Félix Lope de Vega y Carpio Lope de Vega y Carpio, Félix

LAS BURLAS DE AMOR




Texto utilizado para esta edición digital:
Cotarelo y Mori, Emilio (Ed.), Obras de Lope de Vega, I, Madrid, RAE, 1916, pp.39-73
Adaptación digital para EMOTHE:
  • Burgos Segarra, Gemma (Artelope)

Elenco

RICARDO, caballero mozo.
TEUCRO,, su criado.
FABIO, su criado.
CAMILA,, reina.
SEVERO,, su secretario.
AMÉRIGO,, cazador.
TELEMO, alcaide.
BELARDO,, viejo.
FRONIMO,, villano mozo.
TIMBRIO,, villano viejo.
LIVIO,, capitán.
UN PAJE.
JACINTA,, villana.
MELAMPO,, preso.
OTAVIO,, preso.
LEONIDO.
EL DUQUE DE ATENAS.
EL REY ARCANO,, padre de Camila.
FABRICIO,, criado del Rey.
ESTACIO,, preso
ARCELO,, preso.
TANCREDO,, estudiante, preso.
LUCEO,, preso.
POLIFEMO,, preso.
ALBARDERO
LERIDAMO
RELATOR

Jornada I

(Salen JACINTA, pastora, y RICARDO, caballero mozo, con espuelas y botas de camino.)

JACINTA.
Redondilla
No me pellizque otra vez,
que alzaré el cayado.

RICARDO.
Alzalde,
que no he de comprar de balde
el bien de que soy juez;
Redondilla
5
antes quedo enriquecido
si recibo bien como ese.

JACINTA.
Y aun podría ser que os pese
del haberle recibido.

RICARDO.
Redondilla
No hará; que un dichoso palo
10
de tan hermosa villana,
de la dama cortesana
excede al mayor regalo.

JACINTA.
Redondilla
¡Oh! Cuántos necios sustenta
la corte.

RICARDO.
Tal es su fama.

JACINTA.
15
Al palo dichoso llama,
siendo la mayor afrenta.

RICARDO.
Redondilla
Pues ¿puede un palo afrentar
de esa mano?

JACINTA.
¿Dais licencia?
Remítolo a la experiencia.

RICARDO.
20
Tened.

JACINTA.
Dejadme probar.

RICARDO.
Redondilla
Dejádmelos merecer.
y quedaré satisfecho.

JACINTA.
¿Cómo?

RICARDO.
Tocando a ese pecho,
adonde me siento arder.

JACINTA.
Redondilla
25
¿No digo yo que sois necio?
Si os estáis ardiendo en él,
¿para qué os llegáis a él?

RICARDO.
Porque arderme estimo y precio.

JACINTA.
Redondilla
Tiémplese vuestra merced
30
en la nieve de esa sierra.

RICARDO.
Agua le falta a la tierra
que pueda templar mi sed,
Redondilla
mas sobrará de mis ojos.

JACINTA.
No habláis palabra, en verdad,
35
que no sea necedad.

RICARDO.
Más necios son mis antojos.

JACINTA.
Redondilla
Requebráis una villana
que guarda gansos allí,
y estaisle diciendo aquí
40
regalos de cortesana;
Redondilla
no gastéis vuestras dulzuras
en el picote y sayal,
guardad tan fino caudal
para mayores venturas,
Redondilla
45
y seguid vuestro camino,
que os daña el sol.

RICARDO.
Sólo el vuestro.

JACINTA.
De freno dais en cabestro
y de humanista en divino.
Redondilla
Andad con Dios.

RICARDO.
¡Brava cosa,
50
por la fe de caballero!...

JACINTA.
¿Vos caballero?

RICARDO.
Y primero
que fuérades vos hermosa.
Redondilla
Tengo tanta calidad,
que me pesa, pues por ella
55
pierdo la cosa más bella
que adora mi voluntad.

JACINTA.
Redondilla
¡Qué! ¿por ser mi desigual
perdéis tanto bien, señor?

RICARDO.
Dislustra un sayo de honor
60
cualquier jirón de sayal;
Redondilla
que, si no, prometo a Dios,
a quien pongo por testigo,
de que os llevara conmigo
y me loara con vos;
Redondilla
65
que habéis de tal manera
olvidado de mi ser,
que fuérades mi mujer
como yo vuestro igual fuera.

JACINTA.
Redondilla
Si en eso os debo, señor,
70
también me debéis a mí,
que desde el punto que os vi
sospechoso que os tuve amor;
Redondilla
y, por vida de los dos,
que me sois prenda tan cara,
75
que con vos me desposara
a no ser mejor que vos.
Redondilla
Que estos ánades que guardo
por dicha vasallos fueron,
y algunas telas cubrieron
80
lo que agora es sayal pardo.
Redondilla
soy tan bien nacida, que...
Baste... No más.

RICARDO.
Si eso fuese,
obligárame a que os diese
la mano, palabra y fe;
Redondilla
85
que aún podría ser verdad;
pero podeisme creer,
que el igualarme ha de ser
con muy grande calidad.

JACINTA.
Redondilla
Eso temo yo de vos,
90
creyendo que ha de faltar
de vuestra parte el llegar
adonde me puso Dios.

RICARDO.
Redondilla
Creo que estáis engañada.
Decidme, ¿seréis condesa?

JACINTA.
95
Ni duquesa, ni marquesa,
ni princesa estimo en nada.

RICARDO.
Redondilla
Pues ¿qué sois?

JACINTA.
Emperatriz.

RICARDO.
¡Válgame Dios!

JACINTA.
Cuando menos.

RICARDO.
¡Y guardáis gansos ajenos!
100
¿Cómo os llamáis?

JACINTA.
Beatriz.
Redondilla
Mirá si me igualaréis.

RICARDO.
Si aqueso fuese verdad,
mucha mayor calidad,
señora Beatriz, tenéis;
Redondilla
105
mas yo soy un mayorazgo
de un reino, y perdido voy,
aunque ya ganado estoy,
y a vos se os debe el hallazgo.
Redondilla
Si os viene bien que me deis
110
la mano, el alma juntad,
el reino y la calidad
al imperio que tenéis.

JACINTA.
Redondilla
Si pensáis que os he burlado
haced conmigo una cosa:
115
que yo sea vuestra esposa
cuando estéis desengañado,
Redondilla
y también que cuando vos
probéis ser príncipe, sea
el bien que el alma desea
120
celebrarlos entre los dos;
Redondilla
pero hasta entonces no hay orden
de otra cosa.

RICARDO.
Aunque me mate
el deseo, es disparate
que llegue a tanta desorden.
Redondilla
125
Vos misma sois la defensa;
venid conmigo, que os doy
palabra, a fe de quien soy,
de no haceros ofensa.

JACINTA.
Redondilla
Y ¿adónde me llevaréis?

RICARDO.
130
Peregrinando conmigo
hasta daros un testigo
y porque vos me le deis;
Redondilla
y cuando probado hayamos
que somos reyes, seré
135
muy vuestro marido.

JACINTA.
¿A fe?

RICARDO.
Sí, por Dios.

JACINTA.
Pues vamos.

RICARDO.
Vamos.

(Vanse, y sale FRONIMO, villano mozo, con una honda tras de ellos.)

FRONIMO.
Quintilla
¿Dónde lleváis la zagala?
¡Hola! ¡Hao! Mas no responda,
que al disparar la bala,
140
si me desciño la honda,
ningún arcabuz le iguala.
Quintilla
¡Oh, hi de puta, ladrón!
Luego vi que eras halcón,
porque la dorada espuela
145
me pareció la pigüela
y la lengua el corazón.
Quintilla
Mirad que sus gansos lloran
lo la laguna esparcidos,
y los prados, que la adoran,
150
de su ausencia entristecidos,
se marchitan y desfloran.
Quintilla
Ya toma sus manos blancas,
tanto ya las hace francas
del favor que nunca tuve;
155
en el caballo la sube
y se la lleva a las ancas.

(Coge el villano piedras y sale FABIO, criado de RICARDO, de estudiante capigorrón.)

FABIO.
Quintilla
Mancebo, ¿has visto por dicha
a un caballero galán
en un potrillo alazán?

FRONIMO.
160
No, sino por mi desdicha.-
Dejad la moza, rufián.

FABIO.
¿Qué buscas?

FRONIMO.
Quintilla
Piedras apaño
para un gavalucho extraño
que me lleva una paloma.

FABIO.
165
¡Con qué cólera las toma!

FRONIMO.
Es pajarote de hogaño.

FABIO.
Quintilla
Oye acá, deja las piedras;
responde a lo que te digo.

FRONIMO.
Cosa que si no te arriedras
170
las hayas de haber conmigo,
porque veas lo que medras.
Quintilla
¿Por ventura no lo ves
que pone al caballo pies
y las manos a aquel pecho
175
por quien tomo a mi despecho
las piedras de tres en tres?

FABIO.
Quintilla
¡Oh, villano, casta infame!
¿A mi señor? ¡Suelta, suelta!

FRONIMO.
Paso, no me las derrame.
180
¿Queréis andar de revuelta
y que mis zagales llame?

(Sale TIMBRIO, villano viejo.)

TIMBRIO.
Quintilla
. Dejad al zagal, hidalgo;
mientras no os ofende en algo,
que lo habéis de ver con dos.

FRONIMO.
185
Dejádmelo, padre, vos;
quizá veréis lo que valgo.

FABIO.
¿Es vuestro?

TIMBRIO.
Quintilla
Debe de ser,
que así lo dijo su madre.

FABIO.
Muy bien que se os echa de ver;
190
cual el hijo, tal el padre.

TIMBRIO.
. A fe que sois bachiller.

FABIO.
Quintilla
Dios me libre de villanos
si a las armas ponen manos
y decienden en cuadrilla.

FRONIMO.
195
¿Esto poco os maravilla?

FABIO.
Quedaos en buen hora, hermanos,
Quintilla
que se aleja mi señor.

FRONIMO.
No, no; direisme primero
quien ha sido el robador.

FABIO.
200
Es un pobre caballero
aventurero de amor.

(Vase FABIO.)

TIMBRIO.
Quintilla
Pues ¿qué? ¿llévanse a tu hermana?

FRONIMO.
Para bella cortesana.
¿Luego no lo habías sabido?

TIMBRIO.
205
De esta vez quedo perdido.
¡Oh rapacilla liviana!

FRONIMO.
Terceto
Timbrio, si tú permites que Jacinta, TERCETOS
el alma propia de esta vida ajena,
como el temor se me figura y pinta;
Terceto
210
si aquella que a la muerte me condena,
por quien el alma toda arder se siente
a veces gloria como a veces pena,
Terceto
de mis ojos permites que se ausente
y que la lleve aqueste peregrino,
215
cuéntame, por ejemplo, de la gente;
Terceto
cuéntame, Timbrio, si mi sol divino
un punto deja de alumbrar mi vida
en la noche mortal de su camino.
Terceto
De mi propio ser seré homicida;
220
de aquesta sangre tú verás la imagen
de un Isis ciego en este robre asida.

TIMBRIO.
Terceto
Tus palabras y lágrimas se atajen,
caro Fronimo, y esos torpes miedos
no mi valor y voluntad ultrajen.
Terceto
225
¿Cuándo para mi bien tus brazos quedos
viste jamás ni mi opinión contraria
a la disposición de tus enredos?
Terceto
No piense agora la fortuna varia
quitarnos de las manos la vistoria,
230
que yo pondré la fuerza necesaria.
Terceto
Tras tanto mal y perdición notoria,
tras tanta ausencia de la patria amada,
que ahora me enternece su memoria,
Terceto
solo por la pasión desenfrenada
235
con que siguiendo vas esta doncella,
cual roble dura, como nieve helada,
Terceto
se quiere la fortuna alzar con ella.
¿No verán sus ojos que a seguilla
nos fuerza a entrambos una misma estrella?
Terceto
240
Ellos irán del monte media milla;
y pues ella se va como liviana,
cosa que me enloquece y maravilla,
Terceto
rogar que vuelva es cosa incierta y vana;
mejor será decir que soy su padre,
245
y tú, quejoso, llamarasla hermana.
Terceto
Diré yo a voces que su muerta madre
ha sido causa de su vida libre,
y todo lo que a nuestro engaño cuadre.
Terceto
Con esto cuanta gente bebe el Tibre,
250
para favorecernos juntaremos,
y no hayas miedo que de mí se libre.

FRONIMO.
Terceto
¡Oh, Timbrio generoso, a quien debemos
cuantos a tu favor nos aplicamos
la vida y sangre, el alma que tenemos!
Terceto
255
En seguimiento de Jacinta vamos,
que con aqueste engaño convencida,
sospecho que a la villa la volvamos.

TIMBRIO.
Hoy, ¡oh, Fronimo! perderé la vida.

(Vanse y salen CAMILA, reina, y SEVERO, secretario, vestidos de caza, y CRIADOS con ellos.)

REINA.
Redondilla
¿Qué? ¿se fue el corcillo herido?

SEVERO.
260
La hierba le hará parar
cuando le venga a tocar
el corazón encendido.

REINA.
Redondilla
¡Que no llegaras a tiempo!

SEVERO.
Llegué, señora, después;
265
que por aquesto sus pies
son comparados al tiempo.

REINA.
Redondilla
El que hace me ha cansado
y agrádame la floresta.

SEVERO.
Convida a pasar la siesta
270
la bella estancia del prado;
Redondilla
los arroyuelos suaves
que se rien por las piedras,
la sombra de aquestas hiedras
y la canción de las aves.
Redondilla
275
Podrás, si quieres dormir.

REINA.
Sí; mas en tanto que duermo,
haz seguir el corzo enfermo
hasta que venga a morir.

SEVERO.
Redondilla
¡Gran cuidado te maltrata!

REINA.
280
¿Agora echaste de ver
que es condición de mujer
perseguir hasta que mata?

SEVERO.
Redondilla
¡Líbreme Dios se su furia!

REINA.
Retira luego esa gente,
285
que el rayo del sol ardiente
me hace notable injuria.

SEVERO.
Redondilla
¿Quién ha de quedar contigo?

REINA.
Tú solo.

SEVERO.
¿Yo solo?

REINA.
Sí.

SEVERO.
¡Hola! Nadie quede aquí;
290
lleva esa gente, Amérigo.

AMÉRIGO.
Redondilla
. ¿Dónde mandas que aguardemos?

REINA.
En el río; y ten cuidado
que esté en la hierba el venado
cuando nosotros lleguemos.

(Vanse los criados y quedan CAMILA y SEVERO.)

SEVERO.
295
Sola estás.

REINA.
No mucho.

SEVERO.
Redondilla
¡Cómo!

REINA.
¿No estás conmigo?

SEVERO.
Es verdad.

REINA.
Entre dos no hay soledad.

SEVERO.
Por triste que estoy la tomo.

REINA.
Redondilla
Y es la mejor compañía.

SEVERO.
300
Y más si entre aquestas dos
sola un alma puso Dios.

REINA.
Como lo fuera la mía.

SEVERO.
¿Qué dices?

REINA.
Redondilla
Que entre dos pechos
pueda asistir sola un alma
305
cuando de igual triunfo y palma
quedan de amor satisfechos.
Redondilla
Mas no tratemos de amor,
que es malo para dormir.

SEVERO.
No solo el sueño, el vivir
310
suele quitar su dolor.

REINA.
¿Tanto puede?

SEVERO.
Redondilla
No lo sé.
En un libro lo leí.

REINA.
Y lo leyeras en mi
a tener ojos de fe.

SEVERO.
315
¿Qué es eso de ojos?

REINA.
Redondilla
Que amor
al alma por ellos entra
y que abrasa lo que encuentra.

SEVERO.
¡Brava experiencia de amor!

REINA.
Redondilla
¿Has querido alguna vez?

SEVERO.
320
Nunca.

REINA.
Pues ¿a cuándo aguardas?

SEVERO.
Tú me animas y acobardas.

REINA.
¿Por ventura a la vejez
Redondilla
quiere el amor verdes años?
Yo a lo menos, quiero...

SEVERO.
Quieres,
325
señora, como quien eres.

REINA.
Pero como son mis daños...

SEVERO.
Redondilla
Tu semejante querrás
porque te dé el casamiento
de por vida su contento,
330
que amor no puede dar más.
Redondilla
Siempre tus cosas me encargas
solo estamos, y creo
que mi secreto y deseo
merece…

REINA.
Mucho te alargas.

SEVERO.
Redondilla
335
¿Es mucho en conversación,
y de tan secreta parte,
¡oh, Camila! preguntarte
de quién has hecho elección?

REINA.
Redondilla
¿Qué sacarás de sabello?

SEVERO.
340
Confirmar lo que he creído
de tu buen gusto.

REINA.
¿Y sabido?…

SEVERO.
Sabido…

REINA.
¿Qué?

SEVERO.
Holgarme de ello.

REINA.
Redondilla
Pagaré tu bien intento.
Cree que el que yo escogí
345
no está muy lejos de aquí.

SEVERO.
¡Ay, Dios! ¿qué dudo? ¿qué siento?
Redondilla
¿Si por mí lo dice acaso?
Pies míos, ¿tanta flaqueza
cuando mayor fortaleza?…
350
Más corto y turbado «[pasoN
X
Nota del editor

En general, los corchetes responden a soluciones aportadas por el editor digital ante diversas soluciones diferentes a la del texto base que el editor original de este aporta en nota a pie de página.

].»
Redondilla
Quiérome poner muy bien...
Gran falta me hace un espejo
con quien tomara consejo.-
¡Hola! ¡Un vestido me den!-
Redondilla
355
Mas ¿qué digo? ¡Estoy sin seso!
¡Tanto una palabra puede!
Pensamiento, aquí se quede
vuestro temerario exceso.
Redondilla
¡Tanto puede un pensamiento!
360
Ahora bien; yo vuelvo en mí.-
Suspensa has estado.

REINA.
Sí.

SEVERO.
¿De qué?

REINA.
Del propio contento.

SEVERO.
¿Contenta estás?

REINA.
Redondilla
En extremo,
de ver tan cerca ¡oh, Severo!
365
lo que te dije que quiero.

SEVERO.
¡Ay, Dios! ¿Qué dudo? ¿Qué temo?
Redondilla
Vuélvome a poner galán.
¡Ea! que soy yo, sin duda;
tanto el color se me muda
370
cuántas sospechas me dan
Redondilla
que no la hacen declarar.
Bien sé que me quiere bien.-
¿Qué tan cerca estás de quien,
señora, te hace penar?

REINA.
Redondilla
375
Mucho, Severo, lo estoy.

SEVERO.
¿Qué tanto?

REINA.
No estoy en un paso.

SEVERO.
¿Viene aquí algún hombre acaso?
Estoy solo; sí, yo soy.-
Redondilla
Aquí entiendo que estará,
380
aunque contigo, sospecho.

REINA.
¿Y cómo si está en mi pecho,
que en otra parte no está?
Redondilla
De lejos me da modestia,
aunque está en mi corazón.

SEVERO.
385
Engañome el afición;
digo que soy una bestia.
Redondilla
¿No es bueno que lo creí?

REINA.
Gente parece que viene.

SEVERO.
Guarda vuestra alteza tiene,
390
y guárdeme Dios a mí.

(Entran RICARDO y JACINTA.)

RICARDO.
Redondilla
Como sois de tal valor,
zagala, por quien suspiro,
mientras más, mi alma, os miro,
mucho más me incita amor.
Redondilla
395
Ya de vuestro trato entiendo
tan cortesano y afable,
que es mucho más agradable
lo que me vais descubriendo.
Redondilla
Si la siesta os causa enojos,
400
esta sombra lo defiende;
guardaos del sol, que os ofende
de envidia de vuestros ojos

JACINTA.
Redondilla
Mas antes vos, pastor mío,
con vuestro color de azor,
405
no sois para labrador;
guardaos del sol y el frío.
Redondilla
Aquí podéis recostaros,
y para que no os ofenda,
quitad al amor la venda
410
y cubrid los ojos claros.

SEVERO.
Redondilla
¿Qué le parece a tu alteza?

REINA.
Escóndete, y calla un poco.

RICARDO.
Tal favor me vuelve loco,
¡Extraña delicadeza!
Redondilla
415
Mucho le debéis a Dios.
Divino ingenio tenéis.

JACINTA.
Cuanto agora encarecéis
en mí, resulta de vos.

RICARDO.
Redondilla
¿Para qué busco testigo
420
de que sois reina? Es sin falta
que sois reina, y sois tan alta,
que apenas de vista os sigo;
Redondilla
que esas razones no son
de villano nacimiento.
425
Ahora bien; aquí me siento.

JACINTA.
Como yo del corazón.

REINA.
Redondilla
Escucha a ver en qué para.

RICARDO.
Que os sentéis conmigo os ruego.

JACINTA.
Si yo me llegara al fuego,
430
¿quién duda que me quemara?
Redondilla
¿Olvídaseos el concierto?

RICARDO.
No se olvida; mas ¿qué importa?

JACINTA.
Probar si mi espada corta
es notable desconcierto.
Redondilla
435
Vos estaréis bien ahí,
y yo, si quiero guardarme,
aquí podré recostarme.
¿Ya os dormís?

RICARDO.
Creo que sí.
Redondilla
Ando un poco desvelado.

JACINTA.
440
Pues dormid enhorabuena.
Dormilón sois. Gente suena.

REINA.
No para daros cuidado,
Redondilla
y podéis llegar sin miedo
que gente segura soy.

JACINTA.
445
Puesto que con miedo voy,
de vos tenelle no puedo.

REINA.
Redondilla
Dadme esos brazos hermosos.

JACINTA.
Pues que pude merecellos,
los vuestros serán los bellos
450
y los míos los dichosos.

REINA.
Redondilla
¿Has visto más bella cara,
Severo?

SEVERO.
En extremo es bella,
y a fe que declara en ella,
sangre más ilustre y clara.

REINA.
Redondilla
455
¿Posible es que aquese traje
mereció tanta hermosura?

JACINTA.
No; a lo menos mi ventura,
la humildad de mi linaje.

REINA.
Redondilla
¿Y a dónde os lleva perdida
460
ese galán?

JACINTA.
¡Ay, señora!
que ha sido el hallalle agora
mi ventura conocida.
Redondilla
Aficionose de mí.

REINA.
Y vos de él.

JACINTA.
Con su licencia,
465
bien le quiero en mi conciencia.

REINA.
¿Dónde os lleva?

JACINTA.
Por ahí.

REINA.
Redondilla
¿Hay lástima como aquesta,
que se la lleve engañada?

JACINTA.
De que yo voy mejorada
470
la razón, señora, es esta:
Redondilla
que es hijo del rey de Atenas.

SEVERO.
¿Este es Ricardo el famoso?

JACINTA.
Sí; mi señor, y es mi esposo,.

REINA.
¡Sea con mil norabuenas!
Redondilla
475
¿Dónde se casó con vos?

JACINTA.
Llevamos hecho un concierto
de hacer casamiento cierto
cuando probemos los dos:
Redondilla
él, que es príncipe heredero,
480
y yo, princesa heredera;
él de una provincia entera,
y yo de un imperio entero.

SEVERO.
¡Nuevo caso!

REINA.
Redondilla
¡Caso extraño!
Por cierto con gran razón
485
os tiene tanta afición;
mas resulta en vuestro daño,
Redondilla
que en gozando esa hermosura,
que es de los hombres deseo,
será en la crueldad Teseo
490
y vos Ariadna en ventura.

JACINTA.
Redondilla
Pues ¿en qué lo conocéis?

REINA.
¿En qué? En haberos fingido
que será vuestro marido
cuando ser reina probéis;
Redondilla
495
que bien sé que una pastora
del traje que vos venís
no será, como decís,
tan grande reina y señora.

JACINTA.
Redondilla
¿No veis que yo le he contado
500
mil mentiras que he fingido,
con que viene persuadido
que traigo el traje prestado?
Redondilla
La reina de aquesta tierra,
de quien es muerta la madre,
505
tiene agora al rey su padre
en una conquista y guerra;
Redondilla
y yo le he dado a entender
que dos hijas que dejó
la una de ellas soy yo.

REINA.
510
Y eso ¿cómo puede ser?

JACINTA.
Redondilla
Díjele que me ha tenido
mi hermana un odio tan fuerte,
que, desde niña, la muerte
mil veces darme ha querido,
Redondilla
515
y que un aya que tenía
me libró de su furor,
entregándome a un pastor
que en este monte vivía.
Redondilla
Con esto va satisfecho,
520
y yo, para dar testigos,
buscaré algunos amigos
que les duela su provecho.

REINA.
Redondilla
Ninguna mejor que yo;
que os tengo tal afición,
525
que haré cualquier invención.

SEVERO.
¿Quién tal suceso, pensó?

REINA.
¡Disimula, necio!

JACINTA.
Redondilla
En fin,
¿me queréis favorecer?

REINA.
Sobrara veros mujer,
530
cuanto más un serafín.
Redondilla
Y aun os diré lo que haremos
porque más crédito dé:
que reina me fingiré
muy grave y por mil extremos,
Redondilla
535
diciendo soy la tirana
que mataros pretendí,
y que andando a caza os vi
y os conocí por hermana.

JACINTA.
Redondilla
Señora, por bien tan grande
540
vuestra esclava me confieso;
la tierra que pisáis beso.

REINA.
Eso no, ni Dios lo mande;
Redondilla
tan buena sois como yo,
pues a mi hermana os igualo.

JACINTA.
545
Hoy, fortuna, tu regalo
hasta su punto llegó.
Redondilla
Vos, señora, sois, sin falta,
alguna real persona
bien digna de la corona
550
que con tanto agravio os falta.
Redondilla
Deberé a vuestro valor
el bien que por vos tendré;
vida y alma os deberé.

REINA.
Pagadme solo el amor,
Redondilla
555
y despertad vuestro esposo;
comenzarase el enredo.

SEVERO.
Apenas hablarte puedo;
que esto…

REINA.
¡Calla enfadoso!

JACINTA.
Redondilla
¡Ah, Ricardo! ¡Ah, señor mío!

RICARDO.
560
¡Qué dulce voz! ¿Quién me llama?

JACINTA.
La esclava, señor, que os ama.

RICARDO.
Y el dueño de mi albedrío.

JACINTA.
Redondilla
Sabed que he sido dichosa,
que mientras habéis dormido
565
justamente he merecido
el nombre de vuestra esposa.

RICARDO.
¿Cómo ansí?

JACINTA.
Redondilla
Que hallé testigos
fidedinos y abonados
y amigos reconciliados
570
de mortales enemigos.
Redondilla
Mi hermana la reina es
esa que miráis allí,
que anda a caza por aquí.

RICARDO.
Echarme quiero a sus pies.
Redondilla
575
¿Haos tratado con amor?
¿Podré sin miedo llegar?

JACINTA.
Bien la podéis abrazar,
que sabe vuestro valor.

RICARDO.
Redondilla
Reina ilustre y poderosa:
580
a gran ventura he tenido
haber ocasión habido
para mí tan venturosa.
Redondilla
El duque de Atenas soy,
indigno de merecer
585
vuestra hermana por mujer,
a quien ya rendido estoy.
Redondilla
Hízome Amor conocella
en el traje [en] que venía.
Mas, ¿quién no adivinaría
590
mirando cosa tan bella?

REINA.
Redondilla
Duque: cuanto a lo primero,
vos seréis muy bien venido.
Ya por fama habréis sabido
lo que yo por fama os quiero.
Redondilla
595
Ninguna cosa me ha hecho
hablar mi hermana enojada
como el venir amparada
de ese generoso pecho.
Redondilla
El hábito en que la veis
600
no es el que merece, no;
que es este que tengo yo,
como vos lo merecéis.
Redondilla
Si os ha parecido hermosa,
para aqueste casamiento
605
yo doy mi consentimiento
y me tengo por dichosa.

RICARDO.
Redondilla
Yo lo soy, y desde aquí
os doy mi mano.

JACINTA.
Esperad;
que si os di mi voluntad
610
sobre francas os la di.
Redondilla
Yo he probado el ser quien soy,
resta que vos lo probéis.

RICARDO.
Señora, razón tenéis,
pero satisfecho estoy.
Redondilla
615
Yo he visto lo que tenía
y vos lo veréis también.

JACINTA.
Pues así estaremos bien
mientras que llega ese día.

RICARDO.
Redondilla
Grave estáis con la verdad.
620
Más humilde os conocí.

JACINTA.
Cuando yo pastora fui
era tiempo de humildad.
Redondilla
Ya que soy reina, es muy justo
representar lo que soy.

RICARDO.
625
Yo, señora, humilde estoy,
y no con poco disgusto.
Redondilla
Algún día seré rey.

JACINTA.
Mientras que no lo probéis
justo es que humilde estéis,
630
que ansí lo manda la ley.

REINA.
Redondilla
Mi hermana tiene razón.

RICARDO.
¡Paciencia! -¡Yo estoy corrido!

JACINTA.
Si es porque rey no habéis sido,
soislo de mi corazón.

RICARDO.
Redondilla
635
¡Dios os lo pague este bien!

(Suena ruido adentro de gente.)

SEVERO.
Tu gente viene, señora.

REINA.
Venga mi gente en buena hora,
y tráiganme el palafrén;
Redondilla
bien está así lo fingido.
640
Váyase vuestra merced.

SEVERO.
¡Hola! El palafrén traed.

JACINTA.
Paso, no hagamos ruido.
Redondilla
¡Vaya en buena hora, señor!

SEVERO.
Luego, ¿pensáis que os burlamos?
(Entra AMÉRICO, cazador y CRIADOS.)
645
A muy buen tiempo llegamos.

JACINTA.
Temblando estoy de temor.

AMÉRIGO.
Redondilla
Danos tus pies a besar.

REINA.
Alza, Amérigo del suelo.
¿Cómo vienes?

AMÉRIGO.
Como suelo,
650
cansado de montear.

REINA.
¿Pareció el corzo?

AMÉRIGO.
Redondilla
En el río.

REINA.
Dente un caballo.

AMÉRIGO.
Esos pies
me bastan.

JACINTA.
Sin duda es
la Reina. ¡Oh, gran desvarío!-
Redondilla
655
Quiero hablar a tu grandeza.

REINA.
¿Qué quieres?

JACINTA.
¡No me dijeras
que eras la Reina de veras!
Perdona mi rustiqueza
Redondilla
y di qué tengo de hacer.

REINA.
660
Llevarte quiero conmigo.

JACINTA.
Tu virtud, Reina, bendigo;
mi vida está en tu poder.

REINA.
Redondilla
Ahora bien; el sol deciende;
a la ciudad caminemos,
665
que al fin güéspedes tenemos.
y ya la caza me ofende.
Redondilla
Mi casa es vuestra, Ricardo;
venid, veréis mi ciudad.

RICARDO.
Vaya vuestra majestad
670
mientras mi caballo aguardo.

REINA.
No os detengáis.

RICARDO.
Redondilla
Está bien.

REINA.
¡Qué graciosa gentileza!

AMÉRIGO.
. ¡El palafrén a su alteza!

SEVERO.
¡Hola, gente, el palafrén!

(Vanse todos y queda RICARDO.)

RICARDO.
Redondilla
675
¿Qué es esto, tiempo, qué es esto
que a ti solo te pregunto?
¿Sabes por dicha en el punto
que tu mudanza me ha puesto?
Redondilla
¿Qué reina o qué casamiento
680
es aqueste en que me pones?
¿No sabes las pretensiones
de un humilde nacimiento?
Redondilla
Dime agora por qué ley
te ha parecido importante
685
que ayer me acueste estudiante
y que hoy me levante rey.
Redondilla
Íbame ayer, de camino
a Bolonia, donde había
de estudiar quiromancía
690
por curioso desatino,
Redondilla
y hállome agora casado
con una Reina extranjera,
que ayer de gansos lo era
en la fuente de aquel prado.
Redondilla
695
Si viniera, como voy,
de Bolonia, imaginara
que el arte mismo causara
aqueste enredo en que estoy.

(Entran FABIO y TEUCRO, criados de RICARDO, estudiantes capigorrones.)

FABIO.
Redondilla
Eres dómine ¡ah! señor:
700
¿adónde dejó la dama?
¿No responde?

RICARDO.
¿Quién me llama?

TEUCRO.
Grande estudiante de amor
que se hizo.

RICARDO.
Redondilla
¿Estás en ti?

FABIO.
Que no hay que negarme, no;
705
ya la vimos Teucro y yo.

RICARDO.
¿Tú la viste?

TEUCRO.
Yo la vi,
Redondilla
y a fe de criado tuyo
que aguijé por alcanzalla
por ayudarte a llevalla:
710
con este texto te arguyo.
Redondilla
Acuérdome que decías
en España que estudiabas
esta ciencia, porque amabas
a cuantas mujeres vías;
Redondilla
715
y deseabas saber
alguna buena invención
con que hacer su corazón
en llamas de amor arder.
Redondilla
Mas, pues, ya sin ciencia saber
720
hacerles tan buena guerra,
volvamos a nuestra tierra
y el viaje no le acabes.

RICARDO.
Redondilla
¡Ah, Teucro! Si tú supieses
en el peligro que estoy,
725
te juro a fe de quien soy
que lástima me tuvieses.

FABIO.
Redondilla
Apostaré que de tierno
por la gansera se aflige,
que el pastor que te dije
730
le ha puesto a piedras el cuerno.
Redondilla
¡Hi de puta! ¡Cuál salía
la piedra que disparaba!

RICARDO.
¿Qué pastor?

FABIO.
El que quedaba
en aquella casería.

RICARDO.
Redondilla
735
No vi tal hombre ¡por Dios!
Lo que pasa, brevemente,
es que junto aquella fuente
nos recostamos los dos,
Redondilla
y al recordar, confiado
740
de hallar una oveja o un buey,
me halle con nombre de rey
y con dos reinas al lado.

TEUCRO.
Redondilla
Esta tierra es encantada.
Fabio, vamos por las mulas.

FABIO.
745
¿Por ventura disimulas
la burla?

RICARDO.
Fuera pesada.
Redondilla
Esta es la verdad.

FABIO.
¿Qué dices?

RICARDO.
Que la villana es hermana
750
de la Reina.

TEUCRO.
¿Qué villana?

FABIO.
Tú mismo te contradices.

RICARDO.
Redondilla
¿Sabéis qué tengo pensado?
Que, pues me obliga la ley
a que pruebe que soy rey,
755
como Beatriz lo ha probado,
Redondilla
que os finjáis embajadores
y tengáis las manos llenas
de los despachos de Atenas
de aquellos gobernadores.
Redondilla
760
Viendo vuestra autoridad
y las cartas que tairéis,
¿quién duda que confirméis
mi fingida majestad?
Redondilla
Voy a tomar mi caballo,
765
que le dejé atado allí;
veníos los dos tras mí,
que tiempo habrá de trazallo.

TEUCRO.
Redondilla
En esto vino a parar
este mozo.

FABIO.
¡Ay, triste!

TEUCRO.
770
¿Por qué no le detuviste?

FABIO.
Teucro, temile enojar.
Redondilla
Él ha perdido el juicio.

TEUCRO.
Bien ha estudiado ¡por Dios!

FABIO.
¡Buenos quedamos los dos!
775
Perdí mi largo servicio.

TEUCRO.
Redondilla
Algo le han dado a comer.
Fabio, ya tengo jurado
de no comer hoy bocado.

FABIO.
Sí, pero no de beber;
Redondilla
780
que Altracia, hechicera, cría
tales hierbas, y esecuta
cual y tos tan mala fruta,
cual Libia fuera arpia.
Redondilla
¿Hase de quedar ansí?

TEUCRO.
785
Eso no; vele a buscar:
quizá se podrá enojar.

FABIO.
¿Por dónde fue?

TEUCRO.
Por aquí.

(Vanse FABIO y TEUCRO y sale SEVERO, secretario.)

SEVERO.
Soneto
Dulce, atrevido pensamiento loco,
¿adónde te levantas por mi daño?
790
Ligeras alas de un gustoso engaño,
¿adónde me lleváis? Tened un poco.
Divinos ojos, vuestra luz invoco,
que me despeña un fácil desengaño;
y en el principio del camino extraño
795
la sombra de la muerte piso y toco.
Camila, dulce fin de mis enojos,
a cuyas bellas manos es inclemencia
me trujo atado la enemiga suerte,
vuelve a mi alma tus hermosos ojos
800
y muérame yo allí si en tu presencia
tiene poder la rigurosa muerte.

(Entra la REINA.)

REINA.
¿Secretario?

SEVERO.
¿Señora?

REINA.
Terceto
¿Acaso sabes
si vino el Duque?

SEVERO.
No lo sé.

REINA.
¡Que tarda!

SEVERO.
Son del camino aquellas cuestas graves.

REINA.
805
¿Qué dices de la historia?

SEVERO.
Terceto
Que es gallarda;
cuanto jamás se vio en el mundo escrita.

REINA.
Toda para que yo me abrase y arda.
Terceto
¿Ves la villana cuán al propio imita
la persona real? Basta que ufana
810
el matrimonio injusto solicita.
Terceto
¡Bueno fuera, por Dios, que una villana
casara con un príncipe de Atenas
por una fácil hermosura vana!

SEVERO.
Terceto
¿De manera, señora, que condenas
815
el favor que le diste con tu engaño?

REINA.
Y agora la maldigo a manos llenas.
Terceto
¡Bueno es que hiciera tan notable daño
a un hombre tan ilustre y que mezclara
preciosas prendas con grosero paño!
Terceto
820
Temiera, y con razón, que castigara
el cielo mi maldad si de este imperio
una villana frente coronara.

SEVERO.
Terceto
Sin duda tiene la ocasión misterio:
ya el ciego amor el corazón rebela
825
de celos el infierno y cautiverio.
Terceto
¡Oh! más liviana reina que la vela
que azota el viento de una y otra parte,
y más que el humo que a su centro vuela! -
Terceto
No niego, Reina, yo, ni he de negarte,
830
que la villana injustamente abonas
y puede el Rey quejarse y enojarte.
Terceto
Siendo tan desiguales las personas
fuera traición hacer el casamiento
juntando de oro y robre las coronas.
Terceto
835
Mas creo que algún nuevo pensamiento
te mueve a andar solícita en el caso.

REINA.
Mucho del lance presumir te siento.
Terceto
Dicen que en las montañas del Caucaso
un águila le rompe las entrañas
840
a Prometeo sin mover el paso.
Terceto
Tú, semejante, aqueste desmarañas
los mismos pensamientos de mi pecho,
y siempre en mis cuidados me acompañas.
Terceto
Ya tiempo fue que verte satisfecho
845
de un hombre que yo amaba, deseabas,
por bien del reino y general provecho.
Terceto
Severo, haz cuenta que a este punto acabas
de saber el secreto que te inflama,
por lo que ya tan congojoso estabas.
Terceto
850
Al Rey de Atenas yo le amé por fama,
que su valor y esfuerzo en paz y en guerra
del Ártico al opuesto se derrama.
Terceto
Trújole el cielo aquí, a mi misma tierra,
que por ausencia de mi padre, Arcamo
855
levanta la cerviz y el pie deshierra.
Terceto
Por sosegarle, y porque yo le amo,
habrá de ser, sin duda, mi marido.

SEVERO.
Desde hoy, señora, yo mi Rey le llamo;
Terceto
mas mira bien que puede ser fingido,
860
y es bien que te asegures claramente.

REINA.
Poco discreto, en avisarme, has sido.
Terceto
Así lo haré; mas mira que en la frente
escrita lleva la nobleza suya,
que pocas veces a los ojos miente.

SEVERO.
Terceto
865
Antes, no hay cosa, Reina, que más huya
de la verdad del alma que el semblante,
puesto que a veces por allí se arguya.

REINA.
En todo haré satisfacción bastante.

(Vase CAMILA, reina y queda SEVERO, solo.)

SEVERO.
Quintilla
¿Qué es esto, enemigo amor?
870
Cielo, fortuna enemiga,
tiempo vano y burlador,
¿qué queréis que el alma os diga
reducida a tal dolor?
Quintilla
¡Esto agora me faltaba,
875
tras la pena que me daba
una esperanza tan loca!
Mas, pues que me mató de poca,
gracias a Dios que se acaba.
Quintilla
¡Que traiga el tiempo a mi tierra
880
un hombre extranjero a darme
dentro de mi casa guerra!
¡Que venga en ella a mandarme
y que de ella me destierra!
Quintilla
Pensé que la ausencia larga
885
del viejo Rey que me encarga
su hija y yerno, pudiera
hacer que su yerno fuera,
y ha sido mi muerte amarga.
Quintilla
Que él propio me hiciera daño,
890
bien cupiera en mi tormento
al cabo de tanto engaño;
mas que me mate un extraño
no cabe en mi pensamiento.
Quintilla
Acabar quiero con todo,
895
y será de aqueste modo,
que esta daga...-Gente suena.

(Entran FRONIMO y TIMBRIO, villanos, al tiempo que se quiere matar.)

FRONIMO.
Estará la casa llena.
Paso, no me deis del codo.

TIMBRIO.
Quintilla
Calla, y entra con respeto.

FRONIMO.
900
¿Con qué respeto he de entrar?

SEVERO.
¡Que aun para tanta triste efeto
no me da el tiempo lugar!

FRONIMO.
Por Dios, Timbrio, que arremeto.

TIMBRIO.
¿Es este?

FRONIMO.
Quintilla
Sin duda es él.

TIMBRIO.
905
¡Oh traidor falso y cruel!

SEVERO.
¡Suelta, grosero villano!

TIMBRIO.
¿Tenéis la presa en la mano
y hacéis del ladrón fiel?

FRONIMO.
Quintilla
Aquí del rey, que me tien
910
mi hermana.

TIMBRIO.
Y mi hija.

SEVERO.
¿Yo?
Villanos, ¿paréceos bien?

FRONIMO.
Y a vos, ¿cómo os pareció
la pobre mochacha?

SEVERO.
¿Quién?
Quintilla
915
¡Hola! gente de la guarda.
Nadie escucha. ¿En qué se tarda?
Uno de vosotros, ¡hola!

FRONIMO.
Ello ha de haber carambola.

SEVERO.
Pasalde aquesa alabarda.

TIMBRIO.
Quintilla
920
¡Ah, señor! Por Dios os ruego
reduzgáis vuestros enojos
a más templado sosiego,
y a la hija de mis ojos
mandéis me la vuelvan luego.
Quintilla
925
Basta que la hayáis tenido
del modo que hayáis querido;
bástame ya mi deshonra,
mirad que traigo la honra
cubierta en pobre vestido.

SEVERO.
930
¿Qué hija?

FRONIMO.
Quintilla
Señor, mi hermana;
aquella moza aldeana
que a las ancas se llevó
cuando la juente pasó.

SEVERO.
¿Yo moza?

FRONIMO.
Aquesta mañana,
Quintilla
935
cuando la llevaba al trote.

TIMBRIO.
¡Ea! no nos alborote,
sino mándenosla dar,
que la queremos casar
y está aparejado el dote.

SEVERO.
Quintilla
940
Ya estoy en el caso bien.
¿Su padre es de la pastora?

FRONIMO.
Y yo su hermano también,
que allí estaba agora, agora.

SEVERO.
Venid, haré que os la den.

TIMBRIO.
Quintilla
945
Dios le haga bien después.

SEVERO.
No alborotéis el palacio.

FRONIMO.
¡Hola, padre! Alzad los pies.

TIMBRIO.
¿No ves como voy despacio?

FRONIMO.
Y es bien que priesa te des,
Quintilla
950
que mira el de la alabarda.

TIMBRIO.
Calla, hijo, que es la guarda.

FRONIMO.
Si en el campo me cogiera,
yo aseguro que me hiciera
al restallar de la parda.


Jornada II

(Sale la REINA y SEVERO, su secretario.)

REINA.
Terceto
955
¿Que eso ha pasado con los padres de ella?

SEVERO.
Esto ha pasado, y encerrados quedan
derramando mil lágrimas por ella.
Terceto
No quise que al palacio salir puedan
hasta saber si tú gustabas de ello,
960
por mucho que sus lástimas excedan.

REINA.
Terceto
Holgádome he en extremo de sabello;
porque la lleven a su pobre aldea,
que traigo celos de su rostro bello.

SEVERO.
Terceto
¿Qué cosa puede haber, cielos, que sea
965
de menos sufrimiento que mi daño?

REINA.
¿Qué dices secretario?

SEVERO.
Que no es fea.

REINA.
Terceto
Váyase luego, sepa, sí, el engaño,
guarde sus blancos ánades y vuelva
a las vacas y el grosero paño.
Terceto
970
Allá estará mejor, en monte o selva;
váyase con sus padres y villanos
y con igual marido se revuelva.

SEVERO.
Terceto
Crueles celos de sangrientas manos,
no me arranquéis el corazón del pecho
975
con dolores tan fieros y inhumanos.
Terceto
¡Qué dulces esperanzas me has deshecho,
y envuelto con acíbar, niño ingrato,
con dura fuerza rompes mi derecho!

REINA.
Terceto
Arrepentida estoy del falso trato
980
que tuve con el Duque; me desgracio
haber sido la causa.

SEVERO.
Y yo me mato.

(Entra UN PAJE de la REINA.)

PAJE.
Terceto
Dos hombres a la puerta de palacio
se apean de dos postas y te piden
licencia.

SEVERO.
¡Oh, tiempo, mátame despacio!

REINA.
985
¿Qué señas traen?

PAJE.
Terceto
El vestido miden
hasta la planta, a la costumbre griega,
y de varios colores la dividen.

REINA.
Entren.

SEVERO.
Por dicha, tu padre llega.

(Entran FABIO y TEUCRO como griegos.)

FABIO.
Quintilla
Reina, a quien dio la ventura
990
de la tierra, que mantiene
la corona en paz segura
donde Parténope tiene
celebrada su ventura:
Quintilla
después de besar tus pies,
995
te pedimos que nos des
licencias para hablarte.

TEUCRO.
Sospecho que has de turbarte,
Fabio.

FABIO.
Disimula, pues.

REINA.
¿De qué tierra sois?

FABIO.
Quintilla
De Atenas,
1000
como lo muestra el vestido,
y por mil tierras ajenas
a ver habemos venido
de tu ciudad las almenas.

TEUCRO.
Bueno vas, Fabio.

REINA.
Quintilla
¿Y es ocio
1005
o fuerza de algún negocio?

FABIO.
Fuerza nos obliga a verte.

TEUCRO.
De perlas vas de esa suerte.

FABIO.
Tú verás cómo negocio.-
Quintilla
Tiene Atenas un rey solo
1010
después que murió Leopolo,
que, con deseo profundo,
anda visitando el mundo
desde el uno al otro polo.
Quintilla
Muerto Leopolo, se aflige
1015
Atenas por el ausente,
el vulgo otro rey elige,
su madre no lo consiente,
y a los rebeldes corrige.
Quintilla
Porque el alboroto cese
1020
mandó el Senado que fuese
de su gente alguna copia
desde Alemania a Tiopia,
y por el mundo corriese.
Quintilla
Todo a efecto de saber
1025
si le podremos hallar:
dos años cumplen hacer
que le andamos a buscar,
mas muerto debe de ser.
Quintilla
La fuerza habremos corrido,
1030
y por donde más crecido
Irún y Vizcaya baña
hemos, entrado en España,
la vida y tiempo perdido.
Quintilla
Agora de Barcelona
1035
hemos venido a tu tierra,
que la fama, que pregona
los hechos de paz y guerra,
tu nombre, Camila, entona.
Quintilla
Y querríamos saber,
1040
que por dicha puede ser,
si en algún tiempo ha venido
a tu tierra este perdido
que así nos hace perder.

REINA.
Quintilla
Severo, ¿qué te parece?

SEVERO.
1045
Que la prueba que deseas
hoy a las manos [te] ofrece,
para que el cielo creas
lo bien que te favorece.
Quintilla
Si estos conocen por rey
1050
a Ricardo, prueba es cierta.

REINA.
¡Estoy de contento muerta!

SEVERO.
¡Qué dura es, amor, tu ley!

TEUCRO.
¡Ah, Fabio, cuál se concierta!
Quintilla
¡Mal año para Sinón
1055
que iguale con tu invención!
Jacinta y Ricardo vienen.

SEVERO.
¡Oh, cuántos celos me tienen
oprimido el corazón!

(Entran RICARDO y JACINTA vestida de cortesana.)

RICARDO.
Quintilla
Después que adornado habéis,
1060
Jacinta, esas partes bellas,
con las galas que traéis,
como el sol a las estrelllas
a la reina escurecéis.

JACINTA.
Verso suelto
Paso, no os oigan, Ricardo.

REINA.
1065
Que le conozcan aguardo.

FABIO.
Quintilla
¡Duque de Atenas!

TEUCRO.
¡Señor!

FABIO.
Famoso Ricardo ilustre,
cuyo infinito valor
ha dado nobleza y lustre
1070
a la sangre de Ajenor,
Quintilla
danos tus pies, y las vidas
a tu servicio ofrecidas
las recibe en esta parte
por el hallazgo de hallarte.

RICARDO.
1075
Ellas son bien recibidas.

REINA.
Quintilla
Conocido le han; ¿qué espero,
Severo, mayor probanza?

SEVERO.
Ni yo crudo amor, pues muero.
¿Para qué aguardo esperanza
1080
al tiempo que desespero?

RICARDO.
Quintilla
¿Qué os ha traído a una tierra
de la vuestra tan remota?

FABIO.
La vulgar y civil guerra
que tus reinos alborota
1085
y la blanda paz destierra.
Quintilla
Estas leerás al punto
del Senado y de tu madre.

RICARDO.
Por el duque te pregunto.

FABIO.
Ya es muerto el Duque, tu padre.

RICARDO.
1090
¿Que mi buen padre es difunto?
Quintilla
Rasgaré las cartas todas.

FABIO.
¡Oh, Rey, que desacomodas
la traza que viene dada,
que viene capitulada
1095
para tus reales bodas!

REINA.
Quintilla
Duque, para tiempos tales
es el ánimo y grandeza
de las personas reales;
que nunca fue la tristeza
1100
medicina de los males.
Quintilla
Volved, por mi vida, en vos.

RICARDO.
¿Y mi madre?

TEUCRO.
Buena queda.

RICARDO.
¿Quedáronme hermanas?

TEUCRO.
Dos,
Caritania y Fieliseda.

[SEVERO.]
1105
¡Extraños nombres, por Dios!

TEUCRO.
Quintilla
Milagro fue no reírme.

FABIO.
Calla, buen Teucro, ten firme,
que has de ver milagros hoy.

RICARDO.
Señora Reina, Rey, soy,
1110
¿queréis que más se confirme?

JACINTA.
Quintilla
¡Buena está la gravedad!
¿No hacéis más caso de mí?

RICARDO.
Cuando yo escudero fui
era tiempo de humildad;
1115
esto de vos lo aprendí.

JACINTA.
Quintilla
Casi corriéndome voy,
y no con poco disgusto.

RICARDO.
Después que soy Rey es justo
representar lo que soy.
1120
[.............-oy/usto]

REINA.
Quintilla
Basta, que os habéis vengado.

RICARDO.
¿De manera, que trazado
estaba mi casamiento?

TEUCRO.
Sí, señor.

RICARDO.
Trazas al viento.

FABIO.
1125
¿Cómo al viento?

RICARDO.
Estoy casado.

TEUCRO.
¡Casado! ¿Con quién?

RICARDO.
Quintilla
Con quien
es el dueño de mi vida.
Veisla presente.

FABIO.
No hay bien
1130
que la fortuna no impida
con su mudanza y vaivén.

TEUCRO.
Quintilla
Pues ¿cómo quieres burlar
la reina de Chipre bella?

RICARDO.
Vasallos, no hay que tratar;
1135
ninguno me trate de ella.

TEUCRO.
¿Quién lo basta a remediar?

RICARDO.
Quintilla
La mujer que tengo agora
es hermana de Camila,
de Parténope señora.

[SEVERO.]
1140
¡Qué duera espada que afila
el que ya en su ofensa llora!

RICARDO.
Quintilla
No más; echaos a sus pies.

FABIO.
Esos pido que nos des,
señora, y que nos perdones
1145
estas bárbaras razones.

REINA.
De buenos vasallos es.

RICARDO.
Quintilla
Ya, Reina, que cierto ha sido
la nobleza con que gano
el nombre de tu marido,
1150
dame aquesa hermosa mano.

REINA.
Ese matrimonio impido.

RICARDO.
Quintilla
¿De qué es el empedimiento?

REINA.
De que en este casamiento
hay mucha desigualdad.

RICARDO.
1155
Será de la voluntad,
mas no del merecimiento.

(Entran FRÓNIMO y TIMBRIO y UN PAJE diciéndoles que no entren.)

PAJE.
Quintilla
Tente, villano. ¿No es bueno
que quiere entrarse en la sala
de paja y de polvo lleno?

TIMBRIO.
1160
. La justicia nos iguala
con el Rey, si el Rey es bueno.

FRONIMO.
Quintilla
La Reina nos ha de oír
nuestras justísimas quejas
a sus pies habemos de ir.

TIMBRIO.
1165
. ¡Oh, Reina! Si tú nos dejas,
¿dónde habemos de acudir?
Quintilla
Perdona el injusto ultraje
de pisar con pobre traje
tus ricos palacios yo,
1170
cuya torre apenas vio,
desde lejos mi linaje.
Quintilla
La gran fuerza del honor
es tal, que esfuerza y obliga
al más rústico pastor
1175
que hasta tus plantas siga
al atrevido ofensor.
Quintilla
Una hija que tenía,
sola, que sola ponía
a mi vejez regocijo...

FRONIMO.
1180
Y es mi hermana.

TIMBRIO.
Calla, hijo.
Al fin, por quien yo vivía.
Quintilla
Estando habrá cuatro días
en el campo de mi aldea,
no con buenas compañías,
1185
que a la mujer que no es fea
nunca le faltan espías;
Quintilla
no sé en lo que se ocupaba,
que yo en mi cabaña estaba.
¡Sabe Dios cuánto me aflijo!

FRONIMO.
1190
Gansos guarda.

TIMBRIO.
Calla, hijo.
Al fin, sus gansos guardaba.
Quintilla
Pasó un hombre de tu casa;
al fin, hombre palaciego
que por doquiera que pasa
1195
como a rastrojos el fuego
solemos decir que abrasa.
Quintilla
Me la llevó sin empacho,
sin poder este mochacho
guardalla, por más que dijo....

FRONIMO.
1200
Con mi honda.

TIMBRIO.
Calla, hijo.
Y caballero en el macho,
Quintilla
y viendo que a tu merced
veníamos enojados,
entre una y otra pared
1205
nos han tenido enjaulados.

FRONIMO.
Muertos de hambre y de sed.

REINA.
Quintilla
Ha sido muy gran maldad;
tal, que por vida del Rey,
que si entiendo la verdad,
1210
ha de pasar por la ley,
tenga cualquier calidad.

RICARDO.
Quintilla
Señora, espantado estoy;
mira si por dicha soy
y es aquesta la villana.

REINA.
1215
¿Luego piensas que es mi hermana?

JACINTA.
¡Ay, Dios! Perdiéndome voy.

REINA.
Quintilla
Por burlarte, duque, ha sido
de la manera que es
aqueste engaño fingido;
1220
por eso no he consentido
que la palabra le des.
Quintilla
Descubra el rostro, señora;
basta la burla hasta agora
y desnúdese el vestido.
1225
Basta lo que reina ha sido;
vuelva agora a ser pastora.

TIMBRIO.
¡Muchacha!

FRONIMO.
¡Hermana!

JACINTA.
Quintilla
¡Señor!

TIMBRIO.
. ¿Cómo estás de esa manera?
¿No estabas allá mejor?

JACINTA.
1230
Por pensar que reina fuera;
pero son burlas de amor.

FRONIMO.
Quintilla
A fe que habréis engullido.
¿Paréceos bien cuál andamos
yo y vuestro padre perdido
1235
desde anteayer que os buscamos?

JACINTA.
Burlas de amor han sido.

TIMBRIO.
Quintilla
Tengos yo para casar
y andaisos a pasear.

JACINTA.
Paje, tráeme mi vestido
1240
y este que traigo fingido
comiénzamele a quitar.

REINA.
Quintilla
Eso no, ¡por vida mía!
Haceisme agravio notorio.
Guardaldo allá para el día
1245
de ese vuestro desposorio.

FABIO.
¿Para aquesto nos traía?
¡Temblando estoy, Teucro!

TEUCRO.
Quintilla
¡Ah, cielo!
que al gran trabajo recelo.
Tú verás en lo que para.

TIMBRIO.
1250
Reina, por merced tan rara,
adoro en tu nombre el suelo.
Quintilla
Ya sé que burlarte suele
cuando a caza al monte sales.

FRONIMO.
Yo he criado dos lebreles
1255
para tus manos reales,
hijos de padres fieles:
Quintilla
mañana vendré con ellos.

REINA.
¡Hola! Haced que algo les den,
que yo sé que os irá bien
1260
cuando vengáis a traellos.

TIMBRIO.
Haz que tus pies se nos den.

REINA.
Id en buena hora.

JACINTA.
Quintilla
¡Ah, Ricardo!
¡El cielo os guarde, señor!

RICARDO.
De lo que yo no me guardo.

JACINTA.
1265
No os afrente el sayal pardo,
que fueron burlas de amor.
Adios, mi señor.

RICARDO.
Quintilla
Adiós.

REINA.
¿Estarás corrido en forma?

JACINTA.
Vamos.

TIMBRIO.
Id delante vos,
1270
y por vida de los dos,
que os he de echar una corma.

(Vanse TIMBRIO y FRONIMO y JACINTA.)

RICARDO.
Octava real
Reina, por muchos reinos he pasado,
en cuyas nobles cortes he vivido;
mas en ninguna sin razón burlado
1275
del vario pueblo sin razón he sido.
Sabes que soy Ricardo.

TEUCRO.
¡Desdichado!
Fabio, el negocio cuenta por perdido.
¿Qué es lo que dice agora aqueste loco?

REINA.
No ha sido burla, ni tenerte en poco.
Octava real
1280
Andando a caza por la verde orilla
del Seveto corriente, hallé cual sabes,
contigo aquella hermosa pastorcilla
de palabras de amor y ojos suaves.
Causome el verla extraña maravilla,
1285
y por entretener cuidados graves,
que el reino, como ves, trae consigo,
reina la hice y me burlé contigo.
Octava real
No te pese de aqueste desengaño,
que como sea conviniente cosa,
1290
habrá sido, Ricardo, aqueste engaño
para que sea yo tu dina esposa.

RICARDO.
No digas más, que el alma en bien tamaño
no cabe toda en sí ni en mí reposa.
Bien sé que tu grandeza no merezco;
1295
pero cual soy a tu valor me ofrezco.

REINA.
Octava real
Esto pensé desde el primero día
que supe el tuyo, y sé que el Rey, mi padre,
ha de juzgar por buena mi osadía
por ver el reino solo y yo sin madre.
1300
Mañana haré juntar la gente mía
y tratarás lo que al negocio cuadre,
que ya sé que te estiman.

RICARDO.
Yo confieso
que estoy a pique de perder el seso.
¿Posible es tanto bien?

REINA.
Octava real
Severo, escucha:
1305
A aquestos caballeros atenienses
darás tu casa, que es razón....

SEVERO.
Y mucha,
que su largo camino recompenses.-
Otro cuidado en mis entrañas lucha;
verás mi fin cuando no lo pienses.

RICARDO.
1310
Dame licencia, acompañarte quiero.

REINA.
Yo soy dichosa y para siempre, espero.

(Vanse RICARDO y CAMILA y quedan SEVERO y los EMBAJADORES.)

SEVERO.
¡Gran tierra es la de Atenas!

FABIO.
Octava real
Grande y rica.

SEVERO.
¡Bella ciudad!

FABIO.
Extraña y belicosa.

SEVERO.
¡Gallarda juventud!

FABIO.
Toda se aplica
1315
a letras y armas, que no vive ociosa.
El valor de Ricardo testifica
de su felicidad alguna cosa.

SEVERO.
¿De qué ciudades es cabeza?

TEUCRO.
¡Oh, Fabio!
Agora es tiempo que te muestres sabio.

FABIO.
Octava real
1320
¿Qué tengo de mostrarme? ¡Derreniego
de quien me puso aquestas sopalandas!
¿Yo no soy español? ¿Quién me hizo griego?
Por arrojarme estoy de estas barandas.

SEVERO.
¿Entiendes lo que digo?

FABIO.
Hablaré luego
1325
y te satisfaré como lo mandas.
Teucro, quédate adios.

TEUCRO.
¿Aquí me dejas?
¡Oh! ¡pesia mi linaje!

FABIO.
¿A quién te quejas?

TEUCRO.
Octava real
¿No me estuviera yo con mis vecinas
contándoles consejas en mi tierra,
1330
hurtando los capones y gallinas
que el avariento gallinero encierra?
Echarles tres o cuatro bernardinas....

FABIO.
Como digo, señor, en paz y en guerra
es Atenas ciudad muy eminente,
1335
con fuerte cerca, muros, río y puente.
Octava real
Hay mucha nieve, fruta y muchas damas,
mucho galán y mucho viejo grave,
muchos mesones donde alquilan camas
y con cada aposento dan su llave.
1340
Tratase bien y mal de buenas famas...-
¡Ah Teucro! y cuánto sudo Dios lo sabe.

TEUCRO.
No le digas aqueso.

SEVERO.
Bajamente
habla este griego para noble gente.
Octava real
Muy lindo necio embajador hicieron.

FABIO.
1345
Necio dice que soy; ya nos perdemos.

SEVERO.
Al fin, señores, que los dos vinieron
visitando del mundo los extremos.

FABIO.
Así es verdad.

SEVERO.
Y qué elegidos fueron
del Senado y ciudad.

TEUCRO.
Otra tenemos.

FABIO.
1350
Si él vuelve a la ciudad, yo soy perdido.

SEVERO.
Sospecha tengo de que es el Rey fingido.

TEUCRO.
Octava real
No te aguardo ya a más, mis pies me valgan.

(Huye TEUCRO.)

SEVERO.
Huyó el traidor. ¡Traición! ¡Traición! ¡Ah, gente!
¡Ah, de la guarda!

(Salen dos ALBARDEROS y huye TEUCRO.)

ALBARDERO.
Yo aquí estoy.

SEVERO.
No se salgan
1355
del palacio.

ALBARDERO.
La guarda está presente.

SEVERO.
Apenas el patín donde cabalgan
pasa el traidor, ¿qué hacéis, decidme, gente?
Ninguno vuelva, pena de la vida.

FABIO.
Esa permite que a merced te pida.

SEVERO.
Octava real
1360
¿Osas, traidor, hablarme aquí delante?
¿Quién es este Ricardo?

FABIO.
Ten la daga.
Un escolar que es medio nigromante,
que esta invención con un doblón me paga.

SEVERO.
¿Qué habrá que no cometa un estudiante?

FABIO.
1365
No tiene el mundo cosa que no haga.

(Entran la REINA y RICARDO.)

REINA.
¿Qué alboroto es aqueste?

RICARDO.
¿A mí, vasallo
traidor?

SEVERO.
¡Tú eres traidor!

RICARDO.
¿Tal sufro y callo?

SEVERO.
Octava real
¡Date a prisión, infame; date, perro!
Ya se sabe quién eres; no te importa
1370
cubrir de blanca plata el negro hierro.

RICARDO.
Tú probarás lo que mi espada corta.

(Entran la guarda y CRIADOS.)

REINA.
¡Prendelde luego!

SEVERO.
Tu [torpeza] y yerro,
¡oh, loca Reina! a tal furor me exhorta,
que quisiera...

REINA.
¡Tenelde!

RICARDO.
¿Qué es aquesto?

FABIO.
1375
Ricardo, en el peligro que me has puesto...

SEVERO.
Octava real
Si estás contenta ¡oh, Reina! del marido
que ciegamente escoges por tu daño,
sabe que el Rey es un traidor fingido;
aqueste embajador ha sido engañado,
1380
que nunca a Grecia vió.

REINA.
Si tal ha sido
y fuere agora cierto desengaño,
¡vive el cielo! que mueras de una muerte
la más infame y de dolor más fuerte.

SEVERO.
Octava real
Declara luego su maldad notoria,
1385
o pasarate esta alabarda el pecho.

FABIO.
Señor, ya sabes la fingida historia,
y estás de mi inocencia satisfecho.
Digo que ayer tomamos de memoria
cuanto hoy has visto que tenemos hecho.
1390
Ricardo nos lo ha dado por escrito.

RICARDO.
Me espanto que la vida no te quito.

REINA.
Octava real
¿Enmudeces, traidor? ¿Esto se usa?...
[............-allas]
[............-usa]
1395
débesla de buscar, y no la hallas.
¿Has oído decir de Siracusa,
aquel que a tantas bancaras canallas
hizo temblar, y de Agrijentes fiero?
Pues ser contigo más cruel espero.
Octava real
1400
Llévenle luego al punto, al punto, digo,
a la pública cárcel de ladrones,
mientras ordeno el más cruel castigo
que vieron indios, escitas ni teutones.

RICARDO.
¿Merezco la crueldad que usas conmigo?

REINA.
1405
¿A responderme, bárbaro, te pones?
Lleven también su embajador el griego.

FABIO.
¿A mí, señora?

REINA.
A ti, llevalde luego.
(Llévanlos presos y quedan CAMILA y SEVERO.)
Octava real
¡Oh Severo famoso, a quien se debe
el bien que me resulta de este daño!

SEVERO.
1410
¿Creerás agora que tu bien me mueve?

REINA.
Y oblígame tan justo desengaño.
Castigo haremos que la fama lleve
de aqueste nuestro reino al más extraño.

SEVERO.
Bien merece su culpa castigalle.

REINA.
1415
¡Quién lo creyera de su hermoso talle!

SEVERO.
Octava real
Amor, buen tiempo es este; agora puedes
pagarme el daño eterno que me haces.
Buen tiempo es este de hacer mercedes;
por un año desde hoy hagamos paces,
1420
cuelgo yo de esta vez en las paredes
del templo que con lágrimas deshaces
las ropas que mojaron estas mías,
vean mis ojos tan alegres días.

(Vanse y salen FRONIMO y TIMBRIO y JACINTA.)

FRONIMO.
Quintilla
Al fin te asienta ese paño
1425
de tu propio nacimiento
harto mejor que el extraño,
y mi pobre pensamiento
mejor que aquel rico engaño.
Quintilla
Aquella fuera, Jacinta,
1430
naturaleza distinta
de tu ser; mas no hay mujer
que no se deje perder
por el color de una cinta.
Quintilla
¿Parécete bien que has dado
1435
a Timbrio buen galardón,
cruel de haberte criado
con más regalo y pasión
que si te hubiera engendrado?

TIMBRIO.
Quintilla
Ya, mi Jacinta, también
1440
que siempre te quise bien,
y pues tal la vida en calma
me has dejado arder el alma
entre tu celo y desdén,
¿no hablas?

JACINTA.
Quintilla
¿Qué he de decir
1445
viendo que tan sin razón
me fuistes a perseguir
en la más alta ocasión
que pude al cielo pedir?
Quintilla
Por vosotros he perdido
1450
el más gallardo marido,
con el estado mejor
que la fortuna y amor
ambos dar habrán podido.

TIMBRIO.
Quintilla
¿Tú no ves, Jacinta mía,
1455
que es burla que aquesos reyes
sueles hacer cada día?
¿No ves que de aquestos bueyes
se aparta la monarquía?
Quintilla
Créeme y busca tu igual,
1460
que el amor crece entre iguales;
busca un honesto zagal,
y aunque a Fronimo señales,
Jacinta, no te está mal.
Quintilla
¿Quién te sirve y te desea
1465
que más diestro y suelto sea?
¿Quién más rico y más galán
de cuantos mozos están
en el corro del aldea?
Quintilla
¿Qué servicios no te ha hecho?
1470
¿Qué días no te ha buscado?
¿Qué noches no te ha rondado?
Y después del alma y pecho,
Jacinta, ¿qué no te ha dado?
Quintilla
Apenas el pardo vello
1475
al palomino cubrió
cuando ya gozaste de ello.
Y apenas perdiz cazó
que no le torciste el cuello.
Quintilla
¿Qué panal en sus colmenas
1480
cubrió de miel las casillas
que fuese a manos ajenas?
¿De qué frutas sin peladillas?
¿De qué rosas o azucenas?
Quintilla
Más presto que tú la hallaste,
1485
no nació la verde almendra,
ni más flores que pisaste
Flora por el campo engendra
cuando por tu choza entraste.
Quintilla
La verde pera en sazón
1490
con el escrito melón,
el durazno blanco, el higo,
y cuando madura el trigo,
el rubio melocotón.
Quintilla
¡Ea! Jacinta, no más;
1495
los ojos vuelve a Frónimo,
que asaz obligada estás.

JACINTA.
Digo, Timbrio, que le estimo
por el precio que le das.
Ya le conozco.

FRONIMO.
Quintilla
Conoces
1500
una alma que pide a voces
verte piadosa a su llanto.
¿Por qué quiere el cielo santo
que tan exenta te goces?
Quintilla
¿Cuándo te dejé de amar,
1505
desde el día que a mirarme
te pudo el tiempo obligar,
o cuándo para matarme
me dejaste de olvidar?

JACINTA.
Quintilla
¿Por fuerza te he de querer,
1510
Fronimo?

FRONIMO.
Pudiera ser,
si en amor cupiera fuerza;
mas un bien querer esfuerza
siquiera a no aborrecer.

(Entra TEUCRO huyendo.)

TEUCRO.
Endecasílabos sueltos (tirada)
¿Qué monte me dará de sus entrañas
1515
alguna cueva oscura do me esconda?
¿Por qué ramos iré de espesos árboles
que no me puedan ver las que me buscan?
Pastores ¡ah! pastores.

TIMBRIO.
¿Quién nos llama?

TEUCRO.
Un desdichado caminante, un hombre
1520
que de sus enemigos viene huyendo.
Si vive la piedad en vuestros pechos
como en aquellos de otros miles pastores
que aposentaron príncipes y reyes,
amparadme escondido en vuestras chozas,
1525
que me quieren matar.

FRONIMO.
¿Este no estaba
en el palacio, Timbrio?

TIMBRIO.
El mismo era.

FRONIMO.
Decidme, caballero: ¿Vos no estábades
con unas ropas largas y un turbante
en el palacio de Camila agora?

TEUCRO.
1530
Estaba ¡ay! triste, y la ocasión amarga
que huyendo me ha traído a este monte,
es el haber estado en aquel hábito,
que aquel Ricardo, aquel... O yo me engaño,
o sois aquella dama que traía
1535
robada de esta aldea... no es de Atenas,
ni rey como pensáis, sino un hidalgo
que va de España, donde fue estudiante,
a Bolonia a estudiar quiromancía,
y por casar con reina nos ha hecho
1540
fingir embajadores atenienses,
como nos vistes; pero aquel engaño
tuvo por fin que yo me vine huyendo
sabida la maldad, y que Ricardo
con Fabio queda preso en cárcel pública
1545
y a pique de sufrir injusta muerte.

TIMBRIO.
Extraño caso.

JACINTA.
¡Oh, cielos! ¿Que es posible
que no es Ricardo rey?

TEUCRO.
Es un pobrete;
bien es verdad que lo parece en el talle,
mas en linaje es sumamente humilde.

JACINTA.
1550
Sin seso estoy, y aunque el contento es grande
de verme tan vengada de la Reina
y del traidor que me burló, no puede
dejar de lastimarme su peligro.
Dejadme un rato descansar, que el alma,
1555
aunque se desengaña de sus prendas,
de su hermosura no se desengaña.

(Vase JACINTA.)

FRONIMO.
¡Que aún tienes tal locura en mi memoria!
Vuelve, ¡cruel! y ya que me atormentas
con tus razones, de mortales celos,
1560
no sea con ausencia, que esa sola
es la que quita el respirar del todo
al sufrimiento y la vida al alma.

(Vase FRONIMO tras de ella.)

TEUCRO.
Pasión debe de haber.

TIMBRIO.
¡Pasión, y cómo!
No lo digas de burlas, que este mozo
1565
pierde el juicio; pero yo os prometo
que la zagala, aunque parece rústica,
tiene más que divinos pensamientos.
Quieren casarse y andan de revuelta,
porque él la adora.

TEUCRO.
¿Y ella?

TIMBRIO.
Le aborrece.
1570
Pero venid conmigo a mi cortijo,
que aquí podréis pasar aquesta noche
seguro de enemigos.

TEUCRO.
¡Dios os pague
el bien que me hacéis!

TIMBRIO.
Sin que nadie os vea
1575
iréis por este monte hacia el aldea.

(Vanse y salen LEONIDO, OTAVIO y MELAMPO, presos, en hábito de cárcel, y RICARDO en el suyo, dándole de rempujones.)

OTAVIO.
Redondilla
Entre adentro, presia tal,
deje aparte gravedades.

RICARDO.
Ni para menos crueldades
ha dado causa mi mal.
Redondilla
1580
Paso; no me arrempujéis.

MELAMPO.
Acabe; tenga vergüenza,
pues desde agora comienza.

RICARDO.
Si es ansí, no me acabéis.

MELAMPO.
Redondilla
¿De esto se enternece y llora?
1585
Allá le aguardo a la siesta.

LEONIDO.
¿Sabe que es la cárcel esta?

RICARDO.
Nunca lo supe hasta agora.

MELAMPO.
Redondilla
Muy bien se le echa de ver.

RICARDO.
¿Cómo?

MELAMPO.
En que no se ha quitado
1590
la ropilla y nos la ha dado.

RICARDO.
¿Para qué?

MELAMPO.
Para comer.

RICARDO.
Redondilla
¡Qué confuso barbarismo!
Señor, ¿no basta, decí,
un julio que traigo aquí?

MELAMPO.
1595
Aunque fuera el César mismo.
Redondilla
¿Somos algunos guillotes
de calabozo podrido,
cuyas espaldas han sido
sacrificadas a azotes,
Redondilla
1600
que un julio nos ha de dar?

LEONIDO.
Ten el cuchillo, Melampo.

MELAMPO.
Guarda, pesia tal; haz campo.
¡Un julio! Donoso azar.

OTAVIO.
Redondilla
¡Qué cien doblones de España
1605
se le sueltan!

MELAMPO.
¡Ea! Desnude,
pues tan bajamente acude,
y de quien es desengaña.

LEONIDO.
No es malo el sombrero.
Redondilla
Acabe.

RICARDO.
¿El jubón?

OTAVIO.
Del mismo modo
1610
y los calzones y todo.

LEONIDO.
Esta es cárcel, ya lo sabe.

RICARDO.
Redondilla
No son de España tan fieras
ni de gente tan soez.

LEONIDO.
Luego ¿ha visto otra vez
1615
la cárcel?

MELAMPO.
Y aun las galeras.
Redondilla
Si la camisa le quitas
y lavas sus carnes bellas,
verás la firma en ellas
de letra tan larga escritas.

LEONIDO.
1620
Bueno está ansí.

OTAVIO.
Redondilla
Bueno queda.

RICARDO.
¿Paréceos que bien estoy?

OTAVIO.
Aguarda, que adentro voy
por un vestido de seda.

(Vase OTAVIO.)

RICARDO.
¿Qué? ¿Aun falta más?

LEONIDO.
Redondilla
¡Bueno es eso!
1625
El que entrare aquel postigo
solo tenga por castigo
los ochos días del preso.
Redondilla
Esta noche le apercibo
para vernos a los dos,
1630
que ha de dar gracias a Dios
si acaso amanece vivo.

MELAMPO.
Redondilla
¿No ha llegado a su noticia
que hay un duende en esta cueva?

RICARDO.
La cárcel tengo por nueva,
1635
pero no vuestra malicia.

MELAMPO.
Redondilla
Pues es un duende tan malo,
que aunque tenga el sueño fuerte
le juro que le despierte
a puro zapato y palo,
Redondilla
1640
si no se esconde primero.
Tira cuanto halla y topa,
ni deja jarro ni copa,
plato, mesa o candelero.

LEONIDO.
Redondilla
Y una culebra con él
1645
que en esta cárcel nació,
que nunca Libia crió
monstruo tan fiero y cruel.
Redondilla
No hay que te enojes ni asombres,
si no halla que comer,
1650
a un hombre suele poner
que no le conozcan hombres.

(Entra OTAVIO y saca un coleto y calzones pícaros.)

OTAVIO.
Redondilla
Este es vestidillo al uso.

LEONIDO.
¡Ea! Vista.

RICARDO.
¿Para qué?

MELAMPO.
Vista, que le pasaré.

OTAVIO.
1655
Que más galán se lo puso.

LEONIDO.
Redondilla
Extremado es el coleto.

MELAMPO.
No dice mal el calzón.

RICARDO.
No hay hombre libre en prisión
que no le haga sujeto.

(Entra LIVIO, capitán, con FABIO, que han acabado de darle tormento.)

MELAMPO.
Redondilla
1660
Oigamos quién es aqueste.

LIVIO.
Hicistes discretamente
en confesar llanamente
para que la vida os cueste.

MELAMPO.
Redondilla
¡Oh! mi señor capitán,
1665
¿qué busca por estas redes?

LIVIO.
Traer a vuesas mercedes
-pase adelante, galán-,
un amigo más.

LEONIDO.
Redondilla
Por Dios,
que viene muy cabizbajo.

LIVIO.
1670
Ha pasado su trabajo.

OTAVIO.
¿Y confesó luego?

LIVIO.
A dos.

MELAMPO.
Redondilla
Ruin señor es. Pase acá.

LIVIO.
Y tiene mal pleito, a fe.

OTAVIO.
Y ¿por qué viene?

LIVIO.
No sé.

LEONIDO.
1675
¿Cómo?

LIVIO.
El tiempo lo dirá.

LEONIDO.
Redondilla
Al fin se sabrá después.

LIVIO.
¿Quién es el de la librea?

RICARDO.
¿Quién queréis, señor, que sea?
Es aquel que ya no es.

LIVIO.
Redondilla
1680
Oiganme, que ¿así desnudan
un hombre tan principal?

MELAMPO.
¿Cómo principal?

LIVIO.
Y tal,
que ha sido rey. ¿Qué? ¿Lo dudan?

LEONIDO.
¡Rey! ¿Cómo?

LIVIO.
Redondilla
Por eso viene
1685
preso, y el galán [que veis].

OTAVIO.
¡Bravo caso!

LIVIO.
Rey tenéis.

MELAMPO.
No pocos vasallos tiene.

LIVIO.
Redondilla
Es delito de valor
que apenas le ha visto ley,
1690
que este galán se hizo rey
y esotro su embajador.

OTAVIO.
¿A qué efecto?

LIVIO.
Redondilla
De engañar
la Reina, con quien casaba.

LEONIDO.
¡Qué bizarro agora estaba
1695
para llevalle a casar!

LIVIO.
Redondilla
Ahora bien, la Reina aguarda:
no me puedo detener,
que me ha mandado poner
a los calabozos guarda.
1700
Quédese adiós.

OTAVIO.
Redondilla
El os guarde.

LEONIDO.
¿Qué piensa su majestad?
¿En negocios de ciudad?
¿Hay ordinario esta tarde?

MELAMPO.
Redondilla
Habrá tardado el correo
1705
de las paces de Turquía.

OTAVIO.
¿Qué cartas trujo la espía?
¿Era la cifra en guineo?

(Entran FRONIMO y JACINTA.)

FRONIMO.
Redondilla
¡Hola! Estaos quedito, hermano.

JACINTA.
Que no me espantan razones
1710
de hombres presos y ladrones.

MELAMPO.
Hacia acá viene un villano.

LEONIDO.
Redondilla
Y una villana con él.

FRONIMO.
¿Pensáis que en la cárcel come?

MELAMPO.
¡Ea! Cuenta se les tome.

JACINTA.
1715
Por aquí nos dirán de él.

MELAMPO.
Redondilla
¿Qué busca la buena gente?

JACINTA.
Señor mío, esté en buena hora:
dos hombres que agora, agora
han prendido injustamente.

LEONIDO.
Redondilla
1720
¿Es un rey y embajador?

JACINTA.
¡Ay, señor! Los mismos.

FRONIMO.
Creo
que son aquellos que veo.

RICARDO.
¡Extrañas burlas de amor!

OTAVIO.
Redondilla
Llegad, que su majestad
1725
a nadie negó los pies.

JACINTA.
¡Ay, triste! Ricardo es.
¿Quién te hizo tal crueldad?

FRONIMO.
Redondilla
Jacinta, volvámonos
que esta es cárcel.

JACINTA.
¡Ah, Ricardo!

RICARDO.
1730
¿Qué es esto? cielo, ¿qué aguardo?
Esto me faltaba. ¡Ay, Dios!

JACINTA.
¡Ah, rey mío!

RICARDO.
Redondilla
¡Ah, dura suerte!
¡Tanto género de penas!

JACINTA.
¿Es este el reino de Atenas?

RICARDO.
1735
Es mi desdicha, es mi muerte.

LEONIDO.
Redondilla
Ahora bien, demos lugar
que el Rey negocie, y primero,
avisa, Otavio, al portero
que vengan a negociar.

MELAMPO.
Redondilla
1740
Vamos, razón has tenido;
negocie, pues tiene tanto,
y almorcemos entre tanto
lo que se hubiere traído.

(Vanse los PRESOS y quedan JACINTA, RICARDO, FRONIMO y FABIO.)

RICARDO.
Redondilla
¡Deme el cielo sufrimiento!

FRONIMO.
1745
De él mucho me maravillo.

JACINTA.
¿Habéis hecho el vestidillo
para nuestro casamiento?

RICARDO.
Redondilla
Eso pasa de crueldad,
señora; dejadme aquí.

JACINTA.
1750
“Cuando yo escudero fui
era tiempo de humildad;
Redondilla
mas ya que soy rey, es justo
representar lo que soy.”

RICARDO.
Por darme la muerte estoy.
1755
¡Qué dura afrenta y disgusto!

JACINTA.
Redondilla
“Pues ¡cómo! ¿quieres burlar
la reina de Chipre bella?
Ninguno me trate de ella,
vasallos, no hay que tratar;
Redondilla
1760
echaos luego a sus pies.”

RICARDO.
¿No hay un cordel que me mate?
Mi paciencia se remate,
que ya de diamante es.

JACINTA.
Redondilla
No más que siento el rigor,
1765
Ricardo, que te amolesta,
y es burla de amor aquesta.

RICARDO.
¿Estas son burlas de amor?

JACINTA.
Redondilla
¡Pluguiera a Dios que lo fueran
y que a tanto no llegaran,
1770
que el reposo me quitaran
y el corazón me encendieran!
Redondilla
A veces burlas se tratan
que veras suelen volver;
ellas pueden burlas ser,
1775
mas, como veras, me matan.
Redondilla
Porque fue burlas tu fe,
de veras, triste me mato;
burlando me amaste, ingrato,
mas yo de veras te amé.
Redondilla
1780
Si supiera que supieras,
cruel, dejarme perdida,
no comenzara en mi vida
burlas para tantas veras.
Redondilla
Burlas en veras mezcladas
1785
siempre pararon aquí;
burlarme y quejarme ansí
burlas son, pero pesadas.
Redondilla
Dejáronme de esta suerte
tus palabras lisonjeras.
1790
¡Oh, burlas, para mí veras!
¡Oh, veras, para mí burlas!

RICARDO.
Redondilla
Si aquesas palabras son
de veras y no burlando,
haz cuenta que vas rasgando,
1795
Jacinta, mi corazón.
Redondilla
Conozco que te burlaste;
pero, dime: ¿qué perdiste?
que si tú engañada fuiste
no menos tú me engañaste.
Redondilla
1800
La Reina, cruel, me pone
en el traje vil de esclavo
y en la cárcel, que al más bravo
rinde, humilla y descompone.
Redondilla
Por Severo, aquel traidor
1805
que asistió presente al caso,
cárcel y deshonra paso;
pero son burlas de amor.
Redondilla
Rey soy, Jacinta; rey soy,
por más que el tiempo lo impida.
1810
Tú verás de oro ceñida
mi frente aquí donde estoy,
Redondilla
y aunque en ese traje estás,
conozco tu nacimiento,
que son solo un pensamiento
1815
bastantes indicios das.
Redondilla
No dejes, por Dios, de verme
mientras que me veo así,
que la honra que perdí
no está perdida, que duerme.
Redondilla
1820
Para verme te apercibe,
que aunque este traje me afrenta,
el alma que te aposenta
rica y limpia te recibe.

JACINTA.
Redondilla
No me rompas mis entrañas,
1825
que con el alma me llevas;
con esas palabras nuevas,
de nuevo, cruel, me engañas.
Redondilla
lo que por concierto estuvo
ya se ha vuelto desconcierto;
1830
bien me acuerdo del concierto;
mas, amor, ¿cuándo lo tuvo?
Redondilla
Hasta el último y postrero
punto que tu vida aguardo;
te quiero bien, mi Ricardo,
1835
no más de porque te quiero.
Redondilla
Que te has de volver a ver
en riqueza, no lo creas;
bien puede ser que rey seas,
mas tiene perdido el ser.
Redondilla
1840
Sola una cosa te digo,
y esta me puedes fiar,
que no te pienso dejar
hasta que muera contigo.

RICARDO.
Redondilla
Bese yo la tierra bella
1845
que tus pies dichosos toca,
porque se estampe en mi boca
la señal que queda en ella.

JACINTA.
Redondilla
Baste ya, que tuyos son,
que no son libres ni suyos,
1850
y que el hierro de los tuyos
estampó en el corazón.-
Redondilla
Fronimo, no te dé pena
lo que con Ricardo trato,
que es fuerza del tiempo ingrato
1855
que a su voluntad ordena.

FRONIMO.
Redondilla
Yo, Jacinta, ¿qué he de hacer?
conozco tu condición;
que mal sufre reprehensión
la obstinación de mujer.

JACINTA.
Redondilla
1860
Ahora bien, Ricardo amigo,
voime por fuerza, que es tarde.

RICARDO.
Jacinta, el cielo te guarde.

JACINTA.
Y el mismo quede contigo.

RICARDO.
Redondilla
Venme a ver.

JACINTA.
¿Quién lo duda?
1865
Que tienes mi alma acá.

(Vanse JACINTA y FRONIMO.)

FABIO.
Ricardo, ¿qué piensas ya?

RICARDO.
Que todo el tiempo lo muda.

FABIO.
Redondilla
¡Estoy bueno de esta suerte!

RICARDO.
Paciencia.

FABIO.
Ya está perdida.

RICARDO.
1870
Criado fuiste en la vida,
serás amigo en la muerte.

(Vanse y salen SEVERO y LIVIO, capitán.)

SEVERO.
Terceto
Livio, del alma sabes ya el secreto;
la Reina adoro, y este pensamiento
a nadie como a ti estuvo sujeto.
Terceto
1875
Mil veces mi esperado casamiento
tuviera dulce efecto, y su esperanza,
que tantas veces se ha llevado el viento,
Terceto
sino que apenas el remedio alcanza,
cuando la novedad de algún suceso
1880
pone a mi firme bien mayor mudanza.

LIVIO.
Terceto
¿Qué puedes ya temer, si tanto exceso
de bien te muestra la fortuna varia;
si a Ricardo ves vil, infame, preso?
Terceto
Ya no puede mostrarse tan contraria.
1885
En una cárcel mísera le tienes
con la probanza y guarda necesaria.
Terceto
Ya sabes que no es rey, y que las sienes
que ayer pensaste ver ceñidas de oro
a ver cubiertas de una soga vienes.
Terceto
1890
Él morirá por inventor del toro,
bramando en él, y tú verás, Severo,
como Dionisio, su bramido y lloro.

SEVERO.
Terceto
¿Alivio? Mal entiendes mi mal fiero;
que cierta novedad le ha puesto a punto
1895
que casi del remedio desespero.

LIVIO.
Terceto
¿Agora muestras ánimo difunto
cuando viene en tu busca la esperanza
y a sus espaldas el remedio junto?
Terceto
Si te pudo poner desconfianza
1900
este fingido rey, su dura muerte
está en la ejecución de tu venganza.

SEVERO.
Terceto
¡Ay, Livio! No es fingido.

LIVIO.
¿De qué suerte?

SEVERO.
Escucha en breve, y gustarás despacio
la causa de mi mal.

LIVIO.
Prosigue.

SEVERO.
1905
Advierte.
Terceto
Subiendo ayer la escala del palacio,
un hombre viejo hallé sentado en ella
leyendo en un borrado cartapacio.
Terceto
La cara honesta, aunque arrugada, bella;
1910
que es la vejez alguna vez afable,
tal, que obligaba a detenerse a vella.
Terceto
La barba, blanca, larga y venerable;
el vestido, mediano, y la presencia,
con un respeto y gravedad notable.
Terceto
1915
Pisele, y él sufriolo con paciencia.
Yo no la tuve, que me llevó a velle
una curiosidad e impertinencia.
Terceto
Al fin, en preguntalle y respondelle
de su tierra y camino estuve un rato
1920
alegre, capitán, de conocelle.
Terceto
Era español, y de tan noble trato...

LIVIO.
¿En qué te paras?

SEVERO.
En efecto, vino,
después de haber culpado el tiempo ingrato,
Terceto
a decirme que viene peregrino
1925
en busca de un mancebo que de España
a Bolonia llevase su camino.
Terceto
Diome las señas de este, ¡cosa extraña!
que está preso en la cárcel.

LIVIO.
Pues, ¿qué importa?

SEVERO.
Tu verás si me importa o si me daña.
Terceto
1930
Tras una prevención, que no fue corta,
el secreto encargándome de nuevo,
a cuya guarda mi nobleza exhorta,
Terceto
me dijo, ¡oh capitán! aquel mancebo
era de un Rey hijo heredero.

LIVIO.
1935
¿Y atréveste a creello?

SEVERO.
Sí me atrevo.

LIVIO.
¿Con qué fuerza y razón?

SEVERO.
Terceto
Porque me dijo
que le sacó de manos un tirano
que el vulgo amotinó fiero y prolijo,
Terceto
porque estando el pueblo humilde y llano
1940
le dijo el Rey legítimo que había
guardado como a ilustre ciudadano,
Terceto
y que mirando que el furor crecía,
él lo sacó y se lo trajo a España;
y cuando el mozo, que en valor crecía,
Terceto
1945
él le enseñó con diligencia extraña,
y con la disciplina necesaria,
la ciencia que a las ciencias acompaña.
Terceto
Y de darse a la falsa judiciaria
vino a hacerle saber quiromancía,
1950
confusa, incierta, necesaria y varia.
Terceto
Y que durmiendo descuidado, un día
de casa se le fue con dos criados
adonde oyó decir que se leía.
Terceto
El viejo, con sus años y cuidados,
1955
en seguimiento suyo viene y quiere
hablar la Reina.

LIVIO.
¡Fuerza los hados!
Terceto
Suceso extraño, por el cual se infiere
que es Rey sin duda, y que a su mano agora
de tu remedio la esperanza muere.
Terceto
1960
Mas si en hablar la Reina, mi señora,
consiste el daño, ponme con el viejo,
que algún orgullo en estos brazos mora.

SEVERO.
Terceto
Matallo, capitán, no lo aconsejo,
que lo que agora hacemos en la tierra
1965
se ve en el cielo como en claro espejo.
Terceto
¿Sabes qué pienso hacer? Decir que encierra
este viejo, del Rey nuestro enemigo,
todo el secreto y la fuerza de la guerra
Terceto
y que sus trazas declaró conmigo
1970
y, al fin, le prenderemos por espía,
atestiguando yo siempre contigo.

LIVIO.
Terceto
La traza es buena, pero bien podría
verse en la cárcel con Ricardo.

SEVERO.
Advierte
que no ha de ver la luz del claro día.
Terceto
1975
Y estando divididos de esta suerte,
seguros estaremos entre tanto
que al Rey la Reina diere injusta muerte.

(Sale BELARDO, viejo, vestido de peregrino.)

LIVIO.
¿Es este acaso?

SEVERO.
El mismo.

BELARDO.
Terceto
¡Oh, cielo santo!
¿Qué esperanzas son estas que a mis ojos
1980
ofrecen gloria y deshaciendo en llanto?
Terceto
Si ya se acerca el fin de mis enojos,
díselo agora al alma, que la vida
quiere dar a la tierra sus despojos.
Terceto
No quiere permitir que se divida
1985
primero de este cuerpo que yo vea
aquella prenda por mi mal perdida.
Y cuando por mi bien hallado sea
Terceto
podrá matarme y moriré contento
con lo que más mi corazón desea.

LIVIO.
1990
Ya cumpliré, señor, tu mandamiento;
Terceto
vete en buena hora, que ya entiendo el caso.

SEVERO.
Esta es la espía, préndase al momento.

LIVIO.
Tente, no muevas ¡oh, traidor! el paso.

BELARDO.
Terceto
¿A mí con armas? Yo, señor, ¿qué he hecho?

LIVIO.
1995
De requemada cólera me abraso.
¡Oh, falso, injusto y arrugado pecho,
Terceto
entre cuyos dobleces se ha guardado
lo que este reino ha puesto en tanto estrecho!
Bien pensaba venirse disfrazado
Terceto
2000
con su barba el traidor, espía doble,
y en el traje español disimulado.
Pues yo le haré colgar de un duro roble.
Terceto
Tome el camino y a la cárcel vamos.

BELARDO.
Señor, mira que soy seguro y noble.
2005
No se alborote el patio donde estamos,
Terceto
que yo me iré con vos humildemente
hasta que de esto la verdad sepamos.
Mirad que estoy seguro e inocente.
¿Espía yo, señor?

LIVIO.
Terceto
¡Oh, viejo infame!

BELARDO.
2010
No des más voces, que se llega gente.

LIVIO.
¿Quieres, por dicha, que a la guarda llame?


Jornada III

(Salen TELEMO, alcaide, y LIVIO, capitán.)

LIVIO.
Endecasílabos sueltos (tirada)
Alcaide, en esa sala que responde
a la puerta que sale a tu aposento,
estarán los estrados de la Reina;
2015
y por aquel postigo, con silencio,
irán saliendo, del primero al último,
todos los presos que la cárcel tiene;
que hoy en persona quiere visitallos,
como en esta República acostumbran
2020
los otros reyes que han tenido el cetro.

TELEMO.
No es menester que impongas a Telemo
en lo que tiene, capitán, a cargo;
solo me espanto que esta real visita
se haga fuera del alegre día
2025
que cumplen años nuestros reyes.

LIVIO.
Basta
que ser gusto de la Reina importa;
pon este estrado, y lo que digo advierte.

TELEMO.
Pues voy a prevenir las chirimías,
para que al tiempo que a la sala baje
2030
todo se hunda de contento y música,
que no es aqueste día para menos.

LIVIO.
Derramaréis por esas salas todas
juncia, espadaña, lirios y verbena
para que esté la casa de olor llena.

(Vanse y sale RICARDO, con su vestido de picaño, y JACINTA y FRONIMO.)

RICARDO.
Redondilla
2035
Claros y divinos ojos,
luceros del alma mía,
soles del hermoso día,
fin de mil penas y enojos;
Redondilla
no sé si me queje aquí
2040
de mi suerte sin por qué,
pues apenas os miré
cuando, sin culpa, os perdí.
Redondilla
No sé si fue sin razón,
duro amor, tanto tributo,
2045
pues sin que gozase el fruto
quiero gozar la pensión.
Redondilla
Acerté, Jacinta, a veros;
mas ¿qué me ha importado hallaros
si a la gloria de miraros
2050
vence el daño de perderos?

JACINTA.
Redondilla
Mientras el negocio en calma
tiene el tiempo de esta suerte,
no me digas de tu muerte,
que me vas rasgando el alma.
Redondilla
2055
Que ya puede ser que Dios,
piadoso de ti, se duela,
y si no, ya me consuela
que moriremos los dos.

RICARDO.
Redondilla
¡Qué rigurosos enojos!
2060
¡Qué extraña riguridad
que tenga mi voluntad
otro dueño que tus ojos!
Redondilla
Juntos, en un mismo día,
pusieron mano al aljaba
2065
el amor que me prendaba
y el tiempo que me prendía.
Redondilla
De dos ha sido la palma
que su victoria pretende;
uno, que el cuerpo me prende,
2070
y otro, que me prende el alma.
Redondilla
Del tiempo nunca pensara
que con el cuerpo pudiera
hacer que su cárcel fuera
cárcel del alma tan cara;
Redondilla
2075
que al fin el cuerpo ha podido,
siendo cárcel de hombre muerto,
tener con su desconcierto
el bien del alma oprimido;
Redondilla
pero no con tanta fuerza
2080
que de su bien no se valga
y a buscar su gloria salga
donde vuestra luz la esfuerza.
Redondilla
Que el que agora me ha faltado
fue a buscar el alma mía
2085
la vida por quien vivía,
es la vida que me has dado.

JACINTA.
Redondilla
¿Qué no ha de haber un remedio
para sacarte de aquí?

RICARDO.
Vano me parece a mí
2090
con tanta muralla en medio.

JACINTA.
¿Sabes qué pienso?

RICARDO.
Redondilla
¿Qué piensas?

JACINTA.
Que si has de morir, intentes,
acabando aquestas gentes,
vengarte de tus ofensas.
Redondilla
2095
Pon aquesta cárcel fuego,
que aunque es un hecho tirano,
con venganza, y por tu mano,
morirás con más sosiego,
Redondilla
y quizá podrás librarte.

RICARDO.
2100
Estoy por hacerlo ansí
para vengarme de ti,
muriendo para vengarte.
Redondilla
La muerte que quieren darme
es de temer que es de hierro,
2105
mas si tanto fuego encierro,
¿cuál fuego puede abrasarme?
Redondilla
Y aun podré librarme ansí.

JACINTA.
Mas, ¿qué llama piadosa
viendo cara tan hermosa
2110
no se apartará de ti?
Redondilla
No te cause el fuego enojos
ni sus llamas, que bien sé
que yo las aplacaré
con lágrimas de mis ojos.

RICARDO.
Redondilla
2115
Quiérote dar mil abrazos.

JACINTA.
Bien merezco que me creas,
que, cuando no como Eneas,
te libraré con mis brazos.
Redondilla
Fronimo, vuelve a la villa,
2120
que pienso quedarme aquí.

FRONIMO.
Ya tu loco frenesí,
Jacinta, me maravilla.
Redondilla
¿Cómo te piensas quedar?

JACINTA.
Presa con mi esposo preso,
2125
que se ha visto su proceso
y hoy se quiere sentenciar.
Redondilla
Porque si a morir sentencia
la Reina, a quien quiero tanto,
a su piedad mi llanto
2130
apele de la sentencia
Redondilla
y cuando no, moriré
con el remedio tratado.

FRONIMO.
En buena locura has dado.

JACINTA.
¿Locura llamas la fe?

FRONIMO.
Redondilla
2135
Fe que condena, no es buena.

JACINTA.
La que salva es la mejor;
mas aquesta es fe de amor,
que cuando salva condena.

RICARDO.
Redondilla
Jacinta, la hora es ya
2140
que la Reina ha de venir
a sentenciarme a morir.
Vete, porque ya vendrá;
Redondilla
vete, señora, no aciertes
a estar a ver mi sentencia
2145
que si a morir me sentencia
es sentenciarme a dos muertes.

JACINTA.
Redondilla
Esas me das en decirme
que te deje en este extremo;
o no temes lo que temo,
2150
o no me tienes por firme.

FRONIMO.
Redondilla
¡Oh, cuánto puede el amor!
¿Quién hoy ha un mes te dijera
que a aquesta cárcel viniera
tu soberbia y pundonor?
Redondilla
2155
¡Brava llaneza, por Dios!

RICARDO.
Ya suena rumor de gente.
Vámonos, y tú detente.

JACINTA.
Frónimo, quédate adiós.

(Vanse JACINTA y RICARDO y queda el ALCAIDE.)

ALCAIDE.
Redondilla
¡Ea!¿Qué hacéis vos aquí?
2160
Salid fuera noramala.

FRONIMO.
¿Es para vos esta sala?

ALCAIDE.
¿Osas burlarte de mí?
Sal allá, villano.

FRONIMO.
Redondilla
Iranse.

ALCAIDE.
¡Ea, pues!

FRONIMO.
¡Ay, piernas mías!

ALCAIDE.
2165
Acuerden las chirimías.
Leridamo.

LERIDAMO.
Acordaranse.

(Suena música y sale la REINA, y habrá un estrado puesto, y saldrá con ella UN RELATOR y acompañamiento.)

REINA.
Quintilla
Espantados estaréis
de verme en esta visita
en el día que me véis,
2170
y la razón que me incita
es la que agora sabréis.
Quintilla
Hanme informado que había
ya de la presencia mía,
toda aquesta presa gente,
2175
necesidad tan urgente
a tardarme solo un día;
Quintilla
si aquestos descuidos son
por el mucho que yo tengo,
bien se quejan con razón;
2180
per ya, señores, vengo
más brava de corazón.
Quintilla
Echad esos presos fuera,
y vos haced de manera
que no me ofendan las voces.

TELEMO.
2185
Los principios son feroces;
poca clemencia se espera.
(Entra ESTACIO preso.)
Salid vos.

ESTACIO.
Quintilla
De buena gana,
que yo espero en la piedad
de la Reina, siempre humana,
2190
de gozar mi libertad
contra mi parte villana.

REINA.
¿Qué pleito es este?

RELATOR.
Quintilla
Está preso
Estacio por un exceso
de que confiesa la culpa.
2195
No hay descargo ni disculpa;
esto es, en suma, el proceso:
Quintilla
que amaba a Tisbe, doncella,
y que entró por un jardín
para casarse con ella.

REINA.
2200
De amor el primero, en fin.
¿Quién es parte?

RELATOR.
El padre de ella.

REINA.
¿Qué pide?

RELATOR.
Quintilla
Haberle escalado
su casa y haber forzado
su hija, noble doncella.

REINA.
2205
¿Confiesa la fuerza ella?

RELATOR.
La de amor ha confesado.

REINA.
¿Que fue su gusto?

RELATOR.
Quintilla
Así pasa.

REINA.
¿Y él cásase?

RELATOR.
Ya se casa.

REINA.
Pues, ¿qué pedís de esa suerte?

RELATOR.
2210
El padre pide la muerte
por el honor de su casa.
Quintilla
Es intratable y cruel;
ya le ruegan que se aplaque,
pero no hay razón con él
2215
que de aqueste mal le saque.

REINA.
Aquí lo haremos sin él.
Quintilla
Los hombres cuerdos y ancianos
de crédito y cortesanos,
de nobleza y pundonor,
2220
a los casos del honor
ponen delante las manos.
Quintilla
¿Quieres tú casar con ella?

ESTACIO.
Solo deseo la vida
para servilla y querella.

REINA.
2225
No quiera Dios que lo impida.
Que goces mil años de ella.

ESTACIO.
Quintilla
Esos vivas, plegue al cielo.

(Vase ESTACIO y sale ARCELO, preso.)

REINA.
Salga otro.

RELATOR.
Este es Arcelo,
preso porque dio muerte
2230
a su mujer de esta suerte.

REINA.
¿De qué manera?

RELATOR.
Direlo.
Quintilla
Este amaba a una ramera,
a quien trató muchos años,
mujer de mal trato y fiera,
2235
remediadora de daños
y por extremo hechicera.
Quintilla
Fue de este Arcelo el intento,
quitando el impedimento
de su mujer y enemigo,
2240
casarse con la que digo,
y hubo efecto el casamiento.
Quintilla
Matola con bebedizo,
porque le dio con su mano
cierto veneno o hechizo,
2245
y ha confesado de plano
quién lo ha dado y quién lo hizo.
Quintilla
Sentenciáronlos a muerte.

REINA.
Pues sea de aquesta suerte:
que se casen, y casados
2250
por medios tan desdichados,
será rigurosa y fuerte
Quintilla
que ella temerá al traidor
cuando por otra le acabe,
y él, viendo que hechizos sabe,
2255
tendrá ese mismo temor.
¿Qué muerte más dura y grave?
(Vase, y sale TANCREDO, preso.)
Venga otro.

RELATOR.
Quintilla
Este es Tancredo.

REINA.
¿Quién eres?

TANCREDO.
Soy estudiante.

REINA.
¿Y qué estudias?

TANCREDO.
Lo que puedo.
2260
De las leyes soy pasante;
puesto que agora estoy quedo.
Quintilla
Soy hombre de buen humor;
soy reo, soy relator,
y entrando en un melonar
2265
una mañana a estudiar,
descalabré a un labrador.
Quintilla
La hambre es cara de hereje;
vuestra majestad me deje,
que no es bien que esta ciudad
2270
pierda tal habilidad
porque un villano se queje.

REINA.
Quintilla
A risa me ha provocado.
Echalde luego de ahí.

TANCREDO.
Yo me soy tan bien mandado,
2275
que me saldré por ahí
hasta ponerme en sagrado.

(Vase TANCREDO y sale LUCEO, preso.)

REINA.
Otro preso.

RELATOR.
Quintilla
Este es Luceo.
Ha hecho un grave delito;
que la imagen y trofeo
2280
de Alcestes, tu agüelo invito,
arrancó del coliseo
Quintilla
y a su casa la llevó,
y dicen que la quemó.
Confiesa un gran desvarío,
2285
que era pobre, y que el gran frío
a quemalla le obligó.

REINA.
Quintilla
En muy poco le disfama,
¡Vaya fuera! que otra llama
viera su mano blasfema,
2290
mas si la estatua le quema,
no le ha quemado la fama.

(Vase LUCEO y sale otro PRESO.)

RELATOR.
Quintilla
Este mozo que amaba
una mujer por extremo,
que su afición le pagaba.
2295
Es su nombre Polifemo.

REINA.
Prosigue.

RELATOR.
Es el caso...

REINA.
Acaba.

RELATOR.
Quintilla
Que después de muchos celos
le ha escrito muchos libelos.

REINA.
¿Pruébase que se han querido?

RELATOR.
2300
Y que su nombre ha subido
otras veces a los cielos.

REINA.
Quintilla
Toda es pasión amorosa.
Quitalde aquesa cadena
y rasgad su verso y prosa,
2305
que si hoy dice que no es buena
mañana dirá que es diosa.
(Vase y salen RICARDO y JACINTA.)
Llamad otro.

RELATOR.
Quintilla
Este es Ricardo.

REINA.
¡Oh, cielos! Aqueste aguardo.

RELATOR.
No hay más que decirte de él.

REINA.
2310
¿Vos venís también con él?
¡Qué gentil hombre y gallardo!

JACINTA.
Quintilla
Como supe su prisión,
vine a verle, enternecida
de su pasada afición,
2315
para ofrecer, con la vida,
la sangre del corazón.

REINA.
Quintilla
Ya habréis sabido el suceso
por que le tenemos preso.

JACINTA.
Todo lo sé, mas no es parte
2320
a que del alma se aparte,
que le tengo en ella impreso.

REINA.
Quintilla
Ya poco le gozaréis;
que puesto en un cadahalso
cortalle el cuello veréis.

JACINTA.
2325
¿Por qué causa?

REINA.
Por rey falso.
Mirad si le defendéis.

JACINTA.
Quintilla
Como la fe de mi pecho
no lo suele, vengo a ver,
no a defender su derecho,
2330
que defensa de mujer
no puede ser de provecho.
Quintilla
Si defendiera su vida,
con dar la mía por ella
ya estuviera defendida,
2335
y si bastase ofrecella,
ya la doy por ofrecida.

REINA.
Quintilla
No tenéis vos que ofrecer.
Advertid que son excesos
que os pongáis a defender
2340
la justicia de los presos
guardando gansos ayer.
Quintilla
Mirad que es gran libertad
venir a los Tribunales,
y más de mi majestad,
2345
mostrando en palabras tales
tan notoria liviandad.

JACINTA.
Quintilla
Si yo pensara enojarte
y no, señora, aplacarte,
nunca viniera a tus pies.

REINA.
2350
Esa humildad ya no es
para su remedio parte
Quintilla
como no vuelva por sí
el rey fingido.

RICARDO.
No estoy
para que vuelva por mí,
2355
porque no fui lo que soy
ni ya seré lo que fui.
Quintilla
Dispón a tu voluntad,
que solamente me anima
la fuerza de la verdad.

REINA.
2360
Hasta el hablar es enima,
confusión y variedad.

(Entra FRONIMO.)

FRONIMO.
Lira
Ya mi dichosa boca
ha besado otra vez la rica tierra
que agora besa y toca,
2365
cuando bajé de la montaña y sierra
en busca de esta hermana
nacida, por mi mal, torpe y liviana.
Lira
Y agora, Reina, vuelvo,
porque ella vuelve con mayor deshonra,
2370
adonde me resuelvo
de volver justamente por mi honra
y por la de mi padre,
y las cenizas de mi muerta madre.
Lira
No pido que la obligues
2375
a que deje aquel llano pensamiento,
ni menos que castigues
su temerario y loco atrevimiento,
que al fin es mujer loca
a quien un ciego y vano amor provoca.
Lira
2380
Mas que con tu presencia
hagas que el falso engañador que pudo
engañar su inocencia
y el pecho que vivió libre y desnudo
de todo amor infame
2385
no la traiga perdida y nos difame.
Lira
Que le tiene tan ciego
aquel entendimiento, que hoy quería
poner incendio y fuego
a aquesta cárcel en presencia mía,
2390
y si no lo remedias,
llorarás esta noche mil tragedias.

REINA.
Lira
Espera. ¿Qué es aquesto?
¿Fuego a la cárcel? ¿Cómo? ¿De qué suerte?

JACINTA.
Sin duda que más presto
2395
negocio por aquí mi amada muerte.)
Dios te pague Fronimo,
el bien que me haces, que en el alma estimo.-
Lira
¡Oh, Reina! Yo no niego
que a tu palacio por librar mi esposo
2400
pensaba poner fuego;
pero forzome el ciego poderoso,
con el que me ponía
dentro del pecho y en el alma mía.

REINA.
Lira
¿Qué tal atrevimiento
2405
haya en el mundo de mujer tan mala?
Llevalda en el momento:
sacalda, alcaide, luego de la sala,
y hacelda abrasar luego
y muera ardiendo entre su mismo fuego.

RICARDO.
Lira
2410
¡Suerte cruel y avara:
esto faltaba a las desdichas mías!

FRONIMO.
Reina, si tal pensara
y que tomallo de esa suerte habías,
muera yo primero
2415
como es verdad que por Jacinta muero.
Lira
Un ciego amor, señora,
que ya ha seis años que me enciende el pecho
pudo obligarme agora,
de vivos celos en su ardor deshecho,
2420
a publicar venganza
viendo morir del todo mi esperanza.
Lira
Mas yo me vuelvo loco
de arrepentido, y lo que dije niego.

REINA.
Te aprovecha poco;
2425
mas dime: ¿cuál amor y ardiente fuego
te abrasa y enloquece
siendo tu hermana, como aquí parece?

FRONIMO.
Lira
¿Estáis determinada
que muera mi Jacinta?

REINA.
Estoilo tanto,
2430
que de su muerte airada
en el mundo quedará perpetuo espanto.

FRONIMO.
Pues, Reina, de esa suerte
yo me declaro; en lo que digo advierte:
Terceto
no soy pastor, ni hermano de Jacinta,
2435
ni Timbrio padre, ni pastor tampoco.
La historia larga te diré distinta.
Terceto
De Roma somos, y el que agora toco
es un patricio, solo que en pensando
lo que es y ha sido a llanto me provoco.
Terceto
2440
Aqueste, pues, en una aldea estando
de cierta aldea suya un cierto anciano,
vino por Lucio Floro preguntando.
Terceto
Este era entonces nombre de romano,
no Timbrio como agora, y era el mío,
2445
en lugar de Fronimo, Floriano.
Terceto
No era Timbrio mi padre, sino tío,
y aunque muchacho, adiviné la trama
de lo que agora referir confío.
Terceto
Llega el anciano, y ya después que llama,
2450
una pequeña niña que traía
llorando de los brazos de su ama,
Terceto
a Lucio Floro se la dio, y decía
que era de un Rey, mil veces repitiendo
que la criase como a tal debía.
Terceto
2455
Yo, como niño, atento estaba oyendo,
y ellos, fiando de mis verdes años,
lo que estaban de todos encubriendo.
Terceto
Después de mil sucesos tan extraños,
como sabrás mejor cuando te vea
2460
por ella padeciendo eternos daños,
Terceto
mudando de costumbres y librea,
de nuestra Roma a Nápoles venimos
y hemos vivido en esta pobre aldea,
Terceto
donde de Timbrio alguna vez oímos
2465
que había de ser Reina, y que lo era,
tanto, que alguna vez crédito dimos.
Terceto
Que me casase yo Timbrio quisiera,
mas nunca aquesta ingrata lo ha querido
que agora mandas que abrasada muera.
Terceto
2470
Bien tiene, Reina, el fuego merecido
por lo mucho que aquellos ojos tienen,
adonde siento arder alma y sentido;
Terceto
mas no permitas que su suerte ordenen
hasta que sepas de quien digo el caso.

REINA.
2475
¡Cuántos vanos sucesos me detienen!
De uno en otro por momentos paso.

(Habla dentro BELARDO, recio.)

BELARDO.
Quintilla
¡Que consienta el cielo santo
que aquí me tenga un traidor!

REINA.
¡Hola! ¿Qué es ese rumor?

BELARDO.
2480
¡Que he de beber de mi llanto
y comer de mi sudor!
Quintilla
Ya que en la cárcel me pones,
¿por qué de hambre matas?

REINA.
¿Quién dice aquellas razones?

TELEMO.
2485
Es un loco.

REINA.
Mal le tratas.

TELEMO.
Siente mucho las prisiones.

REINA.
Quintilla
Pero sea loco o cuerdo,
sácale acá.

LIVIO.
Yo me pierdo.

REINA.
¿No abres la puerta?

TELEMO.
Harelo.

BELARDO.
2490
Parece que salgo al cielo
y de la muerte recuerdo.
Quintilla
Por el gran rumor que oí
tu majestad entendí
que en esta prisión estaba,
2495
y ansí aquellas voces daba
por que llegasen a ti,
Quintilla
a quien suplico que quieras
ver la causa por que estoy
en estas prisiones fieras.

REINA.
2500
A eso venida soy.
Ricardo, ¿de qué te alteras?

RICARDO.
Lira
No puedo, padre amado,
dejar de echarme aquesos pies mil veces.
¿Por cuál estrella o hado
2505
hoy a mis ojos, mi señor, te ofreces?
¿Conócesme?

BELARDO.
No lo creo
que tanto bien merezca mi deseo.
Lira
¡Hijo del alma mía!
¿Posible es que estos ojos son ya dinos
2510
de verte en este día
por tan varios trabajos y caminos?
¿Eres tú aquel Ricardo
cuya vida, a pesar del tiempo, aguardo?

RICARDO.
Lira
Yo soy, que aquí he llegado
2515
después que desprecié tu casa y ruego.

BELARDO.
Pues ¿cómo a tal estado?

RICARDO.
Por un amor desenfrenado y ciego.

REINA.
Extraño caso ha sido
haber aquesos años conocido.
Lira
2520
Decidme, honrado viejo,
¿es vuestro hijo aqueste?

BELARDO.
Es hijo mío
de crianza y consejo;
que desde niño lo doctrino y crío,
y tanto amor le tengo,
2525
que desde España en busca suya vengo.

REINA.
Lira
¿Y no sabéis quién sea?

BELARDO.
Ya que me fuerza el tiempo que lo diga,
aunque no se me crea,
lo que es razón y la verdad obliga.
2530
Es hijo de Leopolo,
duque de Atenas, en grandeza solo.
Lira
Huyendo de un tirano
saqué este niño, príncipe heredero,
como buen ciudadano,
2535
que dar a Atenas, ya que es hombre, espero
para que vengar pueda
al muerto padre y goce lo que queda.

REINA.
Lira
Si verdaderos fuesen
los casos de Jacinta y Ricardo,
2540
bien sé que no hubiesen
sucedido jamás.

BELARDO.
Probarlo aguardo,
que habrá, si es necesario,
testigos, a pesar del mundo vario.
Lira
Pero saber deseo
2545
por qué está preso con rigor tamaño.

REINA.
Bien era el caso feo
si tú no entretuvieras el engaño;
no porque yo te crea,
mas porque en duda estoy de lo que sea.
Lira
2550
¿Quién te conoce y sabe
que tú llevaste al niño en ese tiempo?

BELARDO.
Hombre será bien grave,
y sé que vive y que ha llegado a tiempo,
que por Ricardo viene,
2555
por quien en su lugar el cetro tiene.
Lira
Que ya es muerto el tirano,
y este que digo me entregó al infante
cuando con fiera mano
mató a Leopolo el bárbaro arrogante,
2560
que escrito nos habemos
y espera Atenas que su Rey le demos.

REINA.
Lira
Dime, Livio, ¿quién hizo
la prisión de este hombre?

LIVIO.
Porque me satisfizo,
2565
muy al revés de lo que dice agora,
y porque me decía
Severo a voces que era falsa espía.
Lira
Esta prisión es suya,
él dará cuenta a vuestra alteza. Crea
2570
que aunque este más arguya,
hemos de ver despacio lo que sea;
que al fin es estudiante,
no menos que español y quiromante.

REINA.
Lira
En un caso tan nuevo,
2575
de tanta confusión y tanta duda,
y que cuando lo pruebo
de mil colores se me vuelve y muda,
no puedo hallar salida;
de sus dificultades es impida.

(Entra FABRICIO y dice de adentro.)

FABRICIO.
Endecasílabos sueltos (tirada)
2580
Adondequiera que estuviere agora,
aunque fuese en su cama. ¿Entrar me niega
sabiendo que soy Fabricio?

REINA.
¡Oh, cielo!
¿Qué nombre es el que oigo?

FABRICIO.
El de Fabricio,
que las albricias a tu alteza pide,
2585
puesto que del haberte hallado buena
las debe una afición a todo el mundo.

REINA.
¿Es posible que tanto bien me ofrezca
el cielo santo? Por sin duda creo
que viene el Rey mi padre.

FABRICIO.
Bueno y mozo.
2590
Del puerto donde queda nuestra armada
triunfante, alegre, salva y vitoriosa,
con poca gente y harto menos postas,
tan solo para verte, que le debes
en esto al Rey un tierno amor del alma,
2595
viene con el de Atenas el gran duque,
que pasa a España en busca de un sobrino,
y viene acompañándole y a verte,
porque nos debe haberle redimido
de manos de un tirano aquel estado.

BELARDO.
2600
¿Qué es esto, cielo? ¿Tal favor me ofrece
vuestra piedad agora?

REINA.
¡Extraño caso!
¿Que el Duque con el Rey, mi padre, viene?

FABRICIO.
Viene, cual digo, y llegará muy presto.

REINA.
Cese esta vez la cárcel y visita.
2605
Recoged esa gente, y a Ricardo
quítenle la prisión, denle una ropa.
Vos, Jacinta, también venid conmigo;
que si estas cosas tienen el efeto
que ha prometido tan alegre muestra,
2610
Italia no ha tenido otro suceso
después que la fundaron Remo y Rómulo.

JACINTA.
Iré a servirte, como tú lo mandas.

(Vase y queda el ALCAIDE, y BELARDO y RICARDO.)

TELEMO.
Vuestra majestad se ponga aquesta ropa
y me perdone haberle maltratado,
2615
que al fin es cárcel.

BELARDO.
¡Qué! ¿Es posible, hijo,
que nos socorra de esta suerte el cielo,
que venga el Duque en nuestra busca a España
y que no halle de esta suerte presos
en tierra ajena, donde ser pudiera
2620
perder las vidas?

RICARDO.
Son secretos suyos,
amado padre, de mi alma y vida.
Ya es tiempo que cesasen tus trabajos,
y que descanses ¡oh, Belardo! es tiempo,
que no tanto por mí lo he deseado
2625
cuanto por darte lo que tú mereces.

BELARDO.
¡Qué gloria en verte a mi sentido ofreces!

(Vanse y queda el ALCAIDE y salen TIMBRIO y FRONIMO.)

TIMBRIO.
Quintilla
Vengo, Fronimo, tan muerto
de la nueva que me has dado,
que apenas a hablar acierto.
2630
¿Que nuestro Rey es llegado?

FRONIMO.
Desde ayer partió del puerto.
Quintilla
¿Ves ahí? El alcaide llega
y que te informe le ruega
si Jacinta ha vuelto aquí.

TIMBRIO.
2635
. ¿No ves que no ha vuelto en sí
después que fue palaciega?
Quintilla
¿Quién duda que está con él?-
El cielo, señor, os guarde.

FRONIMO.
No se llegue tanto a él
2640
que me ha molido esta tarde,
que andaba palo cruel.

TELEMO.
¿Buscan algo?

TIMBRIO.
Quintilla
Aquella moza
nos confunde y alboroza
con irse y venirse acá.

TELEMO.
2645
¡Ea, buen viejo! Ya está
donde la tierra la goza.

TIMBRIO.
Quintilla
¿Es muerta?

TELEMO.
Sí.

TIMBRIO.
¿De qué suerte?

TELEMO.
Mandaron darla la muerte.

TIMBRIO.
. ¡Triste de mí si eso es cierto!
2650
¡La hija del Rey han muerto!

FRONIMO.
Que se burla, padre, advierte.

TIMBRIO.
Quintilla
Ya no es tiempo de burlar.
Decid, señor, ¿sabéis de ella?

TELEMO.
Con un homre la vi estar
2655
que, según es él y ella,
entiendo que han de reinar.
Quintilla
¿Veisla allí con más contento
que cupo en su pensamiento?
Hablalde; no hayáis temor,
2660
que hoy viene el Rey mi señor
y voy al recibimiento.

(Vase TELEMO y entran BELARDO y RICARDO y JACINTA.)

RICARDO.
Quintilla
Harto me ha sido agradable
tu camino, te prometo.

TIMBRIO.
. ¿Cómo quieres que le hable,
2665
que me detiene el respeto
de aquel rostro venerable?

FRONIMO.
Quintilla
Llega, que antes te conviene.

RICARDO.
Aqueste viejo que viene,
Belardo, a buscarte aquí,
2670
Javicanta, como yo a ti,
por padre y señor le tiene.
Quintilla
Sin duda te quiere hablar.

TIMBRIO.
. Bien sé que vengo a enojaros;
mas no lo puedo excusar.
2675
Huélgome agora de hallaros
tal que me obligue a callar;
Quintilla
y pues a tal tiempo llego,
no lo quiero haber con vos
que sois mozo, amante y ciego.
2680
Hablemos, señor, los dos.

BELARDO.
Lo propio, señor, os ruego,
Quintilla
y lo primero que os pido
será, siendo vos servido,
que quien sois me declaréis
2685
que más nobleza tenéis
de la que muestra el vestido.

TIMBRIO.
Quintilla
Como vos me prometáis
que me diréis otro tanto,
diré lo que me mandáis.

BELARDO.
2690
Prometo deciros cuanto
de mis cosas me pidáis.

TIMBRIO.
Quintilla
Pues sabed que aqueste traje
no es herencia de linaje,
que en mi vida fui pastor.

BELARDO.
2695
Nunca el hábito al honor
hace para el alma ultraje.

TIMBRIO.
Quintilla
De Grecia, donde nací,
vine a España, donde estuve;
de España a Roma volví,
2700
adonde un negocio tuve
que agora me tiene aquí.
Quintilla
Tengo un hermano en España,
de quien es hijo este mozo,
que mi desdicha acompaña.

BELARDO.
2705
Agora veo que el gozo
siendo de improviso, daña.
Quintilla
¡Muerto soy!

RICARDO.
Belardo ha muerto.

TIMBRIO.
Pues ¿de qué se ha desmayado?

BELARDO.
No es desmayo, sino susto
2710
que la sangre, con el gusto,
trujo al corazón helado.
Quintilla
Dame esos brazos, hermano,
y tú, hijo, Floriano,
abraza a tu padre.

FRONIMO.
¿A quién?
2715
¿Es posible que este bien
cabe en pensamiento humano?
Quintilla
¿Eres por dicha Teofilo?

BELARDO.
Soy lo que aqueste mancebo,
es el que libré del filo
2720
de la espada de Corebo,
tú sabes bien por qué estilo.

FRONIMO.
Quintilla
¡Extraño acontecimiento!

TIMBRIO.
. Sobrino, a tu padre abraza.

FRONIMO.
En el corazón lo siento
2725
que el pecho me despedaza
del continuo movimiento.
(A RICARDO:)
Quintilla
Y vos, señor, esos pies
me dad, y sabréis después
quién es aquesta doncella,
2730
que cuando os caséis con ella
tan buena como vos es.

TIMBRIO.
Quintilla
Mis brazos os quiero dar
y en ellos me detuviera;
pero habeisme de contar
2735
toda aquesa historia entera
si diere el tiempo lugar.

BELARDO.
Quintilla
¡Oh cárcel santa, que ha sido
mi libertad y sosiego!

FRONIMO.
Para mí, señor, lo ha sido.
2740
De todo hablaremos luego.
Sepamos este ruido.

(Salen el REY ARCANO, CAMILA, reina, DUQUE DE ATENAS y SEVERO.)

DUQUE.
Redondilla
Vuestra alteza me perdone,
que aquí le traigo conmigo.

REY.
Duque. el amor del amigo
2745
más que el vuestro descompone.
Redondilla
Creed que vuestro deseo
conmigo lo mesmo puede.

RICARDO.
¡Me espanto que vivo quede
viendo lo que agora veo!

BELARDO.
Redondilla
2750
¿Conócesme, gran señor?

DUQUE.
Eres Teofilo.

BELARDO.
Mi nombre
se te acuerda.

DUQUE.
No soy hombre
que olvido a quien tengo amor.

BELARDO.
Redondilla
Llega, Ricardo, a sus pies,
2755
y tú, hermano, también llega.

DUQUE.
¡Qué poco a su padre niega!
Velle me faltaba, él es.-
Redondilla
¿Es Lucio Floro, tu hermano,
aqueste?

BELARDO.
El mismo.

REY.
¿Qué escucho?
2760
Que fuera tuviera a mucho
cierto patricio romano
Redondilla
a quien he dado a guardar,
cuando a la guerra me fui,
un tesoro que escondí
2765
que no le pienso cobrar;
Redondilla
que aunque en la tierra escondido
a veces seguro está,
si aqueste enterraron ya
para siempre va perdido.

TIMBRIO.
Redondilla
2770
Yo soy ese mismo Floro
que aquese tesoro encierra
desde que fuiste a la guerra.

REY.
¿Y adónde fue mi tesoro?

TIMBRIO.
Redondilla
Esta serrana que ves
2775
es tu hija.

REY.
¡Cielo santo!
¡Qué junto venga bien tanto!

TIMBRIO.
. Llega, Jacinta, a sus pies.

REY.
Redondilla
¡Ah, gloria de mi vejez!
¿Es posible? No lo creo.

SEVERO.
2780
¡Triste! ¡A qué punto me veo!
Yo me ahorco de esta vez.

REY.
Redondilla
Camila, aquesta es tu hermana,
cuya madre es mi mujer,
que este secreto ha de ser
2785
público a todos mañana.
Redondilla
Que está en el templo de Vesta
y pienso con más contento
celebrar el casamiento
con mayor aplauso y fiesta.

RICARDO.
Redondilla
2790
Si tu alteza gusta, sea
el de Ricardo también,
que quiere a Jacinta bien
y ella lo mismo desea.

REY.
Redondilla
Si el Duque gusta, yo gusto.

DUQUE.
2795
Yo te suplico y pido.

REY.
Pues otro que he prometido
que lo cumpla ahora es justo.
Redondilla
Severo.

SEVERO.
¡Gracias a Dios,
2800
que me ha hecho tanto bien!
¿Qué me mandas?

REY.
Que te den
una prenda de estas dos.
Redondilla
Dale, Camila, la mano.

REINA.
Digo que yo soy su esposa.

TIMBRIO.
2805
. Aquí, Rey, falta otra cosa,
que es mi hijo Floriano.

REY.
Redondilla
Yo le hago de mi gente
Gran Capitán general.

FRONIMO.
Yo, señor, por merced tal
2810
te bendigo eternamente.

REINA.
Redondilla
Alcaide, abre aquesas puertas,
y en memoria de este bien
a todos los presos den
libertad.

TELEMO.
Ya están abiertas.

(Saldrán de la cárcel algunos, los que más pudieren, de presos de figuras graciosas.)

RICARDO.
Redondilla
2815
Saldranse de la ciudad;
parece que se les cierra.

DUQUE.
No tiene precio la tierra
que compra la libertad.

SEVERO.
Redondilla
Eso diré yo mejor,
2820
pues mi prisión se remedia.

RICARDO.
Aquí acaba la comedia
llamada BURLAS DE AMOR.