Salía de Oriente el alba,
bebiendo sus blancas perlas
las flores, en vez de bocas,
de sus cogollos abiertas;
2325
íbase a dormir la noche
a las antárticas tierras
y llevándose tras sí
mil ejércitos de estrellas,
cuando Alejandro Farnesio,
2330
duque de Parma y Plasencia,
general en el de España,
que por Felipe gobierna
-Felipe, aquel gran monarca,
por cuyo mar se da vuelta
2335
al mundo sin que se toque
en palmo de tierra ajena-,
asalta el fuerte Mastrique
y a sus murallas asesta
cuarenta cañones juntos
2340
y diez culebrinas fieras;
brama el sonoroso bronce,
las almas de hierro vuelan,
vertiendo fuego las bocas
forma el humo nubes densas;
2345
huyen las aves del aire,
los montes lejos resuenan,
que sin preguntarles nada
dan a los tiros respuesta;
ni los que llevan se ven,
2350
ni lo saben los que quedan,
que la prisa del batir
todo lo confunde en niebla;
manda Alejandro dar voces,
los del tercio viejo llegan,
2355
ya están dentro, ya se lanzan
por las murallas abiertas;
y que en otra parte digan:
«ya los de don Lope cierran,
ya están dentro de Mastrique,
2360
ya sus riquezas saquean»,
para que con esta envidia
los españoles hicieran
lo que hicieron, que es romper
por bombas, balas y piedras.
2365
Pero todo ha sido en vano,
que es tan grande la defensa,
los fuegos artificiales,
y las máquinas que inventan,
que parece que los orbes
2370
de la celestial esfera
círculos de fuego arrojan,
y nubes de plomo engendran.
¡Oh animosos españoles,
que, entre brazos y cabezas,
2375
piernas y troncos, bañados
de sangre, los muros trepan!
Pues primero que las cajas,
la señal de las trompetas
de los muros los aparten,
2380
ambición de fama eterna,
volver la noche otra vez
y, coronada de estrellas,
hizo aposento a la Luna
con tapices de tinieblas.
2385
Allí el conde de Masflet
y Otavio Gonzaga muestran
el valor de sus personas,
de su sangre la excelencia;
los dos Toledos famosos,
2390
Fernando y Pedro, que fueron
Gracos en la antigua Roma,
materia eterna a las letras;
don Lope de Figueroa
gallardamente pelea,
2395
y Francisco de Valdés
anima, enseña, aconseja;
Fabio Farnesio, gallardo,
Juan de Paz, rayo en la guerra,
y el castellano de Gante,
2400
famoso Agustín de Herrera;
Gabrio Cerbellón; dos Castros,
Bernardo y Pedro, que dieran
envidia al Héctor de Troya,
si entonces los viera en Grecia;
2405
con el sargento mayor
Pedro de Vallejo quedan
mil heroicos capitanes;
sus nombres quiero que sepas:
con don Diego de Gaona
2410
y Juan Núñez de Palencia,
generoso guipuzcuano,
Ribas, Rosado, Fonseca,
Amador de la Abadía,
Renguiso, Núñez, Perea,
2415
y el alférez, aunque mozo
fuerte, Martín de Ribera.
Pero qué os digo, si, en fin,
tras tanto valor y fuerzas,
de ochocientos españoles,
2420
las vidas Mastrique cuesta.
Sin veinte y dos capitanes,
que honrar el mundo pudieran,
murió el conde Guido, y Fabio,
y el conde de Toruchela,
2425
Carlos Venzo, piamontés,
y otros que no se me acuerdan,
que ha sido tal la desgracia
desta llorosa tragedia
que, a los que por cobardía
2430
hoy al asalto no llegan,
el fuego en veinte barriles
de pólvora juntos entra
que los abrasa de suerte
que, por ver si se remedian,
2435
se arrojan ardiendo al foso,
y entre las aguas se queman.
Mas el campo se retira.