señor maese de campo!

Urbina
¿Es vuestro este papel?

Felisena
Sí,
que quiero hacer con vos campo.

Urbina
2185
¿Sabéis quién soy?

Felisena
¡Pesia mí!
También yo la planta estampo,
Quintilla
mas no piséis con tal fuerza,
que se me caerá la casa.

Urbina
Tendrela yo, sin que tuerza
2190
mano que el acero pasa
y que al diamante se esfuerza.

Felisena
Quintilla
¡Paso! No juguéis de puño.
¡Qué poco sois cortesano!
Hecho me habéis un rasguño!

Urbina
2195
Tengo enseñada la mano
a cuando la espada empuño.

Felisena
Quintilla
No están bien disciplinados
para el amor los soldados,
porque con una mujer
2200
lo mismo quieren hacer
que estando en campaña armados.
Quintilla
Tomar quiero una almohada,
que de veros tan furioso
en poco estoy desmayada.

Urbina
2205
¡Qué melindre tan gracioso!

Felisena
Sentaos, que ya estoy sentada.

Urbina
Quintilla
¿Aquí en el suelo?

Felisena
Pues ¿dónde?
Yo sé que algún duque o conde
diera un lugar por un palmo
2210
de este suelo.

Urbina
¡Qué buen salmo
si vuestra gloria responde!
Quintilla
Sentado estoy y sentido.

Felisena
Rascareos la cabeza.

Urbina
¡Oh, pues contadme dormido!

Felisena
2215
¿Es condición?

Urbina
Es flaqueza.

Felisena
¿Y gusto?

Urbina
Siempre lo ha sido.

Felisena
Quintilla
Sabed que para rascar
la cabeza en el contar
un cuento, lindo sainete.

Urbina
2220
Contadle, que ya os promete
entrambas cosas pagar,
Quintilla
pero, ¿qué ha de parecer
que un hombre de aqueste brazo
venga a ver una mujer
2225
y se duerma en su regazo
acabándola de ver?

Felisena
Quintilla
Parecerá que un soldado
no duerme en ninguna parte
si no es con mujer al lado,
2230
y así pintan al dios Marte,
con la de Chipre abrazado.
Quintilla
Y pues mientras él dormía
amor sus armas vestía,
jugando con la celada,
2235
quitaos vos, señor, la espada.

Urbina
Eso no, señora mía,
Quintilla
nunca más es menester
que estando un hombre dormido.

Felisena
¡Pues espada y con mujer...!

Urbina
2240
Esta mi mujer ha sido
y no la puedo ofender.
Quintilla
Si mi enemigo viniera
y sin espada me viera,
¿quién duda que me matara?
2245
Y si con ella me hallara,
¿quién duda también que huyera?
Quintilla
El Cid, no solo dormido,
pero muerto, dama, estaba
cuando el hebreo atrevido
2250
la barba tocar pensaba
del rostro nunca ofendido.
Quintilla
Si el Cid a este desconcierto
desnudó la espada muerto
y volvió el derecho pie,
2255
mejor, dormido, podré
con la que traigo despierto.

Felisena
Quintilla
Bien decís, y bien parece
que sois un Hércules nuevo.

Urbina
Eso poco me engrandece,
2260
que aunque a tus brazos me atrevo,
menos amor me enloquece,
Quintilla
que él, su fiereza rendida,
tuvo hasta el alma dormida,
y yo en aquesta jornada
2265
duermo ceñida la espada
y él con la rueca ceñida;
Quintilla
pero ya dormirme siento,
que en rascarme la cabeza
siento notable contento.

Felisena
2270
(Presto sentirás tristeza.)

Urbina
¿Qué dices?

Felisena
Que oigas el cuento.

Urbina
Redondilla
Di, por tu vida, hija mía.

Felisena
Un rey, pienso que de Hungría,
que allí los más cuentos son,
2275
iba a caza de un león
con seis monteros un día.

Urbina
Quintilla
¡Muy poca gente llevaba!

Felisena
Y cuando junto a una fuente
tomando refresco estaba,
2280
le dijo el más diligente
que el fiero animal bramaba.
Quintilla
¿Entiendes? Ya no respondes.
El rey dijo a los monteros:
“Decidme, monteros, dónde”.
2285
Y siguiendo a los primeros,
vio que en un bosque se esconde.
Quintilla
Perdiose de todos presto,
y anocheciéndole en esto,
sintió que el cielo se abría,
2290
con balas de nieve fría
rompiendo el manto funesto.
Quintilla
¿Entiendes? Proseguir quiero
hasta que nada se mueva.
En fin, el rey que refiero
2295
pasar quiso en una cueva
el granizo y aguacero,
Quintilla
en la cual halló un salvaje
de fiero y extraño traje,
y una doncella con él...
2300
Quiero tomar el cordel
y enviar a don Pedro un paje.
Quintilla
Mas ya viene...

Sale DON PEDRO y tres SOLDADOS con rodelas.

Don Pedro
¿Entraré?

Felisena
¡Quedo!

Don Pedro
Aquí vienen tres amigos.
¡Átale bien!

Átanle.

Felisena
¡Tengo miedo!

Don Pedro
2305
Quien duerme y tiene enemigos,
por muerto contarle puedo.

Felisena
Quintilla
Él está muy bien atado.

Don Pedro
¡Notable sueño le ha dado!
Bien te puedes levantar,
2310
que le queremos matar.

Felisena
Hoy muere un galán soldado,
Quintilla
pero ¿quién lo pudo hacer
sino engaño de mujer?
¡Cuasi estoy enternecida!

Urbina
2315
¿Qué es esto, mujer fingida?

Despierta y se ve atado.

Felisena
¡Llega...!

Urbina
Ya no puede ser,
Quintilla
que aunque atado, soy bastante
a hacer pedazos las cuerdas
cuando fueran de diamante.

Rómpelas y desnuda la espada.

Don Pedro
2320
¡Matalde!

Urbina
¡Qué mal te acuerdas
del nazareno gigante!
Quintilla
Ya están rotas por mis manos.
¿Esta es mi espada, villanos?

Don Pedro
¡Señor, tu cuñado soy!

Urbina
2325
¡Yo os acuñaré desde hoy
con estas armas, tiranos!

Felisena
Quintilla
Arriba me subo y cierro.

Urbina
¡No ha de quedar vivo un perro
de toda esta casa infame!

Sacude con la espada.

Don Pedro
2330
¿No hay justicia?

Urbina
No la llames,
que yo castigo tu yerro.

Vase y salen PAREDES y PIZARRO.

Diego
Endecasílabos sueltos (tirada)
Yo pretendo, Pizarro, como digo,
las armas del Marqués.

Pizarro
Y es justa cosa,
que como vos ninguno las merece.

Diego
2335
Hablando tengo al gran Marqués del Basto
para ver si las quiere su excelencia,
porque ningún derecho hay como el suyo.

Pizarro
¿Y qué responde?

Diego
Que el que tiene deja,
y dice que pretenda yo las armas,
2340
que si algún capitán de nuestro ejército
mañana no saliera a defendérmelas,
me las dará con general aplauso.

Pizarro
¿Y qué responde?

Diego
Que el que tiene deja,
y dice que pretenda yo las armas,
2345
que si algún capitán de nuestro ejército
mañana no saliera a defendérmelas,
me las dará con general aplauso.

Pizarro
¿Pues es negocio puesto en desafío?

Diego
De ninguna manera, que colgadas
2350
encima de su espléndido sepulcro,
las han de pretender con solos méritos
los que quisieren competir conmigo.

Pizarro
De esa manera, vuestras son las armas,
que ningún capitán tendrá los vuestros;
2355
y esta contienda es muy notable y célebre
para España e Italia, pues parece
que se renueva aquel antiguo siglo
en que, después de destruida Troya,
Telamonio y Ulises competían
2360
sobre las armas del famoso Aquiles.

Diego
Yo no temo a ninguno en competencia.
Salgan y digan su razón y hazañas
italianos, españoles y alemanes,
que a lo menos las mías son más ciertas,
2365
pues todos las han visto con sus ojos.

Sale ÁLVARO DE PAREDES.

Álvaro
¿Es mi hermano?

Diego
Yo soy. Dime, ¿qué hace
el Virrey?

Álvaro
Allá queda con su astrólogo
alzando una figura al gran Filipo,
contando de su vida grandes cosas.

Diego
2370
¿Qué dice?

Álvaro
Que ha de ser notable príncipe.
Toma este papel que para ti traigo.

Diego
¿De quién?

Álvaro
De Juan de Urbina.

Diego
¿Quién le trajo?

Álvaro
Un paje a tu posada.

Diego
¡Cosa nueva!
¿Si está enfermo, por dicha, Juan de Urbina?
2375
Porque si no, mejor pudiera hablarme.
Álvaro, lee, que aún para una carta
nunca pude tener paciencia.

Álvaro
Muestra
el papel, siendo tal la amistad nuestra.
Lee ÁLVARO.
Quintilla
“A mi noticia ha venido,
2380
famoso y noble Paredes,
que de arrogancia movido,
lo que merecer no puedes,
en mi afrenta has pretendido.
Quintilla
No sé, por Dios, quién repara
2385
en una cosa tan clara,
que ya entenderás que son
las armas honra y blasón
del gran Marqués de Pescara.
Quintilla
Que ese acero y malla fina
2390
de Marte, a quien el morir
robó la parte divina,
ninguno puede decir
que no son de Juan de Urbina.
Quintilla
Mías son, que en paz y en guerra
2395
en mí su valor se encierra,
y no las pidiendo el cielo,
a nadie con mejor celos
se le han de dar en la tierra.
Quintilla
Deja, pues, la pretensión,
2400
que cuando laureles pises,
mal vencerás mi razón,
pues yo soy discreto Ulises
y tú loco Telamón.
Quintilla
Dirasle, pues, al del Basto,
2405
que yo tu fuerza contrasto
y que has dejado la empresa.”

Diego
No leas más, que me pesa
de la paciencia que gasto.
Quintilla
¡Pesia al villano, y aún...!

Álvaro
Calla,
2410
que a mí me pesa de suerte
que a él y a toda su canalla
hoy los ofrezco a la muerte
y los desafío a batalla.

Diego
Quintilla
¡Álvaro...!

Álvaro
¡Déjame!

Diego
¡Tente!
2415
¿Cuándo tú sueles hablar
adonde yo hablar intente?
¿He menester yo buscar
al amigo o al pariente?
Quintilla
Deja estar al mal nacido,
2420
que, ¡por vida del Virrey!,
que ha de estar arrepentido
antes de una hora.

Álvaro
¿Qué ley
sufre a un bárbaro atrevido?

Pizarro
Quintilla
Señores, por dar lugar
2425
a vuestra cólera justa
quise hasta ahora callar,
mas ya que ha llegado a injusta,
tomo licencia de hablar.
Quintilla
Paredes propuso aquí
2430
que las armas no por armas
se darían.

Diego
Y es así.

Pizarro
Luego sin causa te armas,
aunque fuese contra mí,
Quintilla
porque yo puedo pedillas
2435
y tú solo merecellas.
Y así podrás recibillas,
aunque en competencia de ellas
haga Urbina maravillas.
Quintilla
No hagas, ¡por vida tuya!,
2440
en Nápoles alboroto,
pues es bien que se concluya
por común aplauso y voto
si es la razón tuya o suya.
Quintilla
Vamos a hablar al Marqués,
2445
y veréis cuán justo es
lo que os proponga a los dos.

Diego
Dices bien, pero, ¡por Dios!,
que él lo dijera a sus pies.
Quintilla
Pero ven, responderemos...

Pizarro
2450
Ni eso quiero permitir.

Diego
¿Pues qué?

Pizarro
Que calléis.

Diego
Callemos.

Pizarro
Que aquí se ha de competir
con la razón que tenemos.

Diego
Quintilla
Pues ven al Marqués.

Pizarro
Camina.

Diego
2455
Tú solo tenerme puedes.

Pizarro
Hoy a la razón te inclina.

Diego
¡Mi alférez a mí...!

Pizarro
Paredes,
callad.

Diego
¡A mí Juan de Urbina...!

Vanse. Salen DON HUGO DE MONCADA, el MARQUÉS DEL BASTO y CRIADOS.

Marqués del Basto
Endecasílabos sueltos (tirada)
Esto dice García de Paredes,
2460
a quien deseo todo gusto y honra,
sobre las pretensiones y el derecho
que ha tenido a las armas de mi tío
el Marqués de Pescara, que Dios tiene;
y aunque es verdad que yo pudiera dárselas
2465
como soy de sus bienes heredero,
por no agravias a tantos capitanes,
quiero que al parecer del campo todo
se remita por votos la justicia.

Don Hugo
Generoso Marqués del Basto ilustre:
2470
las armas de aquel célebre soldado
que muerto vive y vivirá mil siglos,
si por dicha pudiera ser posible
que se colgaran en la quinta esfera,
allí debieran, por famosas armas,
2475
por símbolos de fama, honor y gloria,
por joyas del dios Marte, por adorno
de su estrellado templo estar colgadas.
Mas no pudiendo ser, bien es que imites
el antiguo consejo de los griegos,
2480
y se las des al que mejor de todos
pruebe en arenga larga sus hazañas.

Marqués del Basto
Las del famoso capitán de Urbina
a Paredes presumo que se oponen;
él y todo el ejército que ahora
2485
aquí se halla, está, señor, citado
para juzgar la nueva competencia.
Abrid aquese templo y dadnos sillas.

Don Hugo
Razón será, que ya gente viene;
puesto que triste, hermosa vista tiene.

Descúbrese un templo y un sepulcro de paños negros con el cuerpo del MARQUÉS armado, y los escudos de sus armas alrededor, y seis hachas en sus blasones ardiendo; toman sillas DON HUGO y EL DEL BASTO, y van entrando, al son de cajas y trompetas, todos los que pudieren por una parte, y detrás PAREDES, y por la otra otros tantos, y detrás JUAN DE URBINA, y sentados en bancos dirá el [MARQUÉS DEL BASTO].

Marqués del Basto
2490
Habiendo con razón determinado,
famosos capitanes, que este día
quede por vuestros votos decretado
quién estas armas merecer podría,
Paredes, como veis, tan gran soldado
2495
por su valor y heroica valentía,
y el grande Urbina, en obras y en presencia,
quieren entrar en justa competencia.
Oíd sus obras, sus famosos hechos,
y juzgad por la parte que os agrade
2500
del derecho y justicia satisfechos
que cada cual de entrambos persüade.
Iguales con sus brazos y sus pechos,
y aunque la envidia de escuchar se enfade,
estad atentos y escuchad qué historia
2505
merece este laurel, corona y gloria.

PAREDES, haciendo una reverencia al MARQUÉS y al virrey DON HUGO, luego dirá a todos lo siguiente.

Diego
Romance (tirada)
Gracias a Dios que ha venido
a tal desgracia Paredes,
que Urbina con él se iguale.
¿Qué dirá quien esto oyere?
2510
Locura parece mía
pretender lo que él pretende,
porque aunque él salga vencido
le ha de honrar el que le vence.
¡Quién a aquel Gran Capitán,
2515
que ya los Elíseos tienen,
esto pudiera decirle,
que honraba a los buenos siempre!
Porque cuando me sentaba
a su mesa muchas veces,
2520
de escudero le servía
Urbina, el que veis presente.
Y aunque esto es gran honra suya,
que antes que soldado fuese,
fue lacayo de un romano
2525
y le sirvió de valiente
hasta que entró por la puerta
de la milicia, a valerse
de ella y del juego, en que hacía
suertes de una y otra suerte.
2530
Si ganaba, lo callaba;
si perdía, diestramente
arrebataba el dinero,
y aunque más voces le diesen,
y metiéndolo a barato,
2535
con la espada y con los dientes
se salía, como ahora
con estas armas entiende.
Mas no podrá, que si acaso
de mi virtud duda hubiere,
2540
la nobleza de mi sangre
me las presenta y ofrece.
¿Y para qué un hombre bajo
tan lucidas armas quiere,
que mostraran su linaje
2545
sus rayos resplandecientes?
El que nunca tuvo armas,
por armas se desvanece.
¿Cómo quiere las mejores
quien ningunas mostrar puede?
2550
Pida el soldado la pica,
el arcabuz o el mosquete,
que las armas de los grandes
caballeros las hereden.
Diego García soy yo
2555
de paredes, no paredes
de cal y canto y ladrillo,
sino de nobleza fuerte.
Sancho de Paredes fue
mi padre, y no hay más que pruebe,
2560
caballero de Trujillo
con mil cruces en parientes.
Si por hazañas, me tocan,
que hoy tan vivas resplandecen,
y aunque todos las sabéis,
2565
mi justicia os las refiere.
Yo salí de España en año
mil quinientos y siete,
habiendo muerto cuatro hombres
con mi espada solamente,
2570
porque Ruy Sánchez de Vargas,
buen caballero y jinete,
me siguió sobre un caballo
con alguna de su gente.
Llegué a Roma con mi hermano,
2575
y como de ley carece
la necesidad, vivía
como las águilas suelen.
Y por no me descubrir,
de encogido que fui siempre,
2580
a un cardenal primo hermano,
pasé esta vida tres meses.
Fui alabardero del Papa,
y no es razón que me pese,
Señalando a URBINA.
pues él lo fue y Juan de Vargas,
2585
Zamudio, Pizarro y Vélez.
Tirábamos cierto día
a la barra diligentes,
todos delante del Papa,
al sol en un campo verde;
2590
tuve allí con un romano
palabras de las que escuecen,
y matele con la barra
y con otros seis o siete.
Dime al fin a conocer
2595
al cardenal mi pariente,
y diome una compañía
de que hice a Urbina alférez.
¿Pues es razón que se ponga
con su capitán aqueste
2600
que hasta ahora se estuviera
quitando capas vilmente?
Fuimos a Montefrascón,
subí con mi espada el fuerte,
maté las guardias del muro,
2605
vencí su plaza, y ganele.
Volví a Roma, y luego el Papa
me mandó que prestamente,
honrado del mismo cargo,
contra el de Urbino saliese.
2610
Allí vencí tres mil hombres,
y sobre que dije alegre:
“¡Viva España!” fui retado
de César, capitán fuerte.
Matele en campo, y prendiome
2615
el General; desateme,
maté diez hombres y, libre,
paseme al Duque y dejele,
Allí fue donde, en camisa,
tenté un río en su corriente
2620
y vencí la gran batalla
que hoy Venecia y Roma sienten.
Degollaron seis mil hombres,
diga Urbina, si se atreve,
si son más los que él ahorca
2625
de los que no le obedecen.
Del Próspero partí al campo,
recibiome alegremente,
donde me eligió por uno
de sus nobles coroneles.
2630
Ponga Juan de Urbina ahora
sus hazañas insolentes
con estas que voy contando,
porque todas son crüeles,
y quiéroos decir en una
2635
muchas que su nombre ofenden,
que fue cuando le acusaron
a su mujer falsamente,
que en una barca, en la mar,
metió su casa, de suerte
2640
que hasta perros y gallinas
quiso que a la fiesta fuesen.
Los cuales, y un tierno niño,
echó a la mar y a los peces,
y nadando, a la ribera,
2645
salió bramando impaciente.
Así es valeroso Urbina
con las míseras mujeres.
¡Mirad un hombre cruel
cómo puede ser valiente!
2650
Y si no, pues que se precia
de discreto, diga en breve
cómo traerá esta celada
con la que tiene en la frente.
Pero volviendo a mis cosas,
2655
a mí estas armas se deben
por lo que en Rávena hice
en batallas diferentes.
Matáronme mi caballo,
que así en la guerra acontece
2660
y con tres arcaburazos
fui preso, herido de muerte;
pero llevándome asido
cuatro hombres, por un puente,
con ellos me eché en el río,
2665
y al fin, nadando, escapeme.
Seis leguas caminé armado,
donde, queriendo ofenderme,
el coronel Palomino
me decía de esta suerte:
2670
“Que había sido locura
a tanta gente oponerme”.
Desafiele, y salimos
desnudos: reñí y matele.
En aquella gran batalla,
2675
que se hizo trece a trece,
entre Zamudio, Alvarado,
Villalba, Aldana y Gutiérrez,
¿qué hizo este fuerte brazo?
Y después, ¿qué le sucede?,
2680
que a un francés y a dos hermanos
maté en campo heroicamente.
A este di con una porra,
que le hundió todo el almete,
y por él salí después
2685
a la campaña seis veces.
¿Qué hice en lo de Vincencio
y del Garellano, enfrente
de la artillería de Francia?
Diga otro tanto mi alférez.
2690
Fui con el Gran Capitán
a España, donde le muerden
envidiosos, a quien yo
quise retar justamente.
Echeles un guante, y como
2695
ninguno alzarle quisiere,
el Rey me volvió mi guante,
porque estaba el Rey presente.
Desde allí me fui a mi tierra,
y a ciertos jaques o jeques
2700
quemé en Coria, con sus damas.
Fui a Trujillo y sosegueme,
donde un día un zapatero
vino temerariamente
diz que a probarse conmigo;
2705
vi un pozo, asile y echele.
Después, ¿qué hice en Navarra,
qué, contra tantos franceses?
Lo de las Comunidades,
por largo es bien que lo deje.
2710
Diré lo que hice en Pavía...,
pero ya es justo que cese
para que os refiera Urbina
sus hechos, muy elocuente.
Lo del coronel Salcedo,
2715
que tanto crédito pierde,
y los hombres que ha colgado
por bandos de nueve en nueve.
Solo os pido, gran señor,
que de quien sois se os acuerde,
2720
puesto que no hay en el mundo
lo que estas armas merecen.

Levántase URBINA, y hace su reverencia al MARQUÉS y al VIRREY, y dice así:

Urbina
Romance (tirada)
Si el cielo, ilustres varones,
honor y gloria de España,
escuchara nuestros ruegos,
2725
oraciones y plegarias,
nosotros del gran Marqués,
y él de sus armas gozara;
mas no quisieron los hados
y la inexorable Parca.
2730
Y pues ha llegado el día
en que se han de dar sus armas,
¿a quién es bien, sino a quién
si él viviera las dejara?
Todos sabéis que el marqués
2735
conmigo comunicaba
sus secretos pensamientos,
¡hasta las cosas del alma!
No las diera al que las pide.
Y aunque es loco en la demanda
2740
y yo tenga la elocuencia
que os ha servido en mil causas,
Dios ayude a cada uno.
Y si él de noble se alaba,
lo que no sé, no lo niego,
2745
si porque él lo diga, basta.
Si él no es bueno, ¿qué le importa
preciarse de hazañas tantas?
El ser yo bueno, señores,
es la luz de mis hazañas;
2750
mas, pues se alaba de noble,
también yo quiero alabanza.
Juntas de Urbina y Mendoza
muestra Vizcaya las casas.
Si a la Mendoza dio el cielo
2755
los señores que la ensalzan,
ahora por mí a la mía
los dará al cielo Vizcaya.
No es menos gloria el ser yo
el primero de mi casa,
2760
pues ser postrero en la suya
le da a Paredes ventaja.
Si la antigüedad es noble,
porque a Extremadura alaba,
y, tierra ganada ayer,
2765
con Vizcaya la compara,
yo no quiero mayor prueba
que la que él dice en mi causa,
pues con lo que más me honra
piensa él que más me daña.
2770
Yo vine un pobre escudero
a Italia, y tengo, a Dios gracias,
veinte mil y más ducados
de renta, honrosa ganancia.
Si el ser yo escudero y pobre
2775
me da Paredes por falta,
él, que se alaba de ilustre,
¿cómo no tiene unas calzas?
Esto es porque no piense
con sus fábulas pasadas
2780
querer las armas por noble
cuando tantos nobles callan.
Que si eso fuera, el Marqués
del Basto las heredara,
el grande Antonio de Leiva
2785
o algún Henríquez o Lara.
Mas pues hoy entre los dos
está puesta la demanda,
oídme, aunque en propia boca
la alabanza ofende y cansa.
2790
Después que a Italia pasé,
aunque él me afrenta, se engaña,
por escudero de aquel
que Gran Capitán se llama,
en el desafío de once,
2795
por su mano, en la estacada
me metió, donde los tres
maté a los ojos de España.
Echome al cuello sus brazos
y diome su mesa, en paga
2800
del servicio que le hice,
y quiso llevarme a España.
Y pluguiera a Dios que fuera,
pues quedándome en Italia
por pobreza, los dos fuimos
2805
alabarderos del Papa,
que el delito del capeo
parece cosa excusada
por los noble compañeros
Zamudio, Poncio y Villalba.
2810
¿Y quién culpara al león
que el gamo con hambre caza,
ni al extranjero que quita
la capa, estando sin capa?
Y eso que él dice que hizo
2815
cuando tiraba a la barra,
¿cómo lo cuenta sin mí,
que fui toro de Jarama?
El romano que serví
hízome merced con causa,
2820
que le defendí de seis
que en el suelo le mataban.
Y esto tengo por honor,
que sus cosas temerarias
son locuras y no valor,
2825
no de hombre, de tigre hircana.
Yo por mi Rey solamente
he puesto mano a la espada,
por mi amigo y por mi honra,
cuando alguno me la agravia.
2830
Lo que dice de Salcedo
que corté el brazo, no carga
mi opinión, pues todo el campo
me libró y se puso en arma.
Y en el llamarme cruel,
2835
como ignorante se engaña,
pues que di muerte a un traidor
y a una mujercilla ingrata.
El que sus afrentas vengue
y satisfecho se halla,
2840
¿cómo le afrenta el castigo
si le libra la venganza?
El que dicen que le han dicho
muchos que miente, en sus barbas,
si se ha vengado, me diga
2845
por qué afrentado se llama.
Y dígame por qué efecto
cuando con su mujer casta,
que lo fue, por Dios, señores,
iba a acostarse en la cama
2850
ponía una daga siempre
debajo de la almohada;
y después, con un montante
furioso se levantaba,
tirando, por darle miedo,
2855
mil reveses por la cuadra.
Castigar a los culpados
no es crueldad, como él me infama,
pues por miedo del castigo
tanto respeto me guardan;
2860
que en San Tiau, yendo huyendo,
una voz, una palabra
volvió la gente a sus puestos
y esperaron cara a cara.
Esto es el ser capitán,
2865
y no la infame arrogancia
con que con trescientos hombres,
estando en una emboscada,
dijo, viniendo tres mil:
“Si de los que me acompañan
2870
fuera cual yo cada uno,
tantos a tantos estaban,
porque yo valgo por diez,
y así, tres a treinta igualan.”
A quien respondió un soldado,
2875
natural de Salamanca:
“No hay aquí quien, como tú,
por diez y diez mil no valga”.
Y acometiendo con esto,
perdió el seso y la batalla.
2880
Esto retó Palomino,
y en esto le hago ventaja,
que por loco no le fían
lo que a mi cordura encargan.
¿Quién en Génova y Marsella
2885
arremetió a la muralla?
¿Quién mató cuatro franceses
que a Ortuño desvalijaban?
¿A quién el Emperador
ha escrito ahora una carta
2890
diciendo que ver desea
de Juan de Urbina la cara?
Ponga con aquestas cosas
Paredes aquella tranca
con que echó en el fuego en Coria
2895
los rufianes y las damas,
Esa bestial valentía,
que yo, no solo con armas
venzo, mas con el consejo,
ingenio e industria rara.
2900
Soy soldado e ingeniero:
hago fosos, trincheras, cavas,
busco sitios, bastimientos,
por mí se mina y se asalta.
Conmigo trató sus hechos
2905
el gran Marqués de Pescara,
quien me dio su propia renta,
mejor me diera sus armas.
Yo no digo lo que he hecho
en la rota de Novara,
2910
ni defendiendo a Milán,
ni prendiendo al Rey de Francia,
que ojalá que estas nos dieran
ganándolas en campaña,
aunque era deshonra mía
2915
medir contigo mi espada,
porque a quien un zapatero
osó decirle en su cara
que con él se probaría,
otro zapatero basta.
2920
Suplícoos, nobles señores,
juzguéis con piedad mi causa;
dadme estas armas a mí,
si queréis bien emplearlas,
que si yo no las merezco,
2925
cuelguen con espada y lanza
en un templo, para todos
y por honra de su fama.

Marqués del Basto
Octava real
¿Qué os parece, señores? Uno a uno
decid los votos.

Don Hugo
Mejor es que a voces
2930
se digan.

Todos
¡Que no se den las armas a ninguno!N
X
Nota del editor

No es verso.

Marqués del Basto
Pues tú mismo, Marqués, las armas goces,
y si fuere mejor darlas a alguno,
juzgue el Senado cuál de estos feroces,
que, dando fin, su autor no determina
2935
si serán de Paredes o de Urbina.

FIN