Generoso rey Alfonso,
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a quien desde niño el cielo
guardó de tantos peligros
para bien de aquestos reinos,
en la casa de mis padres
(tú sabes, señor, quién fueron),
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en orden a mis hermanos
ilustres, nací tercero.
Tomé a tu lado las armas,
de mis servicios no es tiempo
que trate, bien pocos son,
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pues no merecieron premio;
verdad es que culpa he sido
de que no te acuerdes dellos,
pues no es menos el pedir
que del mismo Dios consejo.
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En los ratos de la corte
siempre ociosos, mis deseos
en doña Beatriz de Rojas
sus esperanzas pusieron.
Perdona que ansí te hable,
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que no es perderte el respeto,
pues estás como jüez,
y es el principio del pleito.
Servíla sólo con alma,
tan pobre soy... pero creo
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que ha estimado mis servicios
cual suele el señor discreto.
Que de tus guerras le truje
(muchos saben que no miento)
los despojos de los moros
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por aquestas manos muertos,
esclavas le truje algunas
que en mi nombre la sirvieron,
que fue dicha suya y mía
tener tan hermoso dueño.
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En su casa entré una tarde,
entré con atrevimiento
a visitarla y hallóme
su viejo padre saliendo;
con disculpas mentirosas
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vencer su sospecha intento;
no aprovecha; al fin le digo
que por último remedio
me dé a Beatriz por esposa;
pues sabe que no es más bueno
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que yo, si bien es más rico.
Vino en aqueste concierto
si tu licencia traía;
contento a palacio vengo
y a don Juan de Aragón pido...
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¡Mal haya mi encogimiento!
...que te la pida en mi nombre.
Él, con injusto deseo,
te la pidió para sí;
juzga tú si fue bien hecho.
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A don Álvaro mandaste
que se la diese, y él, ciego
de su riqueza y privanza,
mientras yo te voy sirviendo,
se la dio contra su gusto,
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con tal violencia, que dejo
de encarecer la crueldad
por no perderte el respeto.
Vine de Galicia, en fin,
y cuando en su casa entro
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recíbenme, en vez de brazos,
estos infames sucesos;
remitílos a la espada,
pero tu enojo temiendo,
quiero probar mi justicia:
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pedirla por pleito quiero.
Ya queda depositada,
y porque tu enojo temo
por lo que amas a don Juan,
a pedir licencia vengo,
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ya que no supe pedirla,
señor, para el casamiento,
para el pleito, si tú gustas;
que si no, dejaré el pleito,
que más me importa servirte
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que la vida que poseo,
pues cuanto no fuere el alma,
mi rey y señor, te debo.