El famoso rey Bermudo,
vencido el alarbe monstruo
555
que Argabil los moros llaman,
y el rey Almanzor nosotros;
el cruel que a sangre y fuego
entró en el templo famoso
del que fue patrón de España,
560
yd e Dios primo y apóstol;
el que llevó sus campanas
por afrenta o por despojos,
y las puso en la mezquita
de su profeta engañoso;
565
y entre mármoles que igualan
del año los días todos,
las puso sobre un andamio
con las cubiertas de plomo;
habiendo reedificado
570
su iglesia, como devoto
del santo patrón gallego,
terror de alarbes y moros;
habiendo los nobles cuerpos
de sus padres generosos
575
a las Asturias de Oviedo
llevado en hidalgos hombros,
y el cuerpo de san Pelayo,
puesto en el altar glorioso
del que dijo Ecce Agnus Dei
580
antes que el otro Ecce homo,
murió, dejando su reino
entre dos opuestos polos:
un niño y una mujer,
que son Teresa y Alonso.
585
Payo de Vivar, un hombre
hidalgo y sangre de godos,
ya por solar conocido,
y ya por hechos notorio;
que aunque nombro a mi enemigo,
590
con su calidad le nombro,
que se hace el agravio mucho
si se tiene el dueño en poco,
dijo, Clara, que quería
llevar al niño, y tomolo
595
por la mano, aunque lloraba,
que tiene seis años solo,
para crialle en su tierra
como algún villano tosco;
que no sé si tiene villas,
600
sé que tiene montes, sotos.
Yo entonces así el muchacho,
que, como suelen del coco,
huía de aquel hidalgo
y fijaba en mí los ojos.
605
Besele, y dije: “Rey mío,
ya sabéis que yo os conozco;
no lloréis, que aquí estaréis,
porque esté un león en otro.”
“Suelta el Rey”, dijo Vivar,
610
“villano.” Yo entonces, loco
de furia, soltando al niño,
“¡Mientes!”, al hombre respondo.
Pero apenas de mi boca
la voz afrentosa arrojo,
615
cuando ya del agraviado
la mano siento en mi rostro.
Allí, con el desatino
de caso tan afrentoso,
fuera de mí, y en mi agravio,
620
la mano a la espada pongo.
Y con estar enseñada
a las cabezas que corto,
tantas que de sus turbantes
carros henchí cuando mozo,
625
la mano, turbada, apenas,
temblando cual hojas de olmo,
a tiento topar podía
de la guarnición el pomo.
Saqué la atrevida espada
630
cubierta de orín mohoso,
y como no relucía,
pienso que la tuvo en poco.
Pusiéronse de por medio
Blasco, Téllez, Lara, Osorio
635
y el valiente Íñigo Arista,
Fernando y su primo Antonio.
No vengo desagraviado
por el referido estorbo,
ni espero que pueda estarlo,
640
viejo, sin hijos y solo.
¡Ay, hija, que no has querido
casarte, pues de tu esposo
quizá saliera un Mudarra
que los abrasara a todos!