Alfonso, al que llaman Casto,
pluguiera a Dios no lo fueras;
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que no es justo que los reyes
de todo punto lo sean.
No vengo, como otras veces,
con aquella antigua tema
de que me des a mi padre;
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que ya traigo otra querella.
Si a mi padre te pedía,
que tienes preso en cadena,
mi madre te pido ahora
con más razón y más fuerza.
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No entiendas, digo, tu hermana,
la infanta doña Jimena:
Castilla te digo, Rey,
que también la tienes presa.
Dame a mi madre Castilla,
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que me han dicho que la entregas
a Carlomagno de Francia,
y padre y madre me niegas.
Castilla es mi madre, Rey,
que este brazo y sangre engendra;
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por mis hermanos la pido,
que nos viene por herencia.
Que tengas preso a don Sancho
y que sacarlos no quieras
porque acaso no se case
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y legítimo yo sea,
ya parece que das causas,
puesto que ninguna tengas,
que bien pudiera heredarte
sólo en llevarte a la iglesia;
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pero en prender a Castilla,
¿qué disculpa darle piensas,
si no es que digas: el Moro
hace adulterio con ella?
Si para echarlos de España,
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esos caminos rodeas,
si tú dentro no has podido,
¿cómo podrán los de afuera?
Lo más cierto es que procuras
que extranjeros la posean,
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por no dar a tus sobrinos
lo que justamente heredan.
Si yo soy bastardo, Rey,
que tú quieres que lo sea,
aquí está García y Ramiro,
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escoge al que lo merezca,
y echarán ellos de España
los moros que están en ella,
mejor que desde París
el arrogancia francesa.
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Si dices que Carlos es santo
y que saldrá a defendella,
Santiago es mejor Patrón,
y que acude a su defensa;
que aquí le hemos visto armado,
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que con los moros pelea,
y yo doy fe que en sus pechos
he visto la cruz bermeja.
No han sido tus castellanos
tan cobardes en la guerra,
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que no hayan hazañas hecho
que envidien Italia y Grecia.
Que yo, el más humilde y flaco,
antes que en rostro tuviera
señal de barba, he vencido
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trece batallas con ésta.
Y mira si en san Isidro
algunas banderas cuelgan,
que a los moros he quitado
corriendo a Duero y Pisuerga.
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¿Sabes qué he pensado, Rey?
Que España, que Dios no quiera,
por un Rey que fue lascivo
se perdió la vez primera,
y ahora por un Rey casto
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es posible que se pierda,
porque todos los extremos
la virtud dañan y alteran.
Resuélvome, castellanos,
en que España quede nuestra;
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que ahora hay tiempo y remedio,
y después ninguno queda.
Ea, leoneses hidalgos,
Nuños, Garcías, Fabelas,
Díaz, Ramiros, Pelayos,
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Rasuras, Jimenas, Telas,
Gonzalos, Íñigos, Claros,
Ordóñez, Beneses, Velas,
Fortuños, Fueros y sangres
Vivares, Guevaras, Cuevas,
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de mal villano de Asturias
pasado su pecho vean,
de azcona o dardo morisco
tirado con mano izquierda,
quien no siguiere a Bernardo
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y no sacare de afrenta
a nuestra madre Castilla.