Félix Lope de Vega y Carpio

LOS AMORES DE ALBANIO Y ISMENIA




Texto utilizado para esta edición digital:
Cotarelo y Mori, Emilio (Ed.), Obras de Lope de Vega, I, Madrid, RAE, 1916, pp.1-38
Marcación digital para Artelope:
  • Burgos Segarra, Gemma

Elenco

ALBANIO, pastor.
ISMENIA, pastora.
SILVANA, pastora.
LA CONDESA LERIANA.
ANTANDRA, pastora.
VIRENO, pastor.
ASCANIO, pastor.
DALISO, pastor.
PINARDO, pastor.
MARANDRO, viejo.
EL CONDE ERACLIO.
GALATEO, pastor.
PENISO, pastor.
BURESTO, pastor.
BERTOLANO, alcalde.
ALBANEGO, alcalde.
UN VOLTEADOR
DOS GITANAS.
FRONDOSO, criado.
UNA ESFINGE.
EL MAESTRESALA.
DOS O TRES PASTORES.

Jornada I

(Salen a un bateo los PASTORES que sean menester para las fuentes, rosca y aguamanil y niño, y luego ALBANIO, padrino, y ISMENIA, madrina, y ASCANIO y VIRENO, pastores.)

ASCANIO.
Quintilla
Honrado habéis el aldea,
hermosísima zagala.

VIRENO.
Venturoso el que hoy emplea
en vos su donaire y gala.

ALBANIO.
5
Quiera el amor que lo sea,
Quintilla
que si yo soy venturoso,
como el principio dichoso
lo va prometiendo ya,
seguro Albanio estará
10
de ser de nadie envidioso.

ISMENIA.
Quintilla
Antes vuestra calidad
engrandece este bautismo.

ALBANIO.
Y la vuestra mi humildad.

ISMENIA.
Si no os igualo a vos mismo,
15
no hay en el mundo igualdad.

ALBANIO.
Quintilla
Bien decís, que siendo dino
de ser igual y padrino
de tan hermosa madrina
por la parte que es divina,
20
vengo de humano a divino.
Quintilla
Yo puedo decir que soy
el que hoy nace, pues en mí
ha de nacer desde hoy
ser otro Albanio que fui.

ASCANIO.
25
¡Muerto vengo!

VIRENO.
¡Muerto soy!

ASCANIO.
Quintilla
¡Ay, celos! ¡Rabioso mal!

VIRENO.
¡Celos, me llevan mortal!

ASCANIO.
¡Envidia de Albanio tengo!

VIRENO.
¡De Albanio envidioso vengo!

ALBANIO.
30
¡Oh hermosura celestial!
Quintilla
¡Oh claros, divinos ojos!
Consagro a vuestro desdén
mi libertad en despojos.

ISMENIA.
Mirad, Albanio, que os ven
35
mil ojos y mil antojos.
Quintilla
Creedme que os agradezco
saber de vos merezco
pareceros agradable.

ALBANIO.
Calle la lengua y no hable,
40
que a muy buen tiempo enmudezco;
Quintilla
que quien de un ángel tan bello
esto merece escuchar
y de su boca sabello,
a la suya puede echar
45
de eterno silencio un sello.
Quintilla
Callaré, pastora mía,
tanto bien, porque podría
temer de fortuna ingrata,
que si envidia no me mata,
50
me matará mi alegría.

ASCANIO.
Quintilla
Dejad lo que se concierta,
que a la puerta habéis llegado.

ALBANIO.
La del cielo viera abierta
si siendo yo tu velado
55
llegáramos a la puerta.

ASCANIO.
Quintilla
Ya el teniente y sacristán
puestos a la pila están.

ISMENIA.
¿Hay música?

ASCANIO.
A maravilla.
Entra y verás la capilla,
60
toda raso y tafetán.

ISMENIA.
Quintilla
Y ¿qué nombre le pondremos?
¿Será el de su madre o cuyo?

ALBANIO.
Del tuyo, Ismenia, le honremos.

ISMENIA.
Para ser dichosa, el tuyo
65
será mejor que le demos.

ALBANIO.
Quintilla
Siendo niña, es justa cosa
pueda en tu nombre fiarse
de que saldrá muy hermosa.

ISMENIA.
Eso no, porque en casarse
70
tendrá desdicha forzosa.

ALBANIO.
Quintilla
Pues ¿qué haremos de ese modo?

ISMENIA.
El de entrambos le acomodo:
Ismenia Albania se llame.

ALBANIO.
Pues dame esa mano y dame
75
licencia.

ISMENIA.
Y el alma y todo.

(Vanse todos como que es en la iglesia y queda VIRENO solo.)

VIRENO.
Quintilla
Si son envidia los celos
bien se prueba en mi dolor,
pues de invidiosos recelos
en un infierno de amor
80
me van poniendo los cielos.
Quintilla
¡Oh bastardos pensamientos!
Que no habéis estado atentos
al sol de Ismenia que adoro.
¡Qué tarde mi engaño lloro
85
y vuestros locos intentos!
Quintilla
De mi pecho os quiero echar
porque sois hijos ajenos
de amor, que me ha de obligar
con mil pensamientos buenos
90
a servir y porfiar.
Quintilla
Que no porque Ismenia sea
hoy madrina en nuestra aldea,
con un pastor extranjero
en un favor tan ligero
95
ha de caber cosa fea.
Quintilla
Ya el temor de efecto muda;
mas ¡ay! ¿de qué me aprovecha
que agora el remedio acuda?
Que es aumentar la sospecha
100
poner la verdad en duda.
Quintilla
Mejor es darme a entender
que verdad debe de ser,
para templar el dolor,
querer Ismenia un pastor
105
que vino de Extremo ayer.
Quintilla
Hallarame apercebido
el temor del mal que espero;
porque un daño prevenido
no suele ofender tan fiero
110
como engañando el sentido.
Quintilla
Pero Ascanio vuelve aquí.
(Sale ASCANIO.)
¿Qué hay de nuevo?

ASCANIO.
Que ya vi
declarado nuestro mal.

VIRENO.
¿Qué dices?

ASCANIO.
Que estoy mortal.

VIRENO.
115
Pues ¿qué dirás de mí?
Quintilla
Dirasme que ya soy muerto.

ASCANIO.
¡Bien puedes, Vireno amigo,
temer tu daño por cierto!
De mi muerte soy testigo,
120
y de la tuya te advierto.
Yo vi...

VIRENO.
¿Qué viste?

ASCANIO.
Quintilla
Encontrados
de Albanio y Ismenia fiera
los ojos enamorados,
tanto, que un ciego pudiera
125
adivinar sus cuidados.
Quintilla
Vi los espíritus vivos
que de los ojos salían,
como rayos atractivos,
que poco a poco encendían
130
los corazones cautivos.
Quintilla
Vi que se estaba mirando
Ismenia en los ojos de él,
y que él la estaba contemplando;
ella abrasada por él,
135
y él por ella suspirando.
Quintilla
No es el niño que han traído
el que hoy han apadrinado,
sino el amor, que hoy ha sido
por los ojos engendrado
140
y en las entrañas nacido.
Quintilla
Mas si ella es Venus hermosa
y él Adonis, que en rigor
tiene esta tierra envidiosa,
que nazca de nuevo amor
145
no parece injusta cosa.

VIRENO.
Quintilla
Calla, no me digas más,
que bien parece que estás
enamorado de burlas,
pues de los celos te burlas
150
que recibes y me das.
Quintilla
En fin, que amor ha nacido
de los dos apadrinado.
Haz cuenta, Ascanio, que ha sido
un demonio bautizado,
155
aunque en ángel revestido.
Quintilla
Que quien tan hermoso y tierno
de celos al duro infierno
un alma puede atraer,
de aquellos debe de ser
160
que viven en fuego eterno,
Quintilla
y tanto es verdad segura,
cuando de Ismenia nació
este amor o desventura,
pues al infierno cayó
165
del cielo de su hermosura.
Quintilla
¡Vive Dios! que rabio y muero
y que espero con su muerte
remedio a mi daño fiero.

ASCANIO.
Más temo yo de esta suerte,
170
pues ningún remedio espero;
Quintilla
que si tú en su muerte estribas
para que seguro vivas,
yo en la tuya y en la suya,
pues tú también con la tuya
175
del bien de Ismenia me privas.

VIRENO.
Quintilla
Toda tu vida tuviste,
Ascanio, esas libertades;
mas si en mi muerte consiste
el bien de que te persuades,
180
hoy tus deseos cumpliste;
Quintilla
que yo voy donde procure
hacer que ese tiempo dure
mi vida y pena cruel
cuanto en un roble un cordel
185
mi frágil cuello asegure.

(Vase VIRENO.)

ASCANIO.
Quintilla
Allá vayas y no vuelvas,
pastor grosero, envidioso,
para que no nos revuelvas,
satiro fierto y celoso,
190
basilisco de estas selvas.
Quintilla
¡Qué contento quedo aquí,
por más que me alcance a mí
parte de pena tan fiera
en que Ismenia a Albanio quiera
195
para vengarme de ti!

(Sale LISEO, pastor.)

LISEO.
Quintilla
¿De esta manera acompañas,
Ascanio, nuestro bateo?

ASCANIO.
Son mis descuidos hazañas
de aquel amor y deseo
200
que me abrasa las entrañas.
Quintilla
Apostaré que se han ido.

LISEO.
Por otra puerta han salido,
no los aguardes en esta.

ASCANIO.
¡Qué mal se hallara en su fiesta
205
la guerra de mi sentido!
Quintilla
Déjalos ir norabuena,
que el principio de su historia
mi dura tragedia ordena;
que el asistir a su gloria
210
crece del alma la pena;
Quintilla
que todo mi daño es poco
pues a morir me provoco.

LISEO.
¿Qué gloria y qué pena es esta?
¿Qué historia, tragedia y fiesta?
215
¿Estás, por ventura, loco?

ASCANIO.
Quintilla
Sí estoy, Liseo; sí estoy,
pues Albanio me ha quitado
dos mil esperanzas de hoy.

LISEO.
¿Albanio?...

ASCANIO.
Albanio, que ha dado
220
el alma a quien yo la doy.

LISEO.
Quintilla
Pues ¿Ismenia corresponde
a su pasión?

ASCANIO.
Y de suerte
que he visto mi muerte.

LISEO.
¿Adónde?

ASCANIO.
En sus ojos vi mi muerte,
225
que en ellos Albanio esconde.
Quintilla
Allí, con letras de fuego,
Albanio escrito se vía,
y vi en los de Albanio luego
que Ismenia en rayos se ardía,
230
dejándome loco y ciego.
Quintilla
Mira tú si Albanio es tal,
cuando Ismenia no quisiera
pagar su fe con fe igual,
que darme celos pudiera
235
y el más gallardo zagal;
Quintilla
que, como en el cielo Apolo,
es único, raro y solo,
Albanio en sangre y riqueza,
discreción y gentileza
240
es fénix de polo a polo.

LISEO.
Quintilla
¡Oh! ¡Plegue al cielo que doble
tu cosecha el blanco trigo,
y tú, ganando tres doble;
que loar al enemigo
245
arguye pecho muy noble!
Quintilla
Si yo tu pastora fuera,
es este punto te diera
de mi alma posesión.

ASCANIO.
Mal sabes la condición
250
de esta mi adorada fiera.

LISEO.
Quintilla
Poco a poco hemos llegado
en casa de la parida.

ASCANIO.
Y poco a poco abrasado
me va quitando la vida
255
este amor desesperado.

LISEO.
Has de entrar.

ASCANIO.
Quintilla
Conmigo ven,
que por parabién es bien
que le dé en ocasión tal,
quizás que para mi mal
260
voy a dar el parabién;
Quintilla
que si a Albanio miro honrado
de mis debidos despojos,
muerto soy.

LISEO.
Pierde cuidado.
Entra, pues.

ASCANIO.
¡Ay, falsos ojos,
265
cuán presto os habéis mudado!

(Salen ALBANIO y ISMENIA y DALISO y SILVANA y otros PASTORES que acompañan.)

ALBANIO.
Redondilla
Cristiana viene la dama.
¿Sábelo ya la parida?

SILVANA.
Sí, Albanio; ya está advertida
que Ismenia Albania se llama,
Redondilla
270
y de vuestros nombres dos
que ha de tener se asegura
la ventura y la hermosura
que en entrambos puso Dios.

ISMENIA.
Redondilla
Como la de Albanio tenga
275
segura vivir podría,
que no es bien que con la mía
tanta desdicha le venga.

ALBANIO.
Redondilla
A todos, Ismenia, espantas
con iguales maravillas
280
de ver que al suelo te humillas
y que al cielo me levantas.
Redondilla
Pero cuanto más al suelo
te humillas por ensalzarme,
tanto más siento humillarme
285
al resplandor de tu cielo.

DALISO.
Redondilla
A fe que estáis cortesanos.

SILVANA.
Gentiles golpes se tiran.

DALISO.
Advertid muy bien que os miran
algunos ojos villanos.
Redondilla
290
Cese la conversación,
aunque le pese al deseo,
que el dueño de este bateo
os quiere dar colación;
Redondilla
que, aunque es pobre, se ha empeñado,
295
y desde ayer se previno,
en fe del noble padrino
que le tiene por honrado.

ISMENIA.
Redondilla
Bien lo pudiera excusar.

ALBANIO.
¿Qué ha de ganar ni perder?

SILVANA.
300
¿Cómo se puede romper
la costumbre del lugar?
Redondilla
¡Hola!, dadnos colación,
y siéntate junto a mí.

ISMENIA.
Pues siéntese Albanio aquí.

ALBANIO.
305
Siéntome del corazón.

(Salen VIRENO y ASCANIO.)

VIRENO.
Redondilla
A buen tiempo hemos venido.

ASCANIO.
No ha sido poco acertado
si, como habemos llegado,
nos hubieran recibido.

VIRENO.
Redondilla
310
Hablando están y de suerte
que no nos echan de ver.

ASCANIO.
¡Qué vengo mi muerte a ver!

VIRENO.
¡Que he venido a ver mi muerte!

ASCANIO.
Redondilla
¡En qué tiempo, amor, me pones!

VIRENO.
315
¿No miras, Ascanio, atento
que se beben el aliento
entre dudosas razones?

ASCANIO.
Redondilla
Veo lo que no quisiera
y quisiera que no cegara
320
porque, ciego, no mirara,
y mirando no muriera.
Redondilla
Si esto no llaman amor,
siendo pura ceguedad,
llamen traición la verdad
325
y verdadero el traidor.
Redondilla
¡Vive Dios!, Vireno amigo,
que tengo mi mal en poco,
pues que no me vuelvo loco
y soy de su bien testigo.

VIRENO.
Redondilla
330
Pinta bien tu desvarío,
pinta tu agravio y cuidado,
que será infierno pintado
respecto del fuego mío.
Redondilla
Pero cese tu pasión,
335
aunque en el alma te ofenda,
porque no es razón que entienda
nuestros celos la ocasión;
Redondilla
y siéntate mientras dan
la colación a esa gente,
340
que amor, a mi sed ardiente,
me dará presto alquitrán.

ASCANIO.
Redondilla
Siéntome a ver mi dolor,
tan sentido de agraviado,
que quiero esperar sentado
345
para sufrille mejor.

VIRENO.
¿Comerás?

ASCANIO.
Redondilla
Eso condeno;
que si el alma come enojos,
también agora los ojos
están comiendo veneno,
Redondilla
350
como el libre corazón
y en su gusto se regale
que es manjar...

VIRENO.
Calla, que sale
la música y colación.

(Sacan unos platos de colación y digan los MÚSICOS cantando mientras se da:)

[MÚSICOS.]
Copla (estructura abierta)
“A la gala de la madrina,
355
que nadie la iguala en toda la villa.
Esta graciosa zagala
vence a todas en la gala,
y ella a sí mismo se iguala,
porque es de suerte divina
360
que nadie la iguala en toda la villa.
Fue tal su valor divino,
que en algún modo convino
que la igualase el padrino,
porque era tan bella y linda
365
que nadie la iguala en toda la villa.”

ALBANIO.
Redondilla
Bien habéis los dos cantado,
y es extremada la letra.

VIRENO.
Bien el sentido penetra.

ASCANIO.
El que tengo me ha quitado.

ALBANIO.
Redondilla
370
Iréis, Peniso, a mi choza,
y diréis que luego os den,
porque habéis cantado el bien
en que mi alma se goza,
Redondilla
aquellos machados bueyes
375
que ayer al yugo pusieron.

PENISO.
Dame esas manos, que hicieron
ventaja a infinitos reyes.
Redondilla
Das como rey, y lo fundo
en que a reyes te prefieres
380
y no das como quien eres,
que a darlo, dieras el mundo.

VIRENO.
Redondilla
Harto bien lo encareciste,
pues la mano que besaste
a todo el mundo igualaste.

ALBANIO.
385
¡Oh, Vireno! ¿Tú lo oíste?

VIRENO.
Redondilla
Yo lo oí con gran contento
del buen estado en que estás.

ALBANIO.
Eso le debes y más,
Vireno, a mi pensamiento.
Redondilla
390
¿Es Ascanio, nuestro amigo,
el que está contigo?

ASCANIO.
Soy
el que a tus noblezas doy
la fe de que soy testigo.
Redondilla
Vivas mil años, amén,
395
que tales grandezas haces.

ALBANIO.
Haced, señora, las paces,
pues sois mi paz y mi bien,
Redondilla
que son grandes cortesanos
estos discretos pastores.

ISMENIA.
400
No son tus gracias menores.

ALBANIO.
Hechura soy de tus manos.

ISMENIA.
Redondilla
Regocíjese la fiesta
con algún juego, Daliso.

DALISO.
Yo os quise dar este aviso
405
y temí mala respuesta.
Redondilla
Diga Silvana el que sea,
pues que en tal conversación
de hermosura y discreción
es lo mejor del aldea.

SILVANA.
Redondilla
410
Siempre a mí me hacéis pensar
novedades que os decir.

VIRENO.
Hago los ojos reír
y quiere el alma llorar.

SILVANA.
Redondilla
Ya estoy pensando qué sea,
415
que mil veces se ha jugado,
propósitos y soldado.

ASCANIO.
¡Quién hay que mis males crea!

SILVANA.
Redondilla
Ahora, bien, ya le he pensado.

DALISO.
¿Cuál es?

SILVANA.
El del a b c.

ISMENIA.
420
¡Bravo juego!

ALBANIO.
No lo sé,
ni en mi vida le he jugado.

ISMENIA
¿El a b c no?

ALBANIO.
Redondilla
Ese sí,
mas no el que se ha de jugar.

ISMENIA.
Pues yo os le quiero enseñar,
425
que de una vez le aprendí.

ALBANIO.
Redondilla
Con tan hermoso maestro
no hay favor que no me valga,
ni es posible que no salga
un discípulo muy diestro,
Redondilla
430
y más si me declaráis
el a b c de querer:
amar, ber y conocer
el bien del bien que me dais.

ISMENIA.
Redondilla
No es amor, Albanio, ciencia
435
que quiere se aprendida,
que viene a ser conocida
del alma con la experiencia.
Redondilla
Quiere bien y aprenderás
el arte del mal o el bien,
440
y cuanto quisieres bien
tanto más de amor sabrás.
Redondilla
Pero vengamos agora
al juego, y cesen las veras,
que si amaras, tú supieras
445
eso que tu alma ignora.

ALBANIO
¿Cómo no?

ISMENIA.
¡Calla!

ALBANIO.
Redondilla
No mandes.

ISMENIA.
Mira que...

ALBANIO.
Pues ¿por qué niegas?

ISMENIA.
Advierte, Albanio, que ruegas.

VIRENO.
¡Qué efectos de amor tan grandes!

ALBANIO.
Redondilla
450
En fin, no tengo de hablar.

ISMENIA.
Digo que es el juego ansí.

ALBANIO.
Yo te adoro.

ISMENIA.
¿A quién?

ALBANIO.
A ti.

ISMENIA.
¡Calla!

ALBANIO.
No puedo callar.

ISMENIA.
Endecasílabos sueltos (tirada)
Ha de decir el que jugare un nombre
455
de un huésped, de una venta donde llegue,
que empiece por la letra que le cabe
si fuere a, por a, si b, lo mismo,
y luego diga el nombre de la huéspeda,
y qué le ponen de comer prosiga,
460
postre y principio y el manjar que sea,
carne y pescado, y que también comience
por la letra que digo que le toque,
y la ciudad también adonde vaya
de la primera letra tenga el nombre,
465
y adviertan que si yerra acaso alguna
ha de pagar su penitencia.

ALBANIO.
Sea,
y tú comienza.

ISMENIA.
¿Yo?

ALBANIO.
Tú.

ISMENIA.
¡Vaya!

ALBANIO.
¡Ea!

ISMENIA.
Redondilla
A, primera letra tengo.
Por eso digo que voy
470
a Antioquía, y porque estoy
cansada aquí me detengo,
Redondilla
que es una casa en que vive
Albanio, un gran caballero,
a quien tanto estimo y quiero
475
cuanto él me estima y recibe.
Redondilla
Alcida, una bella dama,
quiere tomar por mujer,
de quien se puede creer
también que le adora y ama.
Redondilla
480
Por principio me pusieron
habas verdes, mal granadas.

PENISO.
¡Qué fruta para preñadas!

ISMENIA.
Y en postre almendras me dieron;
Redondilla
carne de ánade comí
485
y una anguila por pecado;
quedose el huésped pagado
y yo contenta me fui.

SILVANA.
Redondilla
Bien ha dicho.

DALISO.
¿Quién mejor?

SILVANA.
Vaya, Albanio.

ALBANIO.
En mi conciencia
490
que temo la penitencia.

ISMENIA.
¡Oh qué gracioso temor!

ALBANIO.
Redondilla
Pues me ha cabido la B,
yo digo que caminaba
a Benecia, donde estaba
495
el tesoro de mi fe.
Redondilla
Posé en casa de Bernardo,
que era un galán ginovés,
discreto, afable y cortés,
noble heredado y gallardo.
Redondilla
500
Era su mujer Belisa,
y tan bien me pareció,
que hasta el alma me robó
con una boca de risa.
Redondilla
Sentámonos a comer
505
y fue la carne un benado
y un besugo fue el pescado,
echado vivo a cocer.
Redondilla
Postre y principio, por Dios,
que no me acuerdo qué fue.

ISMENI[A].
510
Erró. Pague.

ALBANIO.
Pagaré,
que basta mandarlo vos.

ISMENIA.
Dadme una prenda.

ALBANIO.
Redondilla
Ya es tarde;
la mejor tenéis allá.

ISMENIA.
Si yo la tuviere acá
515
palabra os doy que la guarde.
Redondilla
Dadme aquesa banda verde.

ALBANIO.
Cubrid el alma con ella,
porque esperanza tan bella
en ningún tiempo se pierde.

ISMENIA.
Redondilla
520
El juego pase adelante.

VIRENO.
Este me dicen que es juego;
yo le llamo fuego.

ASCANIO.
Y fuego
al infierno semejante.

SILVANA.
Diga Daliso.

DALISO.
Redondilla
La C
525
es la letra que me cabe,
y digo que en una nave
a Corinto me embarqué.
Redondilla
Tomé puerto, y vino a ser
mi huésped en él un hombre
530
que era Clarindo su nombre,
Camila el de su mujer.
Redondilla
La carne que allí comí
fue calandria, y el pescado
un cangrejo, colorado
535
como un fino carmesí.
Redondilla
Fue el principio, en verde hierba,
un cardo, y no corredor;
pero el postre fue mejor.

SILVANA.
¿Qué?

DALISO.
Calabaza en conserva.

SILVANA.
540
Bien dijo.

DALISO.
Redondilla
Bien por extremo.

SILVANA.
Diga Vireno.

VIRENO.
Ya digo.
Por la D un camino sigo
donde despeñarme temo.
Redondilla
Voy, en fin, a una ciudad
545
que se llama la desgracia.

SILVANA.
¿Qué es lo que dices?

VIRENO.
Dalmacia
iba a decir, en verdad.
Redondilla
En la venta en que posé
el ventero se llamaba
550
Demonio, y casado estaba
con el desdén de mi fe.

DALISO.
Redondilla
Gentil marido y su mujer,
casados sin bendición.
¿Qué te dieron?

VIRENO.
Un dragón.

DALISO.
555
Duro será de comer.

VIRENO.
Redondilla
Fue el pescado una desdicha,
iba a decir un delfín.
Y fueron principio y fin
mucho daño y poca dicha.

SILVANA.
Redondilla
560
Extremadas frutas son.

VIRENO.
Pues pusiéronme otras ciento:
dolor y desabrimiento
y gran desesperación.

ISMENIA.
Diga Ascanio.

ASCANIO.
Redondilla
La E.
565
Yo os diré, por que os diguste,
que a la ciudad del Embuste
por tierra y mar caminé.
Redondilla
Hallé casa, por mi daño,
llena de sombras y de miedo.
570
Era el huésped el Enredo
y su mujer el Engaño.

DALISO.
Redondilla
Si a Troya, a lo menos, fuera
la e, llevara la joya;
que Elena le diera en Troya
575
casa y pecho en que viviera,
Redondilla
o le aposentara Eneas,
que empieza también por e.

ASCANIO.
Por donde yo caminé
son las huéspedas más feas.
Redondilla
580
Finalmente, yo comí
por principio Enigmas tales,
que en las primeras señales
mi destrucción conocí.
Redondilla
La carne fue unos erizos
585
que el corazón me pasaban,
de unos ojos que miraban
livianos y antojadizos.
Redondilla
Un hechizo fue el pescado
que en piedra me transformó
590
después que el alma bebió
veneno en vaso dorado,
Redondilla
y fue el postre unas endechas,
propia fruta de desdichas,
a mi sepultura dichas
595
y para mis celos hechas.

ALBANIO.
Redondilla
Ahora bien, el juego baste,
que no tenéis buen humor,
y así este tiempo es mejor
que en otro tiempo se gaste.
Redondilla
600
Yo he visto vuestro disgusto
y en veras de tanto fuego
mal pueden burlas de un juego
entreteneros el gusto.
Redondilla
Vámonos, y trataremos
605
que a la recién bautizada,
para cuando esté casada,
el dote le aseguremos.

DALISO.
Redondilla
Bien ha dicho Albanio, y digo
que yo le mando el primero,
610
del bueno agosto que espero,
dos cargos de blanco trigo.

ISMENIA.
Redondilla
Yo una huerta orilla el Tajo
coronada de membrillos.

SILVANA.
Yo le mando tres novillos
615
antes del yugo y trabajo.

VIRENO.
Redondilla
Pues yo le mando a la niña
media legua de dehesa.

ASCANIO.
Yo, un molino con su presa,
treinta almendros y una viña.

ALBANIO.
Redondilla
620
Como quien sois habéis dado,
y porque sepa quién soy,
desde aquí le mando y doy
mil cabezas de ganado.
Redondilla
Vamos, y cédula haremos
625
para que segura esté.

VIRENO.
Vamos.

ASCANIO.
Vamos.

PENISO.
A la fe
que buen padrino tenemos.

(Vanse todos y quedan ISMENIA y SILVANA.)

ISMENIA.
Redondilla
Enojado parte Albanio.

SILVANA.
Enojado y de ira lleno
630
de las cifras de Vireno
y las enimas de Ascanio.

ISMENIA.
Redondilla
Bien dicen que son los celos
más ciegos que el mismo amor.

SILVANA.
Tal es la gracia y valor
635
que han dado a Albanio los cielos.

ISMENIA.
Redondilla
¡Ay, Silvana, por tu vida,
dime muchas cosas de él!

SILVANA.
Sin duda que estás por él...

ISMENIA.
¿Qué estoy, Silvana?

SILVANA.
Perdida.

ISMENIA.
640
¿Perdida?

SILVANA.
Redondilla
Perdida, pues.

ISMENIA.
¿Qué dices?

SILVANA.
¿De qué te admiras,
que parece, si le miras,
que el cielo en tus ojos ves?

ISMENIA.
Redondilla
Encubrirte la verdad,
645
fuera de ser caso injusto,
era agravio de mi gusto,
de su amor y tu amistad.
Redondilla
Yo adoro a Albanio, Silvana,
desde que hoy a Albanio vi.

SILVANA.
650
¿Díceslo de veras?

ISMENIA.
Sí,
y estoy de la empresa ufana,
Redondilla
que a su raro entendimiento
ninguno habrá que resista.
Al sol de su hermosa vista
655
se desmaya el pensamiento.
Redondilla
Miren más los ojos tuyos
estos fáciles antojos,
que en nadie pondrá los ojos
que no le cieguen los suyos;
Redondilla
660
que tal cuerpo y alma hermosa
juntando a tanta nobleza
la misma naturaleza
puede dejar envidiosa.

SILVANA.
Redondilla
Es de manera tu empleo
665
y tan rica tu esperanza,
que ningún ingenio alcanza
la gloria de tu deseo.
Redondilla
De Albanio la gentileza
y el nunca visto valor
670
podrán encender de amor
las piedras de más dureza.
Redondilla
Es gallardo, es apacible,
afable, humano, discreto
y, al fin, un alto sujeto
675
para amor incomprensible.

ISMENIA.
Redondilla
Del todo quieres perderme.
¡Ay, Dios! No me digas más,
que en ocasión me pondrás,
Silvana, de enloquecerme.
Redondilla
680
Ella es una empresa bella;
pero, vamos, por tu vida;
hallaremos la parida
y despedireme de ella,
Redondilla
que de su amor y mis quejas
685
mañana hablarte confío.

SILVANA.
Vamos.

ISMENIA.
¡Ay, Albanio mío!
¡Qué loca y ciega me dejas!

(Vanse, y salen ALBANIO y DALISO.)

ALBANIO.
¿Agrádate el papel?

DALISO.
Terceto
Por todo extremo.

ALBANIO.
Bien significa lo que soy dichoso
690
el bien que sigo y el rigor que temo;
Terceto
que es justo que se muestre temeroso
el que puede tener más confianza;
que es la humildad un acto virtuoso.

DALISO.
Terceto
Al mismo cielo la humildad alcanza;
695
con ella vencerás el que pretendes.

ALBANIO.
¡Gloriosa posesión, rica esperanza!
Terceto
¡Oh bella Ismenia! Que mi pecho enciendes
de dulce fuego que me abrasa el alma;
yo moriré, si acaso te defiendes.
Terceto
700
Quedo por tu respuesta en mayor calma
que en alta mar la nave sin el viento.

DALISO.
Espera y sufre y llevarás la palma:
Terceto
que en el amor el sabio sufrimiento
tarde o temprano coronado sale.

ALBANIO.
705
Yo forzaré mi ardiente pensamiento,
Terceto
que si en Amor el sufrimiento vale
y yo me abraso bien, será forzoso
que a la del Fénix mi paciencia iguale.

DALISO.
Terceto
Y ¿quién al rayo de su vista hermoso
710
el papel osará poner?

ALBANIO.
Silvana.

DALISO.
¿Quién se la dio a Silvana?

ALBANIO.
¿Quién? Frondoso,
Terceto
que a todos mis zagales se la gana
en la solicitud de mi servicio.

DALISO.
Solícito es amor.

ALBANIO.
Todo lo allana.
Terceto
715
Esta tarde, Daliso, tengo indicio
que Ismenia ha de ir al soto de la aldea,
siguiendo, como suele, su ejercicio;
Terceto
y porque temo ya que el tiempo sea
en que podré gozarla, adiós, Daliso,
720
que está mi vida en que mi muerte vea.

DALISO.
Terceto
Mira que te gobiernes con aviso
si algún competidor te diere enojos.

ALBANIO.
¿Dices Ascanio?

DALISO.
Sí.

ALBANIO.
¡Gentil Narciso!

(Vase ALBANIO y queda DALISO.)

DALISO.
Terceto
Como eso enredan fáciles antojos
725
y temerá un hermano que te estima
no menos que en las niñas de los ojos.
Terceto
Pero ¿qué me desmaya y desanima,
que el gran valor de Albanio en rayo fuerte
y no hay violencia que la suya oprima?

(Salen VIRENO y LISEO.)

VIRENO.
Terceto
730
He trazado, en efecto, de esta suerte
el destierro de Albanio.

LISEO.
Has acertado,
pues sin sacarle sangre le das muerte;
Terceto
mas, oye, que no está seguro el prado,
que está su hermano aquí.

VIRENO.
Daliso amigo,
735
¿qué haces pensativo y descuidado?

DALISO.
Terceto
Aquí he venido a descansar conmigo
y volvereme si me das licencia.

VIRENO.
No quiero ser de tu dolor testigo.

DALISO.
Guárdete el cielo.

(Vase DALISO.)

VIRENO.
Terceto
En fin, que de su ausencia,
740
si agora el pensamiento no me yerra,
es esta traza la mejor sentencia.
Terceto
Yo pienso hablar al conde, que esta tierra
tiene por suya y todos obedecen,
o sea en bien o en mal, o en paz o en guerra.
Terceto
745
Direle, entre otras cosas que se ofrecen,
que estos valles están alborotados
y grande mal y escándalo padecen
Terceto
porque Albanio y Ascanio, enamorados
de Ismenia, se procuran dar la muerte
750
y tienen mil amigos conjurados.
Terceto
El Conde, pues, si en el remedio advierte
de tanta gente estrago y alboroto
y que fuera imposible de otra suerte,
Terceto
desterrará de nuestro valle y soto
755
este enemigo Albanio a Extremadura,
a algún lugar más áspero y remoto.
Terceto
Hecho el destierro en esta coyuntura,
cesará de los dos el pensamiento
y quedará mi voluntad segura.
Terceto
760
¿No te parece peregrino intento?

LISEO.
De suerte me parece peregrino,
que temo ya de Albanio el perdimiento.

VIRENO.
Vamos, que hablar al Conde determino.

(Vanse y salen ISMENIA y SILVANA.)

ISMENIA.
Octava real
Negarte cosa alguna me parece
765
hacer un imposible al gusto mío.
Ya te he dicho que Albanio me enloquece.

SILVANA.
Pues ¿cómo hacerle intentas tal desvío?
¿Por ventura respuesta no merece?

ISMENIA.
Eso fuera, Silvana, desvarío.
770
Merece mucho Albanio, ya lo veo;
mas no merece fácil mi deseo.
Octava real
Dilatémosle agora la respuesta,
que una mujer, por más que esté rendida,
ha de seguir los términos de honesta,
775
y en un papel está la muerte o la vida;
que una palabra libre y descompuesta
de dos amantes y un tercero oída,
ni aun obra muy estrecha no confirma
lo que un papel en una letra afirma.

SILVANA.
Octava real
780
Bien puede, Ismenia, hacerse confianza
de Albanio en fama y honra.

ISMENIA.
En honra y fama
no ha de ponerse en hombre la esperanza,
porque el mejor la quita y la disfama.-
Mas ¡ay mi Albanio! Que con vos no alcanza
785
lo que con todos deslealtad se llama.
Perdón os pido, que ya sé que puedo
perder con vos mi deshonra el miedo.

(Sale ALBANIO.)

ALBANIO.
Octava real
Siguiendo vengo el sol más loco y ciego
que el tornasol que busca su luz pura,
790
y como Adonis, por los cisnes llego
a conocer la diosa de hermosura.
¡Oh bella imagen de mi alma, fuego
que en mi sentido en su crisol apura!
¡Temblando estoy! Si llegaré, si puedo...
795
Mas ¿ha de ser mi amor menor que el miedo?
¡Ismenia mía!

ISMENIA.
¡Albanio!

(Quédanse helados mirándose.)

SILVANA.
Octava real
¿Sois de piedra
que ansí os quedastes mudos en miraros?
Aún si estuviera el olmo entre la hiedra
pudiera este silencio perdonaros.
800
Deja, Teseo, de adorar tu Fedra
dentro del alma, y comenzad a hablaros,
que hay mucho que decir y el tiempo es poco.

ALBANIO.
¡Ay, Silvana, que estoy perdido y loco!
Octava real
Los más altos conceptos que podía
805
imaginar de amor el amor mismo
pensados desde anoche los traía.
Mil de su cielo y mil de aqueste abismo,
y no sé cómo en ver la prenda mía
se cubre de un helado parasismo
810
el alma toda, que ya tiembla y duda
que ha hecho de los ojos lengua muda.
Octava real
Yo hablo, y no soy yo, que yo no tengo
instrumento, señora, que voz forme.
Imagínoos mujer y a hablaros vengo
815
para que de mis males os informe;
más véoos ángel, y la voz detengo,
que es la humana a la angélica disforme,
y fuera bien, pues hay cielo en el suelo,
que diera el cielo al suelo voz de cielo.
Octava real
820
Asegúroos humilde y como puedo
que soy, Ismenia mía, vuestro esclavo,
y que perdiendo a vuestra luz el miedo,
os contemplo, os bendigo y os alabo.
Como este nombre en alma y cuerpo quedo,
825
y en mi vida será principio y cabo.
Heladme o abrasadme, que en mis labios
tan bien suena favores como agravios.

ISMENIA.
Octava real
¡Albanio mío!, que a pesar de un miedo
que heló mi alma cuando más ardía,
830
te llamo mío, pues en nombre quedo
de ser más tuya que me llamo mía,
ni responderte ni pagarte puedo;
la voluntad no es deuda que se fía;
mas si en amor hay justa confianza,
835
muera mi honor y viva tu esperanza.
Octava real
Mucho te he dicho, no sé yo cuál fuerza,
en la sazón que yo más libre estaba,
mi lengua ayuda, mi temor esfuerza
para decirte lo que no pensaba.
840
Mas ríndase el temor, que amor me fuerza
a darte la esperanza que dudaba;
estima esta verdad libre y desnuda,
que esto respondo, en lo demás soy muda.

ALBANIO.
Octava real
¿Posible es que merece el mismo suelo
845
ver tan humilde con su hechura indina
la estrella más hermosa de aquel cielo
adonde amor mi pensamiento inclina?
Aver ligeras, detened el vuelo;
parad, arroyos, vuestra plata fina;
850
estad, viento, en los árboles suspenso,
oiréis mi gloria y vuestro gozo inmenso.
Octava real
Enmudeced, silvestres animales;
peces, dejad el agua; verdes drías,
no la mentéis enamorados males;
855
dejad los mirtos y las fuentes frías,
y tú, gran Tajo, si a escucharme sale
de tus cuevas heladas y sombrías
y amor me da licencia al bien que pienso,
oiréis mi gloria y vuestro gozo inmenso.

SILVANA.
Octava real
860
Albanio, pon silencio a tus razones,
que no está el bosque ni tu bien seguro.

ALBANIO.
Segura está mi alma de ladrones
si un pecho de cristal es fuerte muro;
mas ¿para qué, señora, miedo pones
865
al bien que temerario me aventuro?

SILVANA.
Porque he sentido gente.

ALBANIO.
¡Gente! ¿Adónde?

SILVANA.
Por esos blancos álamos se esconde.

(Sale ASCANIO y escóndese.)

ALBANIO.
Octava real
Tienes razón, Silvana; Ascanio viene,
el mayor enemigo de mi gloria
870
y el que mayor envidia a mi bien tiene.

SILVANA.
No te cause tormento su memoria,
sufrir su competencia te conviene,
que en el amor no hay pena meritoria
como sufrir en paz la competencia.

ALBANIO.
875
No he visto en celos ni en amor paciencia.

ASCANIO.
Endecasílabos sueltos (tirada)
¿Esto vienen a ver mis tristes ojos?
¿Esto viene a sufrir el alma mía?
¿Esto es razón que un hombre noble sufra?
¡Oh basilisco de mis ojos tristes!
880
¡Oh fuego que me abrasa las entrañas!
¿Quién te mudó tan presto del propósito
en que estabas ayer, cuando mi alma
enternecer se vio de tus estrellas,
que me miraron tiernas y süaves?
885
¡Ingrata Ismenia! ¡Plegue al alto cielo
que adonde estás agora... (Mas no sea
hasta que salgas del ameno bosque),
caiga en un violento rayo que en memoria
de que hablabas secreto con Albanio
890
abrase y tale céspedes y hierbas,
árboles, flores, fruto! ¿Cómo es esto?
¿Sufriré que se hablen a mis ojos,
o con este puñal desesperado
en sangre albana lavaré mis celos?
895
¡Vive el cielo que adoro , que me han visto
y que se hablan y se ríen! Bueno,
no hay que esperar; no es solo desdén este:
pero desprecio y rabia que me abrasa.
Acometerle quiero, y este día
900
se encienda un fuego que estos valles queme,
los parientes y amigos amenace
y hasta el Conde, señor de aquesta tierra.
Mas ¡ay! Que no, que Albanio está sin culpa.
Ismenia le miró, que Ismenia es falsa;
905
Ismenia me mató, de ella me quejo.
Llegarelos a hablar, aunque no sea
más de para estorbar que no se hablen.
¡Oh Albanio amigo! ¡Oh hermosa y bella Ismenia!
Gloria de aquestas selvas, luz y fuego
910
de mil apasionados corazones.
¿Dónde bueno?

ALBANIO.
¡Oh mi Ascanio! Entreteniendo
la tarde por aquestos mirtos
que en los cristales de este arroyo nacen
hallé estas damas con sus blancos ánades,
915
y a Ismenia, como a Venus, con sus cisnes.

ISMENIA.
Tarde es, Silvana, ya para nosotras.
Vocea aquesas aves y salgamos,
si te parece, de la selva al valle.

SILVANA.
Vamos, señora.

(Vanse ISMENIA y SILVANA.)

ALBANIO.
¿Mandas algo, Ascanio?
920
Porque Ismenia se va y quiero seguilla,
que, como es tan discreta, fuera loco
quien, pudiendo gozar su entendimiento,
por ocasión del mundo le dejara.
Hablaremos después en el aldea.

(Vase ALBANIO y queda solo ASCANIO.)

ASCANIO.
925
¿Hase visto en el mundo un pecho mísero
combatido jamás de tales ansias,
ni en el ardiente Etiopia o fría Citia
un hombre ajeno de razón tan bárbaro?
¿Por qué me acompañáis, armas inútiles
930
si no es para volver el temple rígido
al corazón y pecho pusilánimo
de quien en ocasiones tan legítimas
no sabe aprovecharse de la cólera
y entonces tiene el corazón más tímido
935
cuando le abrasa más el fuego cálido?
¡Oh Ismenia, Ismenia hermosa y ingratísima!
¡Alma cruel, en la hermosura angélica!
¿Adónde están mis esperanzas frágiles?
Pero fundelas en tus fuerzas débiles,
940
que fue fundar sobre el arena máquinas.
¿Qué fuego es este que mi sangre y médulas
abrasa tan cruel y velocísimo,
que en ese mismo punto están mis nervios
como cuelgan del hielo los carámbanos?
945
Marchito el corazón, y el color pálido;
en las entrañas tengo vivos áspides
y entre los ojos todo el fuego esférico.
¿Qué me miráis atentos, viles árboles?
Fuentes a quien llamé cristales líquidos,
950
¿por qué me retratáis y estáis mirándome
con este fuego y este ardor solícito?
Agora es tiempo de sacar los mármoles
de las entrañas de estos montes ásperos
y de romper la hiedra y los álamos,
955
tejidos nidos de casadas tórtolas
y lazos que enredaron vides fértiles,
que es menester aquí concorde música
adonde todo es voces y es escándalo;
que a un triste y solitario hasta los pájaros
960
causan disgusto y dolor intrínseco
saber se tiene desde el Tajo aurífero
al mar de España y las columnas de Hércules
que me miraron unos ojos fáciles
y quieren bien otro pastor más rústico.
965
Si aquesto no es envidia de sus méritos
y que en venganza de esto voy con ánimo
de arder del Tajo las floridas márgenes,
los sembrados ajenos y domésticos,
y cuanto fuere de mi celo epítima,
970
pastrores, loco estoy, loco está Ascanio.
¡Albanio quiere a Ismenia! ¡Ismenia a Albanio!


Jornada II

(Salen ALBANIO y DALISO y FRONDOSO.)

DALISO.
Redondilla
¿Has por ventura perdido,
Albanio, el entendimiento?

ALBANIO.
Fuera en el dolor que siento
975
más poco haberle tenido.
Redondilla
No es el mal al bien igual,
su estado entrambos los den,
que como se goza un bien,
es bien que se llore un mal.
Redondilla
980
Si es del bien el alegría,
sea del mal la tristeza;
el bien acaba, y empieza
el mayor mal que temía.
Redondilla
Su secretario del Conde,
985
que es un señor de aquesta tierra,
me dice que me destierra
y el sol de mi vida esconde.
Redondilla
Larga plática me hizo
de toda su voluntad;
990
diole voces mi verdad,
pero no le satisfizo.
Redondilla
Dice que soy confusión
de estos valles, y, en efeto,
que enciendo un fuego secreto
995
en daño de mi opinión.
Redondilla
Al fin me manda que salga
dentro de un hora de aquí:
juzga, Daliso, por ti
si hay paciencia que me valga,
Redondilla
1000
y si con causa la pierdo
y estoy de este agravio loco.

DALISO.
Cuando el mal, Albanio, es poco,
¿qué hace el hombre en ser cuerdo?
Redondilla
Cuando es grande, entonces es
1005
la cordura y el valor,
y hacelle rostro al dolor
es sujetalle después.
Redondilla
Ya sucedió de esta suerte.
¿Qué se puede, Albanio, hacer
1010
sino ausentarte y poner
el mismo pecho a la muerte?
Redondilla
Aunque no es tanta crueldad
esta que agora se ofrece.

ALBANIO.
¡Ay Daliso, bien parece
1015
que hablas con libertad!
Redondilla
¡Qué bien habla de la guerra
quien trae ceñida la espada
limpia de sangre y dorada
en los muros de su tierra!
Redondilla
1020
¡Qué bien habla de la mar
quien desde el puerto la mira!
¡Qué poco el griego se admira
cuando ve a Troya abrasar!
Redondilla
¡Qué bien sabe dar consejos
1025
el que a nadie tiene envidia!
¡Y qué bien al toro lidia
el que le ve desde lejos!
Redondilla
¡Qué bien duerme con sosiego
quien nunca tuvo dolor!
1030
¡Y qué bien habla de amor
quien nunca ha visto su fuego!
Redondilla
¡Seso pides y paciencia
para mal tan inhumano!
Bien sabes, Daliso hermano,
1035
las condiciones de ausencia.
Redondilla
Tan poca paciencia y seso
pienso en este mal tener,
que ya me puedes temer
algún temerario exceso.
Redondilla
1040
Ve, Frondoso, y si por dicha
a mi Ismenia puedo hablar,
di que le quiero contar
la ocasión de mi desdicha.
Redondilla
Iba a decirte que quiero
1045
despedirme de ella.

FRONDOSO.
Iré
como mandas, aunque sé
cuán triste respuesta espero.
Redondilla
Podrá ser que haya bajado
con sus ánades al río.

ALBANIO.
1050
¡Ay! detente, que el sol mío
ya viene alumbrando el prado.
Redondilla
La hierba que reverdece
me ha dicho que viene aquí,
que para avisarme a mí
1055
todo se alegra y florece.
(Sale ISMENIA.)
Redondilla
Retiraos a aquel lentisco.
¡Ay, Ismenia! Que tus ojos,
siendo paz de mis enojos,
hoy serán mi basilisco.
Redondilla
1060
Hoy, mi bien, serás mi mal,
mi cielo y mi duro infierno,
mi alegría y llanto eterno,
mi vida y mi muerte igual.
Redondilla
Tú, que mi descanso fuiste,
1065
hoy serás mi perdición,
y aunque eres tú la ocasión,
no eres tú quien me la diste.
Redondilla
No sé si sabes mi pena;
no sé si sabes mi daño,
1070
la envidia y el falso engaño
que a la muerte me condena.
Redondilla
Mas ya él mismo se descubre,
ya creo que le sabrás,
porque el alma donde estás
1075
ninguna cosa te encubre,
Redondilla
que de tantas penas mías
la causa juraré yo
que apenas me sucedió
cuando tú ya lo sabías.
(Un lienzo en los ojos.)
Redondilla
1080
¿Adónde el rostro me escondes?
Cuando espero en tanta mengua
el consuelo de tu lengua
¿con lágrimas me respondes?
Redondilla
Enjuga en tu rostro luego
1085
las perlas que resplandecen,
que aunque de agua te parecen
son en mi alma de fuego.
Redondilla
Y aunque en mi daño te asombres,
me importa más tu consuelo;
1090
que si llora fuego el cielo
abrasáranse los hombres.
Redondilla
Habla, mi bien. ¿Qué es aquesto?
¿No merezco oír tu voz?

ISMENIA.
¡Ay, tiempo libre y veloz,
1095
tarde al bien y al daño presto!
Redondilla
¡Para tan breve contento
fabricabas tanta historia,
y para tan breve gloria
tantos años de tormento!
Redondilla
1100
¿Es posible ¡Albanio mío!
(Mas ¡qué falso nombre os doy!
pues se viene a acabar hoy
el poderos llamar mío.)
Redondilla
que han tenido tanta fuerza
1105
mis crueles enemigos
y vuestros falsos amigos
a la envidias que los fuerza,
Redondilla
que os han de apartar de mí
adonde no os pueda ver?

ALBANIO.
1110
Envidia debe de ser,
que nunca a nadie ofendí.
Redondilla
¡Ay! no volváis a llorar,
porque tanto sentimiento
crece del alma el tormento
1115
y del agravio el pesar.
Redondilla
Y ya que como el aurora
del aljófar la hierba honréis
y con nubes ecliséis
el sol que la tierra dora,
Redondilla
1120
ya que esas lágrimas hayan
de verterse a mi pesar,
haré yo mi alma el mar
adonde paren y vayan.
Redondilla
Y de las vuestras y mías,
1125
ahogado entre mis daños,
al principio de mis años
veréis el fin de mis días.
Redondilla
El Conde me ha desterrado
porque dicen que ha sabido
1130
lo poco que os he servido
y lo mucho que os he amado.
Redondilla
Hanme hecho matador,
sin que sepa de qué modo;
y lo más cierto de todo
1135
es que me ha muerto el amor.
Redondilla
Porque mato me destierra
siendo yo el muerto; mirad
si se engaña la verdad
y si la justicia yerra.
Redondilla
1140
Quise hablar al Conde, y vi
que era mostrar sentimiento
acreditar el tormento
del mucho bien que perdí.
Redondilla
De suerte que estoy dispuesto
1145
a la muerte y a la ausencia,
que como tenga paciencia,
la vuelta me afirman presto.
Redondilla
Y creo yo que será
luego que cese el rigor
1150
de esta opinión que tu amor
entre la gente me da,
Redondilla
que dicen que estoy tan ciego,
que si el Conde te sirviese,
le aseguran que pusiese
1155
a toda su casa fuego.
Redondilla
Y no se engaña el jüez,
porque el fuego que me abrasa,
el mundo, que no es su casa,
puede abrasar de una vez.

ISMENIA.
Quintilla
1160
Albanio, donde la fuerza
el mayor derecho pierde,
la verdad se humille y tuerza,
porque cuando el sol se esfuerza
se seca el campo más verde.
Quintilla
1165
Al Conde no hay resistencia,
y aunque el mal es sin paciencia,
es menester esforzalla
y apercibirse a batalla
contra las armas de ausencia.
Quintilla
1170
Lleva, mi bien, por escudo
la mucha fe que me debes,
que, como otra tanta lleves,
que le embotarás no dudo
cuantos aceros le pruebes.
Quintilla
1175
Lleva el peto de mi amor,
que es diamante de valor,
y de esperanza la gola,
que el alma por ella sola
respira de su dolor.
Quintilla
1180
Mas ¿cómo yo te aconsejo?
¿Es posible que he creído
que te vas y que te dejo?
Si tu ausencia he consentido,
¿por qué del Conde me quejo?
Quintilla
1185
Pero ¿qué sirve engañarme?
Que siendo para matarme
era tu ausencia muy cierta.

ALBANIO.
¡Ay de mí si fuese muerta
quien he de resucitarme!
Quintilla
1190
Yo te juro que yo sea
tan leal, firme y constante,
que en esta ausencia se vea
en su punto de un amante
la fe que el amor desea.
Quintilla
1195
La noche, la oscuridad,
serán mi sol y mi día;
el enojo, mi alegría,
y la misma soledad
mi regalo y compañía.
Quintilla
1200
Será el abril a mis ojos
un campo lleno de abrojos;
el cristal del agua, un fuego;
la cama, desasosiego,
y los amigos, enojos.
Quintilla
1205
Yo viviré, si no muerto,
tal que te espantes y digas:
“¡Albanio fue verdadero!”

ISMENIA.
Si mucho, Albanio, me obligas,
es mucho lo que te quiero,
Quintilla
1210
porque jurarte podría
que en tu ausencia ningún día
salda de mi choza al campo;
ni en esta arena que estampo
se vuelva a ver planta mía.
Quintilla
1215
Huiré la conversación
de cualquiera que me adore
o no me tenga afición,
y jamás oiré canción
que no me obligue a que llore.
Quintilla
1220
Esos ánades que guardo,
que cisnes llamar solías,
no beberán aguas frías
en los años que te aguardo,
aunque tú los llamas días.
Quintilla
1225
No mojará la ribera
del Tajo mis tristes pies,
ni el baile de mes a mes
sentada a verle siquiera
mientras que tú no le ves.
Quintilla
1230
Seré esta peña en firmeza,
y aqueste roble en dureza
para Vireno y Ascanio,
que es rey de mi pecho Albanio
y adoro su gentileza.

ALBANIO.
Quintilla
1235
Yo creo cuanto me afirmas
de ese valor soberano,
y en señal que lo confirmas,
dame, señora, esa mano,
que, apretadas, hacen firmas;
Quintilla
1240
y también alguna prenda
que del dolor me defienda
que tu ausencia me ha de dar.

ISMENIA.
Tras el alma no hay que dar;
esta Ismenia te encomienda.
Quintilla
1245
Ve aqui, Albanio, mi mano.

ALBANIO.
Salió el sol entre las nubes
de mi pensamiento vano.
¡Oh mano que al cielo subes
de tu cielo un hombre humano!
Quintilla
1250
Aquí se acaben mil vidas
primero que me dividas
ausencia, de tanto bien.

ISMENIA.
Haz que las almas estén
como las manos, asidas.

ALBANIO.
Quintilla
1255
De la mía lo aseguro.

ISMENIA.
Pues yo también de la mía.

ALBANIO.
Yo lo afirmo.

ISMENIA.
Yo lo juro.

ALBANIO.
Amor a entrambos nos fía.

ISMENIA.
Yo soy hiedra.

ALBANIO.
Yo soy muro.

ISMENIA.
1260
¿Dónde vas?

ALBANIO.
Quintilla
Aquí me quedo.

ISMENIA.
Pues ¿no te vas?

ALBANIO.
¿Cómo puedo?

ISMENIA.
Luego ¿aquí te quedas?

ALBANIO.
Sí.

ISMENIA.
¿Y si te vas?

ALBANIO.
¡Voy sin mí!

ISMENIA.
Pues ¡llévame!

ALBANIO.
¡Tengo miedo!

ISMENIA.
1265
¿Qué temes?

ALBANIO.
Quintilla
¡Tu daño temo!

ISMENIA.
¿Olvidarasme?

ALBANIO.
¡Jamás!

ISMENIA.
¡Ya me abraso!

ALBANIO.
¡Ya me quemo!

ISMENIA.
Pues contigo y sin ti vas,
dime dónde...

ALBANIO.
Voy de Extremo,
Quintilla
1270
que pues lo soy de querer,
en todo le he de tener.

FRONDOSO.
¡Gente viene!

DALISO.
Avisa a Albanio.

FRONDOSO.
¡Ce! Albanio, aquí viene Ascanio.

ISMENIA.
¡Ay, triste! ¡Qué hemos de hacer!

ALBANIO.
Quintilla
1275
Entra, por que no te vea,
entre esos sauces, mi gloria.

ISMENIA.
Como quiere el tiempo, sea.
Adiós.

ALBANIO.
Ten de mí memoria.

ISMENIA.
Vuelve esta tarde aldea-

(Vase ISMENIA, y salen VIRENO y ASCANIO.)

ASCANIO.
Quintilla
1280
En tu busca hemos venido,
y en nombre de todo el valle,
que ya llora haber perdido
un pastor tan bien nacido,
de tus prendas, gracia y talle.
Quintilla
1285
Por todos te doy aquí
el pésame, si es ansí
que tan apriesa te vas.

VIRENO.
Y como a quien pesa más,
y, mi Albanio, de por sí.

ALBANIO.
1290
¡Que pesa mucho!

VIRENO.
Quintilla
En extremo,
y que lo mereces sabes.

ALBANIO.
(Declararme agora temo.)

VIRENO.
Pues entre pastores graves
eres, Albanio supremo.
Quintilla
1295
Bramarán por ti las fieras,
estas huérfanas riberas
y aquestos desiertos valles,
que las piedras de las calles
te nombran.

ALBANIO.
¿A fe?

VIRENO.
¡De veras!

ALBANIO.
Quintilla
1300
¡Gran cosa será de ver!
Ahora bien, yo he menester
partirme; quedad con Dios.

VIRENO.
¿Tan seco estás con los dos
a quien debieras querer,
Quintilla
1305
los que tu ausencia lloramos?
De tan fiera ingratitud
galardonados quedamos.

ALBANIO.
¡Ansí os dé Dios la salud!
Ahora bien, Daliso, vamos.
Quintilla
1310
Dame tú, Frondoso amigo,
aquel mi gabán leonado,
de mis venturas testigo.

VIRENO.
Por Dios, que nos has tratado
con aceros de enemigo.

ALBANIO.
Quintilla
1315
Antes de mi fe soy franco.

FRONDOSO.
¿Llevarás pellico?

ALBANIO.
¿Pues?
Si yo parto, el alma arranco.

FRONDOSO.
¿Cuál?

ALBANIO.
Cualquiera que me des
que tenga amarillo y blanco;
Quintilla
1320
y pon a mi yegua el freno
mientras que me visto. Adiós,
¡adiós, Ascanio y Vireno;
adiós, que entrambos a dos
habéis sido mi veneno!
Quintilla
1325
¡Adiós, Tajo! ¡Adiós, ribera!
¡Adiós, peñascos y plantas,
que mejor tiempo os espera
si vuelvo a poner las plantas
donde os vi la vez primera!
Quintilla
1330
¡Oh envidia, todo lo alcanzas!;
mas si vuelvo a ver mudanzas
en mi destierro y congojas,
yo os veré vestidos de hojas
y vos a mí de esperanzas.

(Vanse y quedan VIRENO y ASCANIO.)

VIRENO.
Quintilla
1335
Mas que nunca ¡plegue al cielo!
te vuelva a ver esta selva,
ni este bosque a ver te vuelva.

ASCANIO.
¡Mal áspid salga del suelo
y en los pies se te revuelva!

VIRENO.
Quintilla
1340
¡Oh basilisco del valle!,
que ni ventana ni calle
se libró de tus enojos,
que tantas envidias y ojos
iban siguiendo tu talle.
Quintilla
1345
¡Ya no habrá quien me dé celos!

ASCANIO.
Luego ¿ya quedas seguro,
Vireno, de mis recelos?

VIRENO.
Yo sé que el bien que procuro
hoy me le han dado los cielos,
Quintilla
1350
que aunque tu buena presencia
pudiera hacer competencia
con todo el valle, yo sé
que estima Ismenia mi fe
y que me alaba en ausencia.

ASCANIO.
Quintilla
1355
Tan vana es tu confianza
como fue tu pensamiento,
que si algún merecimiento
al mucho de Ismenia alcanza,
se ha de hallar mi tormento.
Quintilla
1360
¿Cuándo en el valle ha vivido
pastor más favorecido,
ni cuándo ha habido pastor
que, como tú, su rigor
haya llorado y sentido?
Quintilla
1365
Si alguien piensa que te ama
es porque tú por la aldea
andas echando esa fama;
que yo sé que te desama
y que tu muerte desea.
Quintilla
1370
Sino que a ti te parece
que el decir que favorece
tus fingidas confianzas
ataja mis esperanzas
y mi intento desvanece.
Quintilla
1375
Pues no, Vireno, que es mía,
y, a pesar de aquesos fieros,
he de seguir mi porfía,
de noche, con mis aceros
y con mis galas de día.
Quintilla
1380
Mi bayo de cabos negros
ha de salir por la villa
con el freno bajo y silla,
por quien ya más de dos suegros
suelen andar de rencilla,
Quintilla
1385
y aun hoy pasear me agrada
y darte envidia pesada
y celos que disimules
con mis polainas azules
y mi espuela plateada.

VIRENO.
Quintilla
1390
Eres un galán jinete,
porque a pie para galán
poco tu brío promete.
Hoy a gran peligro están
más de dos y aun más de siete.
Quintilla
1395
Arderanse mil zagalas
entre tu jineta y galas,
pues que si sales bridón
tirará desde el airón
Cupido flechas y balas.
Quintilla
1400
¡Ah, confiado Narciso!
Yo sé que tú eres infierno
donde yo soy paraíso,
pues pisas hielos de invierno
adonde yo flores piso.
Quintilla
1405
¿Piensas que me maravillo
cuando más se desvanece
tu fe con mi amor sencillo?
Pues busca algún buen novillo
que apostar que te aborrece,
Quintilla
1410
que yo [ofrezco/pongo] otro que ayer
sufrió con dos mil corcovos
el hierro a más no poder,
con un mastín que ha de ser
persecución de los lobos,
Quintilla
1415
que si ella no te dijere
que te aborrece y se muere
por Vireno, desde aquí
será tuyo.

ASCANIO.
Quede ansí.
Dóisele si ella le quiere,
Quintilla
1420
que yo sé que le he ganado.

VIRENO.
¡Oh cómo está confiado!

(Sale ISMENIA.)

ISMENIA.
Tanto se tardan en ir,
que por fuerza he de salir
por no pasar por el vado.
Quintilla
1425
¡Dios sabe lo que me pesa!

ASCANIO.
¡Ay, Vireno! ¿Ves aquí
la causa de nuestra empresa?

VIRENO.
No es pastora, ¡juro a mí!,
sino señora o marquesa.-
Quintilla
1430
A tiempo, Ismenia gallarda,
has venido; espera, aguarda,
que en paz nos has de poner.

ISMENIA.
Agora tengo que hacer.
Desvíate, Ascanio, guarda.

ASCANIO.
Quintilla
1435
Cuando escuchado nos hayas
consentiré que te vayas.

ISMENIA.
Pues ¿qué me queréis decir?
¿No veis mis ánades ir
por entre esas verdes hayas?

VIRENO.
Quintilla
1440
Deja ya, Ismenia, el ganado;
ten cuenta con el perdido,
que mi novillo el manchado,
para servirte ofrecido,
he con Ascanio apostado,
Quintilla
1445
y aquí nos has de juzgar,
aunque yo me juzgo indigno
de que me puedas amar,
si soy de tu amor más digno
o si él me puede ganar.
Quintilla
1450
¡No te muestres desdeñosa
por una tan fácil cosa!
¡Hazlo, por tu vida!

ISMENIA.
Espera.
¿Quieres que alguno prefiera?

ASCANIO.
Eso mismo, Ismenia hermosa.

ISMENIA.
Quintilla
1455
Un poco de prisa llevo,
pero, al fin, por lo que os debo,
quiero detenerme un poco.

VIRENO.
¡Si el favor me vuelve loco!
A darte el premio me atrevo.
Quintilla
1460
¡Bien sé yo que el precio es tosco!
Pero serviraste de él,
que es la voluntad fiel
y el toro castizo y hosco,
manchado como un lebrel.

ASCANIO.
Quintilla
1465
Si yo venzo, Ismenia mía,
indigno el precio sería
de darte por triunfo y palma,
y ansí espero que mi alma
goces en el premio este día.
Quintilla
1470
Di a cuál de los dos te inclinas,
que si esas manos hermosas
darme, Ismenia, determinas,
yo haré en el mundo famosas
tus perfecciones divinas.

VIRENO.
Quintilla
1475
O escribiraslas en verso,
y ansí por el universo
irá la fama con ellas.
Mejor yo con perlas bellas,
plata pura y oro terso.
Quintilla
1480
Ea, Ismenia, ¿qué imaginas?

ISMENIA.
Miro vuestras voluntades
tan raras y peregrinas
y hallo mil dificultades.

VIRENO.
Algún peligro adivinas;
Quintilla
1485
mas, mira: concierto ha sido
que tanto el aborrecido
como el quiero te quiera.

ISMENIA.
Yo, amigos, bien escogiera
el que ha de ser preferido,
Quintilla
1490
pero igualaros deseo,
y ansí digo que el trofeo
de aquesta apuesta se dé...

ASCANIO.
¡Cielos! Yo soy.

VIRENO.
¡Yo seré!

ISMENIA.
Oíd.

ASCANIO.
¡Lo que temo creo!

ISMENIA.
Romance (tirada)
1495
Encima de esta montaña,
cuyo pie riscoso ciñe
el que en las sierras de Cuenca
tiene nacimientos humilde,
salutíferos romeros
1500
y verdes retamas visten;
entre solitarios tejos,
una cueva inaccesible
adonde nuestros pasados
dicen que vive una esfinge
1505
como la antigua que en Tebas
propuso enigmas sutiles.
Tiene el rostro de doncella
y el cuerpo de fiera tigre,
aunque afirman que cubierto
1510
de plumas de águila y cisne.
Esta guarda el agua pura
que un alta peña despide
que ningún hombre la coja,
ave beba, animal pise,
1515
que en lavándose con ella
cualquiera pastora, dicen
que su rostro vencería
a alabastros y marfiles.
Al que quiera entrar por ella
1520
sola una cosa le pide,
y es que una enigma declare,
ni muy clara ni difícil;
si la acierta, coge el agua;
si la yerra, muere el triste
1525
entre sus manos sangrientas,
por más que el cielo lastime.
Aquí dicen que subió
una vez gallardo Tirsi
y halló durmiendo en la cueva
1530
los ojos de fiera lince;
trujo el agua a su pastora,
que amaba entonces a Lisis,
cuyo rostro vence agora
la nieve que el sol derrite.
1535
Pero no hay fiarse en esto,
que a veces el sueño finge,
y ansí es bien que se prevenga
quien tan alta empresa admite.
Agora el que de vosotros
1540
con esta hazaña me obligue,
quiero que mío se nombre
y estos brazos lo confirmen,
que, fuera de que es muy justo
que su fama inmortalice,
1545
será mi esposo y la prenda
que más en mi alma estime.

ASCANIO.
Octava real
Aunque esta empresa, bella Ismenia, tiene
más que de varonil de temeraria
y parece que un hombre a morir viene,
1550
con alma a tu servicio voluntaria
emprendella animoso me conviene,
que del amor la muerte es vil contraria
que, venciendo, el gozarte es dulce suerte,
y muriendo por ti, vida es la muerte.
Octava real
1555
Yo voy a verme con aquese monstro
que con tan alto ingenio enigmas fragua,
y tú verás si no le rindo y postro
y, a pesar de sus manos, traigo el agua;
que no será belleza de tu rostro,
1560
pero mitigará la ardiente fragua
que me consume el pecho. Adiós, que subo
con más valor que en Gracia Alcides tuvo.

(Vase VIRENO.)

VIRENO.
Octava real
Si este competidor, si este cobarde,
parece que me da valor y ejemplo,
1565
crea este fuego que me abrasa y arde
que en estas aguas de esta vez le tempo,
y aunque presuma amor que voy más tarde,
yo llegaré más presto al palio y templo,
trairete el agua y mataré la esfinge
1570
que es tigre y es mujer y enigmas finge.

(Vase VIRENO.)

ISMENIA.
Octava real
Si como llevan ánimo les dura
y quiere amor que a lo difícil vayan
y al mostralles el miedo su figura
no vuelven las espaldas y desmayan,
1575
su destruición y muerte va segura,
por donde sus remedios atalayan:
y estame bien la muerte de esta gente
para llorar mejor mi Albanio ausente.

(Sale MARANDRO, viejo, padre de ISMENIA.)

MARANDRO.
Terceto
Ventura ha sido hallarte, Ismenia, hija,
1580
en aquesta ocasión.

ISMENIA.
¡Oh padre amado,
de qué nueva ocasión se regocija!

MARANDRO.
Terceto
Ismenia, en este punto me ha nombrado,
entre los mayorales de esta aldea,
para un oficio sumamente honrado
Terceto
1585
el Conde que gobierna y señorea
estas riberas que corona el Tajo.

ISMENIA.
El parabién te doy; para bien sea.

MARANDRO.
Terceto
Será para mi bien, aunque es trabajo
vivir agora de mi tierra ausente;
1590
pero mi hacienda y crédito aventajo.
Terceto
Adonde el Betis con ceñida frente
de blanca oliva a la vecina playa
del mar de España junta su corriente,
Terceto
me manda, Ismenia, que a cobralle vaya,
1595
de ciertas rentas suyas, grande hacienda,
sin que otro dueño en las cobranzas hayas.
Terceto
La brevedad tras esto me encomienda,
y así será muy justo esta tarde,
ya cuando el sol no pueda ni te ofenda,
Terceto
1600
de lo que has de llevar haciendo alarde,
partas, Ismenia, aunque una legua sea
y no repliques, ansí Dios te guarde.

ISMENIA.
Terceto
¡No sé, señor, si lo que dices crea!
¿Tan lejos ausentarme determinas?

MARANDRO.
1605
Sí, hija; que eres moza y no eres fea,
Terceto
y de todas las villas convecinas
hacen nido en mi casa mil pastores,
como en techo de iglesia golondrinas,
que todos, por tu amor competidores,
Terceto
1610
decienden a bandadas el verano
al grano de tus gustos y favores.
Yo he menester guardar con llave el grano;
Terceto
que aquestas aves de dorado pico
suelen echarle sueño al hortolano.

ISMENIA.
1615
Ya sabes que a tu gusto no replico,
Terceto
y que le sigo en cuanto puedo sabes.

MARANDRO.
Dete marido el cielo, hermoso y rico,
que con esa humildad tendrás las llaves
Terceto
de mis secretos y mi hacienda. Vamos,
1620
vamos, hija querida, ojos suaves,
y haz cuenta que en llegando que llegamos
Terceto
te pones un vestido de palmilla,
con mejor guarnición que al otro echamos.

ISMENIA.
Ya voy, señor; ¡oh extraña maravilla
Terceto
1625
de las que el tiempo fugetivo hace!
¡Adiós, famoso Tajo y verde orilla,
que ya con más razón me satisface
Terceto
aquesta ausencia, pues Albanio os deja,
de quien mi soledad comienza y nace.
1630
Yo me alejo de vos, pues él se aleja,
Terceto
que ausente quiero de mi bien quejarme,
pues él ausente de su bien se queja,
que cuando vuelva volveré alegrarme.

(Vanse y salen VIRENO y ASCANIO.)

VIRENO.
Redondilla
Ve despacio y pisa quedo,
1635
Ascanio, que entre estos ramos
parece que ya pisamos
la muerte en sombra de miedo,
Redondilla
que por dicha dormirá
aquesta esfinge cruel.

ASCANIO.
1640
Hablé a Tirse y supe de él
adónde la cueva está,
Redondilla
y entre estos pálidos bojes
me dice que tiene el puesto.

VIRENO.
Mejor irás, y más presto,
1645
si entre ellos el cuerpo encoges,
Redondilla
que te agarran el pellico
y al soltar suenan las hojas.

ASCANIO.
Ya con la esfinge te antojas.

VIRENO.
¡Dios nos libre de su pico!
Redondilla
1650
¡Ay, ay!

ASCANIO.
¿Qué es eso?

VIRENO.
¡Ay!

ASCANIO.
¿Qué fue?
¿Qué dices?

VIRENO.
¡Cata la cruz!

ASCANIO.
¿No ves que es una avestruz?

VIRENO.
¡Que era la esfinge pensé!
Redondilla
¡Dios nos saque con bien de esto!

ASCANIO.
1655
¡Calla, que aquesta es la cueva!

VIRENO.
Con el viento que se mueva
habemos echado el resto.
Redondilla
¡No veo sino visiones!
¡Todo es fantasmas y sombras!

ASCANIO.
1660
Si la esfinge...

VIRENO.
¡Si la nombras,
muerto soy!

ASCANIO.
¿Dónde te pones?

VIRENO.
¡Aquí detrás!

ASCANIO.
Redondilla
¿No la ves?

VIRENO.
¡Ay de mí!

ASCANIO.
¿Vesla dó sale?

VIRENO.
¡Si agora el huír me vale
1665
la vida debo a mis pies!

(Huye VIRENO y sale la ESFINGE con rostro de mujer y cuerpo de león en pie.)

ESFINGE.
Lira
¿Quién eres tú, atrevido,
que has osado pisar estos umbrales?
¿No miras, divertido,
mil cadáveres de hombres y animales
1670
que en la hierba blanquean,
el campo cubren y este monte afean?
Lira
¿Supiste, por ventura,
que era mía esta cueva, o por engaño
diste en su boca escura?

ASCANIO.
1675
Yo soy de aquesta tierra tan extraño
que vengo sin indicio
de tu nombre, tus señas y tu oficio.
Lira
Amor me inspira y llama
a conquistar la temerosa empresa
1680
de tanto nombre y fama.
Amor de una pastora que profesa
hacer tu oficio mismo
condenando mil almas al abismo.
Lira
Por esa agua me envía
1685
que agudas en tu enigma y con tus manos,
y aunque la muerte mía
puede ser fin de mis intentos vanos,
proponla, a ver si acierto,
que cuando yerre, matarás a un muerto.

ESFINGE.
Lira
1690
Escúchame y responde:
¿Cuál es aquel hermoso y viejo padre
de todo cuando esconde,
desde que se formó la antigua madre,
que tiene seis amigos,
1695
de su grandeza y majestad testigos;
Lira
hace un largo camino
adonde doce huéspedes le acogen,
ya fiero, ya benino,
para que ellos se ablanden o se enojen,
1700
y estos, que le sustentan,
otros doce criados le alimentan?
Lira
En cinco partes rige,
y más de dos mil veces muere y nace,
despierta, cansa, aflige,
1705
deleita, ofende, ciega y faltas hace,
y no hay quien le parezca
aunque hay quien le dé enojo y enflaquezca.

ASCANIO.
¿Has dicho?

ESFINGE.
Lira
Esta es la enima.

ASCANIO.
Pues imagina que es cosa tan clara
1710
que ya mi fe se estima
y en mi favor el premio se declara.
¡Oh cielo! ¡Ismenia mía!
Y tu enigma es el sol que alumbra el día.

ESFINGE.
Lira
¡El sol! Pues ¿de qué suerte?

ASCANIO.
1715
Porque el sol es de todo el mundo padre,
pues él y el hombre advierte
todo lo engendran y la antigua madre,
la tierra, y los amigos,
los seis planetas de su luz testigos.
Lira
1720
El camino es el año
que tarda en dar la vuelta por los cielos...

ESFINGE.
¡Engáñaste!

ASCANIO.
¿Me engaño?
Por su eclítica línea y paralelos.

ESFINGE.
¿Y los huéspedes doce?

ASCANIO.
1725
Los planetas, que un niño los conoce.

ESFINGE.
Lira
¿Y los doce criados?

ASCANIO.
Los doce meses en que el año partes,
o graves o templados,
y las zonas, que son las cinco partes,
1730
las frías y encogidas
del ártico y antártico regidas;
Lira
las otras dos templadas
al trópico de Cancro, y la más hórrida
de las cuatro nombradas
1735
que por su fuego ardiente llaman tórrida;
la rige y guarda en torno
la línea equinoccial y el Capricorno.
Lira
El sol nace al oriente,
muere al ocaso y cansa en el verano
1740
con el calor ardiente.
Es en invierno saludable y sano;
ninguno le parece,
y un eclipse le ofende y escurece.

ESFINGE.
Lira
¡Vencísteme! ¡Venciste!
1745
¡Oh ingenioso pastor! Entra y alcanza
el bien que mereciste
y duélase el amor de tu esperanza,
que en siendo yo vencida
corta la parca el hilo de mi vida.

(Vase.)

ASCANIO.
Lira
1750
¡En su cueva se mete!
¡Oh qué suspiro dio! ¡Sin duda es muerta!
¡Gran premio me promete
amor, y a recibirme está a la puerta!
¡El agua pura sale,
1755
que no hay puro cristal que se le iguale!
Lira
¡Quiero cogerla, y sea
templanza de mi fuego, y aun el monstro,
si es muerto, irá al aldea
por que vean sus obras y su rostro,
1760
igual al que me vende,
que, siendo de ángel, como infierno enciende!

(Vase y salen ALBANIO y FRONDOSO.)

ALBANIO.
Quintilla
¿Que eso me cuentas, Frondoso?
¿Que Ismenia al Betis se fue?

FRONDOSO.
. Apenas lo imaginé
1765
cuando el Tajo caudaloso
y sus montañas dejé,
Quintilla
y, no dando al tiempo tregua,
puse los pies a la yegua,
que corrí por tanto extremo,
1770
lo que hay del Tajo al Extremo,
como si fuera una legua.
Quintilla
Ella, señor, se partió
porque su padre, celoso
de dejarla, presumió
1775
hallarla con nuevo esposo.

ALBANIO.
No dudes fuéralo yo.
Quintilla
¡Oh qué gran ventura fuera
si solo al Betis partiera
y yo al Tajo de secreto,
1780
donde amor su dulce efeto
a mis esperanzas diera.
Quintilla
Y no le tendrán muy malo
si sus jornadas igualo
y, por fin de mis enojos,
1785
me vuelvo a ver en los ojos
donde me abraso y regalo.

FRONDOSO.
Quintilla
Luego, ¿allá quieres seguilla?

ALBANIO.
Pues ¿quién me lo estorba? ¡Necio!

FRONDOSO.
Pues...

ALBANIO.
No hay pues: camina, ensilla.

FRONDOSO.
1790
No tienen tus priesas precio.

ALBANIO.
¡Oh Betis! ¡Oh santa orilla!

FRONDOSO.
Quintilla
Aqueso sí, canoniza
agora el arena y agua
y a idolatrar te desliza.

ALBANIO.
1795
Este es hisopo de fragua
que, por apagar, atiza.
Quintilla
¡Demonio! Dame en que ir
a ver aquel ángel bello.

FRONDOSO.
. ¿Luego, te quieres partir?

ALBANIO.
1800
Luego, que estoy de un cabello,
¿quieres dejarme morir?

FRONDOSO.
Quintilla
. Pues, alto; vente conmigo,
que a estar a punto me obligo
antes que nos cubra Tetis.

ALBANIO.
1805
¡Oh santas aguas del Betis!
¡yo os adoro y yo os bendigo!

(Vanse y salen PINARDO y GALATEO, pastores del Betis.)

PINARDO.
Octava real
Vino a aquesta ribera, Galateo,
la hermosa Ismenia puede haber diez días,
de cuya vista es hijo mi deseo,
1810
y comenzaron las desdichas mías.
Es mi alma la mesa de Fineo,
que la persiguen áspides y arpías,
que así mis pensamientos se sustentan
y con rostros hermosos me atormentan.
Octava real
1815
Su viejo padre, que Marandro llaman,
es por extremo de mi bien celoso,
que ha visto los suspiros que derraman
mi alma y pecho por el suyo hermoso,
que como nunca pueden los que aman
1820
tener cubierto el fuego riguroso,
no solamente gente de su casa
sabe ya el fuego que mi alma abrasa.

GALATEO.
Octava real
Ese tu fuego, público o secreto,
Pinardo amigo, es tal, que no consiente
1825
ser visto de hombre noble ni discreto
que no se rinda a su rigor ardiente.
Es Ismenia un altísimo sujeto
que obliga siempre a amar por accidente,
y cuando de esta suerte no moviera,
1830
la mejor elección del mundo fuera.
Octava real
No te condeno el alto pensamiento
que has tenido en amarla, antes le alabo,
y en el discurso de tu nuevo intento
te serviré, Pinardo, como esclavo,
1835
que aquel rostro y divino entendimiento,
cuyos misterios de entender no acabo,
vencen las piedras y este monte admiran,
cuanto más a los hombres que la miran.

PINARDO.
Octava real
¡Oh Galateo! ¡Cómo muestras claro
1840
tu buen entendimiento y tu buen gusto
en conocer aquel ingenio raro,
altísima ocasión de mi disgusto,
que de su rostro peregrino y raro,
no solo nuestros ojos, como es justo,
1845
pero los rudos, simples animales
reconocen las partes celestiales!
Octava real
Yo he de seguir aqueste pensamiento
si me cuesta la vida.

GALATEO.
Y ¿en qué punto
está tu pretensión?

PINARDO.
Está mi intento
1850
es obligarla.

GALATEO.
Aqueso te pregunto.
No pienses, convertido en tu tormento
y de abrasado amor fénix difunto,
vencer la condición de las mujeres;
ni con solo llorar remedio esperes.

(Vase ISMENIA.)

PINARDO.
Octava real
1855
¡Oye, escucha, detente, Galateo!
que esta es Ismenia o en la misma idea
me la muestra en imagen el deseo.

GALATEO.
No tienes que dudar de que ella sea.

PINARDO.
¡Gracias, amor!- Ismenia, ¡que te veo!
1860
Si no te pesa a ti de que te vea
en esta soledad, donde mis ojos
te muestren de mi alma los enojos.

ISMENIA.
Octava real
¡Qué buen encuentro para quien venia
a buscar y llorar su Albanio ausente!

PINARDO.
1865
Siéntate un poco en esta fuente fría.

ISMENIA.
No me mande, Pinardo, que me siente.

PINARDO.
Pues ¿cómo tan de paso, Ismenia mía?
¿Quieres oír mi mal?

ISMENIA.
Paso, detente.

PINARDO.
¡Ay! bellos ojos, para todos claros
1870
y a mí tan solo de su cielo avaros.
¿Quieres oírme?

ISMENIA.
Octava real
¿Quieres tú dejarme?

PINARDO.
Pues ¿qué te cuesta oír?

ISMENIA.
Cuesta ofenderme.

PINARDO.
¿Qué te ofende de mí?

ISMENIA.
Solo el cansarme.

PINARDO.
¿Tanto te canso?

ISMENIA.
Estoy para perderme.

PINARDO.
1875
¡Aguarda!

ISMENIA.
¿Tienes más de qué informarme?

PINARDO.
¡Mucho te quiero!

ISMENIA.
Cánsaste en quererme.

PINARDO.
Pues ¿quieres que te olvide?

ISMENIA.
Ya quisieras.

PINARDO.
¡Ay, muero!

ISMENIA.
¿Qué me importa que te mueras?

PINARDO.
Octava real
¿Piensas que soy algún pastor grosero?
1880
Pues sabe que esta tierra que corona
el Betis olivífero, primero
me reconoce a mí que a otra persona,
y hasta la imagen que humedece el Duero
desde los bellos campos de Archidona,
1885
soy más famoso por el nombre y talle
que el más rico pastor de aqueste calle.
Octava real
Yo no soy tan galán como se dice
de aquel tu Albanio que te amó en el Tajo,
ni para que mi cuerpo se autorice
1890
levanto el pelo y el gregüesco bajo.
No muevo con mi música a Euridice
ni en la jineta a todos me aventajo;
pero en lo que es la espada, a Marte hiciera
bajar a voces de su quinta esfera.
Octava real
1895
Manda, Ismenia gentil, estas riberas,
del árbol de Minerva coronadas,
el rubio trigo de mis blancas eras
y estas huertas de frutas sazonadas;
la pálida manzana y verdes peras
1900
y las endrinas de color moradas,
con mucha higuera, que a su tiempo lleva
el tardo higo y la temprana breva.
Octava real
Apenás nacerá el cabrito tierno,
el suelto gamo y la medrosa liebre,
1905
cuando en todo el distrito que gobierno
los fieros ojos de la envidia quiebre,
que no habrá en el verano ni en invierno,
de cuanto por el Betis se celebre,
cosa que no te sirva y tuya sea
1910
antes que el rey la goce ni la vea.

ISMENIA.
Octava real
No dirás esta vez que no te escucho.

PINARDO.
Ya sé que me has oído y escuchado,
y para tu desdén lo tengo a mucho.
Y ¿qué responde? ¡Di!

ISMENIA.
Que me has cansado.

PINARDO.
1915
¡Con qué tigre, león, a brazos lucho!
¡Con qué sierpe cruel! ¿Qué monte helado
es este que mi fuego arder pretende
y qué nieve es aquesta que me enciende?
Octava real
¿Qué Citia helada, qué abrasada Armenia
1920
tal víbora crió?

GALATEO.
Vuelve, Pinardo,
que acá te rogarán Silvia y Cardenia.

ISMENIA.
¿Y deténgole yo, pastor gallardo?

PINARDO.
¡Ah! ¡Cómo pocas veces, bella Ismenia,
miente la fama!

ISMENIA.
Lo demás aguardo.

PINARDO.
1925
¿Piensas que no se sabe, tigre hircanio,
que quieres como al alma...

ISMENIA.
¿A quién?

PINARDO.
... a Albanio?

ISMENIA.
¿Ya te atreves conmigo?

PINARDO.
Octava real
Ya me atrevo.

ISMENIA.
¿Que a Albanio quiero bien?

PINARDO.
Como a tu vida.

ISMENIA.
¿Y por acá se sabe?

PINARDO.
Y no por nuevo.

ISMENIA.
1930
Pues ¿qué dicen de mí?

PINARDO.
Que estás perdida.

ISMENIA.
¿Parécete gran yerro?

PINARDO.
¡No le apruebo!

ISMENIA.
¿No lo merece?

PINARDO.
No, desconocida.

ISMENIA.
Anda, que es como un ángel.

PINARDO.
De tus cielos.

ISMENIA.
1935
¡Ay, Albanio! ¡Ay, ausencia!

PINARDO.
¡Ay, muerte! ¡Ay, celos!

ISMENIA.
Octava real
Quedaos con Dios, que tengo ciertas quejas
que decir a las aves de estas plantas.

(Vase ISMENIA.)

PINARDO.
¿Adónde, Dafnes, de un pastor te alejas
que va adorando tus pisadas santas?
1940
¿Por qué huyes de mí? ¿Por qué me dejas?
Pero yo seguiré tus bellas plantas
con pena viva y esperanzas muertas,
hasta que lauro o caña te conviertas.

(Vase PINARDO.)

GALATEO.
Octava real
¡Vuelve, vuelve! ¿Dó vas, segundo Apolo?
1945
¿Adónde vas, Hipómenes, siguiendo
aquel fénix de amor y desdén solo
que está por otro en vivo fuego ardiendo?
No hay desde aquesta playa al indio polo
oro, diamantes, perlas que, en diciendo
1950
una mujer de no, su pecho venzan,
que siguen hasta el fin lo que comienzan.


Jornada III

)

VIRENO.
Lira
¡Seco, agostado río;
monte espinoso que en el fértil mayo
pareces seco estío;
1955
flores cubiertas de mortal desmayo,
ya el cielo no os esmalta
después que Ismenia de vosotras falta!

ASCANIO.
Lira
¡Campos tristes, más secos
que en soberbia ciudad poblada calle;
1960
llenos de tristes ecos,
ya iguala en soledad el bosque y valle
con la sierra más alta
después que Ismenia de vosotras falta!

VIRENO.
Lira
¡Mejor que en verde planta
1965
anida el ruiseñor en alta torre:
ni la tórtola canta,
huye el cielo veloz, el gamo corre,
ni el cabritillo salta
después que Ismenia de vosotros falta!

ASCANIO.
Lira
1970
¡Espinas dan las rosas;
cicuta las abejas, y los prados
víboras ponzoñosas!
¡En huertas, en labranzas, en ganados,
se conocer la falta
1975
después que Ismenia de vosotras falta!

VIRENO.
Quintilla
Paréceme que he sentido
voz de alguno que se queja.

ASCANIO.
Si no me engaña el oído,
de alguna amoroso queja
1980
el eco responde herido.

VIRENO.
Quintilla
¡Oh! ¡Hele allí donde está!
Pues, Ascanio, ¿cómo va?

ASCANIO.
¡Oh, Vireno! ¿Dónde bueno?

VIRENO.
A desistir el veneno
1985
que aquella sierpe me da.

ASCANIO.
Quintilla
¿Aún está por desistir?

VIRENO.
Es un manjar indigesto
que lleva un hombre a morir.

ASCANIO.
¿Qué dijo la esfinge de esto?

VIRENO.
1990
¿Tú quieres que vuelva a huir?
Quintilla
¡Dala al diablo! ¡No la nombres!

ASCANIO.
Ya no hay para que te asombres.

VIRENO.
Dios nos hizo mil mercedes.

ASCANIO.
Por Dios, Vireno, que puedes
1995
ser cobarde donde hay hombres.

VIRENO.
Quintilla
Tú, a lo menos, loco y necio,
que la que es discreta huída
no causa a un hombre desprecio.

ASCANIO.
Todo peligro en la vida
2000
es del honor gloria y precio;
Quintilla
y por tenerle, la guerra
se estima tanto en la tierra.

VIRENO.
Sí, mas llaman necedad
a lo que es temeridad.

ASCANIO.
2005
Y valor, si no se yerra.

VIRENO.
Quintilla
Al menos, si fue locura
agora lo puedes ver:
poner tu vida a ventura
por el incierto querer
2010
de quien tu muerte procura,
Quintilla
y cuando el agua trujiste,
mira el premio que tuviste.

ASCANIO.
Yo sé que si no se fuera,
por loco y necio me diera
2015
lo que por cuerdo perdiste.

VIRENO.
Quintilla
¿Sabes nuevas de esa ingrata?

ASCANIO.
Sé que Albanio la fue a ver
y que de celos le mata
por un pastor, bachiller
2020
de conceptos de oro y plata.

VIRENO.
¿Sabes el nombre?

ASC[A]NIO.
Quintilla
Pinardo,
gran mayoral vandalino
y hijo de Clarinardo.

VIRENO.
¿Y a lo que el suceso, vino
2025
de Albanio?

ASCANIO.
Saberlo aguardo.

VIRENO.
Quintilla
Dejó el pellico gayado
y metiose a ser soldado
de un capitán andaluz,
puesto al hombro el arcabuz
2030
y hecho astillas el cayado,
Quintilla
y en una artesa de aquestas
que caminan por el mar,
tuvo ya las plantas puestas
por irse a desesperar
2035
sin oír malas respuestas.
Quintilla
Pero atajole el intento
del conde una honrada carta
con expreso mandamiento
que se vuelva y no se parta,
2040
y vuelve a darnos tormento.

ASCANIO.
Quintilla
Y ¿quién ha podido tanto?

VIRENO.
De su madre el tierno llanto,
que él se precia de tal hombre,
que esperaba con su nombre
2045
la victoria de Lepanto.
(Sale DALISO.)
Quintilla
Mas ¿no es aqueste Daliso?

DALISO.
¡Albricias, Vireno, Ascanio!

VIRENO.
¿De qué son?

DALISO.
De que os aviso
que agora en este improviso
2050
llega de la guerra Albanio.

ASCANIO.
¿Cómo viene?

DALISO.
Quintilla
Muy galán,
muy bravo, muy capitán
y gentilhombre también.
Venid, dalde el parabién
2055
que su amigos le dan.

VIRENO.
Quintilla
Viniendo para mi mal,
¿qué parabién le daré?

ASCANIO.
¡Ya estoy de celos mortal!

VIRENO.
¡Oh verdugo de mi fe
2060
y de mis bienes fiscal!
Quintilla
Ascanio, ¿qué hemos de hacer?

ASCANIO.
Penar, morir, padecer;
mas consolarnos podrá
que Ismenia lejos está
2065
de poderla hablar ni ver.

VIRENO.
Quintilla
Pues si en el valle estuviera
¿no fuera yo muerto?

ASCANIO.
¡Ay cielos!
Sin duda que viene.

VIRENO.
Espera,
que imaginando mis celos,
2070
toda la sangre me altera.

(Sale ALBANIO en hábito de soldado, muy galán y FRONDOSO., de criado, y PENISO y BURESTO, pastores.)

PENISO.
Redondilla
Está nuestro valle loco,
Albanio, de haberte visto.

ALBANIO.
No penséis que el ser bienquisto
es prenda que estimo en poco.

VIRENO.
Redondilla
2075
Seas, Albanio gallardo,
bien venido.

ALBANIO.
¡Mi Vireno!
¡Oh Ascanio!

VIRENO.
¡Oh fiero veneno,
por quien ya la muerte aguardo!

ASCANIO.
Redondilla
Deseábamos tus brazos,
2080
los que alegra tu venida;
que te fuiste en la partida
sin los amigos abrazos.
¿Cómo vienes?

ALBANIO.
Redondilla
Con salud.

VIRENO.
Muy soldado, muy galán.

ALBANIO.
2085
Los humos de capitán
hacen al vicio virtud.
Redondilla
Vengo ya muy belicoso,
muy de sombrero y gregüesco,
y un lenguaje soldadesco
2090
muy cortesano y honroso.

BURESTO.
Redondilla
Bien cuadra con tu buen talle.

ALBANIO.
¿Qué hay de damas?

ASCANIO.
A tus ojos
lo pregunta, que en despojos
se llevan las de este valle;
Redondilla
2095
que con esta pavonada
que has dado con el vestido,
más de dos habrán tenido
la cabeza alborotada.

ALBANIO.
¿Cómo está Silvana?

VIRENO.
Redondilla
Buena.

ALBANIO.
2100
¿Y Marfisa?

ALBANIO.
¿Y Antandra?

VIRENO.
Está muy hermosa.

ALBANIO.
¿Y Flavia?

ASCANIO.
Con harta pena.

ALBANIO.
Redondilla
Ismenia, ¿está muy gallarda?

ASCANIO.
¿Qué Ismenia?

ALBANIO.
La hija bella
de Marandro.

ASCANIO.
Y qué, ¿por ella
2105
preguntas?

ALBANIO.
Espera, aguarda.
¿Es muerta acaso?

VIRENO.
Redondilla
¿A qué efeto
te nos haces inocente?
¿Ya no sabes que está ausente?

ALBANIO.
Que no lo supe os prometo.

VIRENO.
Redondilla
2110
No ha sido el cuento gallardo.

ASCANIO.
Quizás nos habrán mentido.

VIRENO.
Luego ¿tampoco has sabido
como es su galán Pinardo?
Redondilla
De esa suerte, ¿negarás
2115
que del Extremo no fuiste
al Betis y que al viste?

ALBANIO.
¡Vireno, engañado estás!
Redondilla
Porque, ¿a mí que me importara
saber su ausencia y por qué?

VIRENO.
2120
A la fe, Albanio, tu fe
un ciego la adivinara.
Redondilla
Si acaso el ser preferido
a Pinardo, como está,
esos aceros te da,
2125
de qué vienes prevenido
Redondilla
tarde, Albanio, te aconsejas,
porque acá todo se sabe.

ALBANIO.
Cuando Pinardo se alabe,
no a lo menos de mis quejas.
Redondilla
2130
Cuanto más que en largos días
largas mentiras se cuentan:
hablen, digan, burlen, mientan,
que ya yo conozco espías.
Redondilla
Si Ismenia a Pinardo quiere,
2135
yo no debo estar quejoso,
porque nunca fui envidioso
de favor que nadie espere;
Redondilla
cuanto más que yo sospecho
que esto está agora en estado
2140
que ni él ama confiado
ni ella le tiene en el pecho;
Redondilla
que es Ismenia un gran diamante,
y aunque muchos le conquisten,
los que ella tiene resisten
2145
a los que ofrece el amante.
Redondilla
Pero esto dejando aparte,
si acaso os queréis volver,
yo tengo un poco que hacer.

VIRENO.
No entendimos enfadarte.

ALBANIO.
Redondilla
2150
El cielo a todos os guarde.
Peniso y Buresto, adiós.

VIRENO.
Picado le hemos los dos.

ASCANIO.
De celos se abrasa y arde.

BURESTO.
Redondilla
¿Cuándo a verte volveremos?

ALBANIO.
2155
Frondoso os dará el aviso.
(Vanse ASCANIO, VIRENO, BURESTO y PENISO.)
¿Qué te parece, Daliso?

DALISO.
Que dejes celos y extremos
Redondilla
y que al remedio camines.

ALBANIO.
Luego ¿remedio ha de haber?

DALISO.
2160
El mismo amor ha de ser
cuando al ajeno te inclines.

ALBANIO.
Redondilla
En fin, ¿tengo de olvidar?

DALISO.
Un clavo con otros sale;
si esta purga no te vale,
2165
morir y desesperar.

ALBANIO.
Redondilla
¡Desesperar y morir!
¡Ay de mí! ¡Mi mal es cierto!
Nuevas que pasan el puerto
no se deben de fingir.
Redondilla
2170
¡Oh Ismenia ingrata! ¿Qué es esto?
¿Quién tan mal de aconsejó?
¿Tan posa ausencia bastó
para olvidarme tan preso?
Redondilla
¿Eran estas las firmezas
2175
que al partirme prometías?
¿Las lágrimas que vertías
entre amorosas ternezas?
Redondilla
¿Los juramentos, los lazos,
los requiebros, los amores,
2180
los regalos, los favores,
las prendas y los abrazos?
Redondilla
¡Ay, Ismenia, ya no mía!
Sin duda cuando llorabas
como sirena cantabas
2185
para matar como arpía.
Redondilla
¡Oh lágrimas de mujer!
Tempestades del estío,
poca agua y con mucho brío,
para dejar de llover.
Redondilla
2190
¡Oh cuánto mejor me fuera
haber pasado la mar
para ver si mitigar
aqueste fuego pudiera,
Redondilla
que si allí de su templanza
2195
hallara el alma sosiego,
muriera en agua mi fuego
como en viento mi esperanza!
Redondilla
¡Oh si el pecho me pasara
la lanza de un extranjero!

DALISO.
2200
¡De la causa veas primero
en piedra la hermosa casa!
Redondilla
¡Guarden tu vida los cielos
para sucesos más graves!

ALBANIO.
¡Ay, Daliso, que no sabes
2205
qué es esto que llaman celos!
Redondilla
¿Era más rico Pinardo,
más gallardo, más brioso...?
¡Ay, triste! Fue más dichoso...
Pero ¿de qué me acobardo?
Redondilla
2210
¡Muera, Daliso, hoy en mí
la que tan mal me trató,
que no he de ser menos yo
que una mujer!

DALISO.
Eso sí.
Redondilla
Si es verdad que el amador
2215
se transforma en lo que ama,
cuando Ismenia te desama,
¿qué sirve tenerla amor?
Redondilla
Y más teniendo con quien
hacerla desesperar.

ALBANIO.
2220
¿Cómo se puede olvidar
lo que se quiso tan bien?
Redondilla
¡Ay, que es Ismenia muy bella!

DALISO.
¿Ahí llegamos agora?

ALBANIO.
Pero a Pinardo no adora,
2225
que fealdad no vive en ella.
Redondilla
Fea es cuanto él dichoso,
pues, después que en él se emplea,
se ha quedado el alma fea
y no más del cuerpo hermoso.
Redondilla
2230
Esta es ya resolución.
¿Quién del valle te parece
que el primer lugar merece
de hermosura y discreción?

DALISO.
Redondilla
Muchas hay en quien podrías
2235
vengarte de Ismenia bien,
pero has de querer a quien
no desmientan las espías.
Redondilla
Quiero decir que te ame
con tan público favor,
2240
que en la fama vuestro amor
de un polo al otro derrame,
Redondilla
porque llegando las nuevas
a quien causa tus recelos,
pruebe la purga de celos
2245
que agora de rabia pruebas.
Redondilla
Y esta me parece a mí
que Antandra debe de ser,
que te ha empezado a querer
y aun también te agrada a ti.
Redondilla
2250
Con esta podrás herir
a tu Ismenia por los filos,
imitando los estilos
de hacerte arder y morir.
Redondilla
Y mira si el cielo ayuda
2255
tu pretensión, y si es justa,
pues ya del principio gusta.

ALBANIO.
Pues ¿viene?

DALISO.
Viene, sin duda.

(Sale ANTANDRA, pastora.)

ANTANDRA.
Redondilla
¡Verdes riberas, amenas,
testigos y soledad
2260
de mi honesta libertad
y de lágrimas ajenas!
Redondilla
¡Apacible y claro río,
frío cristal desatado,
de muchos acompañado
2265
y libre del llanto mío!
Redondilla
¡Montes, que mil quejas tristes
escuchastes tantos días
y nunca a las quejas mías
ecos liberales distes!
Redondilla
2270
Antes que veáis mudanza
en el estado que veis,
más estériles quedéis
que lo estará mi esperanza.
Redondilla
Los que agora me persiguen
2275
el viento van combatiendo,
que tanto más voy huyendo
cuanto más ellos me siguen.
Redondilla
No toque mi alma un fuego
que tantos ojos cegó.

ALBANIO.
2280
¡Ay de aquel que ya tocó
si está de ese fuego ciego!

ANTANDRA.
¡Ay de mí!

ALBANIO.
Redondilla
¿De qué te espantas,
bellísima Antandra?

ANTANDRA.
¡Ay Dios!
¿No me he de espantar de vos?

ALBANIO.
2285
Sosegad las bellas plantas.
Redondilla
Albanio soy, un pastor
de estos valles conocido.

ANTANDRA.
¡Oh! Albanio, seas bien venido.
Perdona mi ciego error,
Redondilla
2290
que ese traje de soldado,
tan nuevo en esta ribera,
me turbó como si viera
alguna sierpe en el prado.
Redondilla
Gallardo estás. ¡Bien te cuadra
2295
el vestido de galán!
Mereces ser capitán
de la más valiente escuadra.
Redondilla
¿Vienes ya convalecido
de aquella herida pasada?

ALBANIO.
2300
Debes de estar engañada,
que nunca me has visto herido.
Redondilla
Herido de mano ajena
que de la tuya.

ANTANDRA.
¡Oh qué bien!
¿Que tú me has querido bien?

ALBANIO.
2305
Pregúntaselo a mi pena.
Redondilla
Al aldea lo pregunta
y a cualquier conversación
adonde la discreción
del Tajo se allega y junta,
Redondilla
2310
verás si en mi boca han sido
algunos ojos más bellos,
o si acaso otros cabellos
más almas habrán tenido.
Redondilla
Si servicios declarados
2315
entonces no te mostré,
fue porque siempre te hallé
entre mil apasionados;
Redondilla
pero de que me has debido
una tierna voluntad,
2320
por tus ojos, que es verdad,
como es verdad que he nacido.

ANTANDRA.
Redondilla
Eres tú muy verdadero
a la fe, Albanio, trocado.
Cuando aprendiste a soldado
2325
aprendiste a lisonjero.
Redondilla
Dirás que esta larga ausencia
de tu Ismenia te olvidó.

ALBANIO.
Tuve en otro tiempo yo
con su amor correspondencia.
Redondilla
2330
Mas ¿quieres tú que me abrase
si ha un año que no la veo,
y es nieve el mayor deseo
con un invierno que pase?
Redondilla
Antandra, en esto me fundo:
2335
haya amado o no haya amado,
siempre Albanio te ha estimado
por la más bella del mundo.
Redondilla
Yo te quiero y te deseo;
si me quieres y deseas,
2340
presto haré que arder me veas
en los ojos que me veo.
Redondilla
Puede ser que en otros halles
más galán que ves agora,
mas no quien te haga señora
2345
de todos aquestos valles.
Redondilla
Confírmese nuestro amor
y dame esa mano hermosa.

ANTANDRA.
¡Ay, Dios! ¡Estoy temerosa!

ALBANIO.
¡Qué injusto y loco temor!
Redondilla
2350
No imagines que te miento,
que juro a fe de soldado.

ANTANDRA.
Que mientes has confirmado
con ese buen juramento.
Redondilla
Que aunque en vuestros pareceres
2355
esa fe tanto estimáis,
con los hombres la guardáis,
pero no con las mujeres.

ALBANIO.
Redondilla
¡Pues a fe de Albanio juro!

ANTANDRA.
Esa tiene tal valor,
2360
que creo tu falso amor
y engañada me aseguro.
Redondilla
Esta es mi mano y mi fe.

ALBANIO.
¡Oh blanca y hermosa mano!
Vuestro marfil soberano
2365
de oro puro cubriré.
Redondilla
Darán perfición aquí,
ya que no pueden blancura,
la esmeralda y perla pura,
el diamante y el rubí.
Redondilla
2370
Antandra, estoy muy contento
de este bien, y quiero...

DALISO.
Espera,
que viene por la ribera
gente en número sin cuento.

ALBANIO.
Redondilla
Todos vienen dando voces.
2375
¡Válame Dios! ¿Qué será?

FRONDOSO.
. El valle decienden ya
muy ligeros y veloces.
(Dicen dentro:)
Terceto
¡Parido ha la Condesa, la Condesa!
¡Albricias! ¡Que ha parido! ¡Que ha parido!

ALBANIO.
2380
Parido dice el eco que no cesa.

DALISO.
Terceto
Esto debe de ser que le ha nacido
al señor de esta tierra el heredero
de todos esperado y de él temido.

ANTANDRA.
Terceto
Albanio, hacia el aldea volver quiero.

ALBANIO.
2385
Yo quiero acompañarte, gloria mía.

ANTANDRA.
¿No ves que nos verán?

ALBANIO.
Este sendero
Terceto
un poco del camino se desvía
y por aqueste bosque entrar podremos.
Hasta que baje el importuno día
2390
quedaos los dos aquí.

ANTANDRA.
Vamos.

ALBANIO.
Terceto
Entremos.

(Vanse ALBANIO y ANTANDRA.)

DALISO.
¿Qué juzgas del suceso, buen Frondoso?

FRONDOSO.
. ¿Qué te parece a ti de sus extremos?

DALISO.
Terceto
En alguna manera estoy gozoso;
lo uno, porque deje entretenido
2395
su vano intento y su dolor celoso;
Terceto
lo otro, porque brame con su olvido
la ingrata Ismenia. Pero espera un poco;
¿qué nueva gente es esta que ha venido?

(Salen PINARDO y GALATEO.)

GALATEO.
Terceto
Llegar puedes, Pinardo, poco a poco;
2400
no piense quien aquí te conociere
que vienes por Ismenia ciego y loco.

PINARDO.
¿Habrá llegado Ismenia?

GALATEO.
Terceto
Quedo espere
en esa aldea adonde la dejarte.
Será porque la gente no se altere.
2405
Marandro no te ha visto.

PINARDO.
Terceto
Bien pensaste,
que sus celos hubiera despertado.

GALATEO.
Aunque ciego amador, ciego acertaste.
Terceto
Pregunta a los zagales de este prado
si llegó por ventura.

PINARDO.
¡Hola vaqueros!

FRONDOSO.
2410
. Parece este pastor recién llegado.

DALISO.
Terceto
Sin duda son entrambos forastero.
Andaluces parecen en el talle.

FRONDOSO.
.Y mayorales, ricos herederos.

PINARDO.
Terceto
¿Habéis visto por dicha en este valle
2415
a Marandro llegar, un pastor viejo,
con una...

GALATEO.
No aprovecha que lo calle.

DALISO.
Terceto
¿A Marandro, un pastor de buen consejo
que fue a cobrar del Conde cierta hacienda,
y tiene...

PINARDO.
Sí, una hija que es su espejo.

DALISO.
2420
¿Pues ese vino?

PINARDO.
Terceto
Luego en esta senda
¿no le habéis visto?

DALISO.
Yo me holgara de ello,
porque es de este lugar la mejor prenda.
Terceto
Y si yerro no es querer sabello,
no nos neguéis quién sois, pastor gallardo,
2425
porque os sirvamos.

PINARDO.
Poco os sirvo en ello.
Yo soy Pinardo.

DALISO.
¿Quién?

PINARDO.
Terceto
Yo soy Pinardo.

FRONDOSO.
. Dice verdad, que yo le vi y me acuerdo.

DALISO.
¡Oh hijo del famoso Clarinardo!
Dame esos pies.

GALATEO.
Terceto
¡Y préciase de cuerdo!

PINARDO.
2430
Muy descubierto a todos quedo. Importa
que no lo sepa nadie.

FRONDOSO.
El seso pierdo.

PINARDO.
Terceto
Gentil pastor, un poco te reporta,
y sepa yo quién eres.

DALISO.
Soy Daliso,
de larga fama y de ventura corta.
2435
Hermano soy de Albanio.

PINARDO.
Terceto
Tengo aviso
del gran valor de tu dichoso hermano.
Gran descendiente del divino Eliso.
Terceto
¡Oh Galateo! Ya mi intento es vano.
¿De qué me importa ya que ande secreto?
2440
Lo que fuera más tarde, fue temprano.

GALATEO.
Terceto
Eres tú muy solícito y discreto.
A fe que has acertado en descubrirte.

FRONDOSO.
. ¿Que Ismenia vino?

DALISO.
¡Calla!

FRONDOSO.
¡Extraño efeto!
Mira si la siguió.

DALISO.
Terceto
¿Quieres oírte?

FRONDOSO.
2445
Verdad debe de ser que ella le ama.

DALISO.
¿Eso quieres agora persuadirte?

(Salen ALBANEGO y BERTOLANO, alcaldes villanos.)

ALBANEGO.
Terceto
Está el rapaz encima de la cama,
que dice quien le ha visto que pedía,
luego en naciendo, el pecho de su ama.

PINARDO.
2450
¿Qué gente es esta?

DALISO.
Terceto
Es fiesta y alegría
que hacen por un hijo que ha nacido
al Conde de esta tierra y serranía.

PINARDO.
Terceto
Pues ya que soy, Daliso, conocido,
vamos, para que sepas mi cabaña.

DALISO.
2455
Albanio te ha de dar el bien venido.

(Vanse y quedan los ALCALDES solos.)

BERTOLANO.
Terceto
No ha de quedar pastor en la montaña
que no decienda al valle a ver la fiesta.

ALBANEGO.
Córtese luego juncia y espadaña,
Terceto
y desde el puro rollo hasta la cuesta
2460
se hagan los andamios para el toro.

BERTOLANO.
Y la plaza ha de estar de red compuesta.

ALBANEGO.
Terceto
Pues ha de haber mucho cristiano y moro.

BERTOLANO.
¿Luego soízos hay?

ALBANEGO.
¡Y qué soízos!
Al sol rellocirá la seda y oro.
Terceto
2465
Yo he visto mil bohordos y cañizos.

BERTOLANO.
¡A fe que han de saber quién soy agora
del Tajo los famosos vaquerizos!

ALBANEGO.
Terceto
Trataban en la igreja no ha media hora
de hacer una sortija.

BERTOLANO.
¿Una sortija?
2470
¡Tómame si la fiesta se mejora!
Terceto
¡He Dios que si a ese son se regocija,
que venga a ver la gente desde Francia!

ALBANEGO.
Y aun desde Leganés vendrá mi hija.

BERTOLANO.
Terceto
Mira, Albanego, que será importancia
2475
que haya danza de espadas.

ALBANEGO.
¡Pues no había!
¡Y aun tarasca, par Dios!

BERTOLANO.
Está muy rancia.
Terceto
Eso de la tarasca es cosa fría...
Si fuera un dominguillo...

ALBANEGO.
¿Dominguillo?

BERTOLANO.
Dominguillo.

ALBANEGO.
¡Donosa burlería!
Terceto
2480
Bertolano, de vos me maravillo.

BERTOLANO.
¡Mirá, Albanego, no seáis doblado!

ALBANEGO.
¡Mirá, compadre, no seáis sencillo!

BERTOLANO.
Terceto
Ha de haber dominguillo colorado,
o se ha de revolver toda la aldea.
2485
Alcalde soy.

ALBANEGO.
Yo soy ahorcado.
Terceto
¡Dios! Que ha de haber tarasca que la vea
todo el lugar.

BERTOLANO.
Y aunque...

ALBANEGO.
Y aun pienso.

BERTOLANO.
Pienso habrá de ser.

ALBANEGO.
Para vos sea.

BERTOLANO.
Mirad lo que os digo...

ALBANEGO.
Terceto
Por el santo encienso
2490
que en el cirio pascual está bendito,
que ha de saberlo el Conde por extenso.

(Salen PENISO y BURESTO y ASCANIO y VIRENO y LISEO.)

PENISO.
Terceto
Llevará cada cual su mote escrito
para dar a las damas y jueces.

BURESTO.
A todo vuestro gusto me remito.

LISEO.
Terceto
2495
Sortija hemos jugado muchas veces.
Aquí están los alcaldes.

ALBANEGO.
¡Oh Vireno!
A qué buen tiempo tu persona ofreces.

VIRENO.
Terceto
Está ya de manera el monte lleno
de fiestas, de places y regocijo,
2500
que anda el más cuerdo de sentido ajeno.
Terceto
Y aunque en esta sortija fue prolijo,
Albanio el mayoral será por fuerza,
porque hoy Liseo al Conde se lo dijo.

ASCANIO.
Terceto
¿A quién no regocija, a quién no esfuerza
2505
el heredero de estar tierra hermosa,
por más que de su humor se mude y tuerza?
Terceto
Yo, a lo menos, saldré, si algún brioso
gustare de servirme de padrino,
o sea desdichado o venturoso.

VIRENO.
Terceto
2510
Lo mismo de mi parte determino.

LISEO.
Pues por la mía, yo lo doy por hecho.

PENISO.
Que ha de haber otros muchos imagino.

BURESTO.
Terceto
Es, señor alcalde, aquesto es hecho.
Váyanse aderezar lo que es la plaza
2515
y háganse los andamios de provecho,
Terceto
que el toro que compramos amenaza
las más altas ventanas de la torre.

BERTOLANO.
Con todo, he de comerle con mostaza.
Terceto
Pero si acaso el sábado se corre,
2520
será luego el domingo la sortija.

VIRENO.
Si el cielo con buen día nos socorre.

ALBANEGO.
Terceto
Pues vamos, que esta noche queda fija,
y la plaza barrida de manera
que no se vea una pequeña guija.

(Vanse los ALCALDES.)

LISEO.
Terceto
2525
Vamos nosotros tres a la ribera.
Peniso, amigo, y tú, Buresto.

BURESTO.
Vamos,
porque os quiero enseñar mi yegua overa.

PENISO.
Vamos.

LISEO.
Echad por esos verdes ramos.

(Vanse todos y quedan VIRENO y ASCANIO solos.)

VIRENO.
Redondilla
Cumplido se me ha un deseo;
2530
em que quedamos a solas,
que entre la mar y las olas
morir y vivir me veo.
Quintilla
¿Qué sientes de la venida
de esta Ismenia fementida
2535
y de Pinardo su amante?

ASCANIO.
Que es una caña inconstante
del furioso viento herida.
Redondilla
Deseaba que viniese
imaginándola hermosa,
2540
y agora no tengo cosa
que por su ausencia no diese.
Quintilla
Ya ninguna cosa dudo
de mujer que olvidar pudo
a Albanio con tal rigor.

VIRENO.
2545
Y ¿qué replica el pastor?

ASCANIO.
Está del agravio mudo.
Redondilla
¿Quién duda que no le pese?
Pero suelen los agravios
pegar a un hombre los labios
2550
como si no los tuviese.

VIRENO.
Quintilla
¡Andá, que sabéis muy poco
de la materia que toco!
Albanio se venga bien.

ASCANIO.
¿Cómo ?

VIRENO.
Quiere bien.

ASCANIO.
¿A quién?

VIRENO.
2555
Está por Antandra loco.

ASCANIO.
¿Por Antandra?

VIRENO.
Redondilla
¿Qué lo dudas?

ASCANIO.
A ti, Vireno, en efecto,
no se te escapa secreto,
que entiendes las peñas mudas.
Quintilla
2560
¿Tienes algún familiar,
que cuanto hay en el lugar
como pasa te lo dice?

(Salen DALISO y Ismenia.)

ISMENIA.
¡Ay, Daliso! Si tal hice,
nunca yo le vuelva a hablar.
Redondilla
2565
¿Cómo eso me han levantado?

ASCANIO.
Detente un poco, Vireno.

ISMENIA.
Esos testigos condeno.

ASCANIO.
Tu víbora pisa el prado.

VIRENO.
Quintilla
¡Ah, cómo viene muy bella!

ASCANIO.
2570
Daliso viene con ella;
escóndete por aquí.

(Vanse VIRENO y ASCANIO.)

DALISO.
Albanio, Ismenia, de ti
justamente se querella.
Redondilla
Sabe que el alma entregaste
2575
aquel pastor extranjero,
y que con seso ligero
la que te dio despreciaste.
Quintilla
Sabe las conversaciones,
las prendas, las ocasiones,
2580
las finezas, los cuidados,
los papeles, los recados
y hasta las mismas razones.
Redondilla
Es muy solícito amor:
lo que otro recato encubre
2585
presto él mismo lo descubre
para doblalle el dolor.
Quintilla
Y ansí, no te cause espanto
que se haya mudado tanto,
que es lo que agora se usa.

ISMENIA.
2590
Si tal es, como Aretusa
me vuelva en fuente mi llanto.
Redondilla
No lo digas de esa suerte,
sino con embustes vanos,
porque con mis propias manos
2595
me daré violenta muerte.
Quintilla
¡Albanio! ¡Albanio! ¡Querer
otra ninguna mujer!

DALISO.
¡Por mi fe, que eres terrible!

ISMENIA.
¡No! ¡No! ¡No lo he de creer!
2600
[....... -ible]

DALISO.
Redondilla
Que lo crea o no lo crea,
él está bien donde está.

ISMENIA.
Pues que no me he muerto ya
no creas que verdad sea;
Quintilla
2605
y esto quiéreslo fingir,
porque me piensas pudrir
con martelos y embelecos.

DALISO.
Iguales quedan los truecos:
no tienes tú que decir.
Redondilla
2610
Tú le dejas por Pinardo,
y él por Antandra te deja.

ISMENIA.
No sé qué fe me aconseja,
que contigo me acobardo;
Quintilla
que te quitara la vida.

DALISO.
2615
Si te precias de atrevida
con el que también lo es...

ISMENIA.
Pues ¿viene?

DALISO.
Qué, ¿no le ves?

(Salen ALBANIO y FRONDOSO.)

FRONDOSO.
Aquí la dejé escondida;
Redondilla
que dice que solo quiere
2620
que la hables.

ALBANIO.
¡Ah, Frondoso:
que si la veo es forzoso
que la sangre se me altere!
Quintilla
Mal conoces mi enemiga,
pero... no sé que te diga.
2625
¡Vesla allí!

FRONDOSO.
¿Qué te demudas?
¿Qué tiemblas?

DALISO.
Siempre están mudas
las lenguas que el alma liga.
Redondilla
¡Ea! ¿Qué os estáis mirando?
¿No os habéis visto otra vez?

FRONDOSO.
2630
. ¿Qué reo mira al jüez
cuando le está sentenciando?

ALBANIO.
Redondilla
¿Eres tú a quien yo dejé
mi alma cuando me fui
y la que me dijo a mí
2635
que la suya me llevé?
Redondilla
¿Eres tú la que llorabas
las lágrimas que fingías
cuando a voces me decías
que ya sin alma quedabas?
Quintilla
2640
¿Eres tú la que decía:
"En tu ausencia ningún día
saldré de mi choza al campo,
ni en esta arena que estampo
verán de hoy más planta mía;
Quintilla
2645
huiré la conversación
de cualquiera que me adore,
y jamás oiré canción
que no me obligue a que llore
el alma triste a su son;
Quintilla
2650
seré esta peña en firmeza
y aqueste roble en dureza!?
¿Eres tú?... ¡Debes de ser,
porque del ser de mujer
se espera mayor flaqueza!
Redondilla
2655
¿No eres tú la que dijiste,
¡cruel Ismenia, engañosa!...
¡Qué muy diferente cosa
de lo que juraste fuiste!
Quintilla
Fuiste inconstante y liviana;
2660
de fuera como manzana
de alegre y bella sazón,
pero enfermo el corazón
y la voluntad malsana.
Redondilla
Fuiste como falso amigo
2665
que, dando paz, hace guerra,
y fuiste extranjera tierra
y celada de enemigo.
Quintilla
Fuiste una Circe que encanta,
y una serena que canta
2670
y mata los que enamora;
un cocodrilo que llora
y una ligera Atalanta.
Redondilla
Fuiste, en efecto, mi muerte.

ISMENIA.
Y ¿eres tú aquel que me diste
2675
el alma cuando partiste
con lazo inviolable y fuerte?
Quintilla
¿Eres tú aquél que decía:
"La noche, la escuridad,
será mi sol y mi día,
2680
y la misma soledad
mi regalo y compañía.
Quintilla
Será el abril a mis ojos
un campo lleno de abrojos;
el cristal del agua, un fuego;
2685
la cama, desasosiego,
y los amigos enojos"?
Redondilla
Eres, Albanio, en efeto,
un hombre que te trocaste,
y en la mudanza imitaste
2690
a nuestro flaco sujeto.
Quintilla
Y que para estar prendado
de esa Antandra que has amado
tuviese buena color,
levántasme a mí ¡traidor!
2695
que en ausencia te he dejado.
Redondilla
Ya que olvidarme querías,
¿para qué me levantabas
que en otras prendas hallabas
la fe que dado me habías?
Quintilla
2700
Amárasla norabuena,
que yo sufriera mi pena,
pero no tus testimonios.

ALBANIO.
¡Oh mujeres! ¡Oh demonios!
¡Ved si me acusa y condena!
Redondilla
2705
A tu raro entendimiento
será culpa la disculpa
que, aligerando tu culpa,
culparás mi pensamiento.
Quintilla
¿Cómo niegas que a Pinardo
2710
le entregaste?

ISMENIA.
Paso.

ALBANIO.
Aguardo,
a que digas que no fue.

ISMENIA.
Si tal, Albanio, entregué,
que me mate un tigre, un pardo.
Redondilla
2715
Siempre, señor, te he querido,
siempre tu ausencia he llorado
y aun palabra no he pensado
en que te hubiese ofendido.
Redondilla
¡Y si el alma no me cuestas
2720
vida mía, plegue a Dios!

(Llora ISMENIA.)

ALBANIO.
No más, que mi bien sois vos
y mis lágrimas son estas.
Quintilla
¡Ismenia mía! ya creo
en la fe de lo que veo
2725
más que pudieras decirme.
Ya te adoro como a firme
y abrazarte deseo.
Redondilla
Mi alma está satisfecha,
porque una lágrima sola
2730
mi puro amor acrisola
y mata cualquier sospecha.
Redondilla
¡Dame esas manos, mis ojos!

ISMENIA.
Manos que Antandra tocaron
¿se alabarán que tomaron
2735
mis manos?

ALBANIO.
¡Ea! ¡Bueno! ¡Enojos!
Quintilla
¡Acaba ya, por mi vida!

ISMENIA.
¡Qué falsa y qué fementida.
Pues ¿hablarasla?

ALBANIO.
No, a fe
que toda su historia fue,
2740
por darte celos, fingida.
Redondilla
Ya la verdad te confieso.

ISMENIA.
¿Y qué?, ¿no la hablarás más?

ALBANIO.
¡Tú, mis ojos, lo verás!

ISMENIA.
Pues jure primero eso.

ALBANIO.
Quintilla
2745
¡Por tu vida, que Dios guarde
-que esto muy de tarde en tarde
lo solía yo jurar-,
que no la tengo de hablar.

ISMENIA.
¡Cómo me tienes cobarde
Redondilla
2750
que aun abrazarte no oso!

ALBANIO.
Llega, que estás temerosa.

ISMENIA.
¡Ay, mi bien!

ALBANIO.
¡Ay, dulce esposa!
¡Ay, mi alma!

ISMENIA.
¡Ay, dulce esposo!

(Abrázanse y salen ANTANDRA y PINARDO.)

ANTANDRA.
Quintilla
Mis propios ojos no creo.

PINARDO.
2755
Ni yo lo mismo que veo.

ALBANIO.
¿Quiéresme dar otro abrazo?

PINARDO.
A tan buenos yugo y lazo
asista el santo himeneo.

ANTANDRA.
Redondilla
¡Por mil años os gocéis!

ALBANIO.
2760
Aquestos culpa tuvieron,
que callaron y los vieron.

ANTANDRA.
¡Que no, no os alborotéis!

ISMENIA.
Quintilla
Antes no hay que alborotar,
porque bien se puede dar,
2765
a quien de fuera ha venido,
un abrazo, como ha sido
el que aquí nos viste dar;
Redondilla
que a no ser honestamente
no hubiera tantos testigos.

PINARDO.
2770
Delante de los amigos
todo aquesto se consiente.

ANTANDRA.
Redondilla
Pues, Albanio, ¿cómo va?

ALBANIO.
Antandra amiga, muy bien.

ANTANDRA.
Como estos brazos te den,
2775
¿quién lo contrario dirá?
Redondilla
Dirás que esta larga ausencia
de tu Ismenia te olvidó.
"Tuve en este tiempo yo
con su amor correspondencia.
(Halo de decir fisgando ANTANDRA.)
Redondilla
2780
Mas ¿quieres tú que me abrase
si ha un año que no la veo
y es un hielo cualquier deseo
con un invierno que pase?
Redondilla
Pero de que me has debido
2785
una tierna voluntad,
por tus ojos que es verdad,
como es verdad que he nacido.
Redondilla
No imagines que te miento,
que juro a fe de soldado..."

ISMENIA.
2790
Señores, yo no me he hallado
al principio de este cuento,
Redondilla
ni quiero ser yo testigo
de celos tan declarados.

(Vase ISMENIA.)

ALBANIO.
¡Oh pasos apresurados
2795
cuyas estampas bendigo!
Redondilla
Sin duda parte enojada.
Ve, Frondoso, ve tras ella.

FRONDOSO.
Va herida y temo ofendella
como víbora pisada.

(Vase FRONDOSO.)

PINARDO.
Redondilla
2800
¿De aquesta suerte, enemiga,
te huyes y aquí me dejas?
Escuche el cielo mis quejas
y este mismo te maldiga.

ALBANIO.
Redondilla
¿Parécete, Antandra, bien
2805
el alboroto que has hecho
sabiendo tú de mi pecho
que Albanio te quiere bien
Redondilla
y que hablar a Ismenia aquí
son puras obligaciones?

ANTANDRA.
2810
No, Albanio; mas sin razones
yo he de creer lo que vi.
Redondilla
Conozco tus libertades
y conozco tus desdichas,
y estas cosas para dichas
2815
añun eran muchas verdades,
Redondilla
cuanto más para los ojos.
Ahora bien, no más conmigo;
ya te conozco, enemigo,
y tus livianos antojos,
Redondilla
2820
¡Tan buena te parecí
para amartelar tu dama!
En fin, que por sola fama
veniste a quererme a mí.
(Torna a fisgar ANTANDRA.)
Redondilla
"¡Por la fe de Albanio juro!"
2825
Gentil juramento a fe:
yo no creo en esta fe,
que no es fe la del perjuro.
Redondilla
Ni me nombres ni me quieras,
que eres para mí, tirano,
2830
un Albanio, un león albano,
rostro hermoso, ¡entrañas fieras!

ALBANIO.
Redondilla
¿Qué te parece, Pinardo?

PINARDO.
Que eres un hombre dichoso.

ALBANIO.
Tú en ser libre, venturoso.

PINARDO.
2835
¡Libre! Si me abrazo y ardo.

ALBANIO.
Redondilla
Sé muy bien tu condición
y adónde tus pasos vienen,
que eres de aquellos que tienen
en la mano de afición.
Redondilla
2840
Presto quieres, presto olvidas.

PINARDO.
A fe que te han engañado:
que he tenido yo cuidado
que me durara mil vidas.
Redondilla
Y esta tu Ismenia engañosa,
2845
que puede enseñar mudanza,
hoy será de mi esperanza
la vuelta dificultosa.
Redondilla
Que con estos desengaños
que aquí me ha dado su fe,
2850
por un mes que la adoré
la aborreceré mil años.

ALBANIO.
Redondilla
Dejemos, por vida tuya,
estas pasiones de amor,
porque de ellas es mejor
2855
que el que más puede más huya,
Redondilla
y dime si acaso quieres
salir a aquesta sortija
que pena en el alma fija
mejor es que no la alteres.
Redondilla
2860
Sal, por tu vida, galán
de buen caballo y librea.

PINARDO.
Como tú quisieres, sea,
si alguno bueno me dan,
Redondilla
que sin ellos he venido,
2865
como, en efecto, extranjero.

ALBANIO.
¡Oh qué yegua darte espero!

PINARDO.
Pues yo buscaré el vestido.

ALBANIO.
Redondilla
Ven por aquí, trazaremos
el mote que sacarás.

PINARDO.
2870
Celos quiero.

ALBANIO.
Esos me das.

PINARDO.
¿Y tú?

ALBANIO.
¡Amor!

PINARDO.
Buenos saldremos.

(Vanse y salen los ALCALDES y algunos VILLANOS.)

BERTOLANO.
Endecasílabos sueltos (tirada)
Aquí estarán muy bien, que en todo el día
los puede hacer el sol ofensa y daño.

ALBANEGO.
¡Hola! Vosotros espaced la juncia,
2875
que el Conde ha salido de su casa,
y pues habemos sido desgraciados
en que el toro se vuelva a la dehesa
y no ha habido remedio de encerralle,
verá las danzas y las otras fiestas.

MAESTRESALA.
2880
¡Plaza! que viene el Conde. ¡Plaza! ¡Plaza!

(Salen ISMENIA y ANTANDRA y gente que acompañe al CONDE ERACLIO y a la CONDESA LERIANA y un tamboril y flauta delante y siéntanse.)

CONDE.
Octava real
Las danzas, por mi fe, me han agradado.

LERIANA.
Han sido por extremo y bien compuestas.
El toro solamente ha resfriado
en alguna manera nuestras fiestas.

MAESTRESALA.
2885
Señor, un volteador que aquí ha llegado
que hace vueltas difíciles y prestas,
quiere entrar a servirte.

CONDE.
Entre en buen hora.

(Sale un VOLTEADOR en camisa y calzones, con una espada.)

VOLTEADOR.
¡Bésoos, Conde, los pies, y a vos, señora!
Endecasílabos sueltos (tirada)
¡Ea, galanes! Brava vuelta es esta;
2890
pero aquesta es mejor, y por serviros,
haré la cogujada, que es difícil.

BERTOLANO.
¿Esa es difícil? Ténganme esta vara,
que si no la hiciere...

ALBANIO.
¡Verá el diablo!
¿Estáis en vos?

MAESTRESALA.
¿Qué hacéis? ¡Señor alcalde!

BERTOLANO.
2895
¡Eh, Dios! Que la he de dar.

CONDE.
¡Graciosa cosa!

VOLTEADOR.
Esta llaman la vuelta peligrosa.

BERTOLANO.
¿Esta es la peligrosa? ¡Afuera! ¡Tenga!
¡Eh, Dios! Que la he de dar.

MAESTRESALA.
¡Teneos, alcalde!

BERTOLANO.
¡Toma si os la daré! Burlaos conmigo.

VOLTEADOR.
2900
Esto he hecho no más, porque mañana,
cuando se corra el toro, haré milagro:
que habemos de poner una maroma
y he de volar por ella y dar mil vueltas.

BERTOLANO.
¡Oste, puto! Eso no, vuele algún turco,
2905
que yo vi un albañir volar un día
y dio una pajarada...

MAESTRESALA.
¿Qué? ¿Muriose?

BERTOLANO.
Pues si no se muriera, habíase visto
mejor vuelta que aquella.

MAESTRESALA.
¡Plaza! ¡Plaza!
que vienen a bailar unos gitanos.

(Salen dos GITANOS y GITANAS y bailan y vanse.)

CONDE.
2910
. ¡Oh, qué bien han bailado!

LERIANA.
¡Por extremo!

MAESTRESALA.
¡Ea, lugar! que viene cierta máscara.

(Salen dos BOTARGAS en dos caballitos de caña con reguileros.)

CONDE.
¡Buena invención!

LERIANA.
Muy buena y a propósito.

MAESTRESALA.
Los que han de hacer mañana la sortija
han hecho una soíza aquesta tarde
2915
de moros y cristianos muy vistosa
y vienen ya a la plaza con sus cajas.

CONDE.
. ¿Quién es el capitán de los cristianos?

MAESTRESALA.
Albanio, el extremeño.

CONDE.
¿Y de los moros?

MAESTRESALA.
Pinardo, el andaluz.

CONDE.
Será muy buena.

LERIANA.
2920
¿Quién entran primeros? ¿Los cristianos?

(Sale una caja y bandera y ALBANIO capitán, y DALISO, alférez. FRONDOSO, PENISO y BURESTO, soldados cristianos, y por la otra parte, otra caja y bandera. PINARDO, capitán turco; VIRENO, ASCANIO, GALATEO y LISEO, de soldados turcos, y puestos cinco a cinco, diga el CONDE:)

CONDE.
A fe que está lucida la soíza,
y que me huelgo que este valle tenga
tan buenos mozos y robustos brazos.

ISMENIA.
¿Qué te parece de tu Albanio, Antandra?

ANTANDRA.
2925
¡Más del tuyo dirás, Ismenia mía!

ISMENIA.
¿Mío? ¡Plugiera a Dios!

ANTANDRA.
Espera y calla,
que los diez se aperciben a batalla.

(Comienzan cinco a cinco a reñir de espada y rodela.)

PINARDO.
¡Muera, amigos, Albanio!

VIRENO.
¡Albanio muera!

ALBANIO.
¡Mueran Pinardo y el traidor Vireno,
2930
y todos los que fueron su parte!

(Levántase el CONDEy pónese en medio, muy enojado.)

CONDE.
. ¡Paso, villanos! ¿Qué traición es esta?
Delante de mis ojos y fingiendo
que en amistad venís, ¿queréis mataros?
¡Prendedlos luego! ¡Quítenles las armas!
2935
¡Qué graciosa invención!

ALBANIO.
Invicto Conde,
a servirte he venido, como has visto,
con Daliso, mi hermano, y con Frondoso
y los demás en traje de cristianos.
Pinardo, con traición aconsejado
2940
de los embustes del traidor Vireno,
con Ascanio, Vireno y Galateo,
en traje turco, bien conforme traje,
a su traidora fe y amistad falsa,
me quiere dar la muerte en tu presencia,
2945
que yo le diera, si esa misma causa
no hubiera agora sido su defensa.

PINARDO.
Eso te dijeran ¡oh traidor! mis manos,
si el Conde no estuviera de por medio.

ALBANIO.
Pues firmemos el Conde desafío
2950
de persona a persona, o cinco a cinco,
y tú verás aquí...

CONDE.
¡Paso!¿Qué es esto?
¿No sabremos la causa de estas voces?

ALBANIO.
¿Qué hay que decirte más sino que entrambos
queremos bien a Ismenia, esa pastora,
2955
y de envidia de verme ya su esposo
me quieren dar la muerte los tres juntos?

CONDE.
¿Es aquesto verdad?

VIRENO.
¡La verdad dice!
Pero si ella dijere que es su esposo,
aquí le dejaremos libre el campo.

CONDE.
2960
¡Ismenia! ¿Qué respondes? ¡Habla!

ISMENIA.
Espera;
que mientras en el caso averiguamos,
le he dicho a la Condesa, mi señora,
mi voluntad y el gusto de mi padre.

LERIANA.
Conde, su voluntad es de casarse
2965
con Albanio y cumplille la palabra
que le ha dado y jurado muchas veces.
Confirmádsela voz, por vida mía,
y en tiempo que tenéis tanto contento
no permitáis que se alborote el valle.

CONDE.
2970
Si eso es así que Albanio gusta de ello
y Ismenia sabe el gusto de su padre,
yo la confirmo, y a vosotros mando
que ninguno palabra se replique.
Y con esto volvamos a palacio
2975
y acábense por hoy todas las fiestas.

ALBANIO.
Yo soy tu esposo, Ismenia.

ISMENIA.
Yo tu esposa.

PINARDO.
¡Fenecieron aquí mis esperanzas!

VIRENO.
¡Aquí cayeron de mi fe los muros!

ANTANDRA.
¡Aquí se vio burlada mi ventura!

ASCANIO.
2980
¡Aquí toda mi vida fue tragedia!

ALBANIO.
Y aquí ponemos fin a la comedia.